Tuesday, November 01, 2011

Un tonto del pueblo muy tonto, muy tonto, o un tonto del pueblo al aparato







Una de las lacras de la sociedad actual es que el papel de los intelectuales como opinadores y "guías" de la opinión pública, antes representado por lo general por gente fundamentalmente letrada (y que también se equivocó gravemente en el pasado apoyando en gran medida los diversos totalitarismos), es desempeñado actualmente por todas esas artes que dependen en gran medida del medio visual (cada vez más opuesto a la cultura letrada) y de la visibilidad, y con ello me refiero a las más masificadas y mediáticas (los pintores, generalmente muy sensatos, suelen permanecer retirados de esta chusma).

Así pues, los "guías y/o entretenedores" de la opinión pública, la cual por otro lado parece sentirse muy a gusto desempeñando un papel pasivo - pero a la vez ansioso e inagotable - y mostrando sus amplias tragaderas, lo desempeñan a la perfección las llamadas artes visuales, escénicas o de entretenimiento, sobre todo aquellas que son las mas populares o mediáticas y a la vez tienen mayores pretensiones (como la vanidad personal ya está implícita, se trata de obtener las "recompensas" y el "prestigio" que antaño confería una actividad intelectual consecuente). Hablamos pues de actores, cantantes y de todas esas "celebridades culturales" por salir precisamente en los medios, y en general todo aquel que tenga que ver con la "actuación" como medio de vida, éxito y permanencia, y que suelen practicarla en todas las circunstancias ya que conforma su ethos vital.

Estos son los personajes que hoy en día se atreven - y atención, son requeridos expresamente para ello - a hablar y opinar de casi todo, demostrando casi habitualmente sus amplias carencias y que, fundamentalmente, no tienen nada importante ni razonado que decir (y también es lo que se persigue expresamente). El aspecto venal de sus ideas, refritos de opiniones comunes o populares del momento, una especie de "chuletario ético bienpensante" para el día y día, conforman su ethos. Ese carácter vano y temporal ayudan bastante, puesto que la opinión pública actual no quiere saber, solo desea que la entretengan y la diviertan, salir en definitiva de sí misma y de las propias decepciones, pero eso sí, abrazando siempre las buenas causas del momento para alimentar su buena conciencia y el alto grado de opinión que tiene sobre si misma.

No olvidemos que estamos ante una cultura que reivindica todos los derechos y ninguno de los deberes. Siempre somos inocentes y la culpa la tiene el chivo expiatorio de turno - los padres, los amigos, los profesores, el sistema, el jefe de turno, la mala suerte... -, y algunos de ellos parecen destinados a cumplir, siglo tras siglo, dicho papel.
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A Lars von Trier (Copenhague, 1956) le encanta hablar, pero odia leerse.

No resulta extraño, visto lo complicado que resulta hacer justicia por escrito a una conversación con el cineasta, de expresión tan viva como alambicada y ocasionalmente contradictoria. Bastan unos minutos para entender que salta de un tema a otro sin aviso ni transición, combinando largas digresiones con profundos silencios, sonoras carcajadas con emotivos lamentos. Este no está siendo un año fácil para él.

Tras sus desafortunadas afirmaciones sobre Hitler, que le valieron ser declarado persona non grata en el pasado Festival de Cannes e impulsaron una investigación judicial, Von Trier anunció a principios de octubre que no se expresará nunca más en público. "No poseo la habilidad de expresarme de forma inequívoca. Por tanto, he decidido abstenerme de cualquier declaración pública y entrevista", afirmó en un comunicado. Unas semanas antes de su retirada, Von Trier aceptó explicarse sobre lo sucedido en su despacho de los estudios Zentropa, situados en un antiguo campo militar en las afueras de Copenhague.

- ¿Cómo recuerda lo que sucedió en Cannes?

Me afectó más de lo que creía. Lo que dije fue estúpido, porque no tenía un objetivo concreto. No es como cuando me meto con George Bush o con [la líder ultraderechista danesa] Pia Kjærsgaard. El problema fue mi falta de claridad. En Cannes viví un momento de soledad. Antes que culparme a mí mismo, reconozco haber tenido el reflejo de culpar a los demás. Alguien me habría podido decir: "Venga, Lars, qué estás diciendo, si tú no eres un nazi". Eso me hubiera permitido clarificar lo que quería decir. Ahora lo recuerdo como si estuviera lanzando una pelota que nadie me devolvía.

- ¿Considera que se le trató de forma injusta?

No. Sólo fueron injustos los medios que utilizaron titulares como "Soy un nazi" acompañados de mi foto. La reacción de mucha gente que no me conoce fue pensar: "Qué hijo de puta". Y es natural que sea así, yo reaccionaría igual. Pero la gente que me conoce un poco sabe que no quería decir eso. La verdad es que me sentí un poco herido.

- ¿En qué sentido?

Me considero culturalmente judío. Fui educado con valores judíos [los de su padrastro, Ulf Trier, a quien consideró su padre biológico hasta que su madre le reveló lo contrario en 1989]. En mi casa contábamos chistes judíos los domingos. Mis padres no eran religiosos, sino socialistas y antisionistas, pero los valores que me transmitieron están arraigados en el judaísmo europeo. Y eso es lo que he seguido transmitiendo yo a mis hijos [se emociona]. No me importa que el esperma no procediera de un judío. Lo que importa es la manera como te educan. En ese sentido, soy tan buen judío como cualquier judío.

- ¿Le dolió entonces ser tratado de antisemita?

Ser antisemita implicaría amputarme mi propia identidad. Aunque, bien pensado, también existen muchos judíos antisemitas, de la misma manera que usted debe ser un poco antiespañol, porque seguro que hay cosas en su cultura que no le gustan nada. El judaísmo es un grupo del que es difícil ser miembro, lo que lo convierte en un club fascinante. Es como cuando no te dejan entrar en un club nocturno: te entran unas ganas inmensas de ver cómo debe ser por dentro.

- ¿Se autodefinió como nazi con ironía?

Fue una estupidez, que eclipsó lo que en realidad quería decir. Si el Holocausto significa que los israelíes tienen derecho a tratar a los palestinos como si fueran una mierda, entonces no hay justicia en este mundo y no hemos aprendido nada de lo que sucedió. Lo que está pasando en Israel me parece vergonzoso para las víctimas del Holocausto. Es como lo que sucede con los gitanos, que también fueron víctimas de la masacre. Un millón de gitanos fueron exterminados. Ellos también merecerían tener un país propio. ¿Y dónde está hoy su país? Lo único que tienen hoy es que en Europa les tratamos de la peor manera.

- No me queda claro si se arrepiente


Hasta cierto punto fue un disparate, pero mi función es la del tonto del pueblo. Reivindico la existencia de personas que digan cosas tan torpes como las que dije yo. Es bueno para la salud política que se digan cosas así. Los tabúes son malos para la salud política. Es mejor que exista la posibilidad de decir cosas que son basura que pronunciar sólo lo que se considere correcto.


El resto de la entrevista al tonto del pueblo, aquí, en el panfleto Público

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