Sunday, January 07, 2018

Eydar siempre interesante: Una mirada hacia el este (hacia Irán y el Oriente Medio) - Dror Eydar - Israel Hayom


1.- Han pasado siete años desde el comienzo de la agitación en el mundo árabe que se anunció como la "Primavera árabe". A mediados de diciembre de 2010, estallaron disturbios en Túnez, extendiéndose a Egipto y en adelante envolvieron al mundo árabe.

Ellos precedieron a lo que ahora reconocemos en retrospectiva como un "Invierno árabe". Estos siete años no solo han sido largos, años difíciles en los que cientos de miles de personas fueron asesinadas y millones se convirtieron en refugiados. También reflejan la ceguera que ha afligido a gran parte de la élite occidental con respecto a nuestra región.

Pero antes de profundizar en la comprensión del mecanismo que facilitó, y aún facilita, esta ceguera, es importante notar otro hito, uno que estamos presenciando en este momento: las actuales protestas antigubernamentales en Irán, que se parecen mucho a las disturbios que estallaron allí en junio de 2009 por fraude electoral cuando el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad fue reelegido sobre su contrincante reformista Mir-Hossein Mousavi. En 2009, los disturbios estallaron durante el primer año en el cargo del presidente estadounidense Barack Obama. Ahora, a medida que los disturbios vuelven a invadir a Irán, es en el primer año del mandato del actual presidente estadounidense Donald Trump.

Es importante hacer la distinción entre Irán y el mundo árabe, por muchas razones: histórica, cultural, religiosa y más. Sin embargo, no es menos importante ver el común denominador islámico entre ellos.

2.- En 1978, Edward Said publicó su influyente libro "Orientalismo". En él, Said argumentó que Oriente Medio tal como lo entendemos no existe en la "realidad". Afirmó que en realidad era una construcción creada por investigadores y observadores occidentales que veían a la región a través de su propio prisma cultural. El resultado, explicó, fue una creación llamada "Oriente" (que significa el este, en oposición al "Occidente", que significa el oeste).

En los estudios occidentales, continuó Said, el Oriente Medio era retratado como una caricatura, una colección de imágenes y términos creados en un lenguaje "político" muy particular, que no refleja el conocimiento "puro". En otras palabras, Said acusó a los investigadores occidentales de ser racistas y de no comprender verdaderamente a los pueblos del mundo árabe y musulmán.

Las afirmaciones de Said encajaban perfectamente con los sentimientos occidentales existentes, los cuales ya estaban dominados por el sentimiento de culpa por el colonialismo europeo y por la explotación de los árabes (junto con los pueblos de África y Asia). En la década de 1960, se inició un proceso (alcanzando un punto álgido en la última década en los campus universitarios occidentales) en el que extraoficialmente las universidades pasaron de buscar la "verdad", cualquiera que fuera la verdad, a buscar la "justicia social".

3.- Las cuatro décadas transcurridas desde que el libro de Said desencadenó un debate apasionado sobre el tema se han caracterizado por los "esfuerzos para obstaculizar la investigación y el discurso sobre el mundo árabe y musulmán". Los campus estadounidenses se han visto dominados por una cultura de la victimización según la cual cuanto más alto se encuentren en la jerarquía de víctimas (en nuestros términos, si puedes demostrar que has sido atormentado más que el resto), más "correcto" y más inmune estarás ante la crítica.

Las críticas formuladas contra cualquier persona que disfrute del estatus de víctima son inmediatamente descartadas como "racistas" y como muestra de la "supremacía blanca", además de una plétora de otras etiquetas que justifican la increíble violencia ejercida contra cualquiera que desafíe las creencias básicas de la izquierda progresista y liberal. Estas creencias se han convertido en axiomas casi religiosos, una especie de "ortodoxia secular y progresista" establecida por una inquisición que quema regularmente a los creyentes que se alejan del camino en la hoguera, y para ello se utilizan los medios y la opinión pública.

Esta inquisición coincide con los esfuerzos en curso para controlar el idioma y, como resultado, controlar las opiniones de las personas: hablamos del mecanismo de la corrección política. Al decidir qué se puede y qué no se puede decir, este mecanismo determina qué se puede y qué no se puede pensar. En este sistema loco, la víctima actual del día - la que se considera la más victimizada - es, maravilla de las maravillas, la musulmana. Se considera que en esta jerarquía de la victimización los musulmanes han "derrotado" a los otros grupos victimizados - negros, homosexuales, mujeres, etcétera - en la carrera por los corazones sangrantes de los liberales occidentales. Pueden arriesgarse a adivinar dónde se encuentra Israel en esta escala.

4.- Esta trascendental progresión cultural, de la cual solo hemos tocado la punta del iceberg, sentó las bases para la forma en que una parte dominante de la élite estadounidense y europea se relacionó con los disturbios en el mundo árabe. Comenzó con el apodo romántico - la Primavera Árabe (que recuerda la Primavera de las Naciones de 1848 en Europa o la Primavera de Praga de 1968 en Checoslovaquia) - y terminó con una ceguera increíble ante las profundas corrientes subterráneas que corrían abiertamente ante nuestros ojos, pero que fueron ignoradas categóricamente, junto a la censura puesta en práctica ante aquellos que se atrevieran a interpretar la realidad de una manera diferente.

Alrededor de dos semanas después del estallido de la revuelta en Egipto, el columnista del New York Times Thomas Friedman se paró en medio de la Plaza Tahrir de El Cairo, borracho de alegría, y se volvió poético ante todo lo que vió, como una repetición de eventos similares en Europa. Él entonces criticó duramente al gobierno de Israel por expresar reservas y mantenerse al margen.

Friedman estaba convencido de que esta revolución no tenía nada que ver con la Hermandad Musulmana. "De hecho, lo que hace que el levantamiento sea tan impresionante - y en ese sentido tan peligroso para otras autocracias de la región - es precisamente el hecho de que no es propiedad de la Hermandad Musulmana, ni está inspirada por ella", escribió en su columna, titulada "Tarjeta postal desde El Cairo".

Una semana después, la misma Plaza Tahrir fue la anfitriona de un discurso del hombre que inspiró a la Hermandad Musulmana - el jeque exiliado Yusuf al-Qaradawi -, quien se dirigió a una multitud de manifestantes de más de un millón. En última instancia, Egipto cayó directamente en manos de la Hermandad Musulmana, hasta que su gobierno fue derrocado por Abdel-Fattah el-Sissi mediante un golpe militar.

En su libro de 1999 titulado "The Lexus and the Olive Tree: Understanding Globalization", Friedman ya predijo que la tecnología, la globalización y la autopista de la información (el "Lexus") triunfarían sobre las percepciones tradicionales que representan el viejo mundo, o el "olivo". Este fue también el sentimiento que guió el famoso discurso de Obama en El Cairo en 2009. Esta forma de pensar no considera a los individuos como maravillados ante los procesos históricos trascendentales y sintiendo su propia insignificancia. Por el contrario, proporciona a quienes propugnan este enfoque un aire de arrogancia política y cultural: una sensación de que "pueden forzar a que la historia cambie su curso y se vuelva más racional y menos religiosa y mítica".

5.- En su libro "La Peste", Albert Camus describe a los residentes de la ciudad de Orán, los cuales representan a la civilización occidental, como aquellos que no aprendieron humildad en la forma de ver la realidad y, por lo tanto, fueron incapaces de luchar contra la plaga cuando les atacó.

Pero solo miren lo que le sucedió al "Lexus" político en el Oriente Medio. La mayoría de los estados árabes se establecieron después de la Primera Guerra Mundial, cuando las potencias europeas se dividieron el botín de guerra. La idea occidental de la nacionalidad se impuso a las antiguas estructuras tribales de los pueblos de la región. Por lo tanto, poblaciones étnicas hostiles se unieron artificialmente y se marcaron con una única nacionalidad siria, iraquí, libia o cualquier otra.

La Primavera Árabe puede haber sido un renacimiento, pero no en el sentido histórico europeo, sino en un sentido mucho más profundo: un renacimiento y un retorno a las antiguas construcciones políticas, que son mucho más estables que las agrupaciones artificiales que fueron forzadas a las naciones árabes. Un renacimiento similar se puede ver en la Turquía actual, donde se está librando una contrarrevolución contra la revolución secular y kemalista de Ataturk a medida que el país vuelve a su estructura musulmana tradicional.

> Irán es una excepción debido a la historia y a la cultura persas que lo conformaron antes de que fuera conquistado por el Islam. Los estallidos revolucionarios allí también son una expresión de antiguos y profundos trasfondos que emergen a la superficie de los grupos internos culturales y nacionales, pero a la inversa: contra la revolución islámica que se impuso a esta nación.

Esta lección debe estar a la vanguardia de nuestras mentes cuando examinemos nuestra arena regional y personal.

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