Sunday, January 28, 2018

¿Los palestinos realmente quieren su propio estado? - Josef Joffe - American Interest



El año 2018 marca un aniversario olvidado. Hace ochenta años, el primer "proceso de paz" entre árabes y judíos se vino abajo: la partición de Palestina. Los judíos obtendrían un muy modesto territorio, que se extendería a lo largo del Mediterráneo desde Tel Aviv hasta Galilea. Mientras tanto, los árabes obtendrían un pedazo mucho más grande, vinculado además a lo que hoy es Jordania. Esta había sido la recomendación de la Comisión Británica Peel en 1937. Los líderes judíos, aunque amargamente divididos, estaban listos para aceptar una cuarta parte del total del territorio. Los árabes sin embargo rechazaron la partición por unanimidad. En marzo de 1938, los británicos enterraron el Plan Peel.

Avancemos rápidamente hacia el presente. En diciembre pasado, Donald Trump reconoció a Jerusalén como la capital de Israel. Sin embargo, nadie pareció darse cuenta de que no le entregó todo Jerusalén a Israel, ya que insistía en que: "No estamos adoptando una posición sobre el tema del estatus final, incluidos los límites específicos de la soberanía israelí en Jerusalén". Eso sería cosa de "las partes involucradas". "Entonces, adelante y comiencen a hablar", les decía, haciendo una señal a la Autoridad Palestina.

Previsiblemente, los Estados Unidos fueron condenados rotundamente en la Asamblea General de la ONU. Igual de predeciblemente, los palestinos se animaron a revivir su juego clásico, ese que tanto les ha fallado regularmente en el pasado. En pocas palabras, el mensaje siempre decía: "No trataremos directamente con Israel, ya que queremos que el mundo obligue a los sionistas a entregarnos nuestro estado en bandeja de plata".

En Al-Monitor, una web que cubre los asuntos del Oriente Medio, el periodista palestino Daoud Kuttab informó (29 de diciembre) que los líderes palestinos estaban buscando la opción internacional una vez más. El objetivo era buscar nuevos padrinos con un gran poder. Refiriéndose a la medida de Trump, el ex miembro del Comité de la OLP Asaad Abdel Rahman anunció: "Ahora estamos relativamente liberados de las condiciones impuestas por los Estados Unidos de bloquear nuestra capacidad de acercarnos a las organizaciones internacionales", por ejemplo, arrastrando a los israelíes ante la Corte Penal Internacional.

Otro ex miembro del Comité quería acabar con el Proceso de Oslo. ¿A favor de qué o de quién? Nabil Shaath, un importante negociador en las conversaciones de paz, fue enviado a Rusia y China. Tal vez podrían reemplazar a los Estados Unidos. Regresó con buenas noticias, tal como él lo vio: Beijing y Moscú "respaldan con entusiasmo nuestros esfuerzos para crear un nuevo mecanismo"... eso incluía a los europeos, rusos y chinos. Entonces, adiós, Estados Unidos, y digamos "hola" a los viejos sueños palestinos.

Los árabes (entonces no había palestinos) rechazaron el patrocinio internacional en 1937-38. En Berlín, en 1941, donde el Gran Mufti de Jerusalén buscó la ayuda de Hitler contra los usurpadores sionistas "por el mismo método que ahora se está solucionando la cuestión en los países del Eje", tal como lo dijo con tanta delicadeza.

Los líderes árabes y palestinos desafiaron la resolución de la ONU de 1947 que implicaba una partición, confiando en cambio en la guerra para destruir a Israel en su nacimiento. Después de la Guerra de los Seis Días, cuando Israel ofreció regresar a los territorios conquistados, el mundo árabe arrojó los tres No de Jartum: No a la paz, No al reconocimiento, No a las negociaciones.

En 2000, en Camp David, Bill Clinton se lo ofreció realmente en bandeja de plata a Yassir Arafat. Pero él se negó, lanzando en su lugar la Segunda Intifada y ello con la esperanza de poner a Israel de rodillas, cosa que no sucedió, a pesar de los 1.000 muertos. Clinton estalló con Arafat: "Estuvo aquí 14 días y dijo no a todo".

En 2008, el primer ministro israelí Ehud Olmert hizo la oferta más generosa otorgada al sucesor de Arafat, Mahmoud Abbas: un territorio equivalente al 100% de Cisjordania y Gaza, con canjes de tierras que compensaban lo que Israel retendría más allá de la "Línea Verde" (6.3%). Jerusalén sería compartida. Condoleezza Rice, secretaria de Estado de Bush, recuerda: "Al final, el palestino se alejó de las negociaciones".

Probando su suerte como lo habían hecho todos los presidentes de los Estados Unidos antes que él, Barack Obama ni siquiera logró que los palestinos hablaran directamente con los israelíes. Diplomáticos estadounidenses tuvieron que ir y venir, declamando sus notas en sus blocs amarillos. Entonces, buena suerte para Sr. Shaath quien quiere traer a Europa, Rusia y China.

Este experimentado negociador seguramente conocera dos temas importantes: un estado solamente podrá obtenerse de la aquiescencia de Israel, y deberá incorporar un compromiso doloroso y destructor de sueños superados por los dos antagonistas. De ahí una dura conclusión: si una de las partes dice que no durante 80 años, es que no está interesada. Es todo o nada, y "todo" implica no solo a Hebrón, sino también a Haifa. El sueño más preciado de los palestinos es el "derecho de retorno" a Israel propiamente dicho, y Abbas no puede aceptar a Israel como un "Estado judío".

No es que los israelíes sean niños inocentes. Siguen construyendo asentamientos, lo que indica que están trabajando a largo plazo. Hacen la vida miserable para los lugareños y aceleran la actividad económica. Pero Shaath también sabe que el ejército de Israel, el IDF y sus servicios de seguridad protegen las vidas de Abbas y sus fieles de Fatah contra todos los que tratan de usurpar el poder, desde Hamas hacia los salafistas. No es accidental que el presidente de la AP no se haya presentado a las elecciones desde 2009.

El desequilibrado voto de la ONU sobre Jerusalén no ha aumentado el realismo palestino. Las victorias simbólicas no son nada sino estornudos, pero los símbolos no compran territorio. En este caso, el triunfo en las Naciones Unidas debe haber cegado al liderazgo de Fatah en un entorno estratégico cada vez más severo, lo que hace que la táctica de la bandeja de plata sea más estéril cada día. ¿Cómo es eso?

Durante la votación de la partición de la ONU en 1947, el mundo árabe actuó como un único país. En las décadas siguientes, se mantuvo firme en el rechazo, convenciendo al resto del mundo de que Israel-Palestina era la raíz de todos los problemas del Oriente Medio e Israel el culpable. Sin embargo, hoy en día, Israel no es el paria, sino un jugador clave en un sistema regional que se está ealineado.

Israel tiene tratados de paz con Jordania y Egipto, los cuales se han celebrado durante sus guerras contra la OLP y Hezbolá en Líbano y Hamás en Gaza. Jerusalén disfruta de una alianza tácita con Riyadh y los países del "Golfo". La Rusia de Putin se coordina con el IDF en Siria.

China e India compran armas a Israel. No intercambiarán Herzliya de alta tecnología por el remanso de Ramallah.

El cambio crítico es éste: la etapa del Oriente Medio se ha expandido desde el Levante a Ankara y se ahí al oeste, y desde Afganistán al este. En busca de la hegemonía, Irán es ahora el enemigo mortal de los árabes sunitas. En este nuevo Gran Juego, Israel-Palestina se ha retirado hacia un lado. El "conflicto central" no está en el centro de sus preocupaciones, sino que es una molestia, y los jugadores clave árabes ce no sacrificarán pronto sus vínculos israelíes en el altar del autoengaño palestino.

Desde luego los palestinos deberían tener su propio estado, pero tendrán que hacerlo mejor que en Gaza. Este autor fue a Gaza con Yassir Arafat en 1994 después del fabuloso apretón de manos con Yitzhak Rabin en el White Garden Rose Garden. Supuso que esta franja costera se administraría como un protoestado palestino bendecido con la democracia y el estado de derecho. Hoy Gaza es un corrupto feudo de Hamas, una amenaza para sí mismo y para el vecindario, un estado fallido.

No es de extrañar que el primer ministro Binyamin Netanyahu haya renunciado a la votación de la ONU. Él tiene la ventaja estratégica de que aumenta su complacencia. ¿Por qué lidiar con personas que quieren llevar a funcionarios israelíes a la Corte Penal Internacional?

Por supuesto, debería tratar con los palestinos siempre que dejen de malinterpretar la "correlación de fuerzas", tal como solían llamarlo los soviéticos. Ojalá la dirección post-Abbas intercambie su autoengaño por la sobriedad. Eventualmente, el realismo se establecerá, como debería hacerse entre dos pueblos irrevocablemente encadenados entre sí. La miseria de la realidad ha sido el sello distintivo de la política palestina durante 80 años. En el mundo hobbesiano del Oriente Medio, no hay bandejas de plata.

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