Tuesday, February 15, 2011

¿Por qué odia Israel el levantamiento en Egipto? - Shmuel Rosner - Slate



Israel puede llegar a comportarse como un niño malcriado (alusión a un comentario de Thomas Friedman, comentarista del NYTimes muy afecto a Obama). Constantemente llama la atención sobre su deseo de unas garantías de amistad eterna comprometiendo así, de manera egoísta y ciega, las necesidades de los demás. Israel, a diferencia de EEUU, no es una superpotencia. Tampoco es un imperio. No tiene mucho papel que jugar en el resto de los asuntos del mundo ya que bastante tiene con cuidar de su pequeño país. Así, cuando Israel ve a las fuerzas revolucionarias en el Egipto, no ve "el cambio", "la esperanza", "la democracia" o el "fin de la opresión”. Tampoco ve a los egipcios regocijándose anticipadamente por un nuevo comienzo. Israel sólo ve ahí futuros problemas.

Ustedes pueden reflexionar sobre las virtudes filosóficas de la "democratización" en comparación con las de la "estabilidad". O bien pueden dejar de ser un sabio de salón y aprender de la experiencia: todos los cambios significativos en el Oriente Medio que, conllevando alguna relación con Israel, ha generado la agitación política durante los últimos 40 años han sido malos para Israel, excepto uno: la paz con Egipto. Es decir, el Egipto de Mubarak (Sí, técnicamente, su predecesor Anwar Sadat firmó los acuerdos de paz, pero era el mismo régimen autocrático). Ese mismo Egipto ha sido derrocado gracias a la ayuda y la bendición del presidente Barack Obama y de la secretaria de Estado Hillary Clinton.

Tengan en cuenta ahora todos los otros eventos supuestamente positivos además de la paz con Egipto. ¿La paz entre Israel y Jordania? Ha sido algo bueno, pero no tan importante. Jordania nunca fue una gran amenaza para Israel. ¿Los Acuerdos de Oslo con los palestinos y con Yasser Arafat? Todos sabemos como terminó. ¿La revolución en el Líbano? Más de lo mismo. ¿El derrocamiento de Saddam Hussein? El jurado está todavía deliberando, pero mientras tanto Irán está cada vez más fuerte. ¿El cambio de liderazgo palestino y las elecciones? Terminó mal, con Hamas tomando el control de Gaza. Y todos estos cambios son solamente los que se pensaba inicialmente que serían positivos para Israel, no esos otros que todos sabíamos de antemano que serían negativos.

Por lo tanto, los israelíes se sorprendieron al despertar y descubrir que su amigo americano había abandonado a Mubarak a favor del cambio. "Los estadounidenses han traído el desastre a Oriente Medio pidiendo a Mubarak que abandonara su país", manifestó el miembro de la Knesset Binyamin Ben Eliezer, ex ministro de Defensa y uno de los políticos de Israel "más establishment". Y no estaba solo. Oficialmente los líderes de Israel fueron inusualmente moderados en sus declaraciones públicas, pero a puerta cerrada no faltaron las críticas. A derecha e izquierda, en la coalición y en la oposición, todos menos unos pocos pensaban mal de la política de EEUU. Todo el mundo sentía que la administración Obama había sido una vez más "ingenua" o había actuado "apresuradamente", que no entendía la región y no entendía la mentalidad árabe. Los israelíes se quedaron atónitos y algo asustados. Después de todo, si Washington se ha deshecho de Mubarak, tal vez ese Egipto “pacífico” se había ido para siempre. Y si Estados Unidos podía abandonar de esa manera a un valioso aliado estratégico, tal vez nosotros podríamos ser los siguientes de la lista.

Por supuesto, estos temores no tienen sentido. Israel no es Egipto, y sus vínculos con los Estados Unidos son mucho más fuertes y profundos. No vamos a ser abandonados con tanta prisa, y de todos modos, ¿por qué alguien querría abandonar a Israel? Sin embargo, hay algo más en estos temores, y es que lo sucedido con Egipto hace hincapié en el hecho de que los intereses estadounidenses e israelíes en Oriente Medio pueden ser divergentes. Los Estados Unidos, con todos sus muchos defectos, son soñadores e Israel es un cínico pragmático. Estados Unidos quiere promover los valores liberales, Israel sólo quiere la paz y la tranquilidad. América, por lo menos a veces, piensa en los árabes pobres que viven bajo esos regímenes despóticos, mientras Israel sólo puede pensar en su propio pueblo. Y eso no quiere decir que Israel sea inmoral o malvado. Cuando se es un pequeño país, cuando te sientes vulnerable ante un medio hostil, cuando te sientes inseguro, cuando tienes que vivir y experimentar las consecuencias de lo que aquí suceda (no a miles de kilómetros), Israel debe dar prioridad a la seguridad y la estabilidad antes que a vagos sueños de un futuro mejor, especialmente cuando, como he mencionado anteriormente, nuestra experiencia previa es poco alentadora.

Mubarak fue bueno para Israel, aunque no demasiado. La paz con Egipto era una paz fría y los lazos entre la gente de ambos países eran raros y tensos en muchos aspectos. Pero Israel, con su manera pragmática de priorizar sus intereses, dio por buena esa relación con los egipcios. La frontera sur, que fue la principal preocupación de Israel en sus primeros 30 años, estaba en silencio y no requería mucha atención. Los egipcios también acordaron vender gas a Israel y reforzaron la seguridad en Gaza. Se opusieron a la promoción de Irán y de sus aliados, e impidieron la infiltración de terroristas desde la península del Sinaí. Es por eso que el caos, o la peor de las situaciones posibles, un cambio de régimen que fortalezca a los Hermanos Musulmanes y a otras fuerzas radicales, sería un nuevo dolor de cabeza para Israel.

¿Y todo para qué? ¿Para que los egipcios pueden tener su "democracia"? El malestar egipcio ofrece una gran oportunidad para refutar de una vez por todas la ridícula creencia, pero aún extrañamente popular, de que los israelíes o, aún más comúnmente, el "Likud", es el equivalente medio oriental de los neoconservadores estadounidenses. Google enlaza conjuntamente Likud y neoconservadores, y te encuentras de todo: el "nexo neocon-Likud", "Joe Lieberman y el Likud", los "neoconservadores del Likud en el Pentágono" o a los "neocon Likudnik no les importan las bajas estadounidenses". Una y otra vez se comprueba como la gente no sabe ni entiende lo que es el neoconservadurismo, ni entiende tampoco a Israel, o, en la mayoría de los casos, no lo entienden demasiado bien.

En los últimos días parece incluso que se habla de "una fractura entre los neocon e Israel, o viceversa". "Los neoconservadores, que han hecho de la promoción de la democracia en el Oriente Medio su objetivo global, se rascan ahora la cabeza ante lo que consideran una falta de visión de Israel", escribió Jeffrey Goldberg. Si eso es cierto, no estoy nada seguro de por qué están tan confusos los neocon ya que la posición de Israel es completamente predecible.

Los neoconservadores que ahora se rascan la cabeza deberían saber - como estoy seguro que la mayoría de ellos ya lo saben - que no hay tal cosa como un "neoconservador israelí". El establishment de Israel nunca creyó en la promoción de la democracia en el mundo árabe, y ahora menos. La democracia árabe nunca fue el objeto de sus desvelos, punto. En Israel - si se siente la necesidad imperiosa de realizar tal tipo de comparaciones -, el mencionado establishmente israelí tiende a reflejarse o identificarse con las opiniones del "realismo pragmático americano" (algunos dirían cinismo).

La famosa "agenda de la libertad" de los neocon americanos fue una especie de anatema para los israelíes, incluso cuando era la política del presidente George W. Bush, a quien respetaron y quisieron mucho más que al presidente Obama cuando estuvo en el poder. La "agenda de la libertad" era un anatema no porque la democracia árabe fuera una noción tentadora y tampoco porque desearan que los árabes vivieran
para siempre bajo el mando de los Mubarak, Assad y Hussein. Simplemente pensaban que dicha agenda era una quimera, una "idea maravillosa" por la cual el pueblo de Tel Aviv podría tener que sufrir y pagar un alto precio.

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