Saturday, March 07, 2015

Hasidismo. ¿Qué se puede aprender de los judíos americanos ultra-ortodoxos? - Shmuel Rosner


Tres generaciones © Frederic Aranda


Lubavitch © Frederic Aranda

Joseph Berger ha sido columnista y editor del New York Times durante treinta años. Es autor de numerosos libros, pero el siguiente intercambio se centrará en su nuevo y aclamado libro por la crítica "Los piadosos: El mundo de los hasidim y sus batallas con los Estados Unidos".

- En la introducción de su nuevo libro, que se adentra en el curioso mundo de los hasidim americanos, afirma que "los estadounidenses tienen mucho que aprender de los hasidim, a pesar de su excentricidad". Como cuestión introductoria me gustaría pedirle que elaborara un tanto este argumento: ¿qué clase de ideas pueden esperan alcanzar los estadounidenses (y sus lectores) mediante el examen de la actual cultura hasídica? ¿Hay en ella sabiduría real para la gente de mentalidad secular o menos religiosa, o inclusive podrían encontrar algún atractivo?

Los hasidim, desde cualquier punto de vista, han creado una comunidad muy unida. Lo han hecho mediante la enseñanza a sus hijos de unos vibrantes principios religiosos y rituales desde una edad temprana, y lo han hecho con un tipo de entusiasmo que hace que esos principios y rituales sean atractivos. Como resultado, la comunidad tiene un impresionante historial de mantenimiento de los fieles en el redil, ya que el número de desertores son pocos. Hace años, el judaísmo reformista decidió emprender un laissez faire (dejar hacer), un enfoque sin exigencias con respecto al judaísmo, que provocó que los hijos de sus miembros se alejaran, por lo que han empezado a enfatizar algunos rituales y a realizar más demandas a los fieles. Incluso los grupos seculares pueden aprender de unos hasidim que enseñan a sus hijos unos valores que se siguen de manera sincera y alegre, y donde se potencian actividades coloridas que ayudan a transmitir las creencias de uno de manera más convincente.

Por supuesto, siempre existe el peligro de un fanatismo que se convierte en perjudicial o abusivo, pero esa es una línea que la mayoría de los hasidim parecen no cruzar y que otros también pueden evitar.

Los hasidim también puede enseñar a los demás acerca de la alegría que se desprende de tener hijos, incluso una docena. Pueden enseñar al resto acerca de la alegría de cantar y bailar, y pueden enseñar a los estadounidenses que han llegado a una forma de adoración del cinismo y de la crítica a las figuras que representan la autoridad, sobre el respeto se puede mostrar a unas figuras verdaderamente sabias y entendidas, y el bien que de ello se puede derivar. Los hasidim, que miran con calor las festividades y sus ceremonias distintivos, tienen mucho que enseñarnos sobre el placer de la repetición cíclica.

En un mundo donde rige el zeitgeist del "todo vale", los hasidim, al igual que otros ortodoxos, tienen mucho que enseñarnos acerca de la sabiduría de los límites, de forjar límites para los alimentos, la ropa, las actividades y los comportamientos. Por supuesto, esto es sorprendente cuando conocemos que a ellos no parece preocuparles tanto despreciar el fumar o controlar el colesterol. A pesar de problemas esporádicos, han resistido mejor el encanto, por ejemplo, de las drogas y de otros comportamientos destructivos.

Los hasidim también pueden enseñar a la sociedad en general sobre el profundo placer que implica el estudio diario y las riquezas que tienen la argumentación y la dialéctica, que para ellos implica ahondar en el Talmud, pero para otros puede venir de un profundo estudio de la literatura o de la historia. Incluso sus métodos, el concepto por ejemplo del compañero de estudio, merece la imitación o por lo menos la apreciación.

Todo esto no quiere decir que los hasidim sean unos modelos de virtud y tengan poco que aprender de la sociedad en general. Mi sensación es que deberían pensar que sus mujeres pueden absorber la riqueza de tener la oportunidad de trabajar y estudiar a la par con los hombres. Ellos también pueden entender que permitir que sus hombres y mujeres mejoren su educación secular - ciencias, matemáticas, historia y literatura - no resulta tan traicionero como parecen pensar.

- Ahora me gustaría preguntarle acerca de las cosas que los judíos estadounidenses realmente deben saber acerca de la comunidad hasídica. Como una fuerza demográfica importante que continúa creciendo rápidamente, mientras que otras denominaciones judías van reduciéndose, no hay manera de evitar el hecho de que el judaísmo hasídico se esté "convirtiendo en una parte indiscutible del paisaje judío".

Pero mientras que los números están ahí, es difícil imaginar cómo el establishment judío y sus líderes pueden responder a la impresionante tasa de crecimiento de la comunidad hasídica. ¿Hay alguna razón para hablar de integración en la comunidad judía más grande? Aunque sus números siguen creciendo, lo que usted ve en los estadounidenses hasídicos realmente afecta al resto de la comunidad judía norteamericana? ¿Hacen planes, o ambicionan, los líderes hasídicos con respecto a la comunidad judía más grande?

Se trata de una buena pregunta para la que no hay una respuesta fácil. El hecho es que la comunidad hasídica está creciendo a un ritmo asombroso y van a entrar en un mayor y más íntimo contacto con los judíos más seculares, si bien los mismos grupos lo quieran o no. Ya el 60% de los niños judíos en Nueva York y alrededores se clasifican como ortodoxos, según un estudio de la UJA, una proporción en gran parte impulsado por el notable número de niños hasídicos o de otros ultra-ortodoxos. (Empiezo mi libro con la historia de una mujer llamada Satmar Yitta Schwarz, que murió en 2011 dejando tras de si a 2.000 descendientes vivos). Lo que llamamos Williamsburg y Borough Park es probable que amplien sus fronteras y eso significará más contactos con más judíos seculares en Bedford Stuyvesant, Bushwick, Park Slope, y otros barrios de Brooklyn. Las mismas tendencias probablemente se den en Ramapo y Monroe, en el estado de Nueva York.

La integración no es el tema. Lo que es importante es que los judíos seculares conozcan a los hasidim y los vean en unos términos menos estereotipados, que entiendan sus costumbres y filosofías. Una mujer judía secular no tiene por qué sentirse insultada si ella entiende por qué un hombre hasídico no puede darle la mano. Una familia judía secular no tiene porque sentirse molesta si la familia hasídica que vive al lado desalienta a sus hijos de jugar con los de la familia secular. Los judíos suburbanos se puedan quejar de no poder hacer footing por el número de hasidim caminando hacia alguna sinagoga en una mañana del sábado. Todas estas son manifestaciones de la manera hasídica de ver la vida.

Los líderes hasídicos quieren que su comunidad sea más grande para que la comunidad judía entienda sus necesidades y obligaciones. Definitivamente, no están pidiendo una integración. Después de todo ellos se "rodean de muros" para mantener a sus seguidores dentro del redil. Y han tenido éxito, pues como ya dije la tasa de deserciones, a pesar de una serie de libros escritos por ex-hasidim, es muy pequeña.

Todo esto implica ignorar a los hasidim Lubavitch, cuya misión es hacer proselitismo entre los otros judíos en un esfuerzo por conseguir que sean más observadores y religiosos. Y han tenido éxito a la hora de conseguir que muchos judíos acudan a las sinagogas de Jabad, que pasen una noche del viernes con sus emisarios, que adopten algunas costumbres básicas como encender velas. Si van a tener un impacto generalizado en atraer a decenas de miles de judíos seculares a convertirse en ortodoxos aún está por ver.

- Me gustaría preguntarle sobre la reacción del mundo hasídico ante el movimiento Jabad y sus seguidores. ¿Un fenómeno notable como la difusión de los centros Jabad en todo el mundo judío da lugar a discusión, a diálogo, o a tensión entre las diferentes sectas hasídicas? De manera más general, ¿qué tan de cerca los miembros de las diferentes variedades de hasidim se sienten los unos con los otros? ¿Tiene algún sentido de unidad pan-hasídico y una causa común, o están las diferentes sectas hasídicas, o ultra-ortodoxas, tan aisladas las unas de las otras como del mundo exterior?

Los Lubavitch son, de hecho, un grupo sui generis dentro del mundo hasídico. Y en la década de 1980, cuando los hasidim Satmar  acusaron a los hasidim Lubavitch de proselitismo en Williamsburg - su propia casa -, estas tensiones estallaron de pleno cuando se produjo la noticia de que un hombre Lubavitch fue raptado en plena calle y su barba afeitada como advertencia.

En general, sin embargo, las sectas hasídicas se llevan bien entre sí, aunque a veces no exista demasiada empatía originalmente.

Las sectas hasídicas que se oponen fervientemente a la existencia de Israel (antes de la venida del Mesías) como los Satmar, parecen tener relaciones más estrechas con las sectas de ideas afines. Y Williamsburg, un centro de estos hasidim de origen húngaro, parece ser el centro de esa facción. Los Bobov y Belz parecen ser los hasidim más abiertos a otros puntos de vista. Y en Borough Park, el más diverso de los barrios hasídicos, una relativa amistad prospera entre los diferentes grupos, incluso los Satmar que viven allí. Esto es probablemente el resultado de la multiplicidad de las sectas hasídicas y del hecho de que vivan las unas junto a las otras como en un mosaico.

Las tensiones que han salido a la palestra en los últimos años son el resultado de divisiones dentro de las propias dinastías hasídicas. Dos hermanos, Aharon y Zalman, se disputan el liderazgo de Satmar, con los seguidores de Zalman predominando en Williamsburg y los acólitos de Aharaon en Kiryas Joel, y han creado sinagogas, sistemas escolares y salones de banquetes separados. Y están ante los tribunales seculares luchando por el control de las propiedades, como una gran sinagoga en Williamsburg. Los hasidim Viznitz tiene rencillas dinásticas interiores similares. Hasta estos últimos años estas divisiones ha provocado poca violencia, aunque hace años un grupo disidente en Kiryas Joel dijo que sus casas fueron apedreadas, las ventanas rotas y los niños expulsados ​​del sistema escolar.

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Friday, June 07, 2013

Rebeldes hasídicos - Baruch Sterman - HuffPost


Rabbi con talit

Noche tras noche, el mendigo Eizik de Cracovia soñaba con un tesoro esperando a que le descubrieran situado debajo de un puente en la lejana Praga. Así comienza el famoso cuento hasídico atribuido a Reb Simcha Bunim de Pshiskhe y relatado por Elie Wiesel en su libro "Las almas en el fuego". Cuando Eizik decidió finalmente realizar el largo viaje hasta Praga, un  capitán de los guardias que vigilaban la entrada a la ciudad se burló de él por creer en sueños tan tontos.

"Ustedes los judíos son aún más estúpidos de lo que pensaba. Ahora mírame, tal como me ves aquí, si yo fuera tan estúpido como tú también hubiera hecho caso de ese tipo de voces. ¿Y sabes dónde estaría en este preciso momento? Pues en Cracovia. Sí, has oído bien. Imagina que durante semanas y semanas no he oído más que esa voz que en la noche me decía: 'Hay un tesoro esperando en la casa de un judío de Cracovia llamado Eizik, el hijo de Yekel. Sí, debajo de su estufa”.

Por supuesto, al oír esas palabras, Eizik regresó rápidamente a Cracovia y encontró el tesoro debajo de su propia estufa, enterrado allí todo el tiempo.

El mensaje de esta historia, que no hay necesidad de buscar la verdad y su significado muy lejos o en lugares lejanos - o parafraseando a la Dorothy del final del "El Mago de Oz", que si usted está tratando de conocer los deseos de su corazón nunca debería buscarlo más allá de su propio patio trasero -, es un mensaje que resonó profundamente con los hasidim de Pshiskhe.

Recientemente tuve el privilegio de hablar del mundo del hasidismo en general, y particularmente de la escuela de Pshiskhe, con el profesor Wiesel, al que me presenté con un talit con unas hilos con el auténtico azul bíblico tekhelet . El secreto de ese color azul, perdido para el mundo desde hace más de 1.300 años y sólo recientemente redescubierto, es un tema que he estado investigando durante más de 20 años. Mi esposa y yo escribimos un libro sobre el tema, "El azul más raro", que también presenté al profesor Wiesel.

Uno de los grandes maestros que salió de la línea hasídica de Pshiskhe fue Gershon Henokh Leiner, el Rebbe de Radzyn, quién dedicó su vida al redescubrimiento de ese perdido tekhelet . El abuelo de Gershon Henokh, Mordechai Yosef de Ishbitz, tal como es sobradamente conocido, se separó de su Rebbe, Menajem Mendel de Kotzk, precipitando quizás el colapso del propio Rebbe Kotzker y sus posteriores 20 años de encierro o autorreclusión. Estos personajes y sus historias son fascinantes, y el profesor Wiesel ha escrito mucho sobre ellos, y en un capítulo de nuestro libro se traza brevemente la historia de las cinco generaciones de los Radzyn, desde Mordejai Yosef hasta el último de los descendientes  Shloimele Reb, quién fue asesinado por los nazis.

Los miembros de la escuela Pshiskhe fueron revolucionarios, desafiando la dominante creencia hasídica de que sólo el grande y santo Rebbe podría traer la salvación. Ellos sostuvieron que mientras un rabino puede ofrecer una poderosa dirección y orientación, el verdadero crecimiento espiritual no vendría de ninguna otra parte salvo de lo más profundo de uno mismo, de "tu propio patio trasero". Esto representaba una crítica mordaz del establishment hasídico, de los fundadores de las grandes dinastías de la cultura hasídica.

Le comenté al profesor Wiesel que esos "rebeldes hasídicos" eran gente excepcional.  Me miró, pero sus pensamientos estaban en otro lugar y en otro tiempo. "Sí, todos ellos eran grandes hombres, notables rebeldes, al igual que los Rebbes del establishment".

La idea de que la verdad, el significado último, el propósito y la redención final, solo podían  hallarse mediante un profundo escudriñamiento de nuestro corazón, representó a  la ideología característica de la escuela Pshiskhe. Pero cada uno de los Rebbes de esta misma escuela tomó y llevó ese principio básico hasta lugares radicalmente divergentes.

Menachem Mendel de Kotzk creía en una rigurosa y disciplinada introspección, es decir, él era un Rebbe purista, mordaz, duro y cínico, que se mostraba implacable en su exigencia de un autoanálisis y de un rechazo absoluto de la afectación y de las poses. Cuando los hasidim oraban en Kotzk, no se movían. Cualquier signo externo de piedad se consideraba algo pretencioso, y el gesto más leve dirigido hacia el exterior se veía como algo deplorable. Todos los esfuerzos dirigidos a fomentar la espiritualidad se dirigían hacia el interior. Se cuenta la historia del gran estudioso de Kotzk, el Hidushei HaRim, que después de una sesión de oración - si alguien le hubiera estado observando desde fuera ni siquiera se habría dado cuenta de que estaba orando – estaba bañado en sudor, y de hecho se había roto dos de sus dientes.

Los Rebbes de Ishbitz / Radzyn - Mordechai Yosef, el Bais Yaakov, Reb Tzadok HaCohen de Lublin, Gershon Henokh – recogieron y luego expandieron las ideas de Pshiskhe bajo una luz diferente. La idea de que la redención se encuentra sólo dentro de uno se contempla no como un ejercicio de constricción, sino como algo liberador, vivificante, un testimonio de la grandeza y la importancia de cada individuo. Cada persona es única, con su propio talento y experiencias, y cada uno tiene un papel específico que desempeñar, grande o pequeño, en el gran plan de Dios. En cada giro de los acontecimientos, en cada encrucijada, al hombre se le ofrece una singular oportunidad de seguir su propio camino hacia su destino. Para cumplir con este destino, debemos mirar profundamente hacia dentro de uno mismo para así poder entender nuestro verdadero ser, para tratar de descubrir nuestro papel en el mundo, y para así poder centralizar todas nuestras acciones en esta misión.

Y es por eso que el profesor Wiesel me miró primero a mí, y luego a mí manto de oración, y luego nuevamente a mí con sus ojos penetrantes, para finalmente preguntarme: "Así pues, Reb Baruch, ¿esa es su misión?"

Dudé, y es que nunca me habían hablado con pensamientos de ese estilo. En ese instante, en un momento de tiempo retenido, revisé mi vida, mis logros, mis aspiraciones, mis prioridades. "", le contesté, sorprendiéndome un tanto a mí mismo, "Creo que es esa". El profesor Wiesel sonrió suavemente y volvió su mirada hacia abajo, contemplando el cielo azul de los tekhelet alrededor de mis dedos.

En el libro que presenté con él, relaté el famoso pasaje de la oración de la Shemá que hace referencia a los hilos de los tekhelet: "Y tú los verás, y recordarás todos los mandamientos de Dios, y vosotros podréis cumplirlos".

Y todo ello para dar testimonio y recordar, para  no permitir que nunca nadie se olvide, para actuar, para trabajar sin descanso al servicio de la humanidad. Todo esto se me ocurrió mientras estaba allí, y pensé que tal vez esa era la misión de Elie Wiesel.

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Saturday, June 01, 2013

El "reality" de una gran boda hasídica - Ronen Zvulun - Reuters













Volviendo a casa al amanecer,a las 5 de la mañana, comencé a digerir el gran evento que tuve la suerte de presenciar y cubrir: la boda del nieto de uno de los líderes espirituales más influyentes de la comunidad ultra-ortodoxa de Israel.

La boda, a la que asistieron unas 25.000 personas, fue un evento masivo que se llevó a cabo como si fuera una operación militar. ¿Cómo organiza el cuidado y la atención de miles de personas, darles de comer, acomodarlos, sentarlos y proporcionar la seguridad necesaria para todo ese numeroso público? Se necesitó un stand de 20 pisos para albergar a miles de danzantes hombres hasídicos.

"Un millón de vasos de plástico", se jactó uno de los ultra-ortodoxos próximos a mí. Un equipo encargado de la gestión del evento se apresuraba alrededor, comunicándose a través de auriculares de radio. Una sala de control revisaba todos los rincones del lugar y una productora se encargaba de la cobertura en vivo de la celebración, que se mostraba en grandes pantallas colocadas por todo el barrio, dando así la oportunidad a toda la gente que no pudo acudir en persona a presenciar la boda.

Las invitadas se sentaron a unos dos kilómetros (1,2 millas) de distancia de los hombres, en una sala aparte, donde siguieron la celebración de los hombres en grandes pantallas.

Alrededor del 50% de la televisión israelí en horario estelar está ocupada por programas de "reality". A menudo los miembros de la comunidad hasídica están aislados de la sociedad secular y no ven los programas de televisión más populares. Esto me hizo pensar que esta celebración, que atrajo la atención de un gran número de esos hogares, representó a una especie de programa de máxima audiencia de la comunidad hasídica. Se podría considerar como una especie de "reality" de la comunidad hasídica.

Al final del día, la participación masiva de varias sectas de la comunidad ultra-ortodoxa que vinieron a mostrar su respeto por el legado de la comunidad Belz y por su líder espiritual, el rabino Dov Yissachar Rokeach, también dejó su huella en mí.

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Saturday, August 25, 2012

Exposición: Un mundo aparte a nuestro lado: una mirada a la vida de los judíos hasídicos - Israel Museum



El Rebbe Premishlan, Meir Rosenboim, Bnei Brak, 2007. © Yuval Nadel


El trigo de la cosecha para Matzah Shemurah, Komemiyut, 2007. © Menahem Kahana


El Admor de los hasidim Shomrei Emunim Shomrei, observa la cosecha de trigo para Matzah Shemurah, Komemiyyut, 2007. © Menahem Kahana


Un hasid reza ante la tumba del Rebbe Lelover en el Monte de los Olivos, Jerusalén, 2010. © Zion Ozeri


En Purim, los estudiantes de yeshivá solteros a menudo se visten con trajes parecidos a los de los cortesanos de los siglos XVIII o XIX, o a los uniformes de un desfile, trajes que ellos denominan "cosacos". Bnei Brak, 2011. © Yuval Nadel


Un bebé antes de su ceremonia de pidyon ha-ben (redención del hijo primogénito), Jerusalén, 2008. Acostado sobre una placa de plata, el bebé, de un mes de edad, está cubierto con artículos augurando una buena vida. © Ester Muchawsky-Schnapper


Mitsve-tantes de la novia con su padre, el Rebbe Rachmestrivke David Twersky, Netanya, 2011 © Yuval Nadel


En el Año Nuevo judío, los hasidim de Bratslav peregrinan a Uman, Ucrania, para rezar ante la tumba de su Rebbe, Rabbi Najman, que murió en 1810. Allí realizan el ritual de Rosh Hashaná de Tashlikh, orando por el perdón y la fundición simbólica de sus pecados en el agua. © Andrey Gorb


Adolescente hasídico orando con profunda devoción ante la tumba del Tzadik de Shtefanesht, Givatayim, 2006. © Yuval Nadel


"Velando la muerte", el cuerpo del Rebbe Vizhnitzer rodeado de sus hasidim orando, Bnei Brak, 2012. © Yuval Nadel


Judío hasídico en una calle de Varsovia, en la década de 1930. © Anatol Antoni Węcławski

Para ver más, Israel Museum

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Saturday, June 30, 2012

Tel Aviv se olvida en el centenario de la ciudad de que fue la capital del hasidismo - Shlomo Shamir - Haaretz


La despedida al Rabbi Moshe Yehoshua Hager, el líder de una de las mas importantes sectas hasídicas del mundo, los hasidim Viznitz, celebrada en Bnei Brak, al este de Tel Aviv.

De todos los actos conmemorativos del centenario de Tel Aviv, un capítulo único de la historia de la primera ciudad hebrea de la historia moderna ha sido excluido, y es que hace casi medio siglo la ciudad funcionaba como centro del mundo hasídico.

Por alguna razón, los organizadores del centenario han pasado por alto este hecho, el que Tel Aviv fuera el lugar preferido de residencia de los mas importantes rabinos hasídicos y de sus seguidores, creando un mundo cuyo tamaño y calidad era fácilmente comparable al de las comunidades de Europa Central y Oriental antes del Holocausto.

Desde la década de 1930 hasta la de 1970, más de 20 importantes rebbes hasídicos (admorim) vivieron en Tel Aviv. Algunos de ellos eran famosos líderes hasídicos que inmigraron a Israel y mantuvieron vivas las dinastías de Europa del Este. Ellos se establecieron en Tel Aviv, y no en Jerusalén, creyendo que era un buen lugar para la reconstrucción.

Algunos de ellos fueron considerados admorim tzadikim - hombres excepcionalmente justos - y capaces de "actos de salvación". Incluso les consultaban personas no religiosas en los momentos difíciles, visitándolos en sus casas. A veces, las personas no religiosas de Tel Aviv esperaban a "las horas de oficina de los tzadikim” para recibir una bendición y una palabra de consejo.

Shavuot cae en el día que se conmemora al fundador del movimiento hasídico, el rabino Israel Ben Eliezer, el Baal Shem Tov, quien murió en 1760. Muchos consideran que ese día festivo era el momento adecuado para recordar que la primera ciudad hebrea de la historia modernaa, el bastión del secularismo de Israel, fue también la primera ciudad hasídica del país. Pero este título comenzó a perder su significado en la década de 1960 y principios de 1970, después de que algunos de los admorim más famosos de Tel Aviv fallecieran.

Además, el número de los hasidim estaba creciendo, por lo que necesitaban otros lugares donde poder crear barrios y grandes centros de estudio. Bnei Brak finalmente se hizo cargo del papel de centro del mundo hasídico.

Casi todas las más importantes comunidades hasídicos originarias de Polonia y Ucrania tenían "representaciones" en Tel Aviv, y casi todos los barrios de la ciudad tenían una Admor residente, en torno al cual los sábados y los festivos se convirtieron en fiestas de oración y de música hasídica.

Tel Aviv demostró ser especialmente atractivo para el admorim de la dinastía Radzin, que hasta la Segunda Guerra Mundial fue uno de los más grandes e importantes en Europa del Este. El Admor de Hosiatin, el rabino Yisrael, inmigró a Israel en la década de 1930 y vivió en la calle Bialik. Se le consideraba un tzadik, y recibía a muchos visitantes. El Admor de Sadigura, Jacob Friedman, estableció un tribunal hasídico en la esquina de las calles Ahad Ha’am y Nachmani.

El Admor de Ozharov, el rabino Moshe Yechiel Epstein, vivió y estudió en el primer piso de un edificio de apartamentos en el bulevar Rothschild, cerca de la calle Hashmonaim. Él era famoso por sus escritos y por sus conocimientos de la Torah.

El Admor de Wiznitz, el rabino Haim Meir Hager, vivió en la calle Lilienblum, y era muy conocido por su música hasídica. Cientos de personas acudían a su casa todos los viernes para escuchar sus oraciones y la música. Este Admor abandonó más tarde Tel Aviv por Bnei Brak, donde montó un gran barrio hasídico.

En el sur de Tel Aviv vivió el Admor de Modzitz, el rabino Shmuel Eliyahu, que se trasladó a un gran centro de estudio de su comunidad construido en la calle Dizengoff. También era muy conocido por su música hasídica. El Admor de Lelov, el rabino Moshe Mordechai Biderman, también fue un tzadik muy conocido por su ascetismo.

Admorim menos famosos también vivieron en Tel Aviv, incluyendo el admorim de Boyen, Bohusch, Slonim y Strikov. Cada uno tenía una sala de oración informal, a la que también asistían otros vecinos religiosos que no eran hasidim.

El rabino Aharon Rokach, el Admor de Belza, jugó un papel clave en el fortalecimiento permanente de la comunidad jasídica en Tel Aviv. Llegó a Israel en 1944 y sorprendió a sus seguidores al negarse a vivir en Jerusalén. Él denominó a Tel Aviv “la Ciudad Santa". El rabino Rokach tampoco explicó su decisión. Sus seguidores dicen que optó por Tel Aviv por no tener ninguna iglesia.

El Admor de Gur, el Rabino Abraham Mordejai Alter, optó por vivir en Jerusalén, pero la gran mayoría de los hasidim de Gur que se mudaron a Israel antes de la Segunda Guerra Mundial vivieron en Tel Aviv.

Hubo alrededor de unos 700 lugares de culto hasídicos en Tel Aviv durante los años 1950 y 1960. Solamente los hasidim Gur tenían más de 10 lugares de culto en la ciudad, mientras que hoy en día sólo quedan cuatro.

Al igual que esta notable presencia de hasidim, su estancia en Tel Aviv ha estado caracterizada por el respeto mutuo y la tolerancia con la comunidad secular.

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Sunday, February 12, 2012

A Life Apart: Hasidism in America (Narrated by Leonard Nimoy and Sarah Jessica Parker) (1997)

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Tuesday, November 29, 2011

Los relatos nunca contados de los hasidim - David Assaf



La introducción de un libro sumamente recomensable (un crítica anterior de él, aquí)

Dos temas se entrelazan y cruzan los capítulos de este libro: uno de ellos son todos esos individuos anómalos, aberrantes y extraños que no siguieron el sendero "recto y estrecha" de sus predecesores, optando por labrarse su propio lugar, y el otro tema es la memoria literaria de "las guerras", de esas batallas en las que aparentemente se peleaban por las personas, los acontecimientos y los fenómenos, entre diferentes, y a menudo opuestas, tradiciones. También es posible para definir este estudio como un intento de reseñar esa delicada fase en la que los preservadores e intérpretes de la tradición refunden las biografías no convencionales o cerradas de los acontecimientos históricos, remodelándolas a su antojo.

Muchos individuos prominentes y ordinarios, eruditos e ignorantes, apasionados y a la espera, se encuentran aún ante la torcida encrucijada de la memoria humana. Hasta la fecha, las historias siempre dramáticas, a veces trágicas, de los individuos (o grupos) atrapados en la espesura de la familia, de la comunidad o de la tradición, han sido débilmente iluminadas en los ya amplios estudios sobre el hasidismo, como si fuera el precio que deberían pagar por ser "otros". Todos los protagonistas de este libro, ya sea aquellos que cayeron decididamente en los márgenes de la sociedad o que se encontraron entre ambos mundos, ni consiguieron la tranquilidad, ni su realización en los marcos que el mundo hasídico ultraortodoxo ofrecía (y sobre todo imponía) a sus hijos. La inquietud que despertó "su rareza" entre sus contemporáneos, también repercute en los medios utilizados para dar forma a la memoria colectiva y a la escritura de la historia interna. Una combinación de realidad y ficción, estos medios se descubren aquí a través de la corroboración y el contrasta de muchas otras fuentes. Las categorías de interpretación de las "polémicas" y de la "memoria apologética" también son utilizadas, sirviendo para identificar las reacciones defensivas y ofensivas que por igual se desataron ante las construcciones alternativas de la memoria. No solamente esas diferentes tradiciones memoriales (incluidos también la de los maskiles y aquellos surgidas de la investigación crítica y académica) se relacionan entre ellas, sino que también conversan entre sí, tanto abierta como encubiertamente.

Cada uno de estos capítulos que reflejan la crisis y el malestar existente se presentan como una unidad independiente. Los lectores de este libro podrían justificadamente preguntarse por el vínculo entre la caída desde la ventana de su casa del Vidente de Lublin y la conversión, seis años más tarde, de Moshe, el primogénito del primer rabino de Chabad; o sobre la conexión entre la cruel persecución de los hasidim Bratslav en la década de 1860 y la desgarradora confesión de Yitshak Nahum Twersky a principios del siglo XX? Mi respuesta es que comparten no sólo el estatuto de ser unos hechos extraños, aberrantes o desconcertantes, sino también el destino de aquellos rechazados o colocados aparte, además de la ocultación de estos acontecimientos y de su historia. Este libro pretende revelar lo oculto, tanto para revelar lo que realmente ocurrió y por qué, como para demostrar cómo la verdad ha sido ocultada o enmascarada bajo una interpretación alternativa.

Emergiendo a partir del examen por este libro de lo aberrante hay otra característica que conecta algunos de los capítulos: un único y definido grupo social que puede denominarse los "vástagos de los rebbes hasídicos" (y que se nombran en los círculos hasídicos como los “benehem shel Kedoshim”, los hijos de los santos). Dov Sadan fue el primero que observó este fenómeno en su introducción a la colección de poemas de Jacob Friedman, el hijo del tzaddik Shalom Yosef de Mielnica: "Esta poesía surge desde la realidad y el simbolismo del mundo hasídico y desde la tensión entre la fidelidad, y la lucha, con el hasidismo. Este fenómeno se aplica a un digno grupo de poetas, nietos y bisnietos de rebbes hasídicos, quienes transmutaron el dominio de sus antepasados ‌‌sobre las almas en un cuestionamiento de la propia fe, y en un predominio de la libertad artística sobre los espíritus... Pero la cuestión de lo que sucedió a esos nietos de los rebbes que dejaron el redil es un asunto muy serio".

Sadan volvió a este tema en 1976: "Yo estaba sentado [en una conferencia] en la sala del comedor del kibbutz Merjavia mirando a la audiencia, cuyos orígenes familiares conocía, y donde se incluían descendientes de Elimelekh de Lyzhansk, de Levi Yitzhak de Berdichev, de Hayyim de Chernovtsy, del Maguid de Zalozits, del "Santo judío” y de Shlomo de Radomsk, entre otros… y si seguía contando ese selecto grupo serían legión. Y me preguntaba si la composición de todo este gran grupo, su ramificada y bendecida ascendencia, sería accidental".

Siguiendo los pasos de Sadan, he tratado de determinar si efectivamente es posible encontrar unas características compartidas entre aquellos descendientes de los rebbes "que dejaron el redil", particularmente entre aquellos que anhelaban la poesía, el arte y la belleza. ¿Todo se debió a una similitud fortuita, o fue el resultado lógico de las tensiones generadas durante la educación de los hijos de los rebbes hasídicos?

Una premisa principal de este libro es que esto no es simplemente una casualidad. Sin embargo, sus múltiples manifestaciones no son necesariamente un producto del hasidismo o de su educación, sino principalmente el fruto - dulce o amargo, según el punto de vista del observador - de las diferentes tendencias en formación en el mundo de los judíos europeos desde finales del siglo XVIII hasta el Holocausto. Si existe una experiencia común y elemental compartida por todos los judíos en la Edad moderna es la tortuosa contradicción entre los conservadores, guiados por la glorificación del pasado y la preservación de la tradición, y los innovadores, cuya visión de una sociedad judía futura se apoya tanto en la nueva interpretación de la tradición como en las propias fuerzas secularizadoras de la modernidad.

Docenas de fuentes, libros y estudios describen esta crisis, siempre tensa y presente. Este libro, sin embargo, analiza su presencia en el lugar quizás menos probable, y el aparentemente más protegido, en el modo de vida hasídico, entre su rebbes y sus seguidores. Ya de ninguna manera una secta marginal, el hasidismo constituía un grupo poderoso y con un alto estatus a la hora de su influencia masiva en la vida judía. Sin embargo, incluso en el mundo supuestamente estable de los tsadikim y de sus devotos, algunos de entre ellos se encontraron atrapados sin cesar entre la tradición y la crisis, entre lo viejo y lo nuevo, entre las fuerzas conservadoras de la autoridad religiosa y familiar y las fuerzas atractivas y destructivas de la vida moderna. Al analizar estos inquietantes e incómodos episodios, los capítulos de este libro intentan deconstruir esas afirmaciones generalistas en componentes diferenciados.

El primer capítulo, "Las mentiras que me contó mi profesor: La historia hasídica como campo de batalla”, establece el trasfondo para este libro. Se plantea la cuestión de cómo enfocan ciertos grupos ideológicamente orientados ciertos episodios vergonzosos, y muestra algunas de las estrategias historiográficas empleadas para hacer frente a esos asuntos embarazosos dentro de los diversos círculos ultra-ortodoxos, incluidos los hasídicos.

El segundo capítulo, "¿Apóstata o santo? Tras las huellas de Moshe, el hijo del Rabbi Shneur Zalman de Lyady", es el más largo del libro. Está dedicado a la reconstrucción y al examen de uno de los episodios más desconcertantes en la historia hasídica, la supuesta conversión al cristianismo en 1820 de Moshe, el amado hijo del fundador del hasidismo Chabad, Shneur Zalman de Lyady. La mayor parte del capítulo describe los complicados caminos de la memoria y las diversas interpretaciones de este episodio, y como fue interpretado por los hasidim, maskilim, apóstatas e historiadores, cada uno con su propio elenco de interpretaciones polémicas y exegéticas.

El capítulo tercero, "Un acontecimiento, múltiples interpretaciones: La caída del Vidente de Lublin”, trata de las diferentes explicaciones conectadas a un extraño suceso: la caída desde una ventana de su casa del famoso tsadik Yaakov Yitzhak Horowitz, conocido como el Vidente de Lublin, la cual le ocasionó finalmente la muerte nueve meses después, en 1815. ¿Fue esa caída el resultado de los esfuerzos místicos del Vidente para acelerar el advenimiento del Mesías, como los hasidim aseveran, o bien fue debida a un episodio de embriaguez, como afirmaban los enemigos de los hasidim, los maskilim, o quizás tal vez fue un intento fallido de suicidio?

En capítulo cuarto, "Dichosos los perseguidos: la oposición al hasidismo Bratslav", examina la historia de la lucha interna que se desarrolló en el hasidismo contra un anómalo grupo: los hasidim Bratslav. Esta lucha y estos ataques, que han acompañado la historia de este singular grupo hasídico desde sus inicios hasta la actualidad, asume dimensiones particularmente violentas en la década de 1860. La decodificación de esta fuerte antipatía nos enseña que el origen de esa visión negativa de los Bratslavers radica en su negativa a aceptar el liderazgo de otras autoridades hasídicas tras el fallecimiento de su líder. En este capítulo también se revela el modus operandi de los tsadikim en Ucrania y los singulares patrones hasídicos de "toma y/o control" de las comunidades judías para sus respectivos grupos.

El quinto capítulo, "La emoción del alma: El mundo de Rabbí Akiva Shalom Chajes de Tulchin", está dedicado a analizar la enigmática figura de Akiva Shalom Chajes de Tulchin (1815-68), un orgulloso mitnaged que al parecer se dedicó en su juventud a componer diatribas y burlas contra los tsadikim, pero que al llegar a la madurez cambió de bando y opinión, y se convirtió en un rabino hasídico en la pequeña ciudad de Dubova. Su personalidad multifacética y contradictoria ha sido objeto de un tratamiento lleno de prejuicios según las diversas fuentes, cada una en función de su propia agenda – desde la obra del escritor Yosef Micha Berdyczewski a la memoria hasídica familiar, tradicional y local -, tratando de descifrar los secretos de Akiva y así explicar su cambio de opinión. Aquí también se nos muestra la naturaleza de algunas extrañas controversias que dividieron a los diferentes grupos hasídicos en las regiones del sur de la Zona de Asentamiento judío en Rusia (Pale), en primer y en último lugar la controversia kadavar [N.P.: El hermano del primer Rebbe Skvere, David Twersky de Talne, ordenó a sus hasidim que realizaran un cambio en el texto de la oración de kedushá (la tercera sección de las recitaciones de la Amidah). Los rebbes opuestos se opusieron a ese cambio. Esto llevó a una ola de peleas entre grupos hasídicos, incendios provocados y falsas acusaciones hechas ante la policía rusa].

El sexto capítulo, "¿Cómo han cambiado los tiempos": El mundo del Rabbi Menahem Nahum Friedman de Itscan", describe el singular mundo de Menahem Nahum Friedman de Itscan (1879-1933), y su producción literaria, dedicada por completo a una mediación ingenua y armonicista entre el mundo hasídico y la filosofía europea.

Esta actividad totalmente moderna dejo estupefacta a la sociedad hasídica circundante, la cual encontró ese extraño fenómeno difícil de digerir. En este capítulo se analizan varios de sus inusuales tratados, así como su problemática aceptación por la memoria hasídica, que bien reaccionaba con una total indiferencia o por contra ocultaba las polémicas que generaba con llamamientos a deshacerse de sus libros.

El capítulo final, "La confesión de mi alma torturada y afligida: El mundo del Rabbi Yitzhak Nahum Twersky de Shpikov", se centra en una extraordinario documento, una carta escrita en 1910 por Yitzhak Nahum Twersky de Shpikov (1888-1942), el hijo de un eminente tsadik. Lo que ocasionó dicha carta fue la inminente partida de su autor desde su acomodada situación en su corte hasídica de Ucrania hacia Galitzia, con el fin de casarse con su futura esposa: la hija del famoso rabino de Belz. Con un lenguaje sorprendentemente rico, este íntimo e histórico documento nos da una idea de la situación psicológica y de los complejos senderos emocionales por los que transitaba su autor, además de la dualidad existencial que experimentaba ante su vida en una corte hasídica, a la que tanto odiaba y despreciaba. El capítulo analiza los lazos sociales u familiares, y el contexto histórico de este raro documento, y nos ofrece una traducción completa de esta confesión íntima.

Existe también otra trágica, torturada e importante figura cuya historia es muy reveladora, pero que no tiene cabida en este libro dedicado a las crisis internas y al descontento dentro de la historia del hasidismo: Dov Ber (Bernyu) Friedman de Leova (1820/21-76), el hijo del famoso tsadik Yisrael de Ruzhin. En 1869, disgustado con sus seguidores, Bernyu renunció a su trono hasídico, el primer rabino en hacerlo. Secuestrado y llevado a la fuerza a la corte de Sadigura por su hermano, fue rescatado por los maskilim locales. Bernyu permaneció por un tiempo en las cercanías de Chernovtsv, en la casa de un maskil radical, donde profanó el sábado, comió alimentos no kosher, y publicó una carta abierta a la comunidad judía en la prensa local expresando su aversión al hasidismo y anunciando su afinidad con la Haskalá.

Su impactante historia despertó un gran interés público, pero terminó dolorosamente. Varias semanas después, Bernyu regresó de nuevo a la corte de Sadigura, donde permaneció en aislamiento hasta su muerte en 1876. Los dramáticos giros y vueltas de la vida de este tsadik, el hijo de otro tsadik, resonaron en la prensa de la época, además de generar numerosos tratados polémicos y satíricos del hasidismo de Sadigura – y donde se abrió una caja de Pandora que incomodó a todas las ramas hasídicas de Ruzhin -, además de provocar una violenta e intensa disputa entre los mundos hasídicos y ortodoxos de la década de 1870. La biografía de Bernyu y la historia de la disputa entre Sandz-Sadigura merecen un estudio por separado de un alcance que va mucho más allá de este volumen. Esperemos que tengamos la oportunidad de contar esta historia en el futuro.

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Friday, May 06, 2011

Un hasidismo edulcorado – Allan Nadler – Jewish Ideas Daily



El hasidismo tiene una larga historia simultánea de rechazo y fascinación entre los judíos modernos. Hoy en día, sus características distintivas como el aislacionismo, el fanatismo religioso y el rechazo agresivo de todas las cosas modernas, incluyendo no solamente al judaísmo no ortodoxo, sino la idea misma de la laicidad, son inexplicables, si no aberrantes, para gran parte de los judíos del mundo. En Israel, el impresionante aumento demográfico de la población hasídica, la cual constituye un elemento importante dentro de la ultra-ortodoxia haredí mundial, es ampliamente considerado como un posible peligro para el ethos sionista y democrático del país, por no hablar de que socavaría su relación con la diáspora judía.

Al mismo tiempo, la clásica tradición hasídica, la que celebra la presencia divina en todas las cosas, no importando lo aparentemente mundanas que parezcan, su alegre música y su danza, sus historias encantadoras que elevan al hombre simple sobre el erudito talmúdico, hace ya más de un siglo que atrajeron la admiración de algunos de los más grandes escritores y pensadores judíos.

Las primeras y románticas colecciones de relatos hasídicos de Martin Buber fueron un factor crucial en la popularización de esta versión de la esencia del movimiento. Abraham Joshua Heschel, que a diferencia de Buber fue un auténtico descendiente de una importante dinastía hasídica de Polonia, integró posteriormente las más elevadas enseñanzas hasídicas con su propia filosofía existencialista del judaísmo.

Pero Buber y Heschel, al igual que sus predecesores I.L. Peretz y Micha Yosef Berdichevsky, realizaron una selección cuidadosa de dichas enseñanzas, desvirtuándolas al igual que a la verdadera historia hasídica. No solamente ignoraron deliberadamente las características abiertamente alienantes que surgieron a lo largo de la historia y el devenir posterior del movimiento, sino que como ha demostrado Gershom Scholem, los relatos de Buber de los antiguos maestros estaban fuertemente retocados, especialmente aquellas partes que podían resultar ofensivas para la sensibilidad espiritual moderna.

Sin embargo, el auge del hasidismo en el ámbito de las búsquedas contemporáneas ha continuado floreciendo. Muchos de los que hoy en día se apropian de sus enseñanzas son “buceadores espirituales” asociados con lo que se ha calificado como el "movimiento de renovación judío”, inaugurado en 1960 por un nuevo género de “rebbes neo-hasídicos”. Los más famosos son "el rabino cantante" Shlomo Carlebach, y "el rabino ácido" Zalman Schachter. Los dos abandonaron el movimiento Chabad-Lubavitch para trazar una ruta hasídica "renovada", apropiada para el carácter vertiginoso de estos tiempos. Desgraciadamente, fueron aún más selectivos y textualmente menos juiciosos que sus predecesores.

Lo que sí encontraron, sin embargo, disperso aquí y allá en medio de la vasta literatura sobre el hasidismo, fue un pequeño puñado de rebbes excéntricos cuyos extraños escritos (y, dentro del propio medio hasídico, en gran medida desacreditados) podían citarse en apoyo de la propia agenda de estos neo-hasídicos modernos deseando liberarse de las limitaciones de la autoridad religiosa establecida.

Por lo tanto, con la ayuda de estos pocos "amigos", el hasidismo entró en la "Era de Acuario". Cabe destacar que entre esos “amigos” se encontraban el psicológicamente atormentado Rabbí Nahman de Braztlav (1772- 1810), a cuyos actuales seguidores dedicaré un futuro artículo. De momento, examinaremos otra importante escuela hasídica cuyas enseñanzas tienen una influencia considerable dentro de este neo-hasidismo de la New Age. Se trata de la dinastía polaca de finales del siglo XIX de Izhbits-Radzin.

Aunque nunca estuvo entre las ramas principales del hasidismo, y a pesar de que casi fue aniquilada en su totalidad durante el Holocausto, el hasidismo de Izhbits-Radzin ha gozado de un renacimiento póstumo desde que Carlebach comenzó a invocar algunos pasajes de los escritos de sus rabinos, los cuales parecían invocar y comunicarnos un espíritu contracultural que el propio Carlebach estaba tratando de insuflar al judaísmo.

El fundador de la dinastía fue el rabbi Mordejai Yosef Leiner de Izhbits (1800 - 1854). Discípulo durante muchos años del legendario Rebbe Kotzker (Menahem Mendel de Kotz), Mordejai Yosef se separó de su maestro por razones aún oscuras, dejando tras de si unos manuscritos que se consideraron como subversivos y peligrosos por todos los principales maestros hasídicos de la época. Su hijo, el rabbi Yaakov de Radzin (1828-1878), publicó esas enseñanzas y sumo significativamente a ellas su propia obra, sobre todo un comentario de la Toráh. Hasta el renacimiento neo-hasídico de la década de 1960, estos diversos escritos permanecieron prácticamente desconocidos.

¿Qué hay de revolucionario en ellos? De acuerdo con la doctrina hasídica clásica, nada existe fuera de Dios, y en las palabras del Baal Shem Tov, el fundador del movimiento, "no hay nada sino Él". Posteriormente otros maestros, sobre todo el rabbi Shneur Zalman de Lyadi, el fundador del hasidismo Chabad, entendieron esa enseñanza de una manera aún más radical, en el sentido de que el mundo físico no era más que apariencia, una serie de velos que solapaban una realidad más grande: Dios lo es todo y está en todas partes. Esa afirmación radical, denominada como "acosmismo" por los estudiosos, fue llevada a un extremo sin precedentes por los rabinos de Izhbits-Radzin, y en muchos aspectos era la antítesis de esa conclusión: una especie de santificación, en vez de aniquilación, de la corporalidad. Para los rabinos de Izhbits-Radzin, cada iniciativa, cada impulso, y de hecho todas las acciones generadas o promovidas por los sentidos humanos, son, de alguna manera oculta, una expresión de la divinidad y del cumplimiento de la voluntad divina.

En el primer hasidismo, esta santificación de lo físico (avodá b'gashmiyut) era considerada algo tan extremo que su práctica se limitaba al rabino y nunca fue confiada a sus seguidores. Es evidente que llevaba consigo una serie de peligros (o, dependiendo de las predilecciones, de atracciones): eruditos como Joseph Weiss y Shatz Rivka han puesto de relieve que permitía una libertad anárquica ante las cadenas de la restricción moral y de la culpa religiosa. Los investigadores más recientes, centrándose en los escritos del nieto de Mordejai Yosef, Gershon Henoch de Radzin, han ido tan lejos como para representar la enseñanza como una "herejía antinómica" similar a una "forma suave" de sabateanismo (Shabbatay Zevi). Pero ello no necesariamente en un sentido peyorativo.

Para los actuales “buceadores espirituales”, deseosos de una versión del judaísmo que, “tirando del manto de la tradición", les permita la libertad de obtener su propia versión, las enseñanzas del hasidismo Izhbits-Radzin han representado nada menos que una especie de elixir. Pero el problema existente tanto en las evaluaciones académicas recientes, como en los abusos de la religión de la “New Age”, es que de una manera no muy diferente a lo realizado anteriormente en la obra de Berdichevsky, Buber y Heschel, se basan en pasajes escogidos y fragmentarios extraídos de un complejo cuerpo de enseñanzas místicas que, estudiadas en su conjunto, no son ni anárquicas, ni antinómicas, ni heréticas.

Razón de más, por lo tanto, para dar la bienvenida a la aparición de un nuevo libro que ha comenzado a poner las cosas en su sitio. “La sabiduría del corazón”, de Ora Wiskind-Elper, nos ofrece una lectura juiciosa y contextual de muchas de las enseñanzas de la dinastía Izhbits-Radzin, como se puede observar en los comentarios sobre el libro del Génesis del hijo del Rabbi Mordechai Yosef, el rebbe Yaakov de Radzin.

Centrándose en la vida de los patriarcas bíblicos, Yaakov de Radzin nos ofrece una visión panorámica de sus pruebas y tribulaciones, así como de sus más llamativas recaídas en el pecado, como la venta de José como esclavo por parte de sus hermanos, y de manera aún más central la seducción de Tamar por su suegro Judá. Yaakov de Radzin contempla todos estos sucesos como formando parte de un gran esquema deseado por la divinidad y cuya pleno sentido será revelado solamente en los tiempos mesiánicos, y aún así sólo cuando esté justificado mediante el completo arrepentimiento de los descendientes de Judá, es decir, del pueblo judío. Hasta entonces, el grado de todo lo que hagan los judíos, ya sea virtuoso o pecador, refleja el esquema divino y la necesidad de permanecer oculto.

El gran mérito de “La Sabiduría del Corazón” se encuentra en su rechazo implícito de las citas no contextuales del tipo que han favorecido Carlebach, Schachter y algunos eruditos del hasidismo. Esta práctica, argumenta convincentemente Ora Wiskind-Elper, crea una impresión atomizada y distorsionada de las enseñanzas del hasidismo Izhbits-Radzin, hasta el punto de sugerir que los maestros de esta escuela hasídica sacralizaron el pecado de una manera similar a los sabateanos (seguidores del frustrado mesías Shabbatey Zevi) y a los frankistas (seguidores del “sucesor” de Shabbatey, Jacob Frank). No sólo no existe una sola evidencia histórica de que cualquier hasidim Izhbits participara en un comportamiento antinómico, sino que sus doctrinas, bien comprendidas, nunca son defensoras de ello.

Un conocido aforismo rabínico sostiene que "todo está en manos del cielo, excepto el temor del cielo". Un aforismo retocado por Mordechai Yosef de Izhbits ofrece otra versión deslumbrante de ese dicho: "todo está en manos del cielo, incluyendo el temor del cielo". Su formulación determinista suena tan bien porque parecer dejar al hombre libre de toda responsabilidad moral y religiosa. Pero, como demuestra claramente Ora Wiskind-Elper, esa no era su intención. Fortalecido por una fe poderosa en la presencia de la Divinidad - que lo abarca todo -, Mordejai Yosef de Izhbits expresa a su vez su confianza en que, al final de los días, cuando el cumplimiento del plan divino haya sido revelado, nos encontraremos con que incluso con carácter retroactivo, entenderemos el papel que han jugado nuestras propias transgresiones en el plan de Dios. Sin embargo, esta confianza no es un mandato o un permiso, por no hablar de cualquier tipo de promoción antinómica, de violar las normas de la Torah.

A pesar de sus formulaciones, a menudo sorprendentes, se podría argumentar que los hasidim de Izhbits-Radzin se han adherido a la aceptación de un fervor piadoso muy conservador, pasivo y marcado por el papel dominante desempeñado por la providencia divina en todos los asuntos humanos. Esto a su vez, refuerza la esencial continuidad entre el hasidismo de Izhbits-Radzin (tan idiosincrásico) y la corriente principal del hasidismo, por no hablar de judaísmo rabínico en su conjunto. Y también puede conseguir de alguna manera una aparente conciliación de la contradicción inicial: esa contradicción entre un hasidismo "retrógrado" (es decir, excesivamente conservador) en la práctica y sus "admirables” enseñanzas (atractivamente contraculturales). La enseñanza y la práctica del hasidismo puede llegar a ser internamente mucho más consistente de lo que ciertos autores durante estos últimos tiempos nos han hecho creer.

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Thursday, March 17, 2011

La vergüenza y el escándalo en la familia - Yair Sheleg - Haaretz



El profesor David Assaf, un destacado investigador del hasidismo ha realizado una importante labor al afrontar el pasado hasídico y no el presente. Sin embargo, desde su experiencia como investigador mantiene una posición muy clara con respecto a la crisis que afronta el más importante grupo de la Hasidut de la pasada generación, Chabad, en especial desde la muerte del rebbe de los Lubavitch hace 12 años.

"Chabad es un caso testimonial de un gran Hasidut que está tratando de funcionar sin un Admor (acrónimo hebreo de "nuestro señor y maestro, nuestro rabino”, un título honorífico que se otorga a un líder hasídico)", nos comenta Assaf, jefe del departamento de la historia del pueblo judío en la Universidad de Tel Aviv.

"Esto es algo que no tiene precedentes si exceptuamos a (los hasidim de) Breslav, pero Breslav era un pequeño grupo hasídico que además nunca tuvo una tradición de una dinastía de admors (de hecho, Rebe Najman, el fundador de la Hasidut de Breslav, fue su único admor). Mientras tanto, en Chabad se está tratando de gestionar de alguna manera esa función, tanto por preservar la obra del rabino que creó el enorme aparato de emisarios que ahora también operan sin él, y también porque tienen mucho que perder".

"Éste, después de todo, es un gran movimiento con una enorme valía, pero el problema es la próxima generación. ¿Cómo se las arreglarán para inculcar el legado hasídico a una generación que no conoció al rabino. Por lo tanto, y en mi opinión, si hacen eso y no tienen éxito a la hora de llegar a esa nueva generación y no seleccionan a un rebbe en los próximos 10 años, la historia de Chabad llegará a su fin. Para los miembros mesiánicos de Chabad, aquellos que creen que el rebbe era el Mesías, tal vez será más fácil funcionar sin él, pero para los demás será ciertamente complicado, y aún hoy en día es factible hablar de un posible cisma, incluyendo a las familias que no se casan entre si (con otros miembros de Chabad) y siendo factible la emergencia de diferentes líderes entre los diversos grupos".

Assaf atribuye la dificultad de seleccionar un admor en primer lugar “a la trampa mística" con la que el propio rebbe atrapó al movimiento, cuando habló acerca del ”séptimo nasi", el término utilizado para denotar el número de admors de Chabad, es decir, nombrándose a sí mismo como el último nasi. Más allá de esto, el rebbe no tuvo descendientes, y entre sus hasidim no existe un candidato lo suficientemente excelente para poner a todos de acuerdo.

"Lo que es interesante es lo que el rebbe creía, cómo pensaba que sería el Hasidut después de él. En mi opinión, él resolvió esta cuestión creyendo realmente que él era el Mesías, o al menos que nuestra época es una época mesiánica, y que en todo caso la cuestión no debería plantearse. De lo contrario, es difícil entender cómo una persona inteligente como él podía pensar el futuro del Hasidut".

Si Assaf se dejara llevar por la actualidad, sin duda que habría incluido la actual crisis de Chabad entre los capítulos de su nuevo libro, "Caught in the Thicket: Chapters of Crisis and Discontent in the History of Hasidism" (Atrapados en la maraña: Relatos de crisis y descontento en la historia del Hasidismo). Aun así, resulta una fascinante colección de siete textos o capítulos donde Assaf nos muestra en cada uno de ellos una crisis que generó una verdadera tormenta dentro del mundo hasídico en su etapa de mayor consolidación (desde el siglo XIX a principios del siglo XX).

La mayor primicia del libro tiene que ver con la conversión al cristianismo de Moshe, el hijo menor del fundador de Chabad, Shneor Zalman de Ladi. El asunto ya era conocido y quedó evidenciado por un acalorado debate entre los Maskilim (seguidores de la Ilustración), y después de ellos entre los investigadores académicos, quienes trataron de borrar y negar incluso la historia.

El descubrimiento de Assaf debería poner fin al debate. Según él, en los últimos años el profesor Saúl Stampfer de la Universidad Hebrea halló una serie de documentos relacionados con este asunto en dos archivos procedentes del Archivo Nacional de Belarús (Bielorrusia). Entre otras cosas, esos archivos contenían una carta del propio Moshe al sacerdote de su ciudad, Oula, solicitándole la conversión, el certificado de bautismo que fue preparado para él, y las cartas de dos de sus hermanos dirigidas a la jerarquía de la Iglesia Ortodoxa Rusa en las que afirmaban que su hermano Moshe era un enfermo mental, solicitando a la luz de este hecho la revocación de su conversión al cristianismo como un paso que dio cuando su salud mental era precaria y por lo tanto era fruto de su enfermedad (una descripción con la que Assaf está de acuerdo).

Otro capítulo del libro que también alude a hechos actuales, es la persecución de los hasidim de Breslav por otros Hasiduts en el siglo XIX. Esto incluyó agresiones y amenazas de asesinato y de informar a las autoridades rusas, algo que el historiador Raphael Mahler describe como unos hechos más graves que las persecuciones sufridas por el hasidísmo de parte de los Mitnagdim (literalmente, "opositores" a las ideas y formas hasídicas), los discípulos del Gaón de Vilna. Es asombroso ver que como los perseguidores y boicoteadores de los Breslav no vieron en absoluto la necesidad de justificar su persecución. Esta justificación ha aparecido recientemente, informa Assaf, en un folleto promovido por un rabino de Safed llamado Yirmeyahu Cohen, que está tratando de esta manera de renovar esta lucha contra los Breslav, y que por primera vez justifica esta oposición diciendo que “los Breslav no están dispuestos a someterse a la autoridad de cualquiera de los grandes sabios de cada generación".

¿Por qué entonces los Breslav no son tan combatidos ahora como en el pasado, más aún cuando su presencia es mayor que nunca? "Esto forma parte del proceso de privatización que también está sucediendo en el mundo ultra-ortodoxo", nos dice Assaf. "Este mundo se está dividiendo en un sinfín de grupos, ninguno de los cuales puede controlar a los otros. Incluso si alguien fuera a emitir un fallo que promoviera un boicot, ¿cuál sería su capacidad para hacerlo cumplir?".

En otro capítulo Assaf nos relata la historia del Vidente de Lublin, una de las principales figuras del movimiento hasídico en su segunda generación, quien misteriosamente se cayó desde la ventana de su casa durante una Simhat Torá y murió después de nueve meses de prolongada agonía. Los Maskilim, en su combate continuo contra los hasidim, afirmaron que el Vidente se cayó después de haberse emborrachado durante una fiesta. Los hasidim describen la caída como resultado de un colapso espiritual tras el fracaso de sus esfuerzos para lograr la redención. Assaf propone que la caída fue un intento de suicidio. Él basa esta hipótesis en informes provenientes de las propias fuentes hasídicas que hablan de intentos previos de suicido por parte del Vidente, además de una personalidad depresiva en líneas generales.

Especialmente interesante es el capítulo dedicado al Rebbe Yitzhak Nahum Twersky, el hijo del admor de Shpikov, que fue enviado a casarse con la hija del Rebe de Belz, a quien nunca había conocido antes de la boda. El matrimonio forzado lo deprimió considerablemente, especialmente porque había estado expuesto, principalmente a través de sus hermanas, al mundo libre de la Ilustración. Poco tiempo antes de que fuera llevado al pabellón de la boda, Twersky escribió una larga carta, una especie de confesión, al escritor ilustrado Dinzon Yaakov, el cual era amigo de una de sus hermanas, en la que detallaba su odio por el mundo cerrado e ignorante en que le había tocó vivir:

"Quiero expresar opiniones libres, y me veo obligado a observar cada punto y cada coma de las escrituras de mis antepasados. Soy una persona de buen gusto, y me encanta la belleza, y me veo obligado a usar la ropa de los salvajes". Él decía que le resulta "inimaginable" para alguien como él vivir en un ambiente tan sofocante.

Assaf ha dejado una de las historias más escandalosas de apostasía fuera del libro. Es la historia de Beriniu, el hijo del fundador del Hasidut Rizhn, que después de la muerte de su padre se convirtió en el admor del pequeño pueblo de Layova. Odiaba su cargo y decidió renunciar a él, pero los hasidim no se lo permitieron. Fue secuestrado y llevado a la corte del Hasidut en Sadigora para ser "persuadido", pero fue liberado de su encarcelamiento por los Maskilim locales. Tras ello fue a la casa del Dr. Yehuda Leib Maskil Roitmen, en la ciudad de Chernovitz, donde profanó el sabbath, comió alimentos no kosher y publicó una carta abierta en la prensa judía en la que declaraba su entusiasmo por la Ilustración y sus reservas sobre el Hasidut. El asunto escandalizó a la comunidad judía de Europa del Este, pero al final el propio Beriniu, aparentemente, no pudo soportar la separación del lugar en donde fue criado. Regresó humillado a la casa de su hermano, el admor de Sadigora, y vivió allí de manera aislada hasta su muerte en 1876. Assaf dice que no se ha ocupado de este asunto porque tiene la intención de dedicarle todo un libro.

Assaf rechaza la idea de que vaya a ser criticado (por los hasidim) por centrarse exclusivamente en los escándalos. "Yo soy un historiador social, me ocupo de la realidad cotidiana de la vida, y esto también incluye los incidentes embarazosos. Es cierto que me siento atraído por el drama, pero estas no son unas historias al estilo de "hombre muerde a perro", sino "perro muerde a hombre', es decir, son historias que conforman una parte de la vida cotidiana".

Muchas de las crisis que se describe tienen un significado social. Son las crisis sufridas por los hijos de los admors como resultado de la tensión existente entre las grandes expectativas de la comunidad y su propia personalidad.

Assaf cita las últimas investigaciones de Dov Sadán, quien visitó el kibutz izquierdista de Shomer Hatzair Merjavia e identificó allí a muchos descendientes de admors, y se preguntó sobre el significado de ese hecho. Se ofrece una explicación muy variada: "En primer lugar, la casa del propio admor es el elemento menos supervisado y controlado por la corte o tribunal hasídico. El tribunal supervisa la vida de todos, pero los hijos de los admor eran los menos supervisados. También se les daba una educación diferente a la de los demás. Los hijos de las cortes hasídicas, por lo menos en Ucrania, recibían una educación más abierta. Un tercer elemento es que a diferencia de la visión de las demás personas de las cortes hasídicas, ellos las veían o contemplaban desde "dentro", y allí no solamente hacía acto de presencia el aura de santidad, sino también las costuras y las grietas, las luchas de poder, las habladurías... y lo que es más importante, las familias de los admors eran familias nobles, a menudo con muchos bienes materiales, y la búsqueda del poder engendra luchas, sobre todo las que determinan quién será el heredero, luchas que por ejemplo hemos encontrado recientemente dentro del Hasidut Satmar".

"Sin embargo, a partir de una cierta etapa en la Europa del Este surgió una tradición dentro del hasidismo en la que incluso aquellos que no tuvieron éxito a la hora de heredar la corte familiar establecieron su propia corte o tribunal hasídico en otra ciudad. Todo esto creó una enorme presión entre los hijos, incluso entre aquellos que no eran adecuados para al papel de admor y no estaban necesariamente capacitados para ello".

Una de las cosas más notables en el libro es la documentación que registra los esfuerzos de los "historiadores” de las diversas cortes hasídicas a la hora de difuminar las crisis, ignorarlas y, a menudo, negarlas por completo. Por ejemplo, es especialmente creativo el esfuerzo del último admor de Chabad, Rabí Iosef Itzjak-Schneorson, cuando describió el affaire de la conversión de Moshé como una historia de heroísmo en la que Moshé tuvo que enfrentarse a una grave polémica con los sacerdotes. Él ganó el debate, pero debido a eso decidió exiliarse. Preparó su huida, pero se vio obligado a ocultarse hasta su muerte (de esta manera se explicaría la separación de la familia).

Sin embargo, "la identidad de los hasidim no trata del pasado judío en general, sino más bien de la historia de los diversos Hasidut, y por lo tanto no existe ningún problema a la hora de hablar de la crisis de los demás Hasidut con el fin de proteger al propio", asegura Assaf. "Después de publicada por vez primera la confesión de Twersky, en la que se mostraba muy crítico con la dinastía Belz, alguien de esa corte contactó conmigo y se ofreció a proporcionarme cualquier material que yo quisiera, siempre y cuando yo no me ocupara del Hasidut Belz".

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Friday, January 14, 2011

Dinastías hasídicas - Nehemia Polen- Sh’ma


Rabbi Avraham Mordechai Alter, tercer Rebbe de la dinastía hasídica Ger, con su séquito de vacaciones en Europa

El hasidismo es un movimiento revivalista y místico que surgió en el este de Europa en el siglo XVIII, y que hacía hincapié en la oración extática, en la conciencia de que Dios está en todas partes, y en la centralidad de unos líderes extraordinarios conocidos como tzadikim. El sistema dinástico dentro del hasidismo (es decir, la herencia del papel de liderazgo del maestro hasídico, generalmente de padre a hijo o a yerno) es ampliamente considerado como un elemento central del movimiento, lo que no siempre fue así. Ni el Baal Shem Tov (muerto en 1760) ni el rabino Dov Ber, el Maguid de Mezhirech (d. 1772), fundaron una dinastía, aunque algunos descendientes posteriores de estos maestros vinieron a reclamar el prestigio espiritual de sus ilustres antepasados. El Maguid de Mezhirech promovió un hasidismo basado en el cultivo de discípulos y el otorgamiento de poderes al grupo más notable de ellos, pero no pensó en legar una comunidad de seguidores a su propio hijo. En el caso de Rabí Najman de Breslav, bisnieto del Baal Shem Tov, la posición de liderazgo no fue asumida por un miembro de la familia, sino por el discípulo más destacado que asumió el papel de ayudante, recopilador y editor de los discursos y los cuentos del maestro. Por otra parte, los hasidim de Breslav contemplaron la muerte de su líder en 1810 como algo tan irreal, que consideran a su fundador como una presencia viva aún en activo. El Rabí Levi Itzjak de Berdichev (d. 1810), uno de los más queridos e influyentes de todos los antiguos maestros, no dejó un sucesor familiar como "Rebe Berditchever".

Entonces, ¿cómo y por qué el patrón de una sucesión dinástica se afianzó en tantos otros casos? Se ha sugerido que fue el ejemplo de la herencia de las propiedades de los nobles polaco-rusos la que sirvió de modelo, pero los modelos externos influyen y atraen la atención sólo cuando resuenan ante una necesidad interna. ¿Por qué la aristocracia dinástica no tuvo ningún encanto durante las etapas iniciales de los hasidim, y que intervino posteriormente para conseguir que el modelo aristocrático se impusiera de tal manera en un período posterior?

El líder hasídico, el tzadik o rabino, era y es un maestro espiritual que transmite un sistema de enseñanzas y conocimientos iluminadores a sus discípulos, y es un conductor de bendiciones. Su persona - su cuerpo físico, junto con su espíritu – “toca el cielo y la tierra”. El tzadik está dotado con una serie de dones que van más allá del orden natural, con unos poderes que le permiten intervenir en favor de los enfermos, de los pobres, de los acusados injustamente, y, en ocasiones, incluso proteger al pueblo judío de la violencia del exilio. La piedra angular de su dotación (de sus dones) es la capacidad de leer las almas, para poder discernir las vidas pasadas de una persona, y ofrecer una orientación sobre la forma en que mejor podrá cumplir con el objetivo de su pasaje actual por la tierra. Esta fue la forma en los primeros hasidim miraron al Baal Shem Tov y el Maguid de Mezhirech, y eso sigue siendo cierto, aunque en una forma atenuada, para todas las generaciones posteriores hasta el presente actual.

La popularidad del Baal Shem Tov (conocido como el Besht) y del Maguid no descansaba solamente en su posesión de todos estos dones, sino tenerlos en conjunto, como una unidad que estuviera coordinada con la persona. El Besht y el Maguid enseñaron sublimes conceptos místicos y fueron como chamanes para sus adeptos. Estos dones no sólo residían en la misma persona, sino que se reforzaban mutuamente: Los poderes confirmaban la verdad de sus enseñanzas, mientras que la Toráh mística constituía el marco teórico de esos poderes paranormales. No es de extrañar que gente de todas las clases sociales acudiera a ellos para una amplia variedad de razones, ya fueran materiales, sociales y espirituales. La rica y diversa textura de la comunidad hasídica era un espejo que reflejaba la sabiduría que todo lo abarcaba del maestro.

Cuando los primeros líderes hasídicos desaparecieron nadie vio a la comunidad hasídica como una entidad colectiva que podía – y de hecho debía – ser conservada y heredada. Como una comunidad autoconsciente de sí misma se tomó su tiempo para madurar, sin duda favorecida por los lazos de piadosa lealtad que surgieron durante varias generaciones. Mientras que los hasidim fueron descubriendo los lazos de pertenencia que les unían una familia acídica y que estaban basados en la memoria, en su ligazón a un lugar y a un creciente cuerpo de enseñanzas, historias, melodías y prácticas, la familia del maestro también se dio cuenta de que también tenía un fuerte interés en preservar esa comunidad que había crecido en torno a los difuntos tzadik. No sin consecuencias, una corte hasídica era un centro de distribución de fondos de caridad otorgados por los propios devotos agradecidos. Toda una teología creció en torno a estas donaciones, las cuales fueron contempladas como algo análogo a los regalos que se llevaban al templo en los tiempos bíblicos, y que aseguraba la comunión entre el hasid y el alma de su maestro. Aunque la mayoría de los fondos se distribuían de inmediato, algunos se orientaron muy legítimamente a cubrir los gastos de estos centros o casas, que entraron a formar parte como residencias no sólo de la familia del tzadik, sino de aquellos Hasidim que residían en estipendio, de los visitantes que llegaban en peregrinación, de las viudas y los huérfanos mantenidos por dichos centros y de los muchos trabajadores que hacía su existencia posible, como personal de cocina, de mantenimiento, de supervisión personal. En definitiva, el tribunal hasídico se convirtió en una empresa compleja, en un centro de interés y de actividad espiritual de la que mucha gente dependía.

Una vez que la casa o residencia de la dinastía hasídica fue contemplada como una entidad espiritual, social y económica, se produjo la necesaria motivación para conservar su rol después de la muerte del maestro. La lealtad de los devotos era indispensable para el éxito de este proyecto, pero los actores centrales fueron los miembros de la familia. Y, mientras que sólo un heredero varón podía verdaderamente heredar el papel del maestro anterior y asumir la autoridad titular, fueron habitualmente las mujeres de la familia, que “obraban detrás del telón”, quienes influyeron de forma crucial en ese proceso. En los hogares (o cortes) de las dinastías hasídicas era muy habitual que fueran las mujeres - la esposa del tzadik, la madre, las hijas o las nueras – las más directamente involucradas en su mantenimiento, en la supervisión del personal y en la gestión de las cuentas. Quizás ellas más que nadie entendieron lo que estaba en juego a la hora de asegurar la continuidad. Reconocieron que si no se designaba un sucesor con rapidez la comunidad podría volverse vulnerable inclusive hasta la disolución. Los hasidim que habían seguido al maestro o tzadik fallecido podrían entonces dirigirse en búsqueda de otro guía espiritual o tzadik. La dispersión de la corte dejaría a la familia a la deriva, así pues solamente con una “sucesión suave” se asegurarían una posición segura y honorable dentro de la corte del nuevo maestro, su pariente cercano.

Hay una otra consideración: en la época de la tercera generación del hasidismo (aproximadamente, después de 1772), las esposas de los maestros hasídicos eran por lo general hijas de otros maestros. Esta endogamia de la aristocracia hasídica significaba que, a pesar de que una mujer no podía heredar directamente un linaje hasídico, tenía un papel indispensable a la hora de la transmisión de estos linajes, tanto la esposa como la hija. Fue en su seno donde la "semilla sagrada" germinaba. El hijo a quien dieran a luz asumiría el legado de los dos linajes, aumentando así la probabilidad de que el joven vástago se viera favorecido por la gracia divina y heredara el poder espiritual en dos modalidades diferentes. Llegamos así a una conclusión sorprendente: Mientras que las mujeres se mantuvieron generalmente en un segundo plano dentro de las comunidades hasídicas, fuera de la vista y lejos de la mirada de los extraños, realmente jugaron un papel clave a la hora del crecimiento de las dinastías hasídicas y mantuvieron viva una visión dinástica a través de las generaciones.

Las dinastías hasídicas han demostrado una notable tenacidad y resistencia, conservando sus identidades distintivas a pesar de los traumas históricos y los desplazamientos geográficos sufridos. El sistema era muy funcional y fomentaba una cultura religiosa diversa con una amplia variedad de expresiones rituales y un estilo espiritual, facilitando así a cada tzadik la oportunidad de poner su sello personal a la tradición heredada de una manera a la vez auténtica y particular. Cada dinastía trató de cultivar una reputación de excelencia en al menos un ámbito o área particular, tales como el estudio de la Torá, la oración, los cuentos hasídicos, las melodías, los actos de bondad, la intercesión (con la divinidad), y así sucesivamente. El sistema dinástico garantizó la difusión del hasidismo en cada vez más amplias zonas geográficas de la Europa del Este, y más tarde en Eretz Israel, las Américas y en todo el mundo. Satisfizo las necesidades de las masas judías de una aristocracia propia, que le otorgaba dignidad, confianza en sí mismo y orgullo. Dieron al individuo judío, y finalmente a las familias, pueblos y regiones, un sentido de identificación y arraigo, una rica identidad espiritual rica que trascendía de la vida meramente individual.

El renacimiento del hasidismo después del Holocausto se debe principalmente a este principio dinástico. En los casos en que un rabino particular sobrevivió y se reasentó, en Israel o en los Estados Unidos - Lubavitch, Satmar, Alemania, Bobov, Vizhnitz y Belz - el grupo hasídico se reconstituyó. Otras notables dinastías hasídicas cuyas “familias reales” sufrieron una aniquilación casi total a manos de los nazis, como la Aleksander, aún no han retornado a lo que fueron antes de la guerra.

El extraordinario renacimiento del hasidismo durante la posguerra es sorprendente, muy superior a lo que mucha gente podría haber previsto, habida cuenta de la realidad de unas comunidades hasídicas diezmadas tras el fin de la guerra. Sin embargo, este logro ahora conduce a desafíos y tensiones. Muchas dinastías han crecido hasta tal punto que pueden hasta llegar a resultar demasiado grandes para ser dirigida por un individuo, sobre todo con el toque personal y la intimidad que una vez fue el sello distintivo del liderazgo hasídico. El problema generalmente suele surgir con especial fuerza tras la muerte del líder, con divisiones dentro la comunidad que a veces se incrementan en intensidad y violencia. Los hasidim de Satmar han sufrido una pugna sucesoria especialmente intensa y vergonzosa, que acabo inclusive en los tribunales seculares. Por otro parte, la aprobación del Bostoner Rebbe, Rabí Levi Y. Horowitz, en 2009, fue seguido de un arreglo aparentemente amistoso por el cual sus tres hijos heredaban cada uno una zona de influencia y las instituciones asociadas: Har Nof en Jerusalén, Boston y Boro Park (Brooklyn).

El mayor drama acontecido en lo que respecta a las sucesiones durante la época contemporánea puede haberse producido en el linaje de Lubavitch, cuando el séptimo Rebbe falleció sin dejar sucesor (no tuvo descendencia), aún así, la misión de sus emisarios continúa con un vigor creciente a través de todo el mundo. Las predicciones que auguraban una desilusión generalizada y un colapso después de la muerte de Rabbí Menajem Mendel Schneerson, en 1994, erraron completamente, y el movimiento Chabad es hoy más fuerte e influyente que nunca. Al igual que los hasidim Breslav, los hasidim de Chabad-Lubavitch pueden estar en el camino de descubrir que ningún plan de sucesión es necesario cuando el fervor y la devoción de los hasidim mantienen la presencia del maestro como una fuerza activa y dinámica que guía sus vidas.

Al final, esto es lo que siempre hemos sabido: son los hasidim quienes hacen al rabino.

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Tuesday, September 28, 2010

El Tisch: ¿El fin de hasidismo? – Levi Cooper - JPost


Baal Shem Tov


Ohel (lugar de reposo definitivo) del Baal Shem Tov en Medzhybizh


Tumba del Baal Shem Tov

Una mirada superficial revela que la fascinación por la tradición hasídica continúa animando a muchas de nuestras comunidades contemporáneas. Si bien el legado del Baal Shem Tov vive en el hasidismo de nuestros días, hubo algunos pensadores que creyeron que las innovaciones que representaba el hasidismo estarían limitadas en el tiempo, en lugar de representar unos valores eternos. A su juicio, el mensaje y la contribución del hasidismo iba a proseguir y continuar durante un tiempo limitado y luego se desvanecería. No sería desde luego sorprendente escuchar a los Mitnagdim, los opositores acérrimos al hasidismo, decir que el movimiento había superado ya su mejor momento. Pero sorprendentemente, esta idea surgió desde dentro del ámbito hasídico y de hecho fue la opinión de algunos de aquellos que ejercieron un liderazgo destacado dentro de la comunidad hasídica.

En una carta escrita a finales de 1866, el rabino Shlomo Zalman Schneerson (1830 a 1900), recién nombrado rabino de Kapust (Kopys, hoy en Bielorrusia), escribió: "Desde los días de la revelación a este mundo de nuestro maestro el Baal Shem Tov... hasta este momento..., han sido 150 años en los que el río fluía desde Edén y entraba en nuestro jardín..., y ahora ha cesado de manar. Y tenemos que vivir como tierras sin cultivar; ¡ay de nosotros que en nuestros días ha dejado de manar... ¿Cómo podemos vivir en la oscuridad redoblada de estos últimos estertores de la era mesiánica…?".

El Rabino Shlomo Zalman de Kapust lamentaba que la inspiración del Baal Shem Tov - el río que fluía desde Edén - ya no era una fuente dadora de vida. Él escribió estas palabras a los hasidim de Kapust después de la desaparición del rabino Yehuda Leib (1811-1866), el rabino fundador de los hasidim de Kapust. Esta angustia llegaba pocos meses después del deceso del padre del rabino Yehuda Leib, el Tzedek Tzemah, el Rabí Menajem Mendel Schneerson de Lubavitch (1789-1866). Como el rabino Shlomo Zalman debió aceptar el manto del liderazgo de los hasidim de Kapust a raíz de estas tragedias, le debió de parecer que, efectivamente, la fuerza de la vida hasídica ya no era la de antaño.

Una contemporánea, pero algo diferente tradición, nos informa de la opinión del maestro hasídico galitziano, el rabino Haim Halberstam de Sanz (1793-1876), conocido por el título de su obra, Divrei Haim ("Las palabras de Haim"). Él también afirmaba que no existía innovación religiosa que pudiera durar más de 150 años, incluso la del Baal Shem Tov. Una vez que estaba en Tarnow durante el Shabat rodeado de cientos de leales hasidim, declaró: "Ha llegado el momento de hacer regresar la corona a su antiguo lugar", y continuó con la siguiente parábola: "Había una vez una persona que tenía un traje nuevo. Después de un año o dos el color de la prenda se había desvanecido, así que la persona se la dio al sastre y le pidió que la diera la vuelta para que se viera como un traje nuevo. Uno o dos años más tarde, la prenda nuevamente lucía descolorida. El propietario de la prenda se dijo: '¿Qué voy a hacer ahora? Dado que tanto el interior como el exterior están descoloridos, tendré que volver a mis prendas anteriores y rehacer mi camino”. El rabino Haim de Sanz descubrió la parábola:"Así sucede también [con el hasidismo] -. El Baal Shem vio que en su día el sendero hacia la Torá y el temor a Dios se había deteriorado; existían una variedad de obstáculos y escollos en su camino, como por ejemplo la vanidad, el egoísmo y falta de sinceridad. Por lo tanto, [el Baal Shem Tov] abrió un camino nuevo, el del hasidismo, de servicio [a Dios] y de piedad. Ahora este camino también se ha deteriorado, sería mejor volver al sendero original hacia la Toráh y al temor de Dios".

Una tercera declaración de este tipo se atribuye al rabino Shalom Rokeah de Belz (1781-1855), conocido como el Sar Shalom (el príncipe de la Paz). Se nos informa que el Sar Shalom declaró antes de su muerte que él sería el último de los maestros hasídicos a los se permitiría realizar milagros y actuar como el Baal Shem Tov lo había hecho.

A pesar de las afirmaciones de que el resplandor de la inspiración de los primeros maestros hasídicos se ha apagado, que el manto de hasidismo está por los suelos, que los poderes milagrosos del Baal Shem Tov no existen más, nuestra experiencia común parece desafiar este análisis. De hecho, se podría decir que lo contrario es lo cierto: una mirada superficial revela que la fascinación por la tradición hasídica, las melodías hasídicas y el interés por las ideas del hasidismo siguen animando muchas de nuestras actuales comunidades.

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Saturday, August 21, 2010

¿Cómo y cuando se extravió el hasidismo? - Arthur Green - Forward


Hitbodadut (meditación) en Zefat - Yaacov Kaszemacher

Durante el último medio siglo, he estado leyendo y estudiando las fuentes del hasidismo con cariño y respeto. He trabajado en tanto historiador del pensamiento hasídico y, más recientemente, como teólogo tratando de construir un judaísmo contemporáneo sobre la base de mis conocimientos hasídicos. Al igual que el maestro hasídico de Pinhas Korzec, quien una vez le dio las gracias a Dios "porque su alma había venido al mundo después de que el Zohar fuera revelado, porque el Zohar me mantuvo judío", sé que debo mi propio judaísmo principalmente al Baal Shem Tov y a sus seguidores.

Sin embargo, durante este mismo período de tiempo he contemplado con consternación creciente al hasidismo contemporáneo y las distintas posiciones que ha adoptado sobre asuntos de interés para todos los judíos. La última, y la más ridículamente degradante, el incidente sobre la integración asquenazí-sefardí que esta convulsionado a Israel. En el centro del escándalo actual está la escuela ultra-ortodoxa de Beit Yaakov, en la ciudad cisjordana de Immanuel, donde la mayor parte de las niñas sefardíes estaban literalmente separadas por una valla, en la pista de recreo de la escuela hasídica, de las otras chicas mayoritariamente asquenazíes, y con las diferencias religiosas ofrecidas como justificación.

Me reí y lloré al leer que, con el fin de asistir a la escuela hasídica, las niñas sefardíes debían, inclusive en casa, utilizar la pronunciación asquenazí del hebreo. ¿Cuántos recuerdan que los hasidim (muy mayoritariamente askenazíes) una vez fueron ferozmente denunciados por adoptar las versiones sefardíes de las oraciones judías, las cuales pensaban que reflejaban un nivel más elevado de santidad?

¿Qué le ha ocurrido al hasidismo? ¿Cómo un movimiento audaz e innovador de regeneración espiritual del judaísmo ha retrocedido hasta conformar un núcleo duro de defensores amargados de un pasado perdido, peleando constantemente entre sí, produciendo llamativas violaciones de las normas éticas judías, y contemplando el mundo exterior como totalmente contaminado y hostil?

Para comprender cómo se ha extraviado el hasidismo, tenemos que conocer su historia, inclusive algunos defectos que estuvieron presentes desde el principio.

El objetivo de los seguidores del Baal Shem Tov fue una vida judía centrada en los aspectos esenciales, como el amor de Dios, la alegría de vivir los mandamientos de Dios y la fe en una divinidad que se encontraba en todas partes. La tarea del judío consistía en buscar las chispas de santidad en toda la creación y devolverlas a sus raíces, celebrando por su parte el privilegio de esta vida de santidad. La divinidad se encontraba en los campos y en los bosques, en las letras de la Toráh y en el corazón judío.

Lo que dejaron de lado en esa ecuación fue a la comunidad no judía en medio de la cual vivían los hasidim. Es fácil decir que sólo le devolvían el favor a ese cristianismo polaco y ucraniano repleto de estereotipos antisemitas deshumanizadores de los judíos. Pero la historia siempre es más compleja. La idea de que los no judíos tenían sentimientos menos humanos que los judíos, se llegó a decir que les faltaba el alma divina, tenía antiguas raíces en la tradición cabalística. Lamentablemente, esas briznas de folclore judío racista están aún vivas entre los hasidim (y entre algunos de nosotros) de hoy en día. A pesar de que no debería tener nada que ver con las divisiones internas judías, ya que la unidad de los judíos siempre ha sido un principio fundamental, sabemos que la mancha del racismo tiende a extenderse.

Dos otros acontecimientos han conducido a la decadencia y a la degeneración del hasidismo, y pueden atribuirse a las decisiones tomadas en el curso de su historia.

El primero es el liderazgo dinástico. La idea de que un hombre santo pudiera transmitir su carisma a hijos y nietos - en lugar de lo más obvio e intrínsecamente judío, la elección del maestro al discípulo (y la inversa) - se inició en unas pocas familias claves del linaje hasídico en el umbral del siglo XIX. Los nietos y bisnietos de los tzadikim hasídicos comenzaron a pelearse entre sí en busca de lealtades a causa de las querellas doctrinales, pero también y sobre todo a causa del dinero. A medida que el número de candidatos a la jerarquía dinástica se incrementaba e inflaba, al movimiento se le caracterizaba por una mezcla de mezquindad, debilidad creciente y liderazgo poco inspirado. Si bien algunas de las figuras hasídicas de los últimos días fueron excepciones, lo habitual era que la calidad y la originalidad de las personas al mando del hasidismo estaba ya en franco declive desde hacía más de cien años.

El segundo acontecimiento fue la respuesta del movimiento hasídico a la modernidad.

Cuando el nuevo movimiento hasídico hizo su aparición sobre la escena de la historia, los dirigentes rabínicos de la Europa oriental, y comprendido el famoso Gaon de Vilna, se sintieron indignados. Durante unos 30 años, desde 1772, los mitnagdim – el mundo rabínico opuesto al naciente hasidismo -, quisieron excomulgar a todos aquellos que tuvieran que ver con el hasidismo. Pero en 1810, los dirigentes rabínicos comenzaron a sentir la presión de un enemigo bastante más peligroso, la Haskalah, o el movimiento de las Luces (Ilustración) judío. Entonces, los dirigentes rabínicos hicieron causa común con los hasidim en la lucha contra la modernidad.

Los hasidim, deseosos de complacer por una vez a sus anteriores perseguidores, les abrieron el camino con entusiasmo (contra la Haskalah). El legado del Baal Shem Tov que abrazaba a todo el mundo se convirtió entonces en un arma contra aquellos que se atrevieran a desviarse, ya sea de la práctica religiosa, de las teorías educativas o incluso del estilo de vida y vestimenta, del normativo del siglo XVIII.

Este es el hasidismo que se transmitió a las generaciones venideras. A medida que la lucha se hizo más feroz, especialmente cuando se trataba de presiones gubernamentales, los hasidim anti-modernistas se volvieron más rencorosos, justificando sus técnicas de resistencia con no cierto orgullo.

En el siglo XX, la batalla ya estaba perdida pata la mayoría, y los hijos de los hasidim salieron en manada hacia diversos movimientos seculares judíos, incluyendo el sionismo. El movimiento hasídico que sobrevivió se volvió hacia la política, creando el movimiento Agudat Israel y otras organizaciones que trataron de evitar esa marea que se alejaba cada vez más del control hasídico y ultra-ortodoxo.

La Primera Guerra Mundial, los terribles pogromos que la siguieron y los estragos provocados por la sovietización devastaron al hasidismo en la Europa del Este. Hitler hizo el resto. En 1945 parecía no haber quedado casi nada.

A continuación, el período más notable de la historia hasídica comenzó a desarrollarse. De las cenizas del Holocausto, la comunidad comenzó a reconstruirse.

El rabbi ferozmente antisionista de los Satmar, Joel Teitelbaum, recreó una gran parte de la Hungría de antes de la guerra en Williamsburg y Jerusalém. El vástago que sobrevivió de los Bobover, Solomon Halberstam, quien había perdido a casi todos sus seguidores, tendió la mano a todos aquellos hasidim supervivientes que habían perdido a sus propios Rebbes para reconstruir una Galitzia, en primer lugar en Crown Heights, y posteriormente en Boro Park. Los Lubavitchers por su parte habían mantenido una activa red clandestina en la Unión Soviética, lo que les permitió mantener activas algunas chispas de la Toráh. Los Lubavitchers - seguidos eventualmente de los Bratslavers - extendieron la mano, a menudo con cierto éxito, a los hijos de los judíos modernos y no religiosos. Los Rebbes de Gerer y Belzer, ambos rescatados en medio del Holocausto, reconstruyeron sus imperios en torno a sus grandes fortalezas en Jerusalém, conquistado cada vez mayores franjas en Israel.

Todo esto ocurrió con el apoyo de otros judíos muy prominentes, y entre ellos el gobierno de Israel. Todos estaban profundamente conmovidos e impresionados por la fe y energía desplegada por esta comunidad judía "antigua y nueva", comprometida con su reconstrucción en un ambiente nuevo e incómodo. Su impresionante crecimiento natural, en contraste con el resto de nosotros, judíos estériles en comparación, ayudó a los hasidim de la post-guerra a recuperar su representación numérica con respecto a la población judía mundial. Las leyes militares israelíes y las que les permitieron estar exentos del trabajo les permitieron crear una gran sociedad de hombres ociosos hasídicos, estudiosos de la Toráh supuestamente a tiempo completo, un fenómeno completamente diferente de todo lo que había acontecido anteriormente en la historia hasídica.

Con los hasidim acostumbrados a ver a todos los extranjeros a través de la lente de las hostilidades y sufrimientos en la Europa del Este, el hasidismo que había surgido de una extraña combinación de amor auto-interior y de alegría, una herencia del primer período del movimiento, se combinó con un descomprometido y a menudo histérico extremismo ultra-ortodoxo, a lo que habría que añadir sus continuas y estridentes denuncias de todos los otros judíos, sobre todo de aquellos cuya procedencia se vinculaba a una segunda era de la historia hasídica (y su abandono del movimiento), y un absoluto desdén por el mundo no judío, legado de antiguas y recientes persecuciones.

Por supuesto, todavía hay chispas de santidad que se encuentran entre los hasidim. Hay jóvenes en los límites del hasidismo que siguen concernidos por luchar por el Avodat Hashem, el verdadera culto. Pero la mayor parte del movimiento consiste en una mera imitación y en un atrincheramiento en el pasado. Como el Rabbi Kotzker enseñó hace ya mucho tiempo, un Hasid a fuerza de mera imitación sólo es una imitación de un Hasid.

¿Cómo vamos nosotros que amamos el hasidismo, que aún estudiamos minuciosamente textos como el "Levi Kedushat" o el "Sefat Emet", a encontrar la inspiración si nos referimos a un relato exclusivista, lleno de superioridad moral, en suma, una versión intolerante del judaísmo tal como es el rostro actual del hasidismo contemporáneo? La respuesta es que tenemos que rescatar al Baal Shem Tov de sus últimos seguidores. La religión de los hasidim de hoy, ellos mismos víctimas de una trágica y compleja historia, no puede presentarse como el único legado del hasidismo.

Fuente: Forward

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