Sunday, May 15, 2011

Una judaizante castellana del siglo XVI - Renée Levine Melammed



María López fue una conversa de origen judío que fue testigo de la expulsión de los judíos de España. Sus padres y abuelos habían vivido y muerto como judíos, pero María López, que ya era madre en 1492, decidió ser bautizada en lugar de salir de su tierra natal.

Sin embargo, ella estaba destinada a morir como una condenada por judaizante, una católica infiel cuya alma se perdió para la Iglesia a causa de sus actividades heréticas. Ella, su esposo y sus cuatro hijos vivían en el pueblo de Cogolludo, en Castilla (Guadalajara), donde trabajaron e interactuaron con sus vecinos.

Sin embargo, en 1516, sus vidas iban a cambiar drásticamente. Tan pronto como se sospechó de la existencia de evidencias que ponían en duda la fidelidad de los cristianos nuevos al catolicismo, el Santo Tribunal consideró que era su deber enjuiciar a los presuntos herejes. Así, María López fue detenida y encarcelada en septiembre de ese mismo año.

El fiscal tenía en su lista nueve cargos de acusación, basados en seis testimonios diferentes. María López fue acusada de no comer cerdo o productos del cerdo; de eliminar la grasa de la carne y de lavarla vigorosamente con el fin de extraer la sangre; de quitar el nervio ciático de la carne; de preparar estofados para el sábado; de abstenerse de comer pescado sin escalas, como por ejemplo la anguila y el pulpo, así como de conejo y otros animales similares; y de comer carne los viernes y otros días prohibidos por la Iglesia.

La acusada negó con vehemencia todos los cargos: ella afirmó haber comido carne de cerdo, aunque a menudo se abstenía debido a una intolerancia hacia ella; sostuvo que limpiaba la carne que estaba sucia; que prefería la carne magra, y que ello no tenía nada que ver con ninguna preparación especial o ceremonial; que comía toda clase de pescados; que si comía carne en días prohibidos, recibió para ello el permiso de su médico o de su sacerdote. Más tarde, en el juicio, declaró que nunca encendió las lámparas en las noches de viernes o se vistió de manera especial en honor del Shabbat; y se preguntó que problema había con cocinar la carne con garbanzos y especias (incluso si se dejaba cocinar la olla para el sábado).

Los testigos que declararon sobre ella dijeron que era muy limpia y que el cerdo estaba en su cocina, su yerno, que se refirió a ella como una "mujer tacaña que no confíaba en nadie", dijo que no era su propósito encender las lámparas con algún objeto secreto, sino por el vino, ya que era la dueña de la tienda donde se vendía. Fue vista asistiendo a la misa del domingo, pero los inquisidores arguían que eso no representaba ninguna prueba de lealtad hacia la Iglesia, ya los cripto-judíos lo hacían como pura fachada, mientras observaban el judaísmo en secreto.

Varios de los acusadores eran sirvientes con los que María López había tenido problemas por diversas razones: algunos la habían robado, algunos tenían unos "estilos de vida inaceptables", otros se habían peleado con ella y otros incluso habían sido golpeados por ella.

Esta conversa había mantenido relaciones con numerosos miembros de esa comunidad.

Ella y su marido, propietarios de bienes raíces, no dudaron en desalojar a los inquilinos. Estuvieron involucrados en demandas judiciales y compitieron por propiedades con algunos vecinos. Aquellos a quienes les prestaron dinero les demostraban su aversión, y parece que se había metido en una pelea con la ex-amante de su marido.

María López nunca confesó, pero el tribunal estaba convencido de su culpabilidad, por lo que fue sometida a torturas el 24 de noviembre de 1518, pero siguió insistiendo en su inocencia. A pesar de su afirmación de que era una buena cristiana, fue declarada culpable y condenada a muerte en el auto de fe de Toledo del 30 de noviembre.

Cuando leí por primera vez los procedimientos judiciales, me pregunté si su conversión al catolicismo había sido seria. A pesar de las complejidades de las pruebas y su carácter muy confuso, María López siempre se mantuvo firme e inflexible. Sin embargo, cuando su marido fue detenido posteriormente, él eligió un camino alternativo y confesó. Su confesión atestiguaba claramente el carácter judío del estilo de vida de su esposa y su observancia secreta. Parece que la Inquisición no se había equivocado esta vez.

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