Thursday, February 02, 2012

Israel, ¿más o menos judío que democrático? Tres opiniones



La sequía y el vacío prevalecen - Benny Katzover - Haaretz

Si no me equivoco fue en 1978 cuando mi amigo Israel Harel de Ofra, y que tiene una columna en este diario, organizó una serie de reuniones entre miembros de Gush Emunim e intelectuales de la izquierda. Las reuniones se celebraron en el Kibbutz Hulda, en la casa del escritor Amos Oz. Entre los participantes había otros dos escritores, AB Yehoshua y S. Izhar, y por parte del Gush Emunim, Hana Harel, Yoel Bin-Nun y yo mismo.

Mi conclusión subjetiva de estas reuniones, y en particular de las palabras de Yehoshua, fue que el humanismo occidental que Yehoshua expresaba como el verdadero ideal, era una religión pagana y una alternativa al judaísmo.

Ya en el Segundo Congreso Sionista en 1898, una resolución fue propuesta afirmando que "no tenían nada que ver con la religión judía". Fue el rabino Abraham Isaac Kook quien profetizó en una serie de comentarios y artículos que "esta primavera se secara", ya que cualquier manantial o pozo que no se alimente de las fuentes judías se convertirá en manantial desecado (tal como dijo el profeta Jeremías).

De hecho, los diversos movimientos que se han sacudido el yugo de la tradición judía se han visto obligados a inventar o adoptar sistemas alternativos de valores. Y hemos visto cómo, desde la izquierda y desde la derecha, desde el socialismo del Partido Laborista y su predecesor el Mapai al revisionismo de Zeev Jabotinsky, casi nada ha sobrevivido. La sequía y el vacío prevalecen.

Resulta que, como los sabios judíos dijeron hace ya mucho tiempo, cualquier sistema de valores que no se base en la fe y en la identidad judía no podrá ser el cimiento y la argamasa del pueblo judío, el cual, tarde o temprano, encontrará una manera de rechazar esos valores
foráneos.

El Mapai ya no es el sostén de la patria y los movimientos que produjo posteriormente ni siquiera han podido configurar grupos de colonos para el Negev y Galilea. Incluso la bandera de la "judaización" de Galilea se considera ahora mismo como un signo de racismo, tal como lo sería una ideología "laborista hebrea". Todo lo que queda, al parecer, es la democracia y los valores del humanismo occidental. Los seguidores de Jabotinsky han sido sometidos a un proceso similar, por lo que hoy en día es difícil encontrar a alguien que se describe como un discípulo.

La sociedad laica israelí ha ido deshaciendo poco a poco los valores de la generación anterior, pero no ha encontrado un sustituto adecuado. Los intentos desesperados por parte de la educación pública y del sistema legal por impartir los valores de la democracia y el humanismo han resultado en su mayor parte infructuosos. Israel ahora impide la creación de nuevos asentamientos hebreos de judíos porque ese movimiento como ese no es igualitario, según las sentencias de la Corte Suprema.

Y así, la nación que durante 2.000 años esperó su regreso a su patria no puede establecer nuevos asentamientos para sus hijos e hijas. Israel tampoco parece poder permitirse pagar una serie de becas a los veteranos del ejército porque esa decisión “tampoco es igualitaria”. El pueblo judío que habita en Sión tampoco puede abordar el problema demográfico que preocupa a la mayoría de la población porque alentar a los judíos a que traigan más hijos a este mundo se considera racista. Y nadie se atreve a hablar más de la judaización de la Galilea pues al parecer el problema ya ha sido resuelto.

Y en cuanto a defensa se refiere, no podemos luchar contra el terrorismo porque es casi imposible deportar a los terroristas, mientras que la destrucción de las casas de los terroristas es generalmente evitado por el Tribunal Superior. Nuestros soldados están obligados a ir de casa en casa en Gaza o en el campo de refugiados de Jenin poniendo en riesgo sus vidas, ya que no se les permite atacar directamente a sus enemigos o utilizar a la población enemiga como escudos humanos. Tal como dicta la Corte Suprema y el humanismo.

¿Y lo que está sucediendo en el interior de la sociedad israelí? Las dos últimas generaciones han recibido una educación ajena a su nación y a su tierra, el número de idealistas se está desplomando de forma alarmante, los líderes de la nación y del estado están en prisión o son sospechosos de actividades delictivas, la fe en las instituciones del Estado ha disminuido dramáticamente – desde la Corte Suprema a la Knesset y a la policía -, el parlamento es visto como la casa de la intriga nacional y durante las elecciones la gente parece votar con los pies. Alrededor de 30 al 40% de la gente ni siquiera va a votar.

Los jóvenes, aquellos que no recurren a las drogas o a Internet, han perdido su camino. La gente de este país está confundida y conmocionada. No es de extrañar entonces que muchos están buscando su identidad judía, la verdadera fuente de ella.

Yo no hago ningún llamamiento para el establecimiento de un Estado basado en la ley judía en lugar de un régimen democrático, y agradezco al Haaretz poder corregir inmediatamente su artículo en la web y darme la oportunidad de exponer mi posición.

He expresado mi opinión de que el régimen democrático de Israel, en su forma actual, se quebrará, y de hecho eso es lo que está sucediendo lenta pero inevitablemente. Yo preconizo que la solución básica es preferir el aspecto "judío" al aspecto "democrático" siempre y cuando exista un "conflicto moral" entre ambas opciones. Y en este punto fui precedido por el diputado de Kadima Avi Dichter. De hecho, es el marco el que debe preservar la imagen, no al revés.


El padre el judaísmo y la madre la democracia - Yair Sheleg - Haaretz

Benny Katzover ha hecho bien aclarando, en el periódico de hoy, lo que se la atribuía acerca de renunciar a la democracia. Sin embargo, la aclaración sólo mejora un tanto el estilo abrasivo que se le había sido atribuido y no hace nada para reducir el peligro en sus declaraciones.

Para resumir su argumento: la aplicación de la visión del mundo democrático pondrá en peligro la capacidad de mantener - por no hablar de hacer avanzar - la identidad judía del Estado de Israel. Por lo tanto, la democracia debe ser abandonada en favor del judaísmo (o como Katzover dice, "preferir el aspecto judío al aspecto democrático" siempre y cuando exista un conflicto moral entre ambas opciones).

Para que el significado de sus palabras sean objetivamente más claras vamos a presentar una serie de cuestiones de orden práctico.

¿Significa esto que Katzover y otros como él apoyarían leyes que limitaran el número de niños que una mujer árabe puede tener con el fin de evitar daños en el equilibrio demográfico? ¿Y quizás, en la siguiente etapa, Katzover y sus secuaces apoyarían matar a los bebés de los árabes cuyas familias hayan superado el límite (como el faraón bíblico, que temía que el "equilibrio demográfico" se decantara a favor de los judíos)? No lo creemos, pero tal sugerencia hipotética es exactamente lo que significa "preferir el aspecto judío al aspecto democrático" en los casos en que entren en conflicto.

Con todas las críticas que se han dirigido contra Katzover, se debe reconocer que sus declaraciones son un reflejo de las declaraciones de algunos de los líderes de la extrema izquierda. Ellos también se suponen que detectan la existencia de una contradicción esencial y construida, y la necesidad de tomar una "clara" decisión entre el carácter judío y democrático del Estado. Ellos querrían solamente una de esas dos opciones, al igual que Katzover y otros que piensan como él, aunque las opciones que seleccionarían serían diferentes. No obstante, los izquierdistas estarían de acuerdo con la premisa básica planteada por Katzover: o una opción o la otra.

Las personas que creen en el monismo (en "una bandera", tal como lo expuso Zeev Jabotinsky) y levantan esa única bandera, tienen razón en su demanda de que hay que decidir entre judaísmo y democracia. Sin embargo, dentro de la compleja condición humana se generan constantemente tensiones entre las identidades y los valores. Cada uno de nosotros es un individuo con sus propias necesidades, pero también somos un cónyuge, un padre, un hijo, un amigo y un ciudadano, es decir, siempre es necesario equilibrar todas estas identidades y las demandas que generan. ¿Alguno de nosotros, debido a la importancia de una de estas identidades, dejara de atender y de responder al resto de ellas?

Por el contrario, podemos ver la tensión entre el judaísmo y la democracia como si fuera un niño que tiene dos padres, cada uno con su propia visión del mundo. El niño quiere a ambos y los necesita para su propio desarrollo, y sin embargo, parece ser que él o ella tendrán que elegir entre ambos: el judaísmo o el padre, la democracia o la madre. Esta no es una buena receta para un desarrollo psicológico adecuado.

La vida pública está llena de tensiones entre los diversos valores, tales como la libertad de prensa y el derecho a la privacidad, o bien la prosperidad económica y la justicia social. Una sociedad que exclusiva y continuamente seleccione uno esos dos polos del espectro se condenará a sí misma a la miseria. De hecho, una sociedad sería no querría esto. ¿Por qué, por lo tanto, plantear esa dicotomía única y exclusivamente en lo referente a la tensión entre el judaísmo y la democracia?

Lo más apropiado sería relacionar la tensión existente entre el judaísmo y la democracia como la presión existente entre dos manifestaciones de los valores de la dignidad humana: la dignidad de la persona universal y la dignidad de la persona judía que tiene todo el derecho a la soberanía política y cultural. Cualquier tensión en este sentido debe ser examinada individualmente para tratar de solventarla causando los mínimos daños posibles a las aspiraciones de ambos valores.

En última instancia, también es un valor universal el que las personas puedan y quieran tener identidades particulares, las cuales también pueden consagrar en un marco soberano.


Prioridad del sionismo: defender y hacer avanzar al pueblo judío - Alex Stein – 972 Blog

Las contradicciones entre los valores liberales de la universalidad y el sionismo pueden haberse exagerado, pero la defensa y promoción de los judíos siguen siendo la primera prioridad del sionismo.

En su artículo "¿Es el sionismo diferente de otras formas de nacionalismo?", Sean Lee sostiene que Israel es una "democracia étnico-religiosa" cuyo fundamento está en oposición de los valores liberales universales. Acepto que haya una incompatibilidad fundamental entre el liberalismo universal y el sionismo, aunque no estoy de acuerdo en que las diferencias sean tan vastas como a menudo se comenta. Sin embargo, y dejando en principio esto de lado, vamos a razonar sobre la hipótesis de que la existencia de un Estado judío es incompatible con los valores universales liberal.

La razón de ser del Estado de Israel es la defensa y promoción del pueblo judío. Para un sionista, cuando existe un conflicto entre los valores liberales universales y esa razón de ser, esta última debe prevalecer. A pesar de que estos conflictos existen, en cambio no son muy generalizados. Inclusive Sean Lee reconoce que "muchas de las desigualdades (que se le achacan) no son exclusivas de Israel. Si nos fijamos en las tasas de educación de los jóvenes árabes en Francia o de los hispanos y afroamericanos en los EEUU, encontraremos desigualdades similares tanto en lo referente a su situación como inclusive a las oportunidades. Algo similar sucede para las infraestructuras”.

Sean Lee afirma que lo que diferencia a Israel son sus desigualdades con respecto a la ciudadanía, pero en realidad no entra en detalle, aparte del ejemplo mal escogido del servicio militar. Con la elección de este ejemplo, ignora los esfuerzos en curso para animar a más israelíes y palestinos a realizar el servicio militar (los esfuerzos que se enfrentan a la oposición de los antisionistas) [N.P.: los esfuerzos no se dirigen solamente al servicio militar, sino también a un servicio civil sustitutivo].

Lograr la plena igualdad para los israelíes-palestinos (¿?) en áreas como la educación, el empleo, la tierra y la infraestructura no amenazan la razón de ser de Israel. En mi opinión, sólo hay dos áreas que realmente sí podrían representar una amenaza. La primera es la primacía de la cultura y lengua judía-hebrea. En segundo lugar, la Ley del Retorno, que permite que todos los judíos de la diáspora puedan acceder automáticamente la ciudadanía israelí, algo que se niega a los no judíos.

Los partidarios de una solución de un único Estado binacional generalmente apoyan que se permita el derecho al retorno de los refugiados palestinos y de sus descendientes. Incluso un autor tan crítico de Israel como Noam Chomsky reconoce que esto significaría cambiar un Estado judío-israelí por otro Estado árabe-palestino, incluso si la Ley del Retorno (para los judíos) se mantuviera. De hecho, este sería el resultado de cualquier solución que implique la concesión de la ciudadanía israelí a los palestinos que viven más allá de la Línea Verde. No obstante, debemos preguntarnos si esa política, compatible en un principio con los valores universales liberales, es verdaderamente una solución equitativa.

Aquí está el quid de la cuestión: el liberalismo universal no es necesariamente equitativo. La aceptación de una solución de un Estado binacional sería un suicidio nacional. No hay precedentes en la historia de pueblos que, enfrentados en un largo y doloroso conflicto, se reconciliaran con éxito y vivieran en un mismo estado, por lo tanto hay ningún precedente válido para aceptar el derecho al retorno palestino. El liberalismo universal implica (o significa), inevitablemente, la asimilación, sobre todo porque los derechos individuales tendrán siempre preferencia sobre los derechos colectivos y la identidad (una importante excepción a esto podría ser la India, cuya disposición constitucional favorece un único Estado, si bien podría ponerse seriamente en duda si dicha disposición está verdaderamente interesada ​​en una distribución equitativa o en una conformación binacional). Así pues, el liberalismo favorece a las grandes naciones, dentro de las cuales se asimilan varios grupos [N.P.: una mayoría incontestable, que no corre el peligro de sucumbir, se permite integrar totalmente a sus grupos minoritarios. ¿Pero que sucedería si algunos de esos grupos minoritarios se mostraran reacios a la asimilación y fueran cada vez más importantes numéricamente, se mantendría el laissez-faire? Véase el cada vez más destacado cuestionamiento actual del multiculturalismo en Europa]

Por todo ello no resulta una sorpresa que en las grandes democracias occidentales los valores universales liberales tengan una mayor presencia que en los Estados más pequeños. El liberalismo universal, tal como lo describe Sean Lee, sólo podría beneficiar los intereses de los palestinos. La idea de que a "los judíos se les debe negar todo como nación, pero al mismo tiempo concedérseles todo como individuos” [N.P.: La base sobre la que se fundamentó la presencia y el reconocimiento de los judíos en Francia] no permite velar por la defensa y el avance del pueblo judío. [N.P.: de hecho, fomenta una asimilación que promueve la desjudeización, al ir dirigida directamente en contra de la existencia de un pueblo judío]

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