Saturday, January 27, 2018

.El vicepresidente de Estados Unidos es más sionista que muchos (supuestos) sionistas - Israel Harel - Haaretz



La falta de confianza en sí mismos sobre la justicia del camino del Estado judío se expresa de muchas maneras. Una gran cantidad de las respuestas al discurso ante la Knesset del vicepresidente de los EEUU, Mike Pence, se pueden clasificar de esta manera. Incluso entre los que se pusieron de pie y aplaudieron, hubo algunos que miraron a sus colegas con cierta vergüenza. Sí, ellos también se habían olvidado de la última vez que habían escuchado hablar a una persona de la forma que lo hizo Pence sin la necesidad de "equilibrar sus palabras" y "emplear disculpas", en un discurso tan entusiasta sobre la justicia de Israel.

Después de todo, cualquiera que valore su vida debe ser cauteloso, no sea que los acusadores y los difusores de falsedades se burlen y ridiculicen su lenguaje tan claro, inocente y genuino, ese que una vez, en un pasado no tan lejano, fue utilizado con tanta convicción por los líderes y legisladores de la nación, junto con la mayoría de sus intelectuales y estimados escritores y poetas, dramaturgos y académicos. Sí, hubo momentos en los que decir cosas de manera ingenua y confiada - aunque nunca faltaron desacuerdos severos - fue una rutina.

En el Haaretz se ha escrito que el discurso de Pence representaba una victoria para el ala derecha mesiánica. Otros, como el diputado del Meretz Michal Rozin, dijeron que fue un discurso religioso, mesiánico y delirante. Y tan cierto. Después de todo, ¿cuál es la afirmación: "Vuestra lucha es nuestra lucha" y la promesa de que "Estados Unidos está con Israel"? Sin duda, para ellos representaba una victoria decisiva para la derecha. Digamos que, según ellos, quien está con Israel "está la derecha, y no solo con la derecha, sino con la derecha mesiánica".

Peor aún, Pence luego dijo otras cosas vergonzosas, como: "En la historia de los judíos, siempre hemos visto la historia de los Estados Unidos. Es la historia de un éxodo, un viaje de la persecución a la libertad, una historia que muestra el poder de la fe y la promesa de esperanza".

¿Y qué hay de la historia palestina, mi querido señor vicepresidente? ¿Por qué los palestinos, que también son "los descendientes comprobados de los canaanitas mencionados en la Biblia" (esa que lee todos los días), no forman parte de la historia de América?

El colmo del ridículo vino cuando el hombre que dijo: "Y este abril, nosotros [¡no vosotros!] celebramos el día en que el pueblo judío respondió a esa antigua pregunta - ¿puede un país nacer en un día? ¿puede nacer una nación? ¿en un momento? - cuando el Estado de Israel celebró el 70 aniversario de su nacimiento". Luego bendijo en hebreo, lo que puso una sonrisa embarazosa en los rostros de algunos de los que estaban sentados alrededor de la mesa del gabinete en la Knesset: "Shehecheyanu, v'kiyimanu , v'higiyanu la'zman ha'zeh".

Y encima este tipo tan grosero podría muy bien, en algún día no muy lejano, reemplazar al presidente estadounidense Donald Trump, cuando la medida del daño que ha causado se llene hasta el borde. 

Ciertamente, el reconocimiento de Trump de que Jerusalén es la capital de Israel y la promesa de Pence de que la embajada de los Estados Unidos será trasladada allí a fines de 2019, es una medida estadounidense que aleja a los árabes del proceso de paz, ese que según nos dicen "los palestinos desean y creen en él con gran entusiasmo y fervor hasta el día hoy". Pero tal vez, y todos los que atacan a Pence, deberían pensar en esto: ¿el reconocimiento de Jerusalén, que prueba a los palestinos que el tiempo está trabajando en contra de ellos, los llevará de hecho a la mesa de negociaciones?

Existe el plan, nos dicen sin rubor, de agregar un millón de judíos al Área C en Judea y Samaria. Israel, si se apega a esos objetivos, podría llevarlo a cabo con una probabilidad razonable durante el tiempo de esta administración. ¿Tal vez este plan pondrá fin a la historia palestina de oportunidades perdidas que comenzó en 1947?

La profunda esperanza de que Irán, tal como lo prometió, pueda cumplir sus deseos y que los judíos sean exterminados, es una falsa esperanza. No solo por las capacidades de Israel. Y es que después de todo: "Cualquiera que sea el resultado de esas negociaciones, hoy tengo una promesa solemne para Israel y para todo el Oriente Medio y el mundo", dijo Pence en su discurso "religioso, mesiánico y delirante": "Los Estados Unidos de América nunca permitirán que Irán adquiera un arma nuclear".

Y puede que él pueda cumplir su promesa, ese "ignorante fundamentalista".

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