Wednesday, August 11, 2010

El lobo solitario - Elliot Jager – Jewish Ideas Daily



El 70º yahrzeit (aniversario del fallecimiento) de Vladimir Ze'ev Jabotinsky (1880-1940) estuvo marcado el pasado 11 de julio, en el cementerio del Monte Herzl en Jerusalén, por la presencia del Primer Ministro Benjamin Netanyahu y el presidente Shimon Peres. No hubo ni una sola mención sobre este recordatorio en los medios de comunicación israelíes, y esta extraordinaria omisión obviaba al que fuera no sólo uno de los fundadores de la Haganá y el comandante supremo del Irgún, sino también un imponente líder y teórico sionista.

Jabotinsky nació y creció en la cosmopolita Odessa, cuando aún era un vibrante centro de la vida intelectual y cultural judía. Atraído por el periodismo, se convirtió en un folletinista de éxito. Su vida dio un giro trascendental en 1903, cuando temiendo que los pogromos que barrían Rusia llegaran a su ciudad, propició la formación de un grupo judío de autodefensa. Ese mismo año asistió al Sexta Congreso Sionista celebrado en Basilea, el cual rechazó la angustiada petición del propio Theodor Herzl de que se estudiara inclusive la idea de un santuario autónomo judío en el este de África.

Durante la Primera Guerra Mundial, mientras el establishment sionista mantenía con cautela su neutralidad, Jabotinsky se convirtió en la fuerza impulsora detrás de la formación de una Legión Judía que luchara junto a los aliados. En la década de 1920, ya que las autoridades del Mandato Británico de Palestina capitulaban regularmente ante la presión árabe, organizó medidas de autodefensa contra las revueltas y disturbios por parte árabe, una actividad por la que fue encarcelado en un primer momento por los británicos y más tarde amnistiado y deportado.

Jabotinsky fue firme en su insistencia en que el objetivo inmediato y sin concesiones del sionismo tenía que ser la visión original de Herzl de un verdadero Estado judío. Su ruptura con unos enfoques más acomodaticios por parte del establishment sionista con respecto a la Gran Bretaña se volvió inevitable. En 1925 fundó la Revisionist Zionist Organization (Organización Sionista Revisionista) , y diez años más tarde la llevó fuera del Congreso Sionista. En el Tishá B'Av de 1938, Jabotinsky pronunció un discurso profético y escalofriante en Varsovia en el que imploraba a los judíos de Polonia a que "vieran el volcán que pronto iba a comenzar a vomitar su fuego destructivo", y optarán por escapar mientras aún se podía.

Dos años más tarde, a la edad de cincuenta y nueve años, Jabotinsky murió repentinamente en Nueva York después de inspeccionar una guardia de honor de su movimiento juvenil Betar. En Tel Aviv, el diario laborista Davar, que se había opuesto a todos sus movimientos políticos, titulaba con sorna en su editorial: "Jabotinsky ha muerto. El talentoso violín se ha hecho añicos". La referencia se dirigía a sus formidables capacidades como polemista y como orador fascinante, capaz de dirigirse a su audiencia en ruso, hebreo, yiddish, inglés, francés, alemán y alguna que otra lengua eslava.

El primer biógrafo de Jabotinsky, Joseph B. Schechtman, lo describió como un "rebelde, estadista, guerrero y profeta". Para Shmuel Katz, su biógrafo definitivo, "Jabo" era simplemente un "lobo solitario". Su énfasis en el orgullo judío y en lo que se refiere a la necesidad de una disciplina militar para obtener los objetivos, hizo que los liberales se sintieran incómodos con él y que sus enemigos (los sionistas de izquierda) le trataran de descalificar asimilándole a un fascista, una acusación bastante extraña para un apasionado liberal del siglo XIX y un defensor de los derechos de la mujer (Buena parte de las críticas provendrían de las derivas y coincidencias más bien estéticas del movimiento juvenil, el Betar, con los camisas negras italianos, aunque Jabotinsky, estudiante de derecho en Italia, siempre fue un admirador de los líderes italianos del Risorgimento, como Mazzini y Garibaldi).

Al igual que otros, Jabotinsky no pudo penetrar y pensar plenamente el naciente nacionalismo árabe, pero en cambio aborrecía la idea de que árabes y judíos no podían vivir juntos pacíficamente.

El periodismo multilingüe de Jabotinsky y su producción literaria son las claves, a su manera, para entender su carácter y su s opiniones sobre la vida en general y la vida (y la imaginación) judía en particular.

A lo largo de su agitada carrera política se las arregló para escribir novelas, poemas, cuentos, canciones patrióticas, ensayos, y una columna regular en Nueva York en lengua yiddish en le Mourning Journal. Al revisar una traducción al inglés de una de sus novelas, Hillel Halkin encuentra una especie de autorretrato del propio autor en un personaje inclinado por naturaleza a un civismo liberal pero que se ha comprometido en una vida de deber y sacrificio.

¿Los puntos de vista inflexibles de Jabotinsky, inclusive sobre la integridad territorial de la Tierra de Israel, disfrutan en el siglo XXI de defensores potenciales en el Estado judío? No en el Likud, que teóricamente reivindica su legado político, y tampoco en el movimiento de los asentamientos de mayoría ortodoxa, que tiene sus propios héroes. Incluso tras la muerte, al parecer, Jabo sigue siendo un lobo solitario.

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