Unas pocas palabras sobre la firmeza - Shmuel Katz

Vivimos en una época en la que los políticos israelíes cambian su ideología con apenas una mirada hacia atrás. La idea de constancia ha dado paso a la de conveniencia política. La época de la grandeza puede que ya sólo sea cosa del pasado. Pero, ¿acaso no se engañará el ojo del espectador actual? Así pues, me dirigí hacia los comentarios de otros espectadores que sí vieron la grandeza de Zeev Jabotinsky.
Cuando era aún muy joven, con 22 o 23 años de edad, ya se le consideraba como un gigante literario dentro los escritores rusos de la época - Gorki, Andreiev, Kuprin -. Cuando le dio la espalda a una carrera literaria en Rusia para dedicarse a los problemas y a los sueños del pueblo judío, los rusos acusaron a los sionistas de haber 'robado' a Jabotinsky a la literatura rusa.
Jabotinsky realizó su primer paso importante dentro de la arena sionista uniéndose al brillante círculo de escritores de la revista semanal Rasswyet. Uno de ellos, Shlomo Gepstein, recordó muchos años después que había visto en los escritos de Jabotinsky algo de Heinrich Heine.
El Coronel John Henry Patterson, el primer comandante de origen irlandés de la Legión Judía, describió a Jabotinsky como un Churchill judío. Cuando la historia de la Legión Judía y de sus hazañas se hizo pública, Jabotinsky fue llamado por la prensa británica y americana el Garibaldi judío.
Él no fue, por supuesto, ni un Pushkin, ni un Heine, ni un Churchill, ni un Garibaldi. Fue Jabotinsky, una amalgama única de talentos y cualidades. Cuando Arthur Koestler, una de las grandes figuras literarias e intelectuales del s. XX, escuchó el 08 de agosto de 1940 que Jabotinsky había muerto, escribió en su diario: "Jabo está muerto... Se ha ido una de las grandes figuras trágicas del siglo, y paso desapercibida... Era el héroe adorado de las masas judías en Rusia y Polonia... El orador más fascinante que he oído nunca... Un gran amigo menos... ".
Precisamente, la multiplicidad de sus talentos y la variedad de sus logros tienden a complicar la evaluación de un hombre que navegó cómodamente entre cerca de 20 idiomas, que tradujo la gran poesía, que fue aclamado como uno de los grandes oradores de su época, que cautivó a los jóvenes actores a los que generosamente enseñó la dicción y la declamación hebrea, y que escribió lo que fue descrita en su momento como una de los grandes novelas bíblicas, “Sansón el Nazarita”.
Siendo un joven de apenas veinte años, ya manifestaba la madurez de su visión. Cuando el oleaje de las ideas revolucionarias anegaba a la intelectualidad rusa, se puso en pie en contra de la corriente, advirtiendo a los devotos socialistas en contra de sus ilusiones utópicas. Su pronóstico, una década antes de la futura Revolución bolchevique, resultó ser una descripción precisa de lo que sucedió en la Unión Soviética bajo Lenin y Stalin.
No había misticismo en sus pronósticos. Ellos reflejaban en términos racionales un profundo análisis de los hechos y de las tendencias que llevaban a una mente lógica e intuitiva a una inevitable conclusión.
Eso sucedería igualmente con su afirmación, en el mismo momento en que Turquía entró en la guerra en noviembre de 1914, de que el Imperio Otomano se desmoronaría. Esta previsión dirigió los pasos de Jabotinsky hacia la acción - la creación de la Legión Judía -, la cual, como señaló con sobriedad, cambiaría la cara a la historia judía y la ayudaría a conformar el moderno Oriente Medio.
No menos importante fue para Jabotinsky el enderezamiento de la espalda doblada del judío de la diáspora, con todas las posibles implicaciones para la futura lucha por la independencia nacional del pueblo judío y en sus relaciones con el mundo que lo rodeaba. La lucha por la dignidad y el autorrespeto judío ocupó la atención de Jabotinsky durante gran parte de su vida. La miseria que pudo contemplar en su primer encuentro con la vida judía en Polonia le convenció de la necesidad de lograr un cambio en el comportamiento, de hecho, en la mentalidad de la gente, a partir de la propia juventud judía.
Cuando años más tarde fundó el movimiento juvenil Betar, lo hizo impregnándole del nuevo espíritu que había inyectado - una metamorfosis de la fealdad de la vida en el gueto -. Cuando poco después del final de la Primera Guerra mundial los británicos comenzaron a retractarse de los compromisos de la Declaración Balfour de 1917, Jabotinsky se convirtió en un opositor destacado de la política y del dominio británico. A medida que la retractación británica cobró impulso, Jabotinsky fue el único líder sionista que de hecho se mantuvo firme e inflexible contra el conformismo y el acomodamiento a la nueva realidad. El elemento central que determinaría la historia del sionismo político durante la década de 1920 sería la gran confrontación entre los antiguos colegas: Jabotinsky frente Weizmann.
Para Jabotinsky, como para Herzl, el sionismo sería la cura para todos esos judíos sin hogar. Y la curación radicaba en un Estado judío independiente. Jabotinsky nunca dudó de la idea de un Estado judío y sus demandas políticas fueron dirigidas a posibilitar su logro. Sus únicos escritos publicados y su fascinante oratoria eran cada vez más populares sobre todo entre los jóvenes judíos, e inclusive fueron reconocidos por los británicos como un peligro para su gobierno. Aprovechando oportunamente su ausencia de Palestina con motivo de una serie de conferencias, el gobierno británico prohibió su regreso al país. En los últimos 11 años de su vida tuvo que vivir en el exilio.
El gobierno británico siempre valoró la perspicacia de Jabotinsky. En 1939 abandonó formalmente la promesa que había realizado al pueblo judío con la Declaración Balfour. Entonces, y finalmente, fue el movimiento de resistencia que Jabotinsky inspiró el que se convirtió en la fuerza central que erosionó el dominio británico.
Como lo expuso cautelosamente el líder sionista estadounidense Rabbi Abba Hillel Silver: "El Irgún fue un factor sin el cual el Estado judío no habría surgido. Si embargo, la justificación última de Jabotinsky - el surgimiento del Estado judío ocho años después de su muerte - resume la gran tragedia de su tiempo".
Su capacidad de visión le persiguió durante toda su vida, y agregó intensidad a la pasión de su sionismo. Y así, cuando a mediados de la década de 1930 la angustia y el peligro al que estaban sometidos los judíos en Europa alcanzó su punto culminante al cerrarse para ellos herméticamente las puertas de socorro en todo el mundo, la organización encabezada por Jabotinsky trató de llevar ilegalmente refugiados judíos desde Europa a Palestina.
Esa gira de conferencias fue su última campaña en Europa antes de los últimos días de paz de 1939. Fue en los Estados Unidos donde murió el 4 de agosto de 1940 encabezando una campaña para la formación de un ejército judío independiente que luchara contra los nazis. Jabotinsky, sin lugar a dudas, abarrotó el contenido de varias vidas durante su relativamente corta existencia (murió a los 59 años). Dejó una enorme obra escrita que nos proporciona un constante contrapunto de sus actividades políticas diarias: ensayos sobre arte, literatura y sobre cuestiones sociales, políticas y económicas. Entre otras cosas, él precedió a Beveridge al establecer las grandes líneas de una especie de estado del bienestar. Él fue el creador de la jornada escolar de la diáspora hebrea, una idea por la que fue atacado desde todos los lados.
Él también fue el primer poeta hebreo en utilizar la pronunciación sefardí, contando también al principio con una amplia oposición del establishment ashkenazi. Fue un franco pro-feminista y un individualista apasionado. El pragmatismo no le era ajeno a Jabotinsky, pero lo reforzó con una visión del mundo coherente y con un sentido del honor personal. Uno de sus admiradores de toda la vida, el famoso actor Shimon Finkel, dijo de él una vez: "Jabotinsky era un océano".
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Labels: Jabotinsky, SKatz


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