Saturday, May 12, 2018

Francia, del antisionismo al antisemitismo - Roger-Pol Droit - Les Echos



Más que nunca, Israel está en el corazón de las noticias. La retirada de los Estados Unidos del tratado nuclear iraní y la próxima inauguración de la embajada estadounidense en Jerusalén, que coincidirá con el 70 aniversario de ese estado, el 14 de mayo. dos dos ejemplos de ello. De hecho, este lunes, a las 4 pm, se cumplirán siete décadas desde que David Ben Gurion, al final del Mandato Británico, leyó la Declaración de Independencia de Israel en la galería principal del Museo de Tel Aviv. Detrás de él estaba el retrato de Theodor Herzl (1860-1904), autor de "El estado de los judíos" (1896), el texto fundador del movimiento sionista.

Estos acontecimientos ocurren en un contexto tenso, donde se yuxtaponen las manifestaciones en Gaza, el riesgo de los misiles iraníes, los diversos apoyos para el boicot de Israel por parte de intelectuales, artistas y políticos de izquierda y extrema izquierda, sin mencionar los viejos odios antijudíos de la extrema derecha. Todo en el contexto de una creciente violencia antisemita en Alemania y Francia, de una retórica antisemita que ha invadido el Partido Laborista británico, y destacándose sobre todo un antisemitismo musulmán, eclipsado durante mucho tiempo, y ahora reconocido en las poblaciones musulmanas e inmigrantes.

La cuestión central, que una vez más se reactivará e intensificará en los tiempos venideros, es la de los vínculos entre el antisionismo y el antisemitismo. En los últimos años, se ha convertido en un punto de discordia permanente: criticar a Israel, oponerse a su política, ¿implica ser un enemigo del pueblo judío?. Este interrogación da lugar a malentendidos, negaciones, compromisos opuestos, interminables disputas. La relación entre el antisionismo y el antisemitismo es probablemente uno de los puntos más divisivos de nuestro tiempo.

Visto desde Sirius, el problema parece resuelto rápidamente. De buena fe, muchas personas piensan que pueden separar antisemitismo y antisionismo. A la vez que luchan contra Israel y sus políticas, boicotean sus productos o eventos culturales y desafian si es necesario su existencia, muchos aún siguen estando profundamente convencidos de que sus autoproclamadas convicciones humanistas y sus compromisos universalistas, son unos argumentos a su favor. No teniendo nada en común con la ideología racial del nazismo y manifestando de palabra su respeto por los millones de víctimas del Holocausto, se defienden por lo tanto de ser acusados de manifestar algún tipo de odio antijudío. Así, cuando son acusados ​​de antisemitismo por su lenguaje, tropos y obsesión, consideran dicha acusación como una manipulación, un intento de censurar a los críticos y descalificar las luchas de los activistas anti-Israel.

Lo cierto es que en un esfuerzo más en su intento de autojustificación, ya han comenzado a hablar sobre invenciones de... "la propaganda judía", las maniobras del "sionismo internacional" y un "complot para sofocar toda resistencia contra el dominio de las finanzas". Y es que la frontera entre antisemitismo y antisionismo es bastante porosa, y los límites se cruzan fácilmente entre la oposición a Israel y los clichés del antisemitismo actual. Esto hace que sea necesario recordar que no existe un antisemitismo único, cuyo único modelo sería la doctrina nazi exterminatoria de una supuesta "raza judía". Han existido muchas formas de odio antijudío a lo largo de la historia. Desde la antigua Roma a la "Francia judía" de Edouard Drumont (1886), éste odio ha tomado innumerables vestimentas y tropos, cristianos o musulmanes, refinados o vulgares, desde Voltaire a Wagner, desde Goebbels al izquierdismo.

Su historia es una de incomparable diversidad, como de una monotonía sin nombre. Porque las víctimas, al final, siguen siendo judías. Pero el sionismo sólo existe por y para un propósito: que los judíos abandonen el estatus de víctimas. Sin duda esto resulta intolerable para aquellos que muestran compasión por los judíos mientras estén dispersos y debilitados, y puedan ser humillados y asesinados. Pero cuando se defienden, se organizan, ganan victorias ... ¡ahí ya nada vale!

Cuanto más se intensifica y se expresa el antisionismo, más demuestra cúan radicalmente incómodo se siente ante la existencia de una identidad judía que se afirma y que pone en práctica su derecho a defenderse Desde este punto de vista, las acciones organizadas por todos estos sectores para deslegitimar a Israel, en todos los niveles: legal, moral, cultural... son notablemente perniciosas. Porque tienden a hacer creer que la ley y la ética siempre están de un lado. Estas campañas militantes no solamente hacen el "juego" al antisemitismo, sino que terminan formando una parte integral de él, lo quieran o no sus promotores.

No se nace antisemita. Pero, a fuerza de ser antisionistas, nos convertimos en eso.

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