Saturday, October 15, 2011

Notas sobre el acuerdo de Shalit: ¿Valió o no la pena? - Shmuel Rosner



¿Por qué Israel estuvo de acuerdo en el intercambio de prisioneros? Es una buena pregunta para la que ya redacté una respuesta en el año 2008, cuando el gobierno israelí aprobó un acuerdo que devolvía a casa los cadáveres de dos soldados secuestrados, pero no estoy tan seguro de que fuera tan buena como la pregunta.
Israel es una sociedad en la que todos se conocen, en la que el destino de cada soldado es importante para todos los ciudadanos. Es una sociedad que exige que todo joven, hombre y mujer, cumpla con el servicio militar; una sociedad en la que un estado de guerra es un hábito desde hace 60 años; en la que la solidaridad nacional es siempre una cuestión existencial. Para una sociedad como esa, mirar a los ojos al padre o a la esposa de un soldado secuestrado y decirle que el precio es demasiado elevado, es algo que ningún líder será capaz de hacer. Por lo tanto, en el caso de Israel, un país con una interminable necesidad de confianza pública en las fuerzas armadas, la "emocional" es la más "calculada" aproximación de todas.
El acuerdo en el 2008 suponía una oferta muy dura de tragar, quizá más dura que la actual, la que traerá de vuelta a casa a un soldado vivo, a Gilead Shalit. En el acuerdo anterior, no había alegría, solamente la necesaria sensación de duelo y alivio. Esta vez, con Shalit, incluso quienes se oponen a la oferta, incluso aquellos que estén pensando - por muchas razones - que es contraria al interés último de Israel, no serán capaces de resistir la exaltación emocional que se produzca cuando Gilead regrese a casa.

Tres cosas que decir 24 horas después de anunciado el acuerdo:

¿Vale o no la pena?

Lo que los ministros han entendido, y les dijeron el primer ministro y el jefe de seguridad, es bastante simple: es este acuerdo o y no habrá acuerdo, posiblemente nunca. Por lo tanto, el dilema al que se enfrentaron no era si este acuerdo era digno o no, sino si este acuerdo era una necesidad. Si la liberación de Shalit es algo que los ministros deseaban, este acuerdo era la única opción que tenían. No se trataba pues de "¿Vamos a comprarlo a este precio?", se trataba de "¿Deseamos conseguir su liberación?". Es evidente que no es un acuerdo fácil de tragar, pero para algunas autoridades el cambio de pregunta supone también cambiar la respuesta.

¿Ganar o perder?

Curiosamente, tanto palestinos como israelíes estaban ayer celebrándolo en las calles. No hay sensación de pérdida o derrota en Israel, donde la mayoría de la gente está feliz por poder ver a Shalit regresando a casa y está dispuesta a relegar las preguntas de carácter estratégico y pasar por alto la conclusión obvia de que este acuerdo es un logro para el enemigo, para Hamas. Hay dos maneras de pensar en tal estado de ánimo:
1.- Es una estupidez: ¿Cómo se puede ignorar y reprimir a la realidad? ¿Cómo puede alguien estar satisfecho con un acuerdo que hace a nuestros enemigos más fuertes?

2.- Señales de madurez: No todo en la vida es ganar o perder. Este no es un juego al que estemos jugando y no es ningún deporte. Salvar a Shalit era nuestro objetivo, y hemos logrado nuestro objetivo, y ahora, simplemente, no nos preocupamos por las matemáticas o por el marcador.
¿Cuál es la agenda de Israel?

Políticamente hablando, Netanyahu se ha hecho más fuerte con su decisión. Él es ahora contemplado como un líder real, capaz de tomar decisiones difíciles - como algunos de sus críticos más persistentes se han vistos obligados a admitir (editorial del Haaretz) -. Se relegan las huelgas de los médicos, las manifestaciones por una mayor justicia social, las vergüenzas de la coalición. Sus índices de aprobación, probablemente, se elevarán, sus rivales se volverán más pequeños, las posibilidades de elecciones disminuyen. Me resulta difícil creer que los sindicatos realmente declararán una huelga general dentro de dos semanas, como ya han amenazado. Tendrán que ser más pacientes. La agenda de Israel ha cambiado, al menos por un tiempo. Y ese aligeramiento en la agenda de los últimos meses "será bueno" para el gobierno de Netanyahu. Sin embargo, dicho cambio no va a durar mucho tiempo. Schalit vuelve a casa, tres o cuatro días de celebraciones, y vuelta a la normalidad.

¿Nos atrevemos a hablar de política?

Sin embargo: Los comentaristas políticos tienden a ignorar un hecho importante. Mientras que Netanyahu definitivamente ganará popularidad entre la población en general a raíz de la solución del secuestro, también se habrá debilitado ante ciertos segmentos de sus partidarios más incondicionales. Los opositores al acuerdo se encuentran en su mayoría a la derecha (tres ministros votaron en contra del acuerdo: Yaalon del Likud y Lieberman y Landau de Israel Beiteinu), y la imagen de Netanyahu ante el núcleo duro de la derecha ya está un tanto en declive. Ellos creen que se ha vuelto más suave, que no puede resistir la presión real (ya sea la de Obama o la de la familia Shalit). Primero estuvo de acuerdo en expresar su apoyo a la "solución de dos Estados", más tarde acordó congelar los asentamientos durante 10 meses, después ordenó la evacuación de los puestos de avanzada, y ahora se convierte en blando nada menos que ante el terrorismo. Estos votantes quizás no serían capaces de elegir a otro líder alternativo más a su gusto y hacerlo Primer Ministro. Pero ya habían demostrado en el pasado su capacidad y voluntad de crear problemas, e inclusive de derrocar a un primer ministro como Netanyahu. De hecho, ya se deshicieron del propio Netanyahu en los noventa.

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