El nacimiento y muerte del minimalismo bíblico - Yosef Garfinkel – BAR

Estela de Mesa y de Tel Dan

Delimitación geográfica de los dos reinos y las diferentes cronologías en disputa
El "Minimalismo bíblico", tal como se le conoce, ha pasado por una serie de permutaciones durante el pasado reciente. Su carrera moderna comenzó hace 30 años aproximadamente, cuando BAR (Biblical Archaeology Review) todavía era una joven revista. Desde entonces, ha formado parte del debate en curso sobre en que grado los datos históricos están incrustados en la Biblia hebrea.
A mediados de la década de 1980, el principal argumento a debate era la datación de la redacción final del texto de la Biblia hebrea. La escuela minimalista alegó por entonces que había sido redactada solamente en el período helenístico, cerca de 700 años después de la época de David y Salomón, y que las descripciones bíblicas eran pues meramente literarias, por lo que no se podían utilizar para escribir una historia del antiguo Israel. La mayoría de los portavoces de los llamados "minimalistas", los académicos Lemch Niels Peter y Thomas Thompson de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, y Philip Davies y Keith Whitelam de la Universidad de Sheffield en Inglaterra, argumentaban que David y Salomón, así como la mayoría de las figuras y los acontecimientos presentados en la Biblia, fueron creaciones de la fantasía literaria de los escritores bíblicos, con poca o ninguna base en hechos históricos o arqueológicos.
Los títulos de sus libros nos dicen lo que ellos pretendían: "la búsqueda del verdadero Israel de la época bíblica" (si es que existió un verdadero Israel). Así Lemche (1988): “El Antiguo Israel: Una Nueva Historia de la Sociedad Israelita”, Thompson (1992): “Historia Antigua de los hijos de Israel“; Davies (1992): “En busca del Antiguo Israel", y Whitelam (1997): “La invención de la Antiguo Israel”.
Gran parte del debate se centró en la narración bíblica sobre el siglo X a. C., la época de David y Salomón, el período conocido como la “Monarquía unificada”. ¿Hubo realmente una Monarquía unificada? ¿David y Salomón fueron los reyes de un verdadero estado? De hecho, ¿existieron realmente, o fueron simplemente unas creaciones literarias de los escritores bíblicos? Para los minimalistas, el rey David era "casi tan histórico como el Rey Arturo". El nombre David nunca se había encontrado en una inscripción antigua.
Apenas el argumento minimalista se había desarrollado cuando fue socavado profundamente por un descubrimiento arqueológico. En 1993 y 1994, varios fragmentos de una estela aramea fueron encontrados en la excavación ya veterana de Tel Dan, dirigida por Avraham Biran, del Hebrew Union College de Jerusalén. Las referencias históricas en la inscripción y la paleografía de la escritura dejaban en claro que databa del siglo IX a. C. Además, el texto mencionaba específicamente a un rey de Israel y a un rey de la "Casa de David" (en hebreo, bytdwd), es decir, un rey de la dinastía de David. Fueron los primeros clavos en el ataúd del minimalismo.
El descubrimiento en 1993 de la estela fragmentaria de Tel Dan proporcionó la primera evidencia extrabíblica de la existencia del rey David. El rey arameo que erigió la estela a mediados de siglo IX a. C. afirmaba haber derrotado al "rey de Israel" y a un rey de bytdwd, o sea, de la "Casa de David". Este descubrimiento llevó a un nuevo examen de la famosa estela de Mesa, una inscripción contemporánea moabita descubierta hacía más de un siglo. André Lemaire, un importante paleógrafo de la Sorbona, identificó en ese texto una referencia adicional a la Casa de David. Esto fue confirmado posteriormente por otro importante paleógrafo, Émile Puech, de la École Biblique et Française Arqueologique de Jerusalén.
Por lo tanto, existía al menos una, y posiblemente dos, claras referencias a la dinastía de David en el siglo IX a. C., a sólo 100 o 120 años de su reinado. Esto suponía una evidencia meridiana de que David fue realmente una figura histórica y el padre fundador de una dinastía. Además, llevaba al colapso el paradigma minimalista de que David fue poco más que un mito. Así pues, existió un David, fue un rey, y fundó una dinastía.
Los minimalistas reaccionaron con pánico, lo que les llevó a una serie de sugerencias que ahora parecen ridículas: Según ellos, el hebreo bytdwd no debía ser leído como la “Casa de David”, sino como betdwd, como un lugar existente en Ashdod. Otras sugerencias minimalistas fueron "Casa del Tío", "Casa de la Caldera" y "Casa del Amado".
Hoy en día, argumentos como esos se pueden clasificar como ejemplos de un "paradigma de un trauma o de un colapso", es decir, unas compilaciones literarias sin argumentos ni fundamentos que se hacen pasar por escritos científicos a través de notas, referencias y publicaciones en revistas profesionales.
La estela de Tel Dan terminó la primera fase del debate sobre la historicidad de la Biblia hebrea, y demostró que el paradigma mitológico no era más que un mito moderno. Después del colapso de este paradigma mitológico, una nueva estrategia fue utilizada por los minimalistas. El objetivo central fue reducir, en casi un centenar de años, la datación de los materiales arqueológicos que se habían atribuido previamente a la época de David y Salomón, pasando de primeros o mediados del siglo X a. C. a finales del siglo X o al IX a. C. Fue un argumento basado estrictamente en la arqueología. El principal promotor y defensor de este argumento fue Israel Finkelstein, de la Universidad de Tel Aviv. Se basaba en la denominada "Cronología baja", en contraposición a la “Cronología Tradicional (o Alta)”.
Israel Finkelstein, profesor de arqueología en la Universidad de Tel Aviv, es el principal defensor de la denominada "Cronología Baja", la cual reduce la datación asignada anteriormente a los restos arqueológicos de la época de David y Salomón, incluyendo la monumental puerta de seis cámaras de Megido, en un centenar de años, desde el siglo X a. C. al esquema cronológico del siglo IX a. C. Con ello, Finkelstein deja muy poca evidencia arqueológica de un Estado centralizado en el siglo X a. C., lo que a menudo ha sido utilizado para impulsar la demanda minimalista de que el David y el Salomón bíblicos eran más legendarios que reales.
He aquí cómo funciona su desarrollo: El período arqueológico al que los arqueólogos llaman Edad de Hierro I en Judá e Israel (los dos reinos) fue un período de comunidades agrarias organizadas socialmente en tribus (lo que se describe en la tradición bíblica como el período de los Jueces). El siguiente período, la Edad de Hierro II, fue el período de una sociedad urbana y centralizada con una organización estatal (que se describe en la tradición bíblica como el período de los Reyes). En esto no hay un acuerdo general, y casi podríamos decir universal.
Asimismo, se ha acordado que David y Salomón gobernaron desde el año 1000 a. C. hasta alrededor del 925 a. C. La cuestión es si ese período de más o menos 75 años perteneció a la Edad de Hierro I o a la Edad del Hierro II (o más específicamente a la Edad de Hierro IIA). Es decir, si en la época de David y Salomón, Judá e Israel se caracterizaron por ser unas comunidades agrarias (Edad de Hierro I) o por ser unas sociedades urbanas con una organización estatal centralizada (Edad del Hierro II).
De acuerdo con la "Cronología Tradicional", la transición de la Edad de Hierro I (comunidades agrarias) a la Edad de Hierro II (estados urbanos y centralizados) se produjo sobre el 1000 a. C. Esto colocaría a David y Salomón en la Edad de Hierro II, gobernando un estado organizado centralizadamente y urbano. Al hacer retroceder la fecha de la transición entre la Edad de Hierro I y la Edad del Hierro II, los minimalistas colocaban a David y Salomón en la Edad del Hierro I (comunidades agrarias organizadas tribalmente). Todos los magníficos materiales arqueológicos, incluyendo la arquitectura monumental, que anteriormente habían sido fechados en la época de David y Salomón, se dataron posteriormente. Y los materiales pobres que fueron asignados previamente al período pre-estatal de los Jueces (en términos bíblicos), ahora se convirtieron en evidencias de la época de David y Salomón. La “Cronología Baja” de Finkelstein bajó la fecha de la transición de la Edad de Hierro I a la Edad del Hierro II desde el 1000 a. C. a cerca del 925 a. C. Un enfoque más extremista retrocedió aún más esa fecha, hasta el 900 a. C. (la "Cronología Ultra-Baja").
De acuerdo con la “Cronología Baja”, la urbanización en Israel y de Judá se produjo solamente hacia el final del siglo X a. C., con posterioridad a David y Salomón, por lo que no fueron los gobernantes de un reino, sino solamente líderes tribales y locales. Los defensores de esta cronología se basan principalmente en la datación por radiocarbono (carbono-14) de restos orgánicos, como huesos de olivas y madera, que se encontraron en las excavaciones arqueológicas. Durante la última década, cientos de muestras orgánicas de los yacimientos de la Edad de Hierro fueron enviados a los laboratorios para su datación radiométrica con el fin de verificar o contradecir la “Cronología Baja”. A pesar del halo científico que pueda tener y de su aparente precisión, las fechas proporcionadas por los análisis de radiocarbono son a menudo bastante dudosas. La materia orgánica testada puede ser de larga duración como la madera, o bien de corta duración, como los huesos de aceitunas. El estrato arqueológico donde se halló la muestra (y que indicaría su período arqueológico) puede ser incierto. El estrato de la muestra puede ser estrecho, de una duración de sólo unos pocos años, o amplio, con una duración de un siglo o más.
Por otra parte, todos coinciden en que la fecha resultante debe ser ajustada, o "calibrada", para llegar a una fecha más confiable. Hay varias maneras diferentes de hacerlo. Por último, el resultado sólo nos proporciona la probabilidad de que el material fuera creado o fechado según los resultados del análisis de carbono-14, y cuanto mayor sea el intervalo entre las fechas mayor será la probabilidad de que la verdadera edad de la muestra esté comprendida entre ese rango. Debido a todas estas incertidumbres, muchas muestras deben ser probadas con el fin de tener confianza en los resultados.
Durante los primeros días en los que se trató de apoyar o refutar la "Cronología Baja", diversos problemas de la datación por carbono-14 fueron expuestos y corregidos, y los defensores de la "Cronología Baja" declararon sin titubeos que los resultados de cientos de muestras apoyaban claramente dicha cronología. Por el contrario, los mismos resultados también fueron interpretados como apoyando la "Cronología Tradicional o Alta". De hecho, es bastante raro observar como un mismo corpus de dataciones radiométricas puede apoyar ambas cronologías.
Más recientemente, se extrajeron muestras más fiables para el radiocarbono procedentes de Meguido (Estrato K-4), Yokneam (Estrato XVII) y Tell Keisan (Estrato 9 bis), todos en el valle de Jezreel y en la planicie de Acco, es decir, todos en el reino norteño o septentrional de Israel. Todos estos estratos representan a unos asentamientos del final de la Edad de Hierro I. Además, todos estos estratos eran seguidos por huellas de destrucción en las capas posteriores, lo que convertía a la datación en más confiable. Los resultados fueron obtenidos en el año 2007, aunque no fueron publicados hasta el 2009 por Finkelstein y su colega Eli Piasetzky. Los resultados muestran sin calibrar una fecha promedio de destrucción del 2.852 antes del presente, con ± 13 años de diferencia. Después de la calibración, la fecha resultante es de alrededor de 1000 a. C. Esta es exactamente la datación tradicional desde hace décadas, es decir, propia de la "Cronología Alta". Por lo tanto, Finkelstein no es sólo el padre fundador de la "Cronología Baja", sino también su enterrador.
Sin embargo, este no es el final de la historia. Es cierto que la datación por radiocarbono de otros lugares del reino septentrional de Israel son compatibles con la opinión de que el material arqueológico de la Edad de Hierro II puede ser fechado hacia el final del siglo X a. C. Por supuesto, esto complace a los minimalistas. Pero la datación de estos lugares del reino septentrional de Israel no se puede extrapolar a las del reino sureño de Judá (de donde procede David). El argumento de que Judá fue una sociedad agraria hasta el final del siglo X a. C., y que por lo tanto David y Salomón no pueden haber gobernado un reino centralizado e institucionalizado antes de esa fecha, ha sido desmontado por nuestras excavaciones en Khirbet Qeiyafa, donde hemos realizado un trabajo de campo durante los últimos cuatro veranos.
Los lectores de BAR ya han tenido dos informes sobre esta emocionante excavación. Qeiyafa es un lugar muy fortificado ubicado en la frontera del reino israelita de Judá con los filisteos. Y refleja claramente una sociedad altamente organizada. Por otra parte, es esencialmente un lugar de una época muy determinada (a excepción de una pequeña ocupación durante el período helenístico y una fortaleza bizantina en la zona alta). Y ese período es claramente de la Edad de Hierro IIA (recuerden, sociedades urbanas con una organización estatal centralizada). Su corta estancia en la Edad de Hierro IIA finalizó con la destrucción del lugar. Por lo tanto, ¿debe fecharse el asentamiento de Qeiyafa en algún momento de principios del siglo X a. C., cuando David y Salomón aún gobernaban, o hacia el final del siglo X, cuando otros reyes posteriores gobernaron por separado en Judá e Israel?
Los nuevos hallazgos arqueológicos en Khirbet Qeiyafa indican que el reino de Judá surgió alrededor del 1000 a. C., por lo menos 100 años antes de los primeros centros urbanos fuertemente fortificados que aparecieron en el reino septentrional de Israel. Los análisis por radiocarbono de los huesos de oliva de corta duración demostraron que este lugar fortificado no podía fecharse con posterioridad al 969 a. C. (con una probabilidad del 77,8%). Esta fecha se ajusta al período asociado con el rey David (c. 1000-965 a. C.) y es demasiado temprano para el rey Salomón (c. 965-930 a. C.). La ciudad fortificada de Qeiyafa indica que la Edad de Hierro II comenzó en Judá a finales del siglo XI a. C., por lo que la "Cronología Baja" no es un paradigma, sino un mito moderno.
Si ustedes piensan que ese fue el final del argumento minimalista se equivocan. ¿Qué pasa si Qeiyafa, ubicado en la frontera israelita-filistea, hubiese sido realmente un lugar filisteo en lugar de israelita (es decir, Judahita)? Así comenzó una nueva fase en la evolución del enfoque minimalista. Su argumento básico era muy simple: aunque David fuera una figura histórica (dada la estela de Tel Dan), e incluso si la transición de la Edad de Hierro I a la Edad del Hierro II se inició a finales del siglo XI a. C. en Judá (teniendo en cuenta la datación de Khirbet Qeiyafa), aún no había reino de Judá en el siglo X a. C. porque Qeiyafa (cercano a la frontera Judahita-filistea) era realmente un asentamiento filisteo, y formaba parte del reino de Gath - identificado como Tell es-Safi, y ubicado al menos a 10 millas al oeste de Qeiyafa -.
Para nosotros estaba muy claro que Qeiyafa no era un asentamiento filisteo por las siguientes razones:
- (1) No se han encontrado huesos de perro o de cerdo en Qeiyafa, mientras que en Gat (Tell es-Safi) los cerdos y perros formaban parte de la dieta habitual, según lo indicado por los restos óseos allí hallados.
- (2) La entrada principal de Qeiyafa estaba dirigida hacia Jerusalén en lugar de hacia los territorios filisteos.
- (3) Qeiyafa está rodeada por una doble muralla. Semejantes murallas como esa no se conocen entre los filisteos, pero son comunes en Judá.
- (4) Entre los filisteos, sólo cinco ciudades principales mencionadas en la Biblia - Ashkelon, Ashdod, Gaza, Gat y Ecrón - estaban fortificadas. No hay otros asentamientos filisteos más reducidos de los que se tenga noticia de que hayan estado fortificados. Esto no ocurre en Judá, en consonancia con la importante fortificación en Qeiyafa.
- (5) El ostracón ahora famoso de Qeiyafa está escrito con letras "proto-cananeas" en idioma hebreo, según afirma nuestro epigrafista Hageo Misgav. En una inscripción publicada recientemente procedente de la Gat filistea, los nombres son indoeuropeos. El guión de la inscripción Gat es también "proto-cananeo", pero el lenguaje es, probablemente, filisteo.
Inscrito con tinta sobre ese fragmento de cerámica de 6 por 6 pulgadas (el ostracón descubierto en Qeiyafa), es la primera inscripción hebrea conocida. El texto, que fue escrito con letras proto-cananeas, está demasiado fragmentado y mal conservado como para ofrecer una traducción completa, pero los paleógrafos han aislado palabras y frases: "No lo hagas", "servir", "juez" y "rey". La presencia del ostracón en un asentamiento muy lejano de Jerusalén, así como sus referencias evidentes a la ética y a la justicia, indican que el estado Judahita, incluso durante el reinado del rey David, ya utilizaba a unos escribas capacitados y alfabetizados para grabar diariamente asuntos rutinarios de los pueblos y de los puestos avanzados del reino.
Supongo que si somos capaces de convencer a los escépticos de que Qeiyafa no era un lugar filisteo y que tampoco estaba dentro de su territorio, entonces tendríamos que probar que tampoco pertenece al menos a las otras siete naciones autóctonas mencionadas en la Biblia: hititas, guirgaseos, amorreos, cananeos, perizitas, heveos y jebuseos (Deuteronomio 7:1).
En la medida en que las lecturas radiométricas reflejan una fecha de finales del siglo X a. C. para la transición a la Edad de Hierro II, ellas proceden exclusivamente de lugares ubicados en el reino septentrional de Israel. Las muestras de la Edad del Hierro II fueron tomadas de lugares como Megido, Rehov Tel, Tel Dor y Hazor, pero no de lugares situados al sur como Arad, Beersheva, Laquis o los estratos anteriores de Tel Bet-Shemesh. Por otra parte, e incluso en esos sitios del norte de Israel, los defensores de la "Cronología Baja" no se basan en muestras de la Edad de Hierro II procedentes del inicio de ese período, sino que a veces son posteriores, de un estrato IIA (como en Meguido). Es un error metodológico más que evidente asumir como la fecha del comienzo de un período una datación de su etapa inmediatamente posterior.
Sin embargo, y paradójicamente, los resultados radiométricos invocados por los defensores de la "Cronología Baja" apoyan de hecho la secuencia cronológica descrita en la narración bíblica. La Biblia dice claramente que el primer reino israelita se estableció en Jerusalén (en el siglo X a. C.) y que el reino septentrional de Israel fue creado solamente unos 80 años más tarde. La capital israelita norteña, Samaria, no fue construida hasta unos 120 años después de que Jerusalén se hubiera establecido como la capital. Algunos estudiosos modernos tratan de revertir la secuencia indicada en la Biblia. Afirman que debido a que la narración bíblica se editó y tal vez redactó cientos de años más tarde, no puede ser tomada como una evidencia histórica. Por lo tanto, según ellos, nuestra comprensión histórica debe basarse en inscripciones procedentes de Mesopotamia y Egipto.
Fuera de la Biblia, el reino de Israel se menciona por primera vez en inscripciones reales asirias y en la Estela de Mesa a mitad del siglo IX a. C. Sólo mucho más tarde es mencionado el reino de Judá por el monarca asirio Senaquerib, a finales del siglo VIII a. C. A partir de esta secuencia, un nuevo paradigma fue creado por algunos minimalistas, según el cual, y contrariamente al relato bíblico, el reino septentrional de Israel se desarrolló en primera lugar, mientras que el reino de Judá surgió únicamente dos siglos más tarde.
Al principio, la "Cronología Baja" parecía apoyar este nuevo paradigma, ya que las dataciones de los lugares de la Edad de Hierro IIA se situaban principalmente a finales del siglo X y principios del IX a. C. Sin embargo, y desde un punto de vista geográfico, estas dataciones provienen únicamente de lugares situados en reino septentrional de Israel, señalando que las actividades de construcción en dicho reino septentrional comenzaron principalmente en el siglo IX a. C. Y fue por esas fechas donde la tradición bíblica indicaba que se estableció dicho reino de la región septentrional.
Pero la falacia en el razonamiento de los partidarios de la "Cronología Baja" es aplicar dichos resultados al reino de Judá y argumentar que el urbanismo en el reino de Judá también comenzó solamente a partir del siglo IX a. C. Las fechas y dataciones en cada uno de estos dos reinos deben ser consideradas independientemente. Una datación independiente sugiere que el reino de Judá se levantó aproximadamente hacia el 1000 a. C., según lo indicado por los resultados radiométricos de Qeiyafa. El reino septentrional de Israel, por otro lado, se desarrolló alrededor del 900 a. C., según lo indicado por las dataciones radiométricas obtenidas en esa región. La tradición bíblica y la datación radiométrica en realidad se apoyan mutuamente. Colocar la formación y el desarrollo del reino septentrional de Israel antes que el reino meridional de Judá, como hacen los defensores de la "Cronología Baja", es simplemente otro mito moderno.
Alguien más prosaico encontraría más bien que nuestra excavación en Qeiyafa refuerza poderosamente la conclusión de que un estado urbanizado y una temprana administración existían en Judá en el siglo X a. C. Más de 20 jarras estandarizadas de almacenamiento, cada una de cerca de 2 metros de altura, fueron excavadas a lo largo de la ciudad. Las jarras tenían unos cuellos estrechos y cortos, con hombros redondeados y relativamente pequeños, y eran de base plana. En el mango de la mayoría de estas jarras aparecía la impresión de uno o dos dedos. Estos recipientes fueron utilizados probablemente para la recaudación de impuestos, ya sea en forma de aceite de oliva, vino y otros productos agrícolas. Decidimos hacer un análisis petrográfico de la arcilla, y éste nos reveló que se habían fabricado en algún centro de producción cercano a Qeiyafa aún por descubrir. Estos recipientes estandarizados del siglo X a. C. de Qeiyafa, aparentemente parecen representar un desarrollo temprano de esas otras jarras estampadas del VIII a. C., las denominadas l'melekh ("pertenecientes al rey"). Tanto esas l’melekh con asas como nuestras jarras de Qeiyafa, reflejan una sociedad organizada centralizadamente con regulaciones gubernamentales, en resumen, un estado.
Poderosamente yuxtapuesto a esta conclusión está nuestro ostracón hebreo, el cual nos indica la existencia en ese momento de una sociedad alfabetizada con presencia de escribas, incluso en este asentamiento alejado de la capital del estado, Jerusalén. Por otra parte, la inscripción del ostracón no es simplemente la evidencia de una transacción comercial, también es una composición literaria. A pesar de que apenas hemos podido recuperar su texto, parece claro que tiene referencias a la ética y a la justicia.
La mayoría de estas jarras de producción local tenían en sus asas impresiones de un dedo o dos, lo que probablemente servía para indicar su contenido: aceite de oliva, granos y vino, procedentes del pago de impuestos en este inicial estado Judahita. La excavación de Qeiyafa no indica que a principios del siglo X a. C., en la época de David, ya existía una ciudad fortificada ubicada en una zona fronteriza y estratégica de Judá. Esta ciudad refleja un claro concepto urbano al integrar la muralla de casamatas con las casas cercanas. Otras cuatro ciudades con esta planificación urbana se conocen en Judá, aunque sean de una época algo más tardía: Tel Bet Shemesh, Tell Beit Mirsim, Tell es-Nasbeh y Beersheba. La excavación de Qeiyafa nos muestra como este concepto urbano ya se había desarrollado en la época del rey David.
Al lector quizá le sorprenda que no haya utilice el término "reino unificado" en la nomenclatura habitual del reino de David y Salomón, ya que se supone que durante su reinado incluía tanto el reino septentrional de Israel como el reino meridional de Judá (durante sus primeros siete años de reinado David gobernó su reino desde Hebrón, antes de la conquista de Jerusalén, 2 Samuel 5:5). El que efectivamente existiera un “reino unificado” que desde Jerusalén gobernaba sobre Judá e Israel es algo que las excavaciones de Qeiyafa no podrán aclarar. Hasta la fecha, ningún centro urbano fortificado de principios del siglo X a. C. se ha hallado en el área del reino septentrional de Israel. Por lo tanto, he preferido evitar el término de "reino unificado". Sin embargo, lo que sí resulta evidente es que el reino de Judá ya existía como un estado organizado centralizadamente en el siglo X a. C.
Labels: Arqueología, BAR, Historia bíblica


0 Comments:
Post a Comment
<< Home