La ley de Ciudadanía VI - El juramento de fidelidad de la Ley de Ciudadanía no es racista, pero podría destruir a Israel - Yehuda Ben Meir – Haaretz
La enmienda a la Ley de Ciudadanía decidida por el gobierno no es una ley racista, de hecho no hay un ápice de racismo en la misma. Lord Balfour, quien se comprometió a establecer un “hogar nacional para el pueblo judío en la Tierra de Israel” - un compromiso que se incluyó en el Mandato de la Liga de las Naciones Unidas - no era un racista. Las Naciones Unidas no actuaron de forma racista cuando decidieron el establecimiento de un Estado judío y un Estado árabe en la Tierra de Israel. David Ben-Gurión, que el 14 de mayo de 1948 declaró "el establecimiento de un Estado judío en la Tierra de Israel que se conocerá como el Estado de Israel", tampoco era un racista. Ni tampoco lo es el presidente de los EEUU, Barack Obama, quien ha declaró desde la tribuna de la ONU que Israel es "la patria histórica del pueblo judío".
El significado del término "Estado judío", en el contexto del debate actual, no es religioso, sino nacional, y entre los firmantes de la Declaración de Independencia se incluían ateos manifiestos y absolutos. Este término dice que existe un pueblo judío, que el judaísmo no es sólo una religión sino que también conforma un pueblo, y que el pueblo judío tiene pleno derecho a establecer su Estado nacional en su patria histórica.
Contrariamente a la opinión prevaleciente entre los círculos de la extrema izquierda y del liberalismo político radical, el Estado-nación no está desapareciendo de la faz de la tierra, más bien se da el caso contrario. Nunca he podido entender por qué hay personas que están dispuestas a luchar por el derecho del "pueblo palestino" a su libre autodefinición, mientras que ese mismo deseo de autodefinición del pueblo judío se les antoja racista.
Nada de esto, sin embargo, resta valor a la estupidez de la decisión del gobierno. Esta es una enmienda innecesaria, dañina y peligrosa, y es que debido a que no hay necesidad de ella, el Estado de Israel, que ya se enfrenta a muchos frentes y a muchos enemigos, puede llegar hasta el punto de abrirse otro frente, esta vez el del 20% de sus ciudadanos. El gobierno ha entrado en una pendiente resbaladiza con su decisión, y no se sabe dónde terminará.
Es evidente que el objetivo de quienes están detrás de la enmienda a la Ley de la Ciudadanía no es la misma enmienda, sino sólo un presagio de lo que vendrá. La enmienda, de hecho, no tiene importancia práctica. No es relevante para los 1,5 millones de ciudadanos árabes de Israel (sumando a los residentes árabes del Jerusalém oriental) o para sus descendientes, o para los judíos, sino que tendrá una aplicación, tal vez, para 10 casos cada año [N.P.: Obviamente parece desconocer su incidencia sobre un posible retorno de un determinado número de refugiados palestinos, sobre la reunificación familiar y sobre su posible extensión a la Ley de Retorno].
La verdadera intención es cambiar la Ley Orgánica de la Knesset, por lo cual se produce el juramento de cada miembro de la Knésset en el momento de tomar posesión de su escaño, cuando al juramento de "ser leal al Estado de Israel" se añadan las siguiente palabras: "como un Estado judío y democrático". Esto, con el fin de evitar que los miembros árabes de la Knesset, la mayoría o la totalidad, se niegan a realizar ese juramento y por lo tanto a servir en la legislatura.
Hay sin duda una cuantos judíos que estarían encantados de ver una Knesset sin representantes árabes. Tal vez eso sea posible entender o disculpar, pues con sus actuaciones en la Knesset algunos de esos representantes árabes se han ganado honesta y sobradamente el gran malestar que la población judía siente hacia ellos. Sin embargo, para el Estado de Israel eso sería un hecho grave, y por esa razón, la decisión sería desastrosa. Después de todo, la diputada Hanin Zuabi del partido (pan-árabe) Balad no representa a la opinión pública árabe en Israel.
Una sociedad sana y viva no busca intencionadamente crear un conflicto con un 20% de sus miembros, sino que actúa para que se integren en la sociedad y aumente su grado de identificación con el Estado, por lo que no tratará de aislarlos y crear entre ellos sentimientos de alienación y odio.
La imagen de Israel como un país democrático es de vital importancia para el país. Una enmienda a la Ley Orgánica de la Knesset que mantenga a los representantes árabes fuera será muy perjudicial para nuestra imagen y provocará un daño inimaginable al Estado. Es de esperar que el primer ministro recupere su sentido común antes de que sea demasiado tarde.
El significado del término "Estado judío", en el contexto del debate actual, no es religioso, sino nacional, y entre los firmantes de la Declaración de Independencia se incluían ateos manifiestos y absolutos. Este término dice que existe un pueblo judío, que el judaísmo no es sólo una religión sino que también conforma un pueblo, y que el pueblo judío tiene pleno derecho a establecer su Estado nacional en su patria histórica.
Contrariamente a la opinión prevaleciente entre los círculos de la extrema izquierda y del liberalismo político radical, el Estado-nación no está desapareciendo de la faz de la tierra, más bien se da el caso contrario. Nunca he podido entender por qué hay personas que están dispuestas a luchar por el derecho del "pueblo palestino" a su libre autodefinición, mientras que ese mismo deseo de autodefinición del pueblo judío se les antoja racista.
Nada de esto, sin embargo, resta valor a la estupidez de la decisión del gobierno. Esta es una enmienda innecesaria, dañina y peligrosa, y es que debido a que no hay necesidad de ella, el Estado de Israel, que ya se enfrenta a muchos frentes y a muchos enemigos, puede llegar hasta el punto de abrirse otro frente, esta vez el del 20% de sus ciudadanos. El gobierno ha entrado en una pendiente resbaladiza con su decisión, y no se sabe dónde terminará.
Es evidente que el objetivo de quienes están detrás de la enmienda a la Ley de la Ciudadanía no es la misma enmienda, sino sólo un presagio de lo que vendrá. La enmienda, de hecho, no tiene importancia práctica. No es relevante para los 1,5 millones de ciudadanos árabes de Israel (sumando a los residentes árabes del Jerusalém oriental) o para sus descendientes, o para los judíos, sino que tendrá una aplicación, tal vez, para 10 casos cada año [N.P.: Obviamente parece desconocer su incidencia sobre un posible retorno de un determinado número de refugiados palestinos, sobre la reunificación familiar y sobre su posible extensión a la Ley de Retorno].
La verdadera intención es cambiar la Ley Orgánica de la Knesset, por lo cual se produce el juramento de cada miembro de la Knésset en el momento de tomar posesión de su escaño, cuando al juramento de "ser leal al Estado de Israel" se añadan las siguiente palabras: "como un Estado judío y democrático". Esto, con el fin de evitar que los miembros árabes de la Knesset, la mayoría o la totalidad, se niegan a realizar ese juramento y por lo tanto a servir en la legislatura.
Hay sin duda una cuantos judíos que estarían encantados de ver una Knesset sin representantes árabes. Tal vez eso sea posible entender o disculpar, pues con sus actuaciones en la Knesset algunos de esos representantes árabes se han ganado honesta y sobradamente el gran malestar que la población judía siente hacia ellos. Sin embargo, para el Estado de Israel eso sería un hecho grave, y por esa razón, la decisión sería desastrosa. Después de todo, la diputada Hanin Zuabi del partido (pan-árabe) Balad no representa a la opinión pública árabe en Israel.
Una sociedad sana y viva no busca intencionadamente crear un conflicto con un 20% de sus miembros, sino que actúa para que se integren en la sociedad y aumente su grado de identificación con el Estado, por lo que no tratará de aislarlos y crear entre ellos sentimientos de alienación y odio.
La imagen de Israel como un país democrático es de vital importancia para el país. Una enmienda a la Ley Orgánica de la Knesset que mantenga a los representantes árabes fuera será muy perjudicial para nuestra imagen y provocará un daño inimaginable al Estado. Es de esperar que el primer ministro recupere su sentido común antes de que sea demasiado tarde.
Labels: Ley de Ciudadanía, YBen Meir


0 Comments:
Post a Comment
<< Home