Sunday, January 14, 2018

¿Celine es un bastardo sadiano? - Robert Redeker - Le Figaro


N.P.: Gallimard ya ha anunciado que cancelaba la de edición de los polémicos panfletos antisemitas alegando que "que las condiciones metodológicas y memoriales no son las oportunas para encararla serenamente".


Gallimard está a punto de volver a publicar los panfletos, abiertamente antisemitas, de Louis-Ferdinand Céline. Mientras se abre una nueva controversia sobre este sulfuroso escritor sulfuroso, hay que recordar que toda escritura no es necesariamente literatura... incluso bajo la pluma de un gran escritor.

Sin embargo, parece que los panfletos de Céline directamente antisemitas, unas obras que no tienen otro objetivo que designar a los judíos para la persecución y la muerte, verán de nuevo el día bajo una prestigiosa editorial. Detrás de la cuestión "¿Hay que publicar estos escritos?" se avecina otra, anterior, decisiva e importante, que ha sido ocultada: "Estos escritos son literatura, o bien se inscriben únicamente en el exclusivo registro de la propaganda, el llamamiento al odio y al asesinato?"

¿Por qué se ha dejado de lado la cuestión del carácter literario o no de estos escritos? Pues porque perturba los estereotipos de nuestro tiempo, aquellos que la escuela misma busca difundir al restaurar una dicotomía en la cultura: una alta y otra baja, una noble e innoble, una jerarquía de valores. La moda del día es considerar todo escrito como literatura, confundiendo, debido a la promoción de la paraliteratura, el límite entre la literatura y la no literatura. Bourdieu y su crítica de la distinción, la matriz del anti-elitismo cultural contemporáneo, han ganado las mentes de las personas. De ahí el silencioso rechazo a plantear esta cuestión en todo su esplendor.

Una batalla similar se libró durante décadas para levantar la censura de los escritos de Sade. El "marqués divino" fue acusado de pornografía, sus obras pertenecían al último de los géneros, el más diabólico de todos. El desafío - del cual el editor Jean-Jacques Pauvert salió victorioso - fue dar a conocer que Sade era un escritor, que sus libros pertenecían por pleno derecho a la literatura. La diferencia con las obras antisemitas de Celine es obvia: todo el trabajo de Sade es una especie de sueño interminable, ciertamente bastante monótono, que describe una sociedad espantosa que el inconsciente del autor consideró ideal. La materia de estas historias es onírica en todas sus partes. El lenguaje utilizado es puro clasicismo, preciso y bello. La forma de razonar es hipotético-deductiva, tal como Descartes enseñó. Es obvio: los libros de Sade no son subliteraria. Todas sus escenas son muy distanciadas, heladas y escalofriantes.

Por el contrario, ninguna de estas cualidades se hallan en los escritos antisemitas de Celine. No se elevan por encima del nivel del panfleto. Denuncian, alarman, llaman al asesinato, linchan en un momento en que las persecuciones antijudías estaban en pleno apogeo. Gritan con los lobos. Sade pasó su vida en la cárcel, Celine disfruta de estar al lado de quien portaba el palo y sostenía el mango y la culata del revólver. En estas obras, Celine no escribe: escupe, vomita, no toma distancias. En ese momento, dice Taguieff, Céline "es un agente de influencia nazi". En suma, no estamos tratando con literatura y Celine no puede reclamar para estos textos el estatus del escritor maldito que fue tan bueno para Sade

Sin embargo, al acercar a Céline a Sade nos dice algo acerca de Céline. Michel Onfray tenía razón al presentar a Sade como un autor que anticipó el siglo XX en todo su horror, evocando la identidad entre el universo sadiano y el universo concentracionario moderno. La utopía es un mundo cerrado. Es posible desarrollar la propuesta Onfray: Sade es un escritor de la utopía del Mal que nos advierte, sin su conocimiento y en contra de su sentimiento, que cualquier utopía, incluso la del Bien, puede convertirse en una utopía del Mal. El mundo de Sade es, más bien cerrado (utopía), el de los verdugos y las víctimas, el de la raza superior y la de los otros, esos que existen para sufrir todas las humillaciones, vejaciones, carnicerías, violaciones y asesinatos interminablemente. En su obra maestra, Salo, Pasolini ha sabido sacar partido de la fuerza crítica de Sade retornándola contra sí mismo-

Ahora bien, este universo sadiano y sádico, donde todo es posible para la raza superior, es aquel en el que se revuelcan los escritos antisemitas de Celine. Es el universo que Céline justifica, precisamente porque no hay en él distancia ni glaciación. El Celine de los años 37-44 se mueve dentro de Sade, englobado por él, él es uno de sus personajes. Él es un bastardo sadiano. Si el sueño de Sade, su utopía del mal, puede, debido a lo que le engloba (Sade escribe como un director de cine, como Pasolini) leerse bajo una distancia crítica, esta posición no es posible con las escrituras antisemitas de Celine. ¿Por qué? Porque sus escritos son directos, poderosos y efectivos, existen solo para actuar inmediatamente sobre la realidad: sobre el propio Celine (la mediocridad aliteraria de estos textos muestra que son una especie de alivio, una compensación pulsional), y sobre la realidad política (participar efectivamente en la eliminación de los judíos).

Sade nos da lecciones sobre nuestro mundo y sobre Celine. Sus obras son literatura de alto nivel, y el combate por su reconocimiento fue justificado y necesario. Por el contrario, los textos antisemitas de Celine no contienen nada de literario, limitándose a ser solo el combustible para unas pasiones tristes. Reconocer que estos libros no son literatura es equivalente a restaurar una escala de evaluación de lo superior y lo inferior en las letras. Si, evitando el nihilismo igualizador que tiene el favor de los espíritus hoy en día, la cuestión de la identidad literaria de los escritos antisemitas de Celine hubiera sido cuestionada en serio y públicamente, la opinión informada no se plantearía la legitimidad de su publicación.

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