Un libelo de sangre "liberal y democrático" - Uri Dromi – The Guardian
Justo cuando pensábamos que ya lo habíamos escuchaba todo, llega la baronesa Tonge, "Lady Tonge", la responsable del área de sanidad del partido Liberal Demócrata británico, y pide que Israel realice una investigación para refutar las acusaciones de que sus equipos médicos en Haití han "cosechado" órganos de las víctimas del terremoto para su uso en trasplantes.
Es fácil descartar esto como una estupidez. De hecho, mi amigo Israel Medad, con quien por lo general no suelo estar de acuerdo, tenía razón en esta ocasión cuando en su blog se preguntaba si alguien le había robado el cerebro a la baronesa. Una cosa es segura: nadie le robó la lengua a Lady Tonge, y aunque no conozcamos si está o no conectada con alguna parte de su cerebro, es cierto que entra en erupción con sus excesos anti-Israel, los cuales ya le han causado ciertos problemas en el pasado.
Atacar las políticas de Israel es una cosa, insinuar que el ejército del Estado judío se dedica a robar órganos o, como el diario sueco Aftonbladet publicó el año pasado, que el ejército israelí se dedica a matar árabes para "cosechar" sus órganos, es repetir lo mismo que los antisemitas solían decir contra los judíos en los períodos más oscuros de la historia. El libelo de sangre, en suma.
Ciento setenta años atrás, un libelo de sangre desencadenado en Damasco conmocionó al mundo. El 5 de febrero de 1840, el padre Thomas, el superior de la casa de los Capuchinos en Damasco, y su sirviente musulmán desaparecieron. Los judíos locales fueron inmediatamente acusados de asesinar a ambos con la intención de utilizar su sangre para hacer los matzot de la Pascua judía. Varios judíos locales fueron detenidos y torturados, y algunos de ellos murieron, no antes de producir "confesiones".
Los judíos británicos de entonces se movilizaron rápidamente en favor de sus hermanos y hermanas oprimidos en Damasco, encargando al líder de los judíos de Gran Bretaña, Sir Moses Montefiore, viajar hasta allí para rescatar a las desgraciadas víctimas. Lord Palmerston, el secretario de Asuntos Exteriores, le dio su pleno apoyo, y la reina Victoria incluso le prestó una de sus embarcaciones para la primera etapa de su viaje. Fue a ver al Sultan Abdul Mejid, quien sólo tenía 17 años pero ya era lo suficientemente sabio como para escribir en su firman (decreto) que sólo "las personas ignorantes creen que los judíos tienen la costumbre de realizar sacrificios humanos a fin de utilizar la sangre en la Pascua [matzot]", y ordenó liberar al resto de judíos presos.
Cuando Montefiore estaba preparando su viaje en 1840, Louis Loewe, su secretario, escribió que "el viernes 3 de julio hubo una reunión muy concurrida y entusiasta en el Salón de Egipto en la Mansion House, donde banqueros, comerciantes y muchos cristianos británicos influyentes expresaron su solidaridad con los israelitas, y sus deseos de éxito para Sir Moses Montefiore".
La decencia británica, por aquel entonces y en aquellos días, se rebeló contra tales flagrantes mentiras, las cuales tuvieron graves repercusiones para los judíos en muchas partes del mundo. Ahora, la decencia británica es puesta a prueba de nuevo, salvo que el libelo de sangre no proviene de Damasco, sino desde Londres.
Es fácil descartar esto como una estupidez. De hecho, mi amigo Israel Medad, con quien por lo general no suelo estar de acuerdo, tenía razón en esta ocasión cuando en su blog se preguntaba si alguien le había robado el cerebro a la baronesa. Una cosa es segura: nadie le robó la lengua a Lady Tonge, y aunque no conozcamos si está o no conectada con alguna parte de su cerebro, es cierto que entra en erupción con sus excesos anti-Israel, los cuales ya le han causado ciertos problemas en el pasado.
Atacar las políticas de Israel es una cosa, insinuar que el ejército del Estado judío se dedica a robar órganos o, como el diario sueco Aftonbladet publicó el año pasado, que el ejército israelí se dedica a matar árabes para "cosechar" sus órganos, es repetir lo mismo que los antisemitas solían decir contra los judíos en los períodos más oscuros de la historia. El libelo de sangre, en suma.
Ciento setenta años atrás, un libelo de sangre desencadenado en Damasco conmocionó al mundo. El 5 de febrero de 1840, el padre Thomas, el superior de la casa de los Capuchinos en Damasco, y su sirviente musulmán desaparecieron. Los judíos locales fueron inmediatamente acusados de asesinar a ambos con la intención de utilizar su sangre para hacer los matzot de la Pascua judía. Varios judíos locales fueron detenidos y torturados, y algunos de ellos murieron, no antes de producir "confesiones".
Los judíos británicos de entonces se movilizaron rápidamente en favor de sus hermanos y hermanas oprimidos en Damasco, encargando al líder de los judíos de Gran Bretaña, Sir Moses Montefiore, viajar hasta allí para rescatar a las desgraciadas víctimas. Lord Palmerston, el secretario de Asuntos Exteriores, le dio su pleno apoyo, y la reina Victoria incluso le prestó una de sus embarcaciones para la primera etapa de su viaje. Fue a ver al Sultan Abdul Mejid, quien sólo tenía 17 años pero ya era lo suficientemente sabio como para escribir en su firman (decreto) que sólo "las personas ignorantes creen que los judíos tienen la costumbre de realizar sacrificios humanos a fin de utilizar la sangre en la Pascua [matzot]", y ordenó liberar al resto de judíos presos.
Cuando Montefiore estaba preparando su viaje en 1840, Louis Loewe, su secretario, escribió que "el viernes 3 de julio hubo una reunión muy concurrida y entusiasta en el Salón de Egipto en la Mansion House, donde banqueros, comerciantes y muchos cristianos británicos influyentes expresaron su solidaridad con los israelitas, y sus deseos de éxito para Sir Moses Montefiore".
La decencia británica, por aquel entonces y en aquellos días, se rebeló contra tales flagrantes mentiras, las cuales tuvieron graves repercusiones para los judíos en muchas partes del mundo. Ahora, la decencia británica es puesta a prueba de nuevo, salvo que el libelo de sangre no proviene de Damasco, sino desde Londres.
Labels: Antisemitismo, Antisionismo, libelos


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