Sunday, March 06, 2011

Los sionistas religiosos deben resistir los llamamientos a favor de una ruptura con Israel - Israel Harel - Haaretz



La carta de apoyo enviada por los principales rabinos del movimiento sionista religioso al ex presidente Moshe Katsav es la gota que ha colmado el vaso. La invalidación expresada en ella - y posteriormente en sus conversaciones con los estudiantes - de las autoridades representativas del ámbito legal (Justicia) y de la aplicación de la ley debería enfurecer a todos los sionistas religiosos. Esta comunidad, y en particular los estudiantes de los rabinos, debe desvincularse de la visión del mundo de estos rabinos, cada vez más cercana a la de los ultra-ortodoxos. El sistema de justicia de Israel no es el "tribunal de los gentiles" como se decía en la carta.

Cualquier persona que enseñe esto a sus alumnos está atacando la ideología fundamental del sionismo religioso durante generaciones, esa que fue abrazada por sus mayores mentores espirituales, el rabino Abraham Hacohen Kook y su hijo el rabino Zvi Yehuda Kook. Según esta ideología, el Estado de Israel es el principio (y no "el fin") del florecimiento de nuestra redención. Así pues, son las instituciones estatales elegidas democráticamente, y no los rabinos, quienes deben decidir cómo será el sistema de justicia. Es importante luchar contra las desviaciones existentes en el sistema de justicia, pero su legitimidad no debe ser negada.

La carta de apoyo de estos rabinos ha sorprendido a muchos dentro de la comunidad sionista religiosa. Se sintieron humillados y despreciados, y desearon vengar su honor. El honor es importante, pero la vergüenza y la humillación no es el tema principal, la protesta debe dirigirse a la cuestión esencial: el rechazo de las opiniones expresadas por estos rabinos y la manera de encontrar los medios para eliminar su influencia en el ámbito de la educación, al mismo tiempo que criticar al público que difunde tales opiniones. Si esto se logra, la razón de esta vergüenza ante su actuación será eliminada finalmente. Pero sobre todo, el acelerado proceso de separación entre las personas religiosas y laicas en Israel será mucho más lento. El discurso público podrá entonces disminuir la ruptura que "las autoridades religiosas" en ambos bandos están provocando, a veces a sabiendas.

No obstante, hay que subrayar que el Tribunal Superior de Justicia y la Oficina del Fiscal del Estado están ayudando a fomentar la enajenación de los rabinos del sistema de justicia. Dado que el sistema de justicia ha comenzado a involucrarse en temas delicados y controvertidos que abarcan temas referentes a la fe y a las opiniones religiosas, y especialmente a la luz de su identificación automática con una parte muy específica del mapa ideológico-político israelí (es el último baluarte gubernamental de la izquierda), tanto el Tribunal Superior de Justicia como la Oficina del Fiscal del Estado han fomentado dicha alienación. Esto se expresa - entre otras formas mediante la carta - con un posicionamiento en contra del sistema de justicia penal. Es importante tenerlo muy en cuenta: la mayoría de quienes se oponen a la carta de los rabinos han sido muy críticos con las decisiones, a menudo radicales, del Tribunal Superior de Justicia contra los principios de la religión y los principios del sionismo.

En las últimas cuatro décadas, el sionismo religioso ha dirigido con notable éxito sus mayores esfuerzos hacia la educación y los asentamientos. Diferencias esenciales de opinión, especialmente en el ámbito religioso, no han sido barridas bajo la alfombra. Sin embargo, la preocupación por una división que dañaría su obra más preciosa, la educación, han moderado las voces que se enfrentan al extremismo religioso.

Ahora, cuando parece que los extremistas están tratando de separar el sionismo religioso del estado para desconectarlo de la corriente principal de la sociedad israelí, hay que oponerse decididamente. Peticiones tales como la propiciadas por la mencionada carta no detendrán el proceso, es una petición que por su esencia transmite debilidad. Quienes se oponen a la separación y a la desconexión con la corriente principal de la sociedad israelí no son débiles, y no les falta justicia para su causa, ni fortaleza para su posicionamiento moral. Y representan la mayoría absoluta del sionismo religioso.

Durante muchos años, el sionismo religioso ha carecido de una voz ideológica clara y autorizada que expresara con propiedad las opiniones de un grupo cada vez mayor, y que busca sacar el máximo partido de sus habilidades especiales en beneficio del Estado y del pueblo judío. No hay duda de que esa "voz" existe. Los representantes de esta voz deben unirse y declarar que ha llegado el momento, una vez más, de fortalecer los vínculos con la corriente principal del pueblo judío. La gravedad de los acontecimientos exige una estrecha cooperación de todas las fuerzas que creen en los objetivos fundamentales del pueblo judío y del movimiento sionista.

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