Saturday, December 24, 2011

Culpando a los judíos una vez más (El caso Thomas Friedman y similares) – Elliot Abrams – Weekley Standard



Si usted fuera un antisemita dedicado a difundir su odio hacia los judíos, ¿qué cargos en contra de ellos utilizaría exactamente en la America del siglo XXI?

Debería evitar utilizar el libelo de sangre demasiado medieval que les adjudicaba el sacrificio de niños cristianos para utilizar su sangre para la matza de Pascua. Este tipo de historias circulan en los países árabes o en Pakistán, pero no se pueden vender en la América urbana. Y lo mismo pasa con la idea de que fueron los "asesinos de Cristo", una material también bastante antiguo, y que con el Concilio Vaticano II y el apoyo evangélico a Israel no funcionaría.

Sin embargo, hay dos acusaciones que podría utilizar. En primer lugar, “los judíos ricos controlan nuestro gobierno”. En segundo lugar, “los judíos están tratando de empujar a los Estados Unidos hacia una guerra para que los jóvenes americanos tengan que luchar por Israel”.

En la última semana hemos visto exactamente ejemplos de ambos. Primero fue la columna de Thomas Friedman en el New York Times: "Por supuesto, espero que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, entienda que la ovación con que fue recibido en el Congreso este año no se debe a su política. Esa ovación fue comprada y pagada por el lobby de Israel", Tal vez sea la envidia por ver como Walt y Mearsheimer venden tantos libros siguiendo esa línea, pero aquí Friedman se dedica a chapotear en los pantanos.

Y poco después tenemos a Joe Klein, en la revista TIME, en una sección titulada con mucha razón el "Pantanal": "Los republicanos de Iowa no son neoconservadores. Ron Paul ha ganado terreno tras un debate en el que su negativa a unirse a los halcones guerreros anti-Irán le situó en la delantera. De hecho, en mis viajes por todo el país no veo a tantos neoconservadores fuera de Washington y de Nueva York. Una cosa es adorar solamente a Israel, tal como lo hacen los cristianos evangélicos, y otra cosa completamente diferente es enviar a los jóvenes estadounidenses a la guerra, una vez más, para luchar por la seguridad nacional de Israel".

Desde luego, Klein ha elegido bien el lugar. La revista TIME tiene una historia de antisemitismo ilustrada por la famosa historia de 1977 acerca del primer ministro de Israel que comenzaba “(Menahem) Begin rima con Fagin”. Pero las ideas de Klein tienen casi tan mal aspecto que podrían aparecer en las publicaciones de Pat Buchanan [N.P.: paleo-conservador aislacionista y ultra cristiano anti-Israel]: "Sólo hay dos grupos que están tocando los tambores de guerra en el Oriente Medio, el Ministerio de Defensa de Israel y sus representantes en los Estados Unidos", afirmaba Buchanan en 1990.

¿Es tan diferente de lo que Klein acaba de escribir? Después de todo, y según Klein: (1) los neoconservadores son judíos, y los judíos son neoconservadores, (2) Los evangélicos pueden amar a Israel, pero son verdaderos y auténticos americanos que anteponen en primer lugar a su propio país, a diferencia de los judíos (neocon) y (3), lo que los judíos/neocon quieren realmente es que se envíe a los jóvenes estadounidenses a luchar en las guerras de Israel, ahorrando así las bajas de los jóvenes israelíes y, por supuesto, la de sus propios hijos, que aparentemente no serían "jóvenes estadounidenses", y que de todos modos no luchan por su país.

Por supuesto, Klein ignora simplemente la posibilidad de que la preocupación por el programa nuclear iraní no tenga únicamente un perfil “neoconservador belicista”, y que en realidad se extienda incluso a los cristianos. Ayer el secretario de Defensa, Leon Panetta, dijo lo siguiente: "Los Estados Unidos no quieren que Irán desarrolle un arma nuclear. Esa es una línea roja para nosotros y esa es una línea roja, por supuesto, para los israelíes. Si finalmente tenemos que lidiar con ese problema lo haremos... Si ellos prosiguen (en su empeño) y nuestra inteligencia comprueba que están llevando a cabo el desarrollo de un arma nuclear, tomaremos las medidas necesarias para detenerlos”.

¿Comprados pues, y pagados (por el lobby pro-Israel)? ¿Enviar a los jóvenes estadounidenses a luchar por la seguridad de Israel?

Estas dos últimas declaraciones son tan viciosas porque se realizan en algunos de los medios de comunicación más importantes, y aquí tenemos nada menos que a dos judíos americanos - Friedman y Klein- difundiendo los dos grandes temas del antisemitismo contemporáneo americano. ¿Pero por qué? ¿Y por qué ahora? En suma, ¿cuál es el problema o la motivación?

Quizás todo provenga de su odio al gobierno de derechas de Israel, o al actual Israel, o al auge de la ortodoxia en Israel y en la comunidad judía estadounidense. Pero no debemos descender hacia este tipo de análisis cuando lo que importa no es la psicología alterada, sino los límites del discurso público.

Hubo una vez en que William F. Buckley prohibió a Pat Buchanan las páginas del National Review, y en esencia lo expulsó del movimiento conservador con sus acusaciones. Hoy en día, ¿dónde están la Liga Anti-Difamación, el Comité Judío Americano, y todas las organizaciones judías de "defensa"? ¿Dónde están todos los grupos judíos que han dado premios a Klein y Friedman en cientos de cenas? ¿Dónde están los demócratas judíos del Congreso, que sin ninguna duda han agasajado tanto a Klein como a Friedman en un millar de celebraciones? ¿Y dónde sus líderes en el Congreso, desde Nancy Pelosi a Harry Reid? ¿Y qué pasa con nuestros supuestos líderes morales, religiosos, intelectuales o políticos?

No es un asunto menor, porque como hemos aprendido por las malas con el libro de Walt y Mearsheimer, una vez que la infección del antisemitismo entra en los medios de comunicación y en la Universidad, no deja de crecer y crecer. Lo que comienza como una "declaración controvertida" termina en todas las listas de lectura.

No importa cuales sean las motivaciones personales de Klein y Friedman, ellos están ayudando a popularizar y hacer aceptable el antisemitismo en los Estados Unidos. Sus propias publicaciones pueden que les recompensen por su “avanzada forma de pensar”. ¿Y el resto de nuestra sociedad?

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