Saturday, February 17, 2018

El vínculo entre los judíos y el dinero ya no es tabú - Ofri Ilany - Haaretz



La correspondencia entre Martin Heidegger y Hannah Arendt incluye una carta que Arendt recibió de la esposa del filósofo alemán, Elfride, en abril de 1969. Le informa a Arendt que ella y su esposo han decidido construir una pequeña casa de un piso en su patio trasero y renunciar a la gran casa en la que vivían cerca de Friburgo. La nueva estructura "costaría alrededor de 80-100,000 marcos, que no tenemos, por supuesto, pero tenemos objetos de valor". Para pagar la casa, decidieron vender el manuscrito original de "El Ser y el Tiempo" de Heidegger de 1927, que para entonces se consideraba una de las obras fundamentales de filosofía del siglo. "Pero como no sabemos nada sobre dinero, no tenemos idea de cuánto vale este manuscrito y cuanto podían solicitar por su venta", escribe Elfride Heidegger.

¿Qué llevó a Elfride Heidegger, que era aparentemente bastante antisemita, a consultar sobre asuntos financieros con Hannah Arendt, una intelectual judía que en el pasado había sido la amante de su marido, y de la que Elfride evidentemente no era muy amiga (como se refleja en cartas escritas por el esposo)? La respuesta está contenida en la pregunta: Los Heidegger supusieron que Arendt, siendo judía, sabría mucho más de dinero que ellos. Aunque era una conocida filósofa política, supusieron que la sangre de un asesor financiero corría por sus arterias.

El propio Heidegger escribió en sus "cuadernos negros", del período del dominio nazi, que el judaísmo mundial tiene un "marcado talento para el cálculo" que pone en peligro el "Ser" mismo (traducción de Greg Johnson). Sin embargo, resulta que cuando surgió la necesidad, los propios Heidegger no se negaron a apelar a esa imaginaria habilidad contable.

Arendt, por su parte, parece no haberse sorprendido: de inmediato les ofreció algunos consejos, aunque se percibe un cierto grado de agravio en su respuesta: "En respuesta a su consulta, les escribo inmediatamente para decirle lo que sé, que no es mucho".

Esta anécdota ejemplifica ese estereotipo de siglos de antigüedad según el cual los judíos tienen una habilidad innata para lidiar con el dinero. Es una imagen que se aferró a los judíos incluso cuando eran pobres. Después del establecimiento del Estado de Israel, el estereotipo pareció desvanecerse un poco, ya que el nuevo judío imaginado por el sionismo era supuestamente un experto en agricultura y en luchar, no en la banca. Pero hoy está perfectamente claro que el estereotipo de "judío y dinero" es casi tan potente como lo era hace un siglo. Baste recordar el comentario del presidente Donald Trump a los líderes judíos durante la campaña electoral: "No me van a apoyar, porque yo no quiero (busco) su dinero".

Teniendo en cuenta la oscura historia del tema de la conexión entre los judíos y el dinero, la historia económica real de los judíos es un tema muy sensible. La historia judía ha sido descrita como "una cabeza sin cuerpo". Como señala el historiador Jonathan Karp, el personaje de Shylock, el notorio usurero en "El mercader de Venecia" de Shakespeare, ha arrojado "una larga sombra de actitud defensiva sobre las autopercepciones judías". Sin embargo, en la última década, los historiadores se han centrado cada vez más en la vida económica de los judíos y han tratado de disipar el misterio y los mitos que envuelven al tema. Karp ha llamado a esto un "giro económico" en el campo de los estudios judíos.

Hasta no hace mucho tiempo, la mayoría de los historiadores preferían profundizar en la historia del antisemitismo o en estudiar los orígenes de la cábala, o analizar la filosofía judía, y no detenerse, por ejemplo, en la historia de los imperios bancarios y comerciales establecidos por ciertos judíos. Ese tema fue en gran parte descuidado por los mismos historiadores judíos, dejándolo para esos pensadores que poseían inclinaciones antisemitas.

Un ejemplo notable es el sociólogo alemán Werner Sombart, quien en 1911 publicó el influyente libro "Los judíos y el capitalismo moderno". En respuesta al sociólogo Max Weber, Sombart argumentó que fueron los judíos, no los protestantes, los que inventaron el capitalismo. La compatibilidad de los judíos con el capitalismo, pensó, estaba relacionada con rasgos sustantivos del judaísmo, el cual, desde los albores de la historia, entrenó a los judíos en "el sometimiento de los instintos meramente animales del hombre". De manera muy dudosa, el sociólogo asocia el pensamiento judío abstracto con los orígenes nómadas de los judíos del desierto: "Los contornos nítidos del paisaje en los países cálidos y secos, su brillante sol y sus sombras profundas, sus noches claras y estrelladas, y su vegetación achaparrada, no pueden resumirse todos ellos en una única palabra, abstración".

De hecho, los eruditos judíos a menudo han tratado de enfatizar los elementos socialistas de su cultura, una tendencia que fue consistente con la tendencia izquierdista de muchos intelectuales judíos a mediados del siglo XX. Pero esa situación parece estar cambiando. No pocos intelectuales judíos contemporáneos han adoptado el capitalismo como un enfoque económico legítimo, y no se avergüenzan de él. Como tal, están orgullosos de presentar a sus correligionarios como pioneros del capitalismo.

Uno de estos últimos es el historiador Jerry Z. Muller. En su libro de 2010 "El capitalismo y los judíos", Muller recurre a los financieros judíos que establecieron el Deutsche Bank y el Dresdner Bank. Un enfoque similar se adopta en "Los pocos elegidos" (2012), de Maristella Botticini y Zvi Eckstein. Su libro describe el préstamo usurero como un comercio judío, uno en el cual los judíos se especializaron por su propia voluntad, a fin de explotar sus ventajas relativas sobre una población general sin educación. De esta manera, sostienen los autores, los judíos trajeron prosperidad a los países en los que estaban activos.

La última década también ha visto la publicación de muchos estudios que promueven afirmaciones menos radicales, pero que describen las redes globales de comercio en las que los judíos desempeñaron un papel crucial a lo largo de la era moderna. Así, Sarah Abraveya Stein, en su libro de 2012 "Plumas de avestruz, judíos y un mundo perdido de comercio global", cuenta la historia del comercio judío de plumas de avestruz y de otros artículos de lujo, que floreció desde la década de 1880 hasta la Primera Guerra Mundial. Ella sostiene que en estas y en otras redes, los judíos "funcionaron como el pegamento que unía un mercado global". La historiadora Francesca Trivellato ha escrito sobre el papel desempeñado por los judíos sefardíes en el comercio internacional durante los siglos XVII y XVIII, y Cornelia Aust, en su próximo "The Jewish Economic Elite", traza el papel de los judíos asquenazis en esta historia.

Estas obras están a la vanguardia del estudio de la historia judía, pero el sistema educativo israelí preferiría centrarse en otros aspectos de la historia del pueblo judío, aunque, por ejemplo, la influencia ejercida por la familia Rothschild en la historia judía fue indudable, mayor que la de los escritos del filósofo Franz Rosenzweig o incluso Maimónides.

Y, por cierto, estos temas a veces se entrelazan. Tanto Isaac Abarbanel como Moses Mendelssohn fueron filósofos y financieros. El barón Walter Rothschild no solo fue un banquero, sino también un zoólogo, que clasificó más de 150 especies de insectos y poseía 300.000 aves disecadas.

Aparentemente, no siempre tienes que hacer una elección.

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