Friday, August 05, 2011

¿Por qué tienen éxito los judíos? - Jerry Z. Muller - Project Syndicate



En los últimos decenios, los economistas han estado esforzándose por utilizar el concepto de capital humano, con frecuencia definido como las capacidades, aptitudes, conocimientos y disposiciones que contribuyen al éxito económico. Sin embargo, quienes utilizan ese término con frecuencia dan por sentado que conceptualizar un fenómeno es el primer paso para manejarlo y, de hecho, la “política en materia de capital humano” está ahora muy de moda, pero, ¿y si muchas de las capacidades y disposiciones de que se trate son un producto de la Historia, que se pueda entender y explicar, pero no reproducir fácilmente?

Simon Kuznets, uno de los grandes economistas del siglo XX, fue un adelantado de la teoría del capital humano. Poco antes de morir, Kuznets recomendó a un colega joven que estudiara el papel de los judíos en la vida económica.

En general, los economistas y otros científicos sociales han pasado por alto la historia de los judíos y el capitalismo, por razones comprensibles, aunque poco convincentes. El grado de influencia que las predisposiciones culturales anteriores han tenido en la configuración del capitalismo moderno causa a la mayoría de los economistas perplejidad, en el mejor de los casos, cuando no lo consideran simplemente un factor que desechar.

Semejantes consideraciones culturales no cuadran, sencillamente, con las categorías que los economistas con fijación en las ecuaciones están predispuestos a concebir. Cuando los economistas examinan el “capital humano”, prefieren criterios cifrables, como, por ejemplo, los años de escolarización. En la medida en que el capital humano entraña rasgos de carácter y variedades de conocimientos prácticos transmitidos dentro de los límites de la familia y la comunidad y no por la educación oficial, resulta metodológicamente escurridizo y difícil a un tiempo de manejar por la política pública.

Un examen de la experiencia histórica de los judíos muestra que, si bien la mayoría de los judíos estaban atrapados en la pobreza al comienzo del siglo XX, con el tiempo solieron prosperar desproporcionadamente en las sociedades que les permitieron competir en condiciones de igualdad. Así fue en la Europa central y occidental y después en los Estados Unidos.

Prosperaron muy en particular en el comercio. En busca de nichos económicos que no estuvieran ya ocupados por otros, los judíos crearon con frecuencia mercados para nuevos productos y servicios. Fueron los adelantados de nuevas entidades minoristas, desde grandes almacenes hasta tiendas baratas.

Los sectores de la economía que han crecido más velozmente desde finales del siglo XIX han sido los que se clasifican en términos generales como “de servicios” y que con frecuencia tienen que ver con la difusión de información y el espectáculo, actividades en las que los judíos han destacado en particular: desde el sector editorial hasta el teatro de variedades y desde el cine hasta los deportes comerciales. También han solido prosperar desproporcionadamente en las profesiones liberales – como, por ejemplo, la medicina, el derecho y la contabilidad – fundamentales para la moderna sociedad capitalista.

A veces se aduce el hecho de que los judíos fueran durante mucho tiempo una minoría objeto de discriminación como motivo para explicar su tendencia a dedicarse al comercio, las finanzas y las profesiones liberales. Sin embargo, no todas las minorías que han sido durante mucho tiempo objeto de discriminación tienen necesariamente éxito en condiciones de competencia de mercado.

Hay varias formas de explicar los desproporcionados logros de los judíos. Una es la de que éstos tenían más experiencia comercial que la mayoría de los demás grupos y los conocimientos tácitos sobre compras y ventas y cálculos de beneficios, transmitidos dentro de las familias vinculadas con el comercio, ayudan a explicar por qué los judíos solieron ejercerlo mejor.

Además, en gran parte de Europa los judíos habían estado excluidos durante mucho tiempo de la mayor parte de la economía establecida, basada en la propiedad de la tierra, y de muchos otros sectores reservados a los cristianos. Por esa razón, aprendieron a estar atentos a las nuevas oportunidades en mercados desatendidos, como vendedores ambulantes, por ejemplo, o creando nuevos productos o nuevas formas de comercialización.

Las redes sociales también desempeñaron un papel importante. Los judíos estaban dispersos por muchos países, pero, hasta cierto punto, compartían una lengua común y la conciencia de un destino común, por lo que estaban mejor informados de las oportunidades existentes en lugares lejanos, tenían más contactos internacionales y participaban desproporcionadamente en el comercio internacional.

Además, los judíos tenían una cultura religiosa que promovía la alfabetización universal de los adultos – al menos la de los hombres – y una cultura que respetaba el aprendizaje mediante los libros. Esas actitudes y disposiciones pasaron de los textos religiosos a formas seculares de instrucción. A consecuencia de ello, los judíos estaban sumamente orientados hacia la educación y dispuestos a aplazar los placeres e ingresos en el presente para profundizar más en ella.

Semejantes factores dan idea de por qué el examen de la historia de los judíos en el capitalismo nos ayuda a entender este último más en general. Nos recuerda que gran parte del éxito en una sociedad capitalista está basado en factores culturales e históricos que producen cualidades como, por ejemplo, la capacidad de innovación y la disposición a tolerar el riesgo y a aplazar la satisfacción mediante el ahorro y la educación.

Esos rasgos culturales son difíciles de cifrar, por lo que los economistas no se sienten cómodos al abordarlos. Con frecuencia se transmiten dentro de las familias, por lo que eluden las políticas sociales basadas en la idea de que las medidas gubernamentales pueden crear la igualdad de oportunidades.

El examen de la historia económica de los judíos nos recuerda también que los grupos que consiguen un éxito desproporcionado inspiran reacciones políticas diferentes. Las sociedades durante mucho tiempo orientadas al dinamismo económico suelen acoger con beneplácito a los económicamente triunfantes, por considerarlos una fuente de beneficios mutuos.

Pero las culturas que suelen abrigar resentimiento a los económicamente triunfadores –ya sea como una afrenta a la igualdad o por la implícita suposición de que los benéficos económicos de unos han de ser a expensas de otros– suelen ser más hostiles a los judíos y aficionadas a teorías conspirativas para explicar su éxito económico. La mayoría de las sociedades ocupan un punto situado entre esos dos polos.

Algunos científicos sociales se muestran cautelosos a la hora de señalar la realidad del desproporcionado éxito económico judío por miedo a inspirar antisemitismo o contribuir a las teorías conspiratorias sobre el predominio económico judío. No cabe duda de que las mentalidades conspiratorias siempre encontrarán alimento para sus obsesiones, pero el hecho de que la historia de los judíos y el capitalismo ponga en entredicho el saber y el método científico-social actuales es tanta mayor razón para estudiar ese tema.

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1 Comments:

Blogger Hasbarats said...

Un artículo sensacional como casi todos los que publicas. Te felicito y te doy las gracias por todo el inmenso trabajo que te tomas. Este Blog debería ser declarado de utilidad pública!

7:39 AM  

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