Sunday, May 06, 2018

La izquierda israelí no puede esperar que Bibi sea derribado por los EEUU para su propio beneficio - Jonathan Tobin - JNS



Los izquierdistas israelíes nunca se han acostumbrado al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Si bien habrían detestado a cualquier líder del Partido Likud, la combinación de Netanyahu de fuerza intelectual y su simplicidad a la hora de venderse políticamente siempre han vuelto locos a sus oponentes. Al mismo tiempo, lo ven como un fraude y como una especie de genio político. Sobre todo, resienten amargamente su habilidad para maniobrar entre los judíos estadounidenses y los políticos de Washington.

Aunque ha sido una figura importante en las relaciones entre Israel y la Diáspora durante décadas - desde su servicio como diplomático en Washington y luego en las Naciones Unidas en la década de 1980 -, muchos israelíes aún no pueden entender por qué un hombre que a menudo trata a los judíos estadounidenses con tal falta de respeto y demostrando tan poco interés por ellos, todavía parece conseguir el respeto de los estadounidenses. Aunque muchos estadounidenses se oponen a Netanyahu, el hecho de que no sea ampliamente criticado en los Estados Unidos es una fuente constante de frustración para sus críticos nacionales.

La nueva biografía del escritor del Haaretz Anshel Pfeffer, "Bibi: La vida turbulenta y los tiempos de Benjamin Netanyahu", es la última manifestación en la lista de intentos izquierdistas de desentrañar el misterio del éxito de Netanyahu y su influencia en los afectos de tantos judíos estadounidenses. El libro tiene chismes interesantes sobre el primer ministro y su familia, y es un intento de Pfeffer de penetrar la mente de Netanyahu para descifrar su complicada relación con Estados Unidos, proporcionando algunos puntos de interés incluso para aquellos que simpatizan más con el primer ministro que con el autor del libro.

Debido al hecho de que pasó la mayor parte de su infancia en los Estados Unidos, ningún primer ministro israelí ha tenido un conocimiento tan íntimo de los Estados Unidos y de los judíos estadounidenses. Su inglés fluido y con acento americano es una ventaja que ninguno de sus predecesores poseía, ni siquiera Golda Meir, quien pasó gran parte de su vida en los EEUU, pero que permaneció hasta cierto punto siendo todavía una niña del shtetl de Europa del Este donde nació.

Pero como Pfeffer no es el primero en observarlo, Netanyahu nunca estuvo realmente en casa en los EEUU. Aunque es el político más americanizado de Israel, siempre se sintió fuera de lugar al crecer en los suburbios de Filadelfia - donde su padre, un profesor universitario, enseñaba - o asistiendo al Instituto de Tecnología de Massachusetts cuando era joven. Su sensibilidad es la de un sabra secular, no la de un judío estadounidense. Si bien sabe cómo pronunciar discursos que los judíos estadounidenses reconocerían como uno de los suyos, nunca ha sentido mucha simpatía por la cultura judía estadounidense. En el fondo, sigue siendo un producto de una familia profundamente sionista que siempre vio a Israel como la única expresión válida de la vida judía moderna.

Tampoco su visión nacionalista está sincronizada con el liberalismo de la mayoría de los judíos estadounidenses. Es por eso que la izquierda israelí se ha pasado los últimos 10 años rascándose la cabeza tratando de descubrir cómo es que alguien cuyos puntos de vista son tan antiéticos con respecto a la comunidad judía estadounidense no ha sido completamente rechazado en los EEUU. En su lugar, han mirado con asombro como Netanyahu sigue recibiendo una bienvenida de héroe cada vez que aparece por estas costas. Eso fue cierto incluso cuando su propósito era oponerse a las políticas del presidente Barack Obama, el cual recibió los votos de una abrumadora mayoría de judíos estadounidenses, en su mayoría integrados por liberales ideológicos y demócratas partidistas. Su consternación no ha hecho más que crecer desde la elección del presidente Donald Trump, con quien Netanyahu se ha hecho amigo, a pesar del hecho de que la mayoría de los judíos lo desprecian.

Como deja bien claro Pfeffer en un extracto del libro publicado en The Forward, el hecho de que Netanyahu haya podido luchar contra Obama y abrazar a Trump sin pagar un precio demasiado alto sigue siendo enloquecedor para los izquierdistas israelíes. Lo que vemos en su libro sobre el primer ministro no es solamente una oposición a sus políticas, sino también la frustración que late a fuego lento dentro de la izquierda ante la negativa de la mayoría de los judíos estadounidenses a rechazar a Netanyahu.

Pfeffer tiene razón en que muchos judíos estadounidenses no están de acuerdo con las políticas de Netanyahu. Pero la noción de que ellos son, como él escribe, unos "habilitadores" de Netanyahu y que tienen parte de responsabilidad en su desprecio por las sensibilidades progresistas, no resulta tan equivocada como también constituye un comentario patético sobre la bancarrota de la izquierda israelí.

A lo largo de la última década, la oposición interna al primer ministro israelí ha agitado más o menos la bandera blanca en los esfuerzos por derrotarlo en casa. Como ha sido evidente desde que la Segunda Intifada hizo explotar al último gobierno laborista y desacreditó el proceso de paz de Oslo que la izquierda había defendido, la única forma que la izquierda israelí ha tenido de frustrar a Netanyahu y a los gobiernos de centroderecha es poner sus esperanzas en Washington, en lugar de en Jerusalén. Han contado con gobiernos estadounidenses como el de Obama para crear controles sobre el poder de Netanyahu que no podrían poner en práctica por sí mismos, o de alguna manera intentar que lo sacaran de su cargo. También se han mantenido a la espera impaciente de que los judíos liberales estadounidenses se levanten y repudien al gobierno israelí.

Si bien tienen razón acerca de que la mayoría de los judíos estadounidenses no se sienten cómodos con la ideología de Netanyahu, la idea de que es su responsabilidad ganar batallas políticas para la izquierda israelí, que parece que no puede ganarlas por sí misma, resulta un idea que ha recogido poco apoyo en los EEUU, si exceptuamos al lobby rabiosamente pro-Obama que es J Street, o la abiertamente antisionista y antisemita Voces Judías por la paz.

La mayoría de los judíos estadounidenses, incluidos muchos liberales que tienen poca simpatía por Netanyahu, piensan que el veredicto de la democracia israelí merece su respeto y su deferencia, incluso si no están de acuerdo con sus políticas. Si la izquierda israelí alguna vez ganara otras elecciones, los derechistas judíos crearán problemas, pero incluso los principales grupos centristas como AIPAC respaldarían leales a quien eligiera el pueblo israelí.

La respuesta para aquellos como Pfeffer, que exigen que los estadounidenses repudien a Netanyahu, es simple. Si estás cansado de ver a Netanyahu interpretando el rol de héroe de los judíos estadounidenses, sal y vencelo en las próximas elecciones. Si no puedes, deja de lloriquear sobre esto. Los judíos estadounidenses pueden no amar a Bibi, pero no se debe esperar que ganen combates que la izquierda israelí no puede ganar por sí misma.

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