Friday, May 06, 2011

Un hasidismo edulcorado – Allan Nadler – Jewish Ideas Daily



El hasidismo tiene una larga historia simultánea de rechazo y fascinación entre los judíos modernos. Hoy en día, sus características distintivas como el aislacionismo, el fanatismo religioso y el rechazo agresivo de todas las cosas modernas, incluyendo no solamente al judaísmo no ortodoxo, sino la idea misma de la laicidad, son inexplicables, si no aberrantes, para gran parte de los judíos del mundo. En Israel, el impresionante aumento demográfico de la población hasídica, la cual constituye un elemento importante dentro de la ultra-ortodoxia haredí mundial, es ampliamente considerado como un posible peligro para el ethos sionista y democrático del país, por no hablar de que socavaría su relación con la diáspora judía.

Al mismo tiempo, la clásica tradición hasídica, la que celebra la presencia divina en todas las cosas, no importando lo aparentemente mundanas que parezcan, su alegre música y su danza, sus historias encantadoras que elevan al hombre simple sobre el erudito talmúdico, hace ya más de un siglo que atrajeron la admiración de algunos de los más grandes escritores y pensadores judíos.

Las primeras y románticas colecciones de relatos hasídicos de Martin Buber fueron un factor crucial en la popularización de esta versión de la esencia del movimiento. Abraham Joshua Heschel, que a diferencia de Buber fue un auténtico descendiente de una importante dinastía hasídica de Polonia, integró posteriormente las más elevadas enseñanzas hasídicas con su propia filosofía existencialista del judaísmo.

Pero Buber y Heschel, al igual que sus predecesores I.L. Peretz y Micha Yosef Berdichevsky, realizaron una selección cuidadosa de dichas enseñanzas, desvirtuándolas al igual que a la verdadera historia hasídica. No solamente ignoraron deliberadamente las características abiertamente alienantes que surgieron a lo largo de la historia y el devenir posterior del movimiento, sino que como ha demostrado Gershom Scholem, los relatos de Buber de los antiguos maestros estaban fuertemente retocados, especialmente aquellas partes que podían resultar ofensivas para la sensibilidad espiritual moderna.

Sin embargo, el auge del hasidismo en el ámbito de las búsquedas contemporáneas ha continuado floreciendo. Muchos de los que hoy en día se apropian de sus enseñanzas son “buceadores espirituales” asociados con lo que se ha calificado como el "movimiento de renovación judío”, inaugurado en 1960 por un nuevo género de “rebbes neo-hasídicos”. Los más famosos son "el rabino cantante" Shlomo Carlebach, y "el rabino ácido" Zalman Schachter. Los dos abandonaron el movimiento Chabad-Lubavitch para trazar una ruta hasídica "renovada", apropiada para el carácter vertiginoso de estos tiempos. Desgraciadamente, fueron aún más selectivos y textualmente menos juiciosos que sus predecesores.

Lo que sí encontraron, sin embargo, disperso aquí y allá en medio de la vasta literatura sobre el hasidismo, fue un pequeño puñado de rebbes excéntricos cuyos extraños escritos (y, dentro del propio medio hasídico, en gran medida desacreditados) podían citarse en apoyo de la propia agenda de estos neo-hasídicos modernos deseando liberarse de las limitaciones de la autoridad religiosa establecida.

Por lo tanto, con la ayuda de estos pocos "amigos", el hasidismo entró en la "Era de Acuario". Cabe destacar que entre esos “amigos” se encontraban el psicológicamente atormentado Rabbí Nahman de Braztlav (1772- 1810), a cuyos actuales seguidores dedicaré un futuro artículo. De momento, examinaremos otra importante escuela hasídica cuyas enseñanzas tienen una influencia considerable dentro de este neo-hasidismo de la New Age. Se trata de la dinastía polaca de finales del siglo XIX de Izhbits-Radzin.

Aunque nunca estuvo entre las ramas principales del hasidismo, y a pesar de que casi fue aniquilada en su totalidad durante el Holocausto, el hasidismo de Izhbits-Radzin ha gozado de un renacimiento póstumo desde que Carlebach comenzó a invocar algunos pasajes de los escritos de sus rabinos, los cuales parecían invocar y comunicarnos un espíritu contracultural que el propio Carlebach estaba tratando de insuflar al judaísmo.

El fundador de la dinastía fue el rabbi Mordejai Yosef Leiner de Izhbits (1800 - 1854). Discípulo durante muchos años del legendario Rebbe Kotzker (Menahem Mendel de Kotz), Mordejai Yosef se separó de su maestro por razones aún oscuras, dejando tras de si unos manuscritos que se consideraron como subversivos y peligrosos por todos los principales maestros hasídicos de la época. Su hijo, el rabbi Yaakov de Radzin (1828-1878), publicó esas enseñanzas y sumo significativamente a ellas su propia obra, sobre todo un comentario de la Toráh. Hasta el renacimiento neo-hasídico de la década de 1960, estos diversos escritos permanecieron prácticamente desconocidos.

¿Qué hay de revolucionario en ellos? De acuerdo con la doctrina hasídica clásica, nada existe fuera de Dios, y en las palabras del Baal Shem Tov, el fundador del movimiento, "no hay nada sino Él". Posteriormente otros maestros, sobre todo el rabbi Shneur Zalman de Lyadi, el fundador del hasidismo Chabad, entendieron esa enseñanza de una manera aún más radical, en el sentido de que el mundo físico no era más que apariencia, una serie de velos que solapaban una realidad más grande: Dios lo es todo y está en todas partes. Esa afirmación radical, denominada como "acosmismo" por los estudiosos, fue llevada a un extremo sin precedentes por los rabinos de Izhbits-Radzin, y en muchos aspectos era la antítesis de esa conclusión: una especie de santificación, en vez de aniquilación, de la corporalidad. Para los rabinos de Izhbits-Radzin, cada iniciativa, cada impulso, y de hecho todas las acciones generadas o promovidas por los sentidos humanos, son, de alguna manera oculta, una expresión de la divinidad y del cumplimiento de la voluntad divina.

En el primer hasidismo, esta santificación de lo físico (avodá b'gashmiyut) era considerada algo tan extremo que su práctica se limitaba al rabino y nunca fue confiada a sus seguidores. Es evidente que llevaba consigo una serie de peligros (o, dependiendo de las predilecciones, de atracciones): eruditos como Joseph Weiss y Shatz Rivka han puesto de relieve que permitía una libertad anárquica ante las cadenas de la restricción moral y de la culpa religiosa. Los investigadores más recientes, centrándose en los escritos del nieto de Mordejai Yosef, Gershon Henoch de Radzin, han ido tan lejos como para representar la enseñanza como una "herejía antinómica" similar a una "forma suave" de sabateanismo (Shabbatay Zevi). Pero ello no necesariamente en un sentido peyorativo.

Para los actuales “buceadores espirituales”, deseosos de una versión del judaísmo que, “tirando del manto de la tradición", les permita la libertad de obtener su propia versión, las enseñanzas del hasidismo Izhbits-Radzin han representado nada menos que una especie de elixir. Pero el problema existente tanto en las evaluaciones académicas recientes, como en los abusos de la religión de la “New Age”, es que de una manera no muy diferente a lo realizado anteriormente en la obra de Berdichevsky, Buber y Heschel, se basan en pasajes escogidos y fragmentarios extraídos de un complejo cuerpo de enseñanzas místicas que, estudiadas en su conjunto, no son ni anárquicas, ni antinómicas, ni heréticas.

Razón de más, por lo tanto, para dar la bienvenida a la aparición de un nuevo libro que ha comenzado a poner las cosas en su sitio. “La sabiduría del corazón”, de Ora Wiskind-Elper, nos ofrece una lectura juiciosa y contextual de muchas de las enseñanzas de la dinastía Izhbits-Radzin, como se puede observar en los comentarios sobre el libro del Génesis del hijo del Rabbi Mordechai Yosef, el rebbe Yaakov de Radzin.

Centrándose en la vida de los patriarcas bíblicos, Yaakov de Radzin nos ofrece una visión panorámica de sus pruebas y tribulaciones, así como de sus más llamativas recaídas en el pecado, como la venta de José como esclavo por parte de sus hermanos, y de manera aún más central la seducción de Tamar por su suegro Judá. Yaakov de Radzin contempla todos estos sucesos como formando parte de un gran esquema deseado por la divinidad y cuya pleno sentido será revelado solamente en los tiempos mesiánicos, y aún así sólo cuando esté justificado mediante el completo arrepentimiento de los descendientes de Judá, es decir, del pueblo judío. Hasta entonces, el grado de todo lo que hagan los judíos, ya sea virtuoso o pecador, refleja el esquema divino y la necesidad de permanecer oculto.

El gran mérito de “La Sabiduría del Corazón” se encuentra en su rechazo implícito de las citas no contextuales del tipo que han favorecido Carlebach, Schachter y algunos eruditos del hasidismo. Esta práctica, argumenta convincentemente Ora Wiskind-Elper, crea una impresión atomizada y distorsionada de las enseñanzas del hasidismo Izhbits-Radzin, hasta el punto de sugerir que los maestros de esta escuela hasídica sacralizaron el pecado de una manera similar a los sabateanos (seguidores del frustrado mesías Shabbatey Zevi) y a los frankistas (seguidores del “sucesor” de Shabbatey, Jacob Frank). No sólo no existe una sola evidencia histórica de que cualquier hasidim Izhbits participara en un comportamiento antinómico, sino que sus doctrinas, bien comprendidas, nunca son defensoras de ello.

Un conocido aforismo rabínico sostiene que "todo está en manos del cielo, excepto el temor del cielo". Un aforismo retocado por Mordechai Yosef de Izhbits ofrece otra versión deslumbrante de ese dicho: "todo está en manos del cielo, incluyendo el temor del cielo". Su formulación determinista suena tan bien porque parecer dejar al hombre libre de toda responsabilidad moral y religiosa. Pero, como demuestra claramente Ora Wiskind-Elper, esa no era su intención. Fortalecido por una fe poderosa en la presencia de la Divinidad - que lo abarca todo -, Mordejai Yosef de Izhbits expresa a su vez su confianza en que, al final de los días, cuando el cumplimiento del plan divino haya sido revelado, nos encontraremos con que incluso con carácter retroactivo, entenderemos el papel que han jugado nuestras propias transgresiones en el plan de Dios. Sin embargo, esta confianza no es un mandato o un permiso, por no hablar de cualquier tipo de promoción antinómica, de violar las normas de la Torah.

A pesar de sus formulaciones, a menudo sorprendentes, se podría argumentar que los hasidim de Izhbits-Radzin se han adherido a la aceptación de un fervor piadoso muy conservador, pasivo y marcado por el papel dominante desempeñado por la providencia divina en todos los asuntos humanos. Esto a su vez, refuerza la esencial continuidad entre el hasidismo de Izhbits-Radzin (tan idiosincrásico) y la corriente principal del hasidismo, por no hablar de judaísmo rabínico en su conjunto. Y también puede conseguir de alguna manera una aparente conciliación de la contradicción inicial: esa contradicción entre un hasidismo "retrógrado" (es decir, excesivamente conservador) en la práctica y sus "admirables” enseñanzas (atractivamente contraculturales). La enseñanza y la práctica del hasidismo puede llegar a ser internamente mucho más consistente de lo que ciertos autores durante estos últimos tiempos nos han hecho creer.

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8 Comments:

Blogger Lior said...

Puedo preguntar su opinion sobre esto?

10:50 PM  
Blogger José Antonio said...

Me parece obvio que una religiosidad tradicional tiene pocas oportunidades dentro de un medio "liberal", en el que prima la consideración de no que hay verdades reales, sino relativas, y donde prima la búsqueda de cambios, más o menos exóticos, que representan, o dan la sensación, de "renacimiento", de ahí la búsqueda de contínuas novedades espirituales. En eso interviene el proceso de deificación del hombre (y dentro de ello de la juventud como valor absoluto) y la proclamada muerte de Dios, y también el pánico existente hacia la muerte como algo inevitable, y desolador, de ahí que se la relegue a una especie de tema tabú alejado de la vida normal (salvo en las películas, donde se la presenta mayoritariamente de manera fugaz producto de hechos violentos, nunca como futuro absolutamente presente).

En sociedades de consumo dedicadas a satisfacer (es la columna vertebral del sistema) las supuestas necesidades de cada individuo, es díficil que una religiosidad que se basa en tradiciones culturales tenga muchas oportunidades entre los sectores más "modernos". El cambio perpetuo, como necesidad de reinventarse y renacer - y de combatir el espectro de la muerte -, es el aliento vital de esta época, de ahí la vigencia del hecho religioso al gusto del cliente, que toma de aquí y de allá sin demasiados problemas, y también la búsqueda de cierta "trascendencia" en multitud de manifestaciones ante la sensación de insatisfacción existente.

Me temo que el problema principal radica en la ya mencionada deificación del hombre, como alguien al que todo le está permitido. Esto, por supuesto, no implica tener que asumir o reivindicar tradiciones y costumbres espirituales ya obsoletas.

4:45 PM  
Blogger Renton said...

Jose:
Me temo que el problema principal radica en la ya mencionada deificación del hombre, como alguien al que todo le está permitido. Esto, por supuesto, no implica tener que asumir o reivindicar tradiciones y costumbres espirituales ya obsoletas.

No incurres en cierta contradicción...?

Dices -con razón- que el problema es la deificación del hombre, pero acto seguido no cierras la posibilidad de que el hombre decida qué es espiritualmente aceptable hoy en día, y qué no lo es.

Dios ya ha hablado, y el hombre debe aceptar Sus leyes.

5:53 PM  
Blogger Lior said...

Primero, muchas gracias.
Precisamente la (supuesta) obsolescéncia de las costumbres y tradiciones espirituales es una de las cuestiones que me interesan. Qué el exotismo, o sea, la estètica, determinen su actualidad le da la razón a su argumento, aún sin menoscabo de la estética!
Este retorno que comenta el rabino Philip Graubert, pero, no sé si debe interpretarse en la misma linea?
Muchas gracias nuevamente!

8:41 PM  
Blogger José Antonio said...

Una cosa es que el hombre se haya deificado, y otra que pueda considerar modificables ciertas tradiciones que recuerdo que él ha creado y dado valor en algún momento dado.

El judaísmo es una tradición interpretable o interpretativa, como afirma David Hartman, que santifica el estudio como método interpretación del mundo y de la propia tradición.

Obviamente, en ello entre la posibilidad de posiciones inmovilistas o tradicionalistas.

Lo que yo "critico" es que hoy en día no existe un "estudio" como tal que genere una nueva espiritualidad (la palabra ya me rechina), sino modas "al dente" ausentes por lo general de una auténtica "búsqueda", a veces demasiado parsimoniosa y exigente.

Si el hombre es Dios, realmente no tiene necesidad de ello, la "seriedad" de su "búsqueda" quedará condicionada. Creo que hablamos en la mayoría de los casos de "entretenimiento y autojustificación".

Sólo una cosa contradice todo esto, la caducidad y "decadencia" (la vejez en el imperio del carpe diem y la juventud como valores máximos) del hombre

9:12 PM  
Blogger Renton said...

Jose:
sino modas "al dente" ausentes por lo general de una auténtica "búsqueda", a veces demasiado parsimoniosa y exigente.

Totalmente de acuerdo, de ahí que sea de la opinión de que la rama más honesta sea la karaíta.

Jose:
Sólo una cosa contradice todo esto, la caducidad y "decadencia" (la vejez en el imperio del carpe diem y la juventud como valores máximos) del hombre

Y la intervención de Dios en la redención del hombre.

:\

9:16 PM  
Blogger José Antonio said...

Por otro lado, si el hombre es realmente el nuevo Dios, son las cuestiones que afectan materialmente al hombre las que constituyen el nuevo dogma o la nueva teología. Ya no hay "misterium" asociados a la divinidad

De ahí la obsesión del tikkum olam en los medios judíos progresistas o liberales por cuestiones políticas, o si se desea, de justicia social.
Algo más reconfortante al ser más directo, "visible y accesible", nada que ver con una divinidad inmanente o trascendente del mundo y del hombre

9:17 PM  
Blogger Renton said...

Si el hombre es el nuevo dios, no hay Bien, no hay Mal, y sobretodo no hay Esperanza ni Transcendencia.

El ser humano debe aprender cuál es su lugar, y ajustarse a la realidad Teocéntrica en la que se desenvuelve.

:\

9:20 PM  

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