Los sicarios del Tercer Templo - Dan Ben-David - Haaretz
Esta semana, en la que el Primer y Segundo Templo fueron destruidos, parece que no necesitamos sicarios para minar nuestra capacidad de prevenir la destrucción del Tercer Templo. En vez de tenerlas controladas, nuestra democracia parece distribuir dagas a varios grupos que se esfuerzan por transformar completamente la naturaleza del país.
En su sabiduría infinita, la Knesset votó hace unos días eximir a las escuelas ultraortodoxas de enseñar un plan de estudios básico con sujetos elementales que proveerían a sus alumnos de los instrumentos que necesitarán como adultos. El poder ejecutivo hizo su propia contribución con la decisión del Ministerio de Educación de enseñar a los alumnos árabes israelíes la Nakba ("catástrofe" en árabe; la interpretación de los palestinos de lo que pasó después de 1948). Esto, en un ambiente en el cual los líderes de su comunidad ya publican orgullosamente documentos "visionarios" que no reconocen nuestro derecho a un hogar judío en nuestra tierra ancestral. Como si no hubiera bastante discriminación contra los árabes israelíes para alimentar su descontento, la Knesset votó la semana pasada a favor de una ley que prohíbe la venta de tierras del Fondo Nacional judío a los no judíos.
¿Cómo es ahora mismo de preocupante nuestra situación? En este país, 3 de cada 4 hombres ultraortodoxos y de mujeres árabes en edad de trabajar (25 a 54 años) no trabajan (es decir, están desempleados o no participan en el mercado laboral). Además, el nivel de desempleo entre sus cónyuges, las mujeres ultraortodoxas y los hombres árabes, es el doble de sus homólogos judíos no ultraortodoxos.
La dirección demográfica no podía estar más clara. En 1960, el 85% de los alumnos de escuela primaria estaban en redes escolares seculares o nacional religiosas, con el resto en redes escolares ultraortodoxas o árabes. Este porcentaje cayó a un 74% en 1980 y un 54% en el 2006.
Hace aproximadamente dos semanas, la Oficina Central de Estadística de Israel relató que en sólo cinco años, el porcentaje sería inferior al 50%. En otras palabras, desde 2013, la mayoría actual se convertirá en la minoría en las escuelas - y dentro de unos años, esto también pasará dentro de la población general.
A estos números se podrían añadir algunos datos publicados por las Fuerzas de Defensa de Israel la semana pasada. En 2006, el porcentaje de hombres israelíes integrantes del ejército de entre todos los residentes israelíes de 18 años alcanzó solamente el 55%. El porcentaje del servicio militar obligatorio entre hombres judíos cae un punto aproximadamente por año. Los hechos están delante de todos.
Hay algunos que atacan el uso de estos datos demográficos como racista. No cabe duda de que algunos que utilizan estos datos demográficos son en efecto racistas. Pero son una minoría. El resto está simplemente preocupado por el futuro del sueño sionista - y ahí es donde está el problema real.
Lo que se oculta detrás de esa crítica genérica del uso de unos datos demográficos ciertos, sin hacerlo explícito, es el hecho de que muchos de esos críticos ven a la ideología sionista en sí misma como racista. Esta es una fuente fundamental de desacuerdo, y ha llegado el momento de desvelar el doble estándar por el que se mide a Israel. Mientras esta misma gente no cuestiona los derechos legítimos de otras naciones occidentales a vivir en países democráticos con una religión oficial, y el símbolo de aquella religión en la bandera del país, ellos no quieren permitir esos mismos derechos al pueblo judío en su patria histórica.
Como si esto no fuera bastante, la crítica santurrona no ofrece una oferta válida y creíble que pudiera sustituir la narrativa sionista. Si las futuras normas de trabajo y del servicio militar fueran las que se predicen, la mayoría actual declinante no será capaz de sostener la economía y la sociedad, y tampoco será capaz de defender el país. Hamas, Hezbollah e Irán no distinguen entre judíos sionistas, antisionistas o ultraortodoxos. Ellos no trabajan sobre unos documentos "visionarios" como los árabes israelíes.
Si la democracia de Israel desea vivir, entonces debe ser una democracia que activamente persiga su derecho a existir. Ha llegado el momento de recoger las dagas y de distribuir los remos. Todos estamos en el mismo barco.
En su sabiduría infinita, la Knesset votó hace unos días eximir a las escuelas ultraortodoxas de enseñar un plan de estudios básico con sujetos elementales que proveerían a sus alumnos de los instrumentos que necesitarán como adultos. El poder ejecutivo hizo su propia contribución con la decisión del Ministerio de Educación de enseñar a los alumnos árabes israelíes la Nakba ("catástrofe" en árabe; la interpretación de los palestinos de lo que pasó después de 1948). Esto, en un ambiente en el cual los líderes de su comunidad ya publican orgullosamente documentos "visionarios" que no reconocen nuestro derecho a un hogar judío en nuestra tierra ancestral. Como si no hubiera bastante discriminación contra los árabes israelíes para alimentar su descontento, la Knesset votó la semana pasada a favor de una ley que prohíbe la venta de tierras del Fondo Nacional judío a los no judíos.
¿Cómo es ahora mismo de preocupante nuestra situación? En este país, 3 de cada 4 hombres ultraortodoxos y de mujeres árabes en edad de trabajar (25 a 54 años) no trabajan (es decir, están desempleados o no participan en el mercado laboral). Además, el nivel de desempleo entre sus cónyuges, las mujeres ultraortodoxas y los hombres árabes, es el doble de sus homólogos judíos no ultraortodoxos.
La dirección demográfica no podía estar más clara. En 1960, el 85% de los alumnos de escuela primaria estaban en redes escolares seculares o nacional religiosas, con el resto en redes escolares ultraortodoxas o árabes. Este porcentaje cayó a un 74% en 1980 y un 54% en el 2006.
Hace aproximadamente dos semanas, la Oficina Central de Estadística de Israel relató que en sólo cinco años, el porcentaje sería inferior al 50%. En otras palabras, desde 2013, la mayoría actual se convertirá en la minoría en las escuelas - y dentro de unos años, esto también pasará dentro de la población general.
A estos números se podrían añadir algunos datos publicados por las Fuerzas de Defensa de Israel la semana pasada. En 2006, el porcentaje de hombres israelíes integrantes del ejército de entre todos los residentes israelíes de 18 años alcanzó solamente el 55%. El porcentaje del servicio militar obligatorio entre hombres judíos cae un punto aproximadamente por año. Los hechos están delante de todos.
Hay algunos que atacan el uso de estos datos demográficos como racista. No cabe duda de que algunos que utilizan estos datos demográficos son en efecto racistas. Pero son una minoría. El resto está simplemente preocupado por el futuro del sueño sionista - y ahí es donde está el problema real.
Lo que se oculta detrás de esa crítica genérica del uso de unos datos demográficos ciertos, sin hacerlo explícito, es el hecho de que muchos de esos críticos ven a la ideología sionista en sí misma como racista. Esta es una fuente fundamental de desacuerdo, y ha llegado el momento de desvelar el doble estándar por el que se mide a Israel. Mientras esta misma gente no cuestiona los derechos legítimos de otras naciones occidentales a vivir en países democráticos con una religión oficial, y el símbolo de aquella religión en la bandera del país, ellos no quieren permitir esos mismos derechos al pueblo judío en su patria histórica.
Como si esto no fuera bastante, la crítica santurrona no ofrece una oferta válida y creíble que pudiera sustituir la narrativa sionista. Si las futuras normas de trabajo y del servicio militar fueran las que se predicen, la mayoría actual declinante no será capaz de sostener la economía y la sociedad, y tampoco será capaz de defender el país. Hamas, Hezbollah e Irán no distinguen entre judíos sionistas, antisionistas o ultraortodoxos. Ellos no trabajan sobre unos documentos "visionarios" como los árabes israelíes.
Si la democracia de Israel desea vivir, entonces debe ser una democracia que activamente persiga su derecho a existir. Ha llegado el momento de recoger las dagas y de distribuir los remos. Todos estamos en el mismo barco.
0 Comments:
Post a Comment
<< Home