Saturday, February 18, 2012

Exagerando el “problema árabe” interno de Israel - Oded Haklai - JPost


Diputados árabes israelíes reivindicando una auténtica democracia... al estilo Gaddafi

En los últimos meses, los analistas de diversas tendencias ideológicas y políticas han hecho sonar el timbre de alarma acerca del "problema palestino" interno de Israel.

Por un lado, se afirma que si Israel no accede a las demandas políticas de la minoría árabe y no la reconoce como una minoría nacional e indígena, con amplios derechos colectivos, la inestabilidad interna de Israel y su carácter poco democrático se verán agudizados.

Por otro lado, algunos políticos y académicos han expuesto ruidosamente el argumento de que los árabes de Israel constituyen una quinta columna, y por ello existe la necesidad de ser considerados como una potencial amenaza a la seguridad.

Aunque estos dos puntos de vista emanan de los dos extremos del espectro político, comparten una premisa clave: si Israel no toma medidas drásticas e inmediatas para hacer frente a su "problema árabe" interno, grandes peligros nos estarían acechando en nuestra propia casa.

Este enfoque alarmista no solamente es injustificado, sino que conlleva el riesgo de polarizar aún más un debate público ya demasiado cargado emocionalmente, precisamente cuando en estos momentos se requiere de una sobria sensatez.

Para ser sinceros, hay razones para estar seriamente preocupados. La intensidad de la división entre judíos y árabes continúa y va en aumento. La desconfianza mutua es grande. La minoría árabe ha sufrido constantemente de una persistente discriminación a la hora de la asignación de los recursos y del acceso a los servicios. De acuerdo con informes de la ONG Sikkuy, tras un período de tendencias positivas en la década de 1990, han surgido durante la última década importantes brechas en varios indicadores socioeconómicos importantes.

Por otra parte, a los árabes nunca se les ha permitido integrarse cultural, social, económica y políticamente. Las encuestas revelan que muchos judíos de Israel consideran que los derechos civiles y políticos de los árabes deben ser más limitados que los de judíos [N.P.: en función de su colusión, más o menos declarada abiertamente, con sus enemigos, que no olvidemos que pretenden despojar a los judíos de Israel de esos mismos derechos]. En los últimos años también se ha observado un fuerte aumento en las iniciativas retóricas y legislativas que se dirigen (desconfiadamente) hacía la minoría árabe.

Del lado de la minoría árabe israelí, el nacionalismo palestino se ha instalado en la vanguardia de la movilización política árabe israelí en Israel. Los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales y los intelectuales cada vez exigen más su reconocimiento por parte del Estado como una minoría indígena y nacional, con los correspondientes derechos colectivos.

Por otra parte, ellos identifican la identidad judía del Estado como la responsable de su situación, y afirman que el único camino que puede hacer frente y solventar sus desventajas es la inflexión formal de Israel en un Estado bi-nacional, con una representación proporcional de judíos y árabes en las instituciones del Estado, junto con una asignación proporcional de los recursos.

Asimismo, insisten en cambiar los símbolos del Estado, en la obtención de una autonomía institucional amplia, en la protección del idioma árabe y en el derecho a controlar sus recursos económicos, el sistema educativo y otras instituciones sociales y culturales.

Por otra parte, la adopción por su parte de la narrativa palestina del conflicto árabe-israelí, da lugar a que exijan la libertad de conservar los lazos con los palestinos y los árabes de otras naciones, incluyendo la libertad de viajar a los países árabes que están en conflicto con Israel. Este enfoque ha sido más abiertamente expresado en el documento sobre la Visión Futura (de la situación de la población árabe de Israel) y en la Declaración de Haifa, ambas publicadas hace varios años.

Aunque no hay duda de que la división entre judíos y árabes es cada vez mayor, una perspectiva más amplia revela que no todo es tan sombrío. En medio de un debate tan acalorado, los hechos más básicos a veces se olvidan. Los ciudadanos árabes de Israel gozan de los beneficios de muchos derechos democráticos civiles, incluido el derecho a votar y de ser elegidos para la Knesset, el acceso a un sistema judicial muy activista, y la protección de la libertad de expresión, asociación y manifestación.

También se benefician de algunos derechos colectivos, incluyendo la posibilidad de la enseñanza en su propio idioma y de practicar su propia religión. Por otra parte, durante la década pasada se pudo contemplar como bastantes árabes eran nombrados para los puestos del gabinete, la Corte Suprema y el nivel más alto de la burocracia.

Por su parte, la política árabe generalmente se realiza a través de canales institucionalizados: los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales, en los litigios ante los tribunales, en los grupos de presión y en los medios de comunicación árabes. La violencia política es muy rara (la sociedad israelí todavía está traumatizada por los acontecimientos de octubre del 2000, lo que es un índice de que hasta que punto la violencia política es insólita e inaceptable) y esto no debe desdeñarse. Muchas sociedades que están tan profundamente divididas como Israel, a nivel nacional, étnico o sectario, están repletas de violencia entre los diversos grupos.

Con todo, los árabes hacen política en Israel al igual que los otros segmentos de la sociedad israelí, incluidos los grupos religiosos, los inmigrantes, los colonos, los liberales seculares y otros grupos. Se aprovechan de las vías previstas por la democracia israelí, al igual que otros muchos grupos en Israel. El hecho de que las manifestaciones políticas de esa lucha interna se canalicen principalmente a través de los conductos institucionales convencionales, a pesar del prolongado conflicto regional, hace que eso sea aún más notable.

Sin duda, la llamada a la calma no debe interpretarse como una receta para la complacencia. Es esencial recordar que no hay soluciones mágicas para los conflictos étnicos. Algunas de las demandas de los árabes de Israel deberían ser más fácilmente digeribles que otras. Poner fin, por ejemplo, a la discriminación social y económica, y permitir la igualdad en el acceso a los servicios estatales y en la distribución de los recursos es de suma importancia.

Las reivindicaciones nacionales palestinas dentro de Israel serán más difíciles de dar cabida mientras el conflicto regional persista y muchos judíos israelíes les consideran una amenaza existencial potencial.

Sin embargo, las demandas nacionales palestinas dentro de Israel, tan inquietantes como pueden ser para muchos judíos sionistas, deben diferenciarse de patrones organizativos árabes de movilización política (partidos y organizaciones no gubernamentales), que son típicos de la democracia israelí.

En última instancia, es importante para Israel asegurarse de que los canales existentes en las instituciones para dicha movilización política permanezcan abiertos, y no se trate de limitar la capacidad de las organizaciones árabes para movilizarse libremente (la decisión adoptada a principios de este mes por el Comité de Ética de la Knesset, obligando a retractarse a diputados árabes – y judíos - como Ahmad Tibi, del partido Lista Árabe Unida, durante un pequeño período de tiempo).

Hasta este momento, las instituciones democráticas de Israel han logrado contener el conflicto interno y sería prudente no alterar ese delicado equilibrio.

Labels: ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home