Wednesday, November 23, 2011

La confusión entre identidad y religión judía - Daniel Horowitz



Para aquellos que se sorprenden de que Israel se defina como un Estado judío a veces resulta problemática la tarea de reconciliar ese hecho con la noción de modernidad, sobre todo en la medida en que esta definición se entiende en su acepción religiosa. Esto puede conducior - erróneamente – a equiparar a Israel con una teocracia, como por ejemplo lo son Irán o Arabia Saudí. Israel es por el contrario una democracia de tipo occidental, y ello aunque la religión se beneficie de un carácter oficial. Sin embargo, Inglaterra, Noruega, Dinamarca, Argentina o Grecia, también tienen igualmente una religión oficial, particularidad que como en el caso de Israel tiene orígenes históricos. Francia, por su parte, se dotó en 1905 de una ley imponiendo la separación entre Iglesia y Estado, y ello aunque la mayoría de sus días festivos tenían como origen festividades cristianas, comenzando por el domingo, y en Alsacia-Moselle las religiones tienen carácter oficial. Los sacerdotes, pastores y rabinos reciben sus sueldos del Estado, y los obispos son nombrados por el Presidente de la República. No obstante, a nadie se le ocurre decir que Francia en una teocracia.

La práctica de la religión judía y la pertenencia al pueblo judío son dos cosas diferentes. El pueblo judío tiene una historia particular al respecto con sus dos mil años de exilio, durante el cual, y ante la ausencia de un territorio o de una autonomía política, la religión aseguró la continuidad del pueblo judío. Sin embargo, desde del siglo de la Ilustración, muchos judíos reivindicaron su pertenencia al mismo tiempo que se alejaban de su religión. Ese fue el caso con la mayoría de los padres fundadores del sionismo, que se reivindicaron aún más su identidad judía y su apego y compromiso con el patrimonio cultural del pueblo judío.

Baruch Spinoza, el gran pensador de la modernidad, pensaba que si bien el Antiguo Testamento fue el texto fundacional del pueblo judío, había que distinguir entre su alcance metafísico y su implicación política. Spinoza reveló de otro lado que la Torah, y con posterioridad el Talmud, consagraron infinitamente mucha más atención a las cuestiones de las relaciones entre los hombres que a las relacionadas con Dios. Por lo tanto, el pensaba en consecuencia que los judíos se habían equivocado al haberse resignado al exilio a la espera de la llegada de los tiempos mesiánicos, en lugar de tomar medidas concretas para recuperar una existencia nacional. Él estimaba de una manera general que sólo un Estado laico podría proporcionarles la libertad política, intelectual y religiosa para todos. Es por esta razón por la que Ben Gurion y los otros pioneros del Estado de Israel pensaban que Spinoza había sido uno de los primeros sionistas, y por lo tanto merecía que le concediera su lugar dentro del panteón del judaísmo aún habiendo sido excomulgado de la comunidad judía de Amsterdam.

Ni el Renacimiento, ni la Ilustración, ni la Revolución Francesa, ni el socialismo lograron erradicar la identidad judía. La modernidad inclusive ha tenido un efecto inverso, y jamás los judíos han sido tan perseguidos como después de su emancipación, con la cima absoluta del horror que representa el siglo XX. La rapidez con la que los judíos se incorporaron a la élite intelectual, artística, científica y política europea, tras haber estado ausentes durante siglos, provocó un problema duradero en las opiniones públicas, y como consecuencia de ello el antisemitismo está muy lejos de haber desaparecido.

Dicho todo esto, el hecho de ser judío o de ascendencia judía no impone ninguna obligación a la hora de tener que identificarse con la comunidad judía o de mantener estrechos lazos con Israel. Hay de todo y para todo en los trece millones de judíos que se identifican como tales a través del mundo, lo que nos indica que muchos de ellos acabarán siendo asimilados en el curso de la historia.

Tampoco es menos cierto que una gran parte de los trece millones restantes siguen considerándose parte integrante del pueblo judío, y que casi la mitad de ellos son ciudadanos de Israel, el Estado judío.

Blog de Daniel Horowitz

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