El trasfondo de las "acusaciones de conspiración" de Nasrallah (o lo que no cuentan los corresponsales) - Debka

Cuatro ejércitos en estado de alerta mientras Jamenei (el máximo líder de Irán) se hace cargo de la crisis del Líbano - Debka
Teherán ha puesto todo su peso detrás de Hezbolláh, Su líder, Hassan Nasrallah, lo avanzó horas antes de su polémico discurso del lunes, 9 de agosto, al declarar que el "Líbano, Irak y Afganistán son el cinturón de seguridad de Irán", e Irán envío a su Director del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Saeed Jalili, quien también lleva la negociación, a Beirut este domingo para fortalecer esa alianza. Esta información ha sido relatada a DEBKA por fuentes iraníes.
A su llegada, el jefe del NSC iraní se reunió con Nasrallah y con el asistente del líder espiritual Ali Akbar Velayati, quien llegó a Beirut el pasado jueves 5 de agosto, después de que estallara el incidente en la frontera libanesa-israelí, y todavía permanece allí.
Jalili luego marchó a Damasco para proporcionar al presidente sirio Bashar Assad algunas de sus “impresiones”. Según nuestras fuentes, en una conversación que se prolongó hasta la madrugada del lunes, el funcionario iraní le expresó con claridad que Teherán no iba a tolerar el acuerdo consumado por Assad con el rey saudita Abdullah, por el cual se desprende un enfriamiento - incluso una reducción – de las relaciones de Siria con Hezbolláh.
El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, se ha hecho cargo claramente de la situación libanesa. Él mantiene el control a través de dos altos funcionarios estacionados en Beirut y Damasco, así como con Nasrallah, quien se prepara para acusar a Israel de asesinar al primer ministro libanés Rafiq Hariri en febrero de 2005.
Esta es la táctica que Nasrallah está usando para chantajear al gobierno de Hariri (hijo de Rafiq Hariri) con la amenaza de una guerra civil y/o una confrontación militar con Israel si no se disuelve el tribunal especial de la ONU (que investiga el asesinato de Rafiq Hariri) y así evita la entrega líderes de Hezbolláh acusados por el tribunal.
Con Teherán oscilando sólidamente detrás de él al más alto nivel, Israel, Líbano y Siria han puesto en alerta a sus ejércitos, junto con Hezbolláh, preparados para posibles problemas.
Irán se aseguró de que las tensiones fronterizas se mantuvieran en alza después de que francotiradores del ejército libanés mataran a un oficial israelí en un enfrentamiento el pasado martes 5 de agosto.
Como DEBKA informó en ese momento, un grupo de oficiales de inteligencia iraníes recorrieron abiertamente las fronteras del sur del Líbano y estudiaron las posiciones israelíes, asegurándose de que fueron vistos del lado israelí. Aún están presentes en posiciones de avanzada de Hezbolláh.
El domingo, el ministro de Exteriores libanés, Ali Al-Shami, voló a Teherán para solicitar su ayuda a la hora de bajar el tono del ultimátum planteado por Nasrallah al primer ministro Saad Hariri, en dicho ultimátum se pide que se disuelva el tribunal especial establecido por la ONU y el Líbano para investigar el asesinato de su padre y se acusé a Israel ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
Al-Shami sostuvo que este movimiento rompería la unidad del gobierno del Líbano y abriría las puertas a una reaparición de la guerra civil y la guerra con Israel. Su apelación al presidente Mahmoud Ahmadinejad cayó en oídos sordos. En su lugar, el Director del Consejo de Seguridad Nacional iraní fue enviado en un avión especial a Beirut para fortalecer la posición del líder de Hezbolláh.
Esto se desprende de su comentario: "El poder de la resistencia y la unidad del ejército libanés no permitirá que el régimen sionista corte incluso un árbol. Anteriormente, el régimen sionista podría avanzar hacia las fronteras de Beirut sin miedo. Hoy, el ejército sionista ha recibido una fuerte respuesta de Resistencia Islámica...".
Sus palabras significan que, para Teherán, el noveno batallón del ejército libanés ya no es una entidad independiente y autónoma, sino parte integrante de Hezbolláh y un socio en su misión radical.
Gran ejercicio militar israelí como respuesta a las acusaciones de Nasrallah de un complot israelí para eliminar a los dirigentes libaneses – Debka
El líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, acusó a Israel de conspirar para asesinar a todos los líderes políticos y militares del Líbano en un discurso que pronunció la noche del lunes 9 de agosto, por lo tanto mejora su prestación anterior en la que sólo acusaba al Estado judío del asesinato de Hariri en 2005. A pesar de que no presentó ninguna prueba, sus patrocinadores iraníes estaban a su lado. Lo importantes es que derramó suficiente combustible sobre las ya incendiarias relaciones entre Israel y el Líbano, y las fronteras entre Israel y Siria, lo justo como para provocar que un gran ejercicio militar israelí comience la mañana siguiente, el martes 10 de agosto.
El canciller iraní, Manouchehr Mottaki, estaba de camino mientras tanto a Damasco para lograr que Bashar Assad se echara atrás de su promesa al rey saudí Abdullah de romper con Hezbolláh. El embajador iraní exhortó al jefe del personal del ejército libanés, el general Jean Qahwajiy, y le aconsejó que invocara un nuevo acuerdo militar iraní-libanés para sustituir a los EEUU por Irán como principal proveedor de armas del ejército libanés.
En un intento por mantener su posición en Beirut, Washington envió a Beirut su principal experto sirio-libanés, Fredric Hof, para advertir al general Qahwaji de un posible deslizamiento hacia Irán o de emprender una nueva agresión transfronteriza contra Israel.
DEBKA ya esbozó las presiones existentes en las relaciones entre Irán y Siria y las tensiones que han dado lugar a todas estas idas y venidas, y que han llevado a que cuatro ejércitos se pongan en estado de máxima alerta y hagan que el líder de Hezbolláh esté lo suficientemente desesperado como para amenazar a su país con la guerra civil y con provocar un enfrentamiento con Israel.
Israel ha trasladado una gran concentración de tanques, infantería blindada y artillería en el norte como una advertencia adicional a Teherán, Damasco y Beirut, para que no permitan que sus crisis internas se extiendan hacia las fronteras de Israel o generen una repetición de la emboscada del 3 de agosto en la que el teniente coronel Dov Harari fue asesinado por un francotirador del Líbano.
El lunes por la noche, el ejército israelí advirtió a los ciudadanos y excepcionalmente a los automovilistas que tendrían que soportar el tráfico pesado de vehículos militares en las carreteras del norte, desde el centro del país hasta las costas del Mar de Galilea, Alta Galilea y el Golán.
Nasrallah comenzó haciendo una recopilación de las acciones que según él agentes israelíes habían tramado contra el Líbano en la década de 1990, y pasó después a acusar a Israel de conspirar para asesinar al presidente libanés Michel Suleiman, al jefe del Estado Mayor General Jen Qahwaji, al líder del movimiento Amal Nabih Berri - presidente del Parlamento -, al primer ministro Saad Hariri y al líder del movimiento cristiano Falange, Samir Geagea.
“¿Y que es lo que motiva que Israel quiera hacer tabla rasa de todo dirigente libanés pro-occidental, así como de los líderes pro-iraníes?”, se preguntó retóricamente Nasrallah: "Para implicar a Siria y Hezbolláh en esos crímenes, exactamente como en el caso del asesinato de Hariri", el cual según él fue cometido por la inteligencia israelí.
Los esfuerzos de Nasrallah para provocar una guerra común sirio-libanesa contra Israel se revelan totalmente transparentes y predecibles. De todos modos, ya ha conseguido incrementar el nivel de las tensiones militares en curso.


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