Una evolución indeseable hacia un Estado binacional - AB Yehoshua - Haaretz

En su artículo de opinión de la semana pasada ("Ahora es tu turno", Haaretz, 23 de diciembre), Avraham Burg planteó una nueva tesis que sostiene que ha llegado el momento de prepararse para la posibilidad de que Israel se esté moviendo con certeza ciega e irreversible hacia el establecimiento de un estado binacional en Eretz Israel.
Aparte del campo religioso (debido a la estructura de su identidad religiosa), del campo de la extrema derecha laica (debido a la violencia de sus fantasías), y al margen de la izquierda post-sionista (debido a su visión cosmopolita-humanitaria), todos los otros campos políticos e ideológicos de Israel entienden y articulan el hecho de que un Estado binacional en Eretz Israel es una posibilidad peligrosa y desfavorable, tanto a corto plazo como (especialmente) a largo plazo.
A pesar de este hecho, entienden que estamos dando grandes pasos, aunque sin necesidad, hacia el establecimiento de un Estado binacional, una entidad que en algunas etapas de la historia sionista fue contemplada como una posibilidad plausible, e incluso como loable en algunos círculos.
Incluso si muchos de nosotros creemos que es posible evitar la creación de ese supuesto Estado binacional a través de medidas políticas contundentes, aún existe la obligación de prepararse para esa posibilidad, tanto intelectual como emocionalmente, al igual que nos preparamos para otros estados de excepción. El objetivo de esta atenta vigilancia sería garantizar que un Estado binacional no socave la estructura democrática de Israel, y no destruya por completo la identidad colectiva de los judíos-israelíes, la cual ha tomado forma durante las últimas décadas.
Debemos darnos cuenta de que un Estado binacional no surge exclusivamente por las acciones de Israel, su creación también sería consecuencia de la complicidad y la colaboración silenciosa de los palestinos, tanto de dentro de Israel como de más allá de sus fronteras. Incluso los miembros más pragmáticos de Hamas quieren arrastrar a Israel, como un primer paso, hacia tal eventualidad.
Y quizás no se deba solamente a su dudosa suposición de que lo que es malo para los judíos sin duda debe ser bueno para los palestinos, sino que también se derivaría lógicamente de la perspectiva palestina, ya que por lo que al pueblo palestino se refiere, un Estado binacional en toda la Tierra de Israel es una opción mejor que una pequeña Palestina extraída de las fauces de Israel después de mucho esfuerzo y derramamiento de sangre.
Debido a la fuerte economía de Israel y a sus fuertes lazos con Occidente, un Estado binacional, incluso uno que fuera medio democrático, podría prometer a los palestinos una vida mejor y más segura, y (lo más importante) una mayor área territorial, toda la cual deseaban obtener tras una campaña de varias decenas de años y cuyo objetivo declarado era obtener toda Palestina.
Es por ello que debemos tener en cuenta las numerosas razones dentro de la visión palestina para desear un Estado binacional. Esta visión quizás explique la obstinación de la Organización para la Liberación Palestina, tanto en la cumbre de Camp David de 2000 como durante las conversaciones entre la Autoridad Palestina y el gobierno de Olmert. Además de que puede haber influido en la postura de la Autoridad Palestina durante los últimos sondeos del gobierno actual de Israel a la hora de proponer una serie de negociaciones destinadas a forjar una verdadera solución, y que fueron evitados por la parte palestina. Esta visión también explicaría la pasividad de alguna manera insondable de los palestinos con respecto a la organización de protestas civiles no violentas contra los asentamientos. Tal vez también sea responsable de su tranquilidad aparente tras la quema de algunas de sus mezquitas por parte de matones judíos.
A diferencia de sus hermanos en Siria y en los otros estados árabes – que se han enfrentado con el torso desnudo a las balas que el ejército disparaba contra sus propios compatriotas -, los palestinos observan pasivamente como la construcción de asentamientos se ha acelerado, y es que subconscientemente piensan que su paciencia nos arrastra hacia un Estado binacional.
Al mismo tiempo, apoyándose en miles de años de "experiencia", los judíos una vez más parecen "querer inseminarse y cultivarse" dentro del seno de otro pueblo, un pueblo que pertenece a la gran nación árabe. De este modo, los judíos actúan exactamente como hicieron sus ancestros en Ucrania, Polonia, Yemen, Irak y Alemania. En parte por miedo, en parte por pasión, los judíos se dirigen hacia una situación que ya les trajo calamidades en el pasado y que, aún más conmovedoramente, asestaría un golpe mortal a cualquier posibilidad de normalización nacional bajo la soberanía israelí.
Para la mayoría de los religiosos, fanáticos o semi-moderados, la visión binacional no resulta tan amenazante. Cualquier persona que haya sabido conservar su identidad a través de los ritos religiosos y de una vida comunitaria circunscrita a través del mundo durante siglos, sin duda podría conservar su identidad en un barrio aislado, rodeado de aldeas árabes, pero con una compañía del IDF protegiendo su bienestar.
Los extremistas de derecha, que consideran a Israel como un gran portaaviones estadounidense (como el ministro Uzi Landau ha comentado), pienso que consideran que la superpotencia estadounidense les permitirá resolver el problema demográfico llegado el caso mediante la realización de una serie de transferencias en pequeña escala en algún momento futuro.
Además, los "humanistas", los veteranos de la degustación de las ideas de una fraternidad ideal entre las naciones inculcadas por movimientos como Hashomer Hatzair y Brit Shalom, no encontrarán nada ilegítimo en que las oficinas de Hamas se instalen en un futuro en el complejo de Azrieli de Tel Aviv, siempre y cuando estas oficinas no molesten su sensibilidad humanista.
Pero para aquellos que creían y soñaban con una identidad judía israelí independiente, que para bien o para mal se enfrenta a la prueba de hacer frente a una realidad nacional-territorial enteramente propia, un Estado binacional representa un sueño roto, una más que segura fuente de desmoralización ante los conflictos internos que sin duda se desarrollaran en el futuro en dicho Estado binacional, como lo ha demostrado el fracaso de todos los experimentos binacionales desarrollados en el mundo, y donde los pueblos involucrados estaban más cerca entre sí que los judíos y palestinos en términos de religión, economía, valores e historia.
¿Es aún posible evitar esta coyuntura negativa que se prevé en la futura salud del paciente? ¿Seguirá siendo posible persuadir a los palestinos para que se movilicen para la consecución del logro de una solución de dos Estados (incluso si los estados están unidos como una federación)? ¿Seguirá siendo posible persuadir a los amigos de Israel en los Estados Unidos y en Europa para que continúen mostrando su contundencia y apoyo moral, y así poder hacer recapacitar a Israel sobre la caída en espiral que se ha marcado para sí misma?
Tanto si lo queramos como si no, el binacionalismo está progresando. ¿Cómo podríamos contener el daño? ¿Cómo podríamos tratar con él de manera que no destruya la identidad nacional independiente del Israel secular, y no nos aplaste creando algún lugar donde reine la exclusión de las mujeres, tanto judías como musulmanas? Estas son cuestiones importantes y novedosas a la que incluso el campo de la paz debe proporcionar respuestas.
Labels: Estado de los Ciudadanos, Yehoshua


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