Saturday, May 05, 2018

Abbas no es el verdadero problema - Jonathan Tobin - JNS



El líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, conmocionó al New York Times con su último discurso . Después de años de disculparle y de racionalizar el comportamiento de Abbas, la columna editorial del periódico tuvo suficiente con este dirigente de 82 años de edad que actualmente cumple 14 años de liderazgo a pesar del período de cuatro años por el que fue elegido en 2005. Pidieron su expulsión y expresaton el deseo de que sus "viles palabras" sean "las últimas suyas como líder palestino".

Es difícil estar en desacuerdo con ese sentimiento. Abbas no solo dejó en claro que veía a Israel como una nación ilegítima, sino que negó nuevamente la validez de los lazos entre el pueblo judío y su antigua patria. También participó en la negación del Holocausto y culpó de la persecución nazi al comportamiento de las víctimas de Adolf Hitler, un tropo clásico del antisemitismo.

El NYTimes tiene razón en que Abbas es un obstáculo para la paz y que los palestinos necesitan nuevos líderes. Pero por malo que sea, reemplazarlo no es el auténtico problema de los palestinos ni de la búsqueda de la paz en Oriente Medio. Como deberíamos haber aprendido la última vez que hubo un cambio en el liderazgo de la Autoridad Palestina, el problema es mucho más profundo que el personal.

Cuando el predecesor de Abbas, Yasser Arafat, murió en 2005, había esperanzas similares sobre la ascensión de un nuevo líder palestino. La administración del presidente George W. Bush tuvo, en su haber, cortar relaciones con Arafat y la Autoridad Palestina después de que respondió a las ofertas de paz israelíes con una guerra terrorista de desgaste llamada Segunda Intifada, que resultó en el asesinato de más de 1.000 israelíes y muchas más bajas palestinas.

Bush pensó que la muerte de Arafat ofrecía una oportunidad real para la paz, y abrazó a Abbas. Por primera vez, Estados Unidos reconoció explícitamente el derecho de los árabes palestinos a la estatalidad. Sin embargo, la única diferencia real entre Abbas y Arafat era su elección de la vestimenta. Aunque Abbas llevaba un traje en lugar de uniformes militares, era tan reacio a hacer las paces, incluso si eso significaba rechazar un estado palestino independiente en casi toda Cisjordania, Gaza y una parte de Jerusalén. Continuó las políticas de Arafat de fomentar el odio en los medios oficiales palestinos y en sus escuelas. Como incluso el NYTimes admitió, Abbas tenía una larga historia de negación del Holocausto y de antisemitismo. Siguió la misma práctica engañosa de hablar de una manera sobre la paz cuando se dirigía a audiencias occidentales e israelíes, mientras hablaba de manera muy diferente cuando se dirigía a las audiencias árabes y musulmanas.

Igualmente importante, Abbas era tan corrupto como Arafat y administraba la AP como una mafia, en lugar de un gobierno. Miles de millones en ayuda externa fluyeron a su familia y a sus compinches de Fatah, retrasando los esfuerzos para crear el desarrollo económico en los territorios.

Al igual que la administración del ex presidente Bill Clinton no responsabilizó a Arafat por incumplir los Acuerdos de Oslo, Bush y el ex presidente Barack Obama le dieron a Abbas, a quien alababan falsamente como un moderado y un campeón por la paz, el mismo tratamiento de guantes para niños. Abbas torpedeó las negociaciones defendidas por el secretario de Estado de los EEUU, John Kerry, en el 2014 al frenar las conversaciones para dirigirse a las Naciones Unidas y elegir tratar de hacer las paces con Hamas, en lugar de con Israel. Sin embargo, la administración Obama prefirió culpar a su habitual saco de boxeo: el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, en lugar de a los palestinos. Incluso ahora, después de rechazar su antisemitismo, el NYTimes juega el mismo juego, culpando en gran medida de los defectos de Abbas a Israel.

Sin embargo, el problema es que deshacerse de Abbas no resolverá nada. Cualquier posible sucesor sería igual de malo, si no peor, debido a la cultura política que encierra a todos los palestinos, tanto dentro de Fatah como de Hamas, en una posición que hace que la paz sea imposible.

Cualquier posible sucesor será esclavo de la misma mentalidad que impidió a Abbas abrazar la paz. Mientras los palestinos estén más preocupados por demandar a Gran Bretaña por la Declaración Balfour que por construir sus propias instituciones, y consideren a Tel Aviv un asentamiento ilegal como la caravana más remota de Cisjordania, los israelíes saben que la guerra de 100 años de antigüedad contra el sionismo no habrá terminado.

Cualquier nuevo líder de la AP también estará interesado principalmente en competir con Hamas por el apoyo palestino. Es por eso que seguirán exigiendo el "derecho al retorno" para los descendientes de los refugiados árabes de 1948, el punto focal de las manifestaciones semanales orquestadas por Hamas en la frontera entre Israel y Gaza, lo que equivale a pedir la destrucción de Israel.

Si Abbas fuera sucedido por alguien como Salaam Fayyad, el tecnócrata educado en los Estados Unidos, podría haber alguna esperanza. Pero la carrera de Fayyad, que es el favorito de los columnistas estadounidenses como Thomas Friedman del NYTimes , ilustró por qué cualquier esperanza para la reforma palestina sigue siendo inútil. Su mandato como primer ministro de la AP desde 2007-13 comenzó con grandes esperanzas, pero terminó demostrando que cualquier persona interesada principalmente en la economía, la construcción del Estado y el buen gobierno, en lugar del terror y la violencia, no tiene futuro en la política palestina.

A lo largo de su mandato, Fayyad fue un hombre sin partido ni electorado entre su propia gente. Lamentablemente, los palestinos continúan prefiriendo a hombres violentos, como Marwan Barghouti, que actualmente cumple cinco cadenas perpetuas en una cárcel israelí por asesinar civiles durante la Segunda Intifada, a aquellos cuyo propósito es su mejoría.

Cuando los palestinos elijan a un líder dedicado a la paz y no al conflicto, solo entonces la paz será posible. Pero eso no sucederá si la política palestina se lleva a cabo en una atmósfera en la que sus participantes solo adquieren credibilidad al participar de la retórica violenta y del rechazo, si no de la violencia real, y de alimentar fantasías acerca de borrar los últimos 70 años de historia.

Como fue el caso con la partida de un terrorista ensangrentado como Arafat, será bueno ver al último de los odiadores como Abbas. Pero hasta que no sea posible que alguien que realmente quiera la paz ascienda al liderazgo palestino, en realidad no importará mucho que dirigente de Fatah u operativo de Hamas dirijan a la Autoridad Palestina.

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