Prisca Teología (Filón en castellano - Gabriel Albiac - ABCD)


Imagen de la Catedral de Siena
Un mosaico retiene la mirada del fiel que entra en la catedral de Siena. Una figura magistral hace, en él, entrega a otra, postrada, de un libro abierto. El maestro reviste los atributos de los magos orientales; el que de él recibe el don, cubre su cabeza con un turbante. La leyenda a sus pies identifica a maestro y discípulo: Hermes Mercurius Trismegistus Contemporaneus Moysi. Y da imagen a una leyenda mayor del Renacimiento. La de un origen común al texto bíblico y la filosofía griega: el de un maestro supremo, Hermes, del cual provendrían ambos saberes parciales. La superposición de ese nombre sobre un heterogéneo corpus de tratados neoplatónicos consolidará el mito, haciendo autoridad de lo que no existió. Cosme de Medici, que hace interrumpir a Marsilio Ficino su traducción de las Enéadas de Plotino para dar prioridad a los códices herméticos, da la clave de aquella fantasía. Soy viejo, moriré pronto, explica a su traductor. Justo es que antes haya leído a aquel que está en el origen de toda sabiduría. Es el último avatar de una aventura prodigiosa que se inicia, en los años mismos en los cuales nace el cristianismo, en la obra de un extraño pensador judío, Filón de Alejandría, empeñado en la imposible tarea de conciliar filosofía con monoteísmo, el Platón del Timeo con el Moisés del Génesis.
Criatura de Platón léxicamente anticipada por Heráclito, la filosofía es una forma muy extraña de escritura. Que prima la forma interrogativa sobre la narrativa, el problema sobre la solución, lo paradójico sobre lo didáctico. Y que sólo puede producirse allá donde ninguna voz de dios posee autoridad definitiva. En las asambleas homéricas, Zeus es, sí, el más fuerte, pero Atenea no se equivoca al recordárselo: ni siquiera él puede fijar criterio por encima del destino y de los demás dioses. No hay escritura, pues, que pueda ser transmitida con autoridad final y repetida luego. La escritura es la interminable paradoja del lenguaje que interroga al lenguaje. Tratar a la Escritura Sagrada, sobre la cual se fundan los tres monoteísmos del Libro, como el bello entretenimiento que el Fedro de Platón dice ser la esencia de lo escrito, resultaría para el creyente odioso. La paradoja que busca aunar ambas visiones de lo escrito, define la tensión del pensar occidental desde hace veinte siglos. A Filón debemos el arranque de toda esa paradoja y belleza: un Moisés platónico. Trotta acaba de acometer la edición de sus obras completas en castellano. Y ése sí es un milagro del cual vale la pena levantar acta.
1 Comments:
Me encanta tu estilo de claridad y belleza.
Post a Comment
<< Home