Sunday, February 11, 2018

¿Qué tan barata es la sangre judía? - Ben Shapiro - Jewish Journal



Esta semana, The Guardian, uno de los periódicos más izquierdistas de Gran Bretaña, publicó un artículo de 2.300 palabras que describía el problema del terrorismo en las ciudades de todo el mundo. Las ciudades que mencionaba eran Londres, Berlín, Manchester, París, Niza, Bruselas y Barcelona. También mencionó a Argelia, Italia, Brasil, Kuwait, Líbano, Afganistán, Nairobi y Oklahoma City. Mencionó a Israel solo una vez, y solo para mencionar la bomba del Irgún sobre el Hotel Rey David en Jerusalén en 1946. Como observó Yair Rosenberg, ni un solo ataque terrorista contra israelíes mereció ser mencionado en el artículo.

Todo lo cual plantea una pregunta: ¿por qué cada vez que los líderes occidentales hablan del terrorismo parecen dejar el terrorismo contra los judíos fuera de la lista?

Esta no es una rareza. Es regular y predecible. Cuando el presidente Barack Obama habló sobre la masacre de Charlie Hebdo en París, por ejemplo, rechazó relacionarlo con el simultáneo ataque contra un supermercado judío tildándolo de "aleatorio" (más tarde se echó atrás). Cuando el presidente George W. Bush habló sobre el terrorismo global, rara vez mencionó el terrorismo dentro de Israel. Cuando los medios enumeran los ataques terroristas contra objetivos occidentales, Jerusalén nunca recibe una mención.

¿Por qué?

Hay dos posibles explicaciones. Ninguna es lo suficientemente buena.

Primero, hay quienes afirman que el terrorismo contra los israelíes forma parte de un conflicto político más amplio: que ese terrorismo no es de naturaleza religiosa, sino más bien una táctica en una guerra territorial. Eso es una absoluta tontería. Esta semana, Itamar Ben Gal, de 29 años, profesor en una yeshiva en Ariel, fue asesinado a puñaladas por un terrorista palestino mientras esperaba junto a la carretera, dejando a cuatro niños atrás. Eso sigue al asesinato del rabino Raziel Shevach, un padre de seis hijos, en la misma área, mientras conducía por la carretera. Estos son objetivos civiles, no militares. Estos fueron hombres de familia asesinados sin más motivo que su judaísmo.

Y no, esto no trata de los asentamientos. En 2017, Israel vio una ola de ataques terroristas en todo Israel, con la mayoría de esos ataques siendo perpetrados dentro de la llamada Línea Verde de Israel: apuñalamientos en las calles, ataques con vehículos contra multitudes de civiles. El liderazgo palestino celebra tales asesinatos y ofrece a las familias de los terroristas incentivos financieros para perseguirlos. Y el liderazgo palestino es claro acerca de la razón de tales asesinatos. Esa lógica es la misma que la lógica de al-Qaida o la lógica del ISIS: un punto de vista político islámico radical que considera la matanza de inocentes no musulmanes como una herramienta en la yihad contra el infiel. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, no es un líder "moderado" que busca la paz, es un radical que declaró abiertamente hace solo unas semanas que "Israel es un proyecto colonialista que no tiene nada que ver con el judaísmo y los judíos".

Luego está la segunda explicación de por qué el mundo minimiza los ataques terroristas contra los judíos: un intento antisemita de separar a los judíos de Occidente. Esa es sin duda la tendencia en Europa, donde es conveniente ver los ataques antisemitas dentro del continente por parte de musulmanes radicales no como ataques contra ciudadanos europeos, sino como una guerra interna entre dos grupos ajenos. Eso es conveniente porque permite a Europa tratar el aumento de la violencia y el crimen antisemita como una aberración más que como un problema interno grave. Pero también refuerza la mentira de que los judíos no pueden ser ciudadanos plenos de Occidente.

No hay una verdadera excusa para dejar a los israelíes muertos fuera de la lista de víctimas del terrorismo. Pero aquellos que lo hacen no necesitan una excusa. Seguirán haciéndolo mientras la comunidad judía permanezca en silencio sobre esa omisión. Y mientras esa omisión siga siendo la regla más que la excepción, Occidente seguirá ignorando una verdad básica y simple: los judíos de Israel son el canario de la mina de carbón en la guerra del Islam radical contra Occidente, no una nación atípica que puede ser desechada por conveniencia política. Lo que comienza en las calles de Jerusalén generalmente llega hasta las calles de Londres. El Occidente no israelí sería inteligente si reconociera ese hecho, aunque solo fuera para protegerse.

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