Sunday, December 03, 2017

Las nuevas maniobras militares de los EEUU en Oriente Medio y el ataque aéreo israelí en Siria fueron coordinados - Debka




El hecho de que EEUU no haya intervenido con el máximo general iraní en Iraq, el cambio de bando de Ali Abdullah Saleh en la guerra de Yemen y el pensamiento de Trump sobre Jerusalén, todo indica una nueva y proactiva estrategia estadounidense para la región.

El jefe de la Agencia Central de Inteligencia, Mike Pompeo, se mostró extrañamente franco cuando se dirigió a altos oficiales militares y de seguridad de los EEUU el sábado 2 de diciembre en la Fundación Presidencial Reagan. Reveló que había enviado una nota al jefe iraní de la Guardia Revolucionaria Al Qods, el general Qassem Soleimani, y explicó: "La envié porque le indicó en ella que las fuerzas bajo su control podrían amenazar los intereses estadounidenses en Irak".

Soleimani respondió que se había negado a abrir la carta, comentando: "No me rompió el corazón ser honesto con usted". Pompeo continuó explicando: "Lo que le estábamos comunicando en esa carta era que les tendremos a él y a Irán como responsables... y queríamos asegurarnos de que él y el liderazgo de Irán lo entendieran de una manera que fuera clara como el cristal".

Dado que obviamente las palabras no significan mucho sin hechos, los Estados Unidos, después de haber estado inmovilizado durante meses en el Oriente Medio, de repente entraron en acción en las últimas 48 horas junto a sus aliados en el Oriente Medio, Israel y Arabia Saudita, en cuatro frentes: Irak, Siria, Yemen y los palestinos.

IRAK:  Fuerzas estadounidenses en gran escala llegaron a la base K1 de Kaywan, al oeste de la ciudad petrolera de Kirkuk, y luego se dividieron en dos contingentes: varios cientos de soldados permanecieron en la base mientras que el segundo contingente se dirigió hacia el este el viernes 1 de diciembre hacia Tuz Khumatu, en el este de Irak, y tomaron el control del aeropuerto militar de Siddiq, a 35 km al oeste.

Tuz Khumatu se encuentra a 100 km al oeste de la frontera iraquí-iraní y a 163 km al norte de Bagdad. Las fuentes militares informaron a Debka que las tropas estadounidenses nunca han sido desplegadas tan cerca de la frontera iraní desde la invasión estadounidense de Irak en 2003. Este movimiento tenía la intención de aconsejar al primer ministro iraquí Haydar al-Abadi que dejara de jugar con Irán en la medida en que lo hizo a mediados de octubre, cuando permitió que las fuerzas proiraníes tomaran Kirkurk y sus campos petrolíferos a los kurdos.

SIRIA: El sábado temprano, aviones de guerra israelíes lanzaron misiles contra una reunión secreta de los jefes de las milicias chiítas pro-iraníes que tenía lugar en la base de la brigada 91 del ejército sirio, cercana a Kiswah, a 14 kilometros al suroeste de Damasco y 50 km del Golán. Estas milicias, que han estado luchando por Bashar Assad bajo el mando del general Soleimani, estaban siendo informadas por oficiales iraníes y de Hezbollah de su próxima ofensiva. Este fue el primer ataque de Israel contra cualquiera de sus fuerzas.

YEMEN: El sábado, Ali Abdullah Saleh, ex presidente de Yemen, el pilar de la insurgencia houthi respaldada por Irán, anunció que estaba "pasando página", y que estaba listo para deshacerse de los houthis y de su patrocinador, Irán, siempre que la coalición (Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos) levantaran el bloqueo que impusieron al Yemen para cortar las armas iraníes y detener sus ataques. El anuncio de Saleh desató violentos enfrentamientos entre sus seguidores y los houthis.

Las fuentes militares de Debka  recuerdan que el ex presidente de Yemen había mantenido vínculos con la CIA durante mucho tiempo. Su cambio de lado fue sincronizado para coincidir con un nuevo esfuerzo de inteligencia estadounidense-saudí para restaurar a Saleh al campo árabe pro occidental y derrocar las posiciones pro iraníes en Yemen y la Península Arábiga.

ISRAEL Y LOS PALESTINOS: La administración Trump está harta de las dudosas tácticas palestinas en las negociaciones de paz. El presidente egipcio Abdel-Fatteh El-Sisi y el príncipe heredero saudí Muhammad bin-Salman están igualmente dispuestos a lavarse las manos con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas (Abu Mazen). Funcionarios estadounidenses intentaron amenazar con cerrar la oficina de la OLP en Washington a menos que los palestinos finalmente se presentaran a la mesa de negociaciones de paz, y ahora están presionando a los líderes palestinos con una posible decisión: trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén o reconocer a la ciudad como la capital de Israel.

Para evitar estas acciones, todo lo que Abu Mazen necesita hacer es levantar el teléfono a la Casa Blanca, el palacio real en Riad y la residencia presidencial en El Cairo y declarar su voluntad de cooperar con sus iniciativas para reiniciar el proceso de paz. Pero hasta ahora, Abbas está resistiendo, recurriendo a sus tácticas anticuadas: amenazando con que todo Medio Oriente arda en llamas y el terrorismo palestino se levantará de nuevo si la administración Trump logra nuevas decisiones sobre Jerusalén.

A mediados de la semana, la administración Trump debería haber tomado una decisión que indique si se ha derrumbado o no bajo las amenazas palestinas. Los próximos días también mostrarán si el nuevo ímpetu de los EEUU en el Oriente Medio es un destello o un nuevo comienzo que proseguirá.

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