Yizkor por Jabotinsky: El Profeta escuchado... a medias - Gal Beckerman - Forward

El 70º aniversario de la muerte de Vladimir (Zeev) Jabotinsky, el padre del sionismo revisionista, ha pasado en silencio este año. Y no fue el resultado de alguna negligencia. Jabotinsky, simplemente, no necesita de un día especial para recordarlo, no cuando la mayoría de los miembros del actual gobierno israelí se calificarían como "Jabotinskytas".
En el único acto conmemorativo en Nueva York, una velada organizada por la organización americana “Americans for a Safe Israel” y celebrada en la Sinagoga del Parque Este de Manhattan Oriente, el orador principal fue Douglas Feith, un destacado neocon que fue subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos en la administración de George W. Bush. Al principio de su discurso, Feith destacó esa influencia que caracteriza a Jabotinsky.
"Aunque Ben-Gurión es admirado por muchos israelíes, ya no existen líderes políticos en Israel que se describen como Ben-Gurionitas", dijo Feith. "Tampoco ninguno se describen a sí mismo como Weizmannitas. Sin embargo, muchos se definen con orgullo como Jabotinskytas, como seguidores de lo racional y de lo pragmático, sin dudas y sin arrepentirse de sus creencias, seguros de si mismos, en suma, un nacionalista judío no socialista".
Jabotinsky, el pequeño y duro intelectual judío de Odessa, con anteojos de lechuza y orejas de soplillo, murió hace ya mucho tiempo. Pero su filosofía política - o aquellos aspectos que han extraído sus herederos ideológicos - sigue estando muy viva. Más concretamente, su evaluación del conflicto territorial entre lo que hoy llamamos israelíes y palestinos ha sido una especie de estrella del norte que ha guiado a la derecha.
Hoy en día, al borde de la reanudación de las conversaciones de paz entre Israel y Palestina, cuando el escepticismo abunda, hay una tendencia en la derecha israelí a recurrir al más famoso ensayo de Jabotinsky sobre el conflicto árabe-judío, "El Muro de Hierro", en el que escribió, " Un acuerdo voluntario entre nosotros y los árabes de Palestina es inconcebible ahora o en el futuro previsible".
En el encuentro de Manhattan esta cita fue reproducida en dos ocasiones. Alguien llegó a decir, "(ese ensayo) pudo haber sido escrito esta misma mañana".
Pero las ideas de Jabotinsky también han sido simplificadas durante décadas, eliminando las amarras de su contexto original y haciéndolas sonar con el aire de un pronunciamiento eterno.
Por un lado, el feroz nacionalismo de Jabotinsky es solamente una de las caras de su identidad intelectual. También fue un gran creyente en los derechos individuales, un laico convencido, un liberal (en el sentido antiguo) y demócrata. No tenía paciencia con cualquier tipo de mentalidad colectivista, ya fuera el comunismo o el fascismo. Hoy en día no sabría qué hacer con los colonos sionistas religiosos que se han asentado en Cisjordania y que lo ven como a un héroe. Él podría apreciar su valor personal, pero sería mucho más probable que mostrara desdén hacia sus motivaciones religiosas. Hablamos de un hombre que quería emplear el hebreo con un alfabeto latino y que previa que un día podría haber un vicepresidente árabe junto a un presidente judío.
Jabotinsky nunca disfrutó de ningún tipo de poder real, a diferencia de David Ben-Gurion y Chaim Weizmann. Su muerte a causa de un ataque al corazón en 1940 a la edad de 59 años, mientras visitaba un campamento juvenil del Betar (la rama juvenil y militarizada de su movimiento) en las montañas Catskill, le impidió ver el nacimiento del Estado judío. Y de acuerdo a muchos pensadores que han examinado las creencias de Jabotinsky, eso le evitó tener que comprobar lo que podría haber sido la naturaleza irreconciliable de su feroz nacionalismo y de sus principios democráticos.
"Jabotinsky, en parte debido a sus propias experiencias y al tenor de los tiempos, no podía comprender que su hermanamiento del individualismo y del nacionalismo democrático se conjugaba perfectamente siempre y cuando se formara parte de la parte oprimida, en cambio, ambos no se llevarían necesariamente muy bien una vez que se estuviera en el poder", afirma Bernard Avishai, el autor del libro “The Hebrew Republic: How Secular Democracy and Global Enterprise Will Bring Israel Peace at Last” (La República hebrea República: Cómo la democracia laica y la empresa global traerán por fin la paz a Israel - 2008). "Un ultranacionalista, en un país colonizado, siempre tiene un aire de radicalidad democrática, pero tan pronto como llega al poder su nacionalismo se muestra demasiado incompatible con el tipo de libertades democráticas que decía representar".
Es precisamente sobre la cuestión de cómo resolver el problema de dos pueblos que exigían la soberanía sobre el mismo trozo de tierra – cuestión que asume en "El Muro de Hierro" -, cuando el significado de la lección de Jabotinsky parece haber sido más distorsionado.
Debe decirse, en primer lugar, que su visión encaraba un Gran Israel que se extendería hasta el río Jordán y que se negaba a cualquier idea de partición. En este sentido, sostuvo una línea dura radical venerada hoy en día por los extremistas de línea dura. Pero también veía un punto final a la hostilidad con la población árabe en lo que entonces era la Palestina del Mandato Británico.
El concepto del Muro de Hierro de Jabotinsky era el siguiente: los judíos necesitan dejar en claro para poder sobrevivir (en la Tierra de Israel) que son indestructibles, que de ninguna de las maneras abandonarán y se irán. Jabotinsky respeta los deseos nacionales de la población árabe, concediéndoles un grado de legitimidad que describe como “ansia” de ellos, en comparación con el “hambre” de una patria que tienen los judíos. Los árabes no aceptarían la autoridad judía sobre la Palestina del Mandato a menos que se convencieran de que no había esperanzas de expulsar a los judíos. Cuando llegaran a aceptar esta realidad, entonces una nueva fase podría comenzar entre los dos pueblos.
"Para él, el Muro de Hierro no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr romper la resistencia árabe al avance del sionismo", escribió Avi Shlaim, un historiador anglo-israelí, en su libro que lleva el nombre del ensayo de Jabotinsky. "Una vez que la resistencia árabe se hubiera roto, un proceso de cambio se produciría en el interior del movimiento nacional palestino, con los moderados en un primer plano. Entonces, y sólo entonces, habría llegado la hora de comenzar con unas negociaciones serias".
Jabotinsky se refería a una negociación sobre "los derechos civiles y nacionales", aunque no especificó lo que estos derechos podían significar para él. Si tenía en mente algún tipo de autonomía política o un estado independiente, no está nada claro. Pero hizo ver la posibilidad de un acuerdo.
El Israel de hoy en día no es la Yishuv que tan duramente escarbaba la tierra en 1925. Era mucho más fácil (y necesario) por aquel entonces sostener que los colonos judíos debían mantener una postura inamovible e intransigente. Pero después de 1967, y armado con bombas atómicas, hay muchos que sostienen que Israel ha llegado a ese punto en el que ha demostrado convincentemente su indestructibilidad. El Muro de Hierro, según esta lógica, debería comenzar a descender y dar paso a una nueva fase.
Sin embargo, Feith, que se opuso a los Acuerdos de Oslo de la década de 1990, argumentaba en su intervención que aún no habíamos llegado hasta allí.
"La actual campaña para deslegitimar al Estado judío, describiendo a Israel como una nación creada a partir de una agresión a los árabes; sin ley e inmoral; merecedora del desprecio, la denuncia y el aislamiento, nos demuestra que los enemigos de Israel conservan aún la opinión de que Israel es vulnerable", dijo Feith .
“La paz será posible”, afirmó, “sólo cuando el nacionalismo palestino sea algo más que una persistente, odiosa y extenuante oposición al sionismo". Con Irán conformando actualmente "un importantísimo papel en el conflicto", resulta más que evidente que Feith no ve llegado el día de una nueva fase.
Feith está lejos de ser el único que lee a Jabotinsky de forma descriptiva pero no prescriptiva, que acepta la noción de Jabotinsky de un conflicto que enfrenta a dos grupos de principios y derechos entre sí, pero que en cambio no tiene en cuenta la posibilidad de una siguiente fase (por ahora): ese día que Jabotinsky había imaginado en el que el pueblo judío pasaría a negociar desde una posición de fuerza, y que según Feith y otros aún no habría llegado.
Para algunos, la idea de que la realidad del conflicto es fundamentalmente diferente hoy en día, en 2010, es simplemente imposible de aceptar.
"(el ideario de) Jabotinsky es muy significativo para la realidad política que tenemos hoy", dice Yisrael Medad, director de recursos de información del Menachem Begin Heritage Center en Jerusalém. "Nada ha cambiado realmente con relación a los árabes, nada que tenga que ver con nuestra condición como sionistas. Esas cosas no se han movido en ninguna parte en los últimos 80 o 90 años. Podemos haber cambiado de nombres, del mufti a Arafat, de los británicos a los estadounidenses, pero estos paradigmas no se han movido un milímetro".
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