La fabricación de un extremista sionismo religioso (por la élite secular) - Yair Sheleg - Haaretz

Dos cuestiones centrales se perdieron durante el debate público sobre el affaire del rabino Dov Lior, el cual se centró sobre la cuestión secundaria de si era apropiado investigar a un rabino por los comentarios que hizo disculpando "las palabras de la Torah" (alusión al libro del religioso extremista que avaló). Mi respuesta es que no, que no lo es. Si hay espacio para un proceso penal debe concentrarse en los propios autores del libro en cuestión, la Torat HaMelech ("la Torah del Rey").
Sin embargo, resulta molesto que todos los que están protestando por la "superación de las líneas rojas" que supone la detención del rabino, no se molestaran en protestar, al menos con el mismo fervor, por el contenido del libro mencionado - y aprobado por el rabino Dov Lior -. En última instancia, nos estamos refiriendo a la aprobación con entusiasmo de un libro que traza una fina línea de separación entre el valor de la vida de un judío y la de un "gentil", un libro que expresa puntos de vista según los cuales, durante una guerra y si “fuera necesario”, se aprobaría la muerte de niños en situaciones en las que "sería manifiesto que cuando crezcan tratarán de hacernos daño".
Ha llegado el momento en que la propia comunidad religiosa en si, debe tener un criterio moral fundamental para juzgar las palabras de la Torah. Una persona puede estar más familiarizada que nadie con la casuística de la Halajá (la ley judía), pero si sus conclusiones llevan a posiciones racistas, y más aún, a interpretaciones que permitan – según su exégesis de la Halajá – el derramamiento de la sangre de los gentiles, entonces sus teorías y magisterio deben ser rechazados de plano. Después de todo, cuando los clérigos musulmanes hacen llamamientos a matar a los judíos basándose en el Islam, y los clérigos cristianos hacen llamamientos a seguir humillando al pueblo judío basándose en los principios de la Cristiandad, sería inconcebible que un judío religioso defendiera la validez de dichos llamamientos anti-judíos basándose en la "libertad de religión".
Por otro lado, la ira que demuestran determinadas figuras públicas laicas contra el movimiento sionista religioso por sus críticas al Estado y a sus leyes, desde los días de la "clandestinidad judía" hasta el presente, también parecen querer esquivar un aspecto central y profundo de la cuestión. Las relaciones entre los sionistas religiosos y la elite secular de Israel representan una saga sumamente complicada que al parecer sólo podría ser correctamente descrita por un escritor con una gran penetración psicológica. Estamos ante un caso evidente de una relación de amor y odio entre padre e hijo, o entre maestro y alumno.
El movimiento obrero israelí no tuvo unos admiradores tan fieles como los procedentes del movimiento sionista religioso. Ellos estudiaron su historia con entusiasmo, cantaron sus canciones e incluso llevaron su mismo atuendo. Hay un grupo minoritario entre ellos, los estudiantes de la yeshiva Merkaz Harav y sus sucesores, que aportaron una importante elemento: la continuidad dialéctica del movimiento obrero. Los pioneros seculares eran buenos para la primera etapa de la redención, pero con el advenimiento de la crisis de la Guerra del Yom Kippur se "demostró" que sus fuerzas habían fallado y que resultaba necesario para seguir avanzando pasar a la etapa de la visión religiosa.
La tragedia es que la mayoría de los sionistas religiosos, incluso la mayoría de los colonos religiosos, no se movilizaron a causa de este concepto de la redención. Lo que realmente les motivó fueron los valores nacionales que habían absorbido en su estudio del movimiento obrero. Además, dado que ese nacionalismo era básicamente humanista, ellos también adoptaron puntos de vista humanistas y, ciertamente, no del tipo que ahora realiza una distinción moral entre matar a un gentil y matar a un judío.
Sin embargo, la forma en que las élites seculares identificaron a la totalidad del movimiento sionista religioso con una minoría mesiánica-redentora que existía dentro de su seno, creó la tragedia de una profecía autocumplida.
Cuando los usuarios de la kipá de punto [N.P.: la utilizada por los sionistas religiosos, mientras que la kipá negra es la propia de los ortodoxos] se encontraron ante esa hostilidad, por ejemplo, a raíz del asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin, o bien cuando tuvieron que lidiar con las sospechas generalizadas cuando quisieron optar a puestos de responsabilidad dentro de la administración pública - ya que se les identificaba a todo ellos (interesadamente) con la minoría mesiánica existente en su seno -, se comenzó a deteriorar su buena disposición emocional para dar paso a los enfrentamientos con sus hermanos seculares.
Con el tiempo, y particularmente en las siguientes generaciones, comenzaron poco a poco a identificarse más y más con esa odiada minoría mesiánica con la que se les identificaba a su pesar. Así pues, los miembros de la élite secular pueden decirlo alto y claro: le pusieron el sambenito al conjunto del movimiento sionista religioso de que sus miembros eran todos oscuros extremistas – aludiendo a la ya mencionada minoría mesiánica -, sin tener en cuenta hasta qué punto dichas acusaciones contribuían y han potenciado dicha identificación (en suma, les obligaron a asumir el rol que se les adjudicaba y al que se les relegaba).
Labels: Elite secular, Sionismo religioso, YSheleg


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