Sunday, April 29, 2018

Abandonando el estado judío - David M. Weinberg - Israel Hayom



Mientras israelíes y judíos de todo el mundo celebraban el 70 aniversario del estado judío, el autor AB Yehoshua y el periódico israelí Haaretz estaban ocupados enterrándolo.

Mientras gente sana se compromete nuevamente con el brillante futuro de Israel, los extremistas de la izquierda dura del autodenominado "campo de la paz" - radicalmente desmoralizados e ideológicamente empobrecidos - están presionando por la desaparición de Israel.

Me refiero a un ensayo publicado la semana pasada, específicamente el mismo día en que se conmemoraba el 70° aniversario de la Independencia de Israel, por una de las deidades progresistas de la izquierda israelí: el novelista, dramaturgo, ganador del Premio Israel y activista por la paz AB Yehoshua. Su andanada de 7.000 palabras, pregonada en la portada de Haaretz, establecía un plan para el fin del estado judío.

Su plan es reemplazar a Israel tal como lo conocemos por un estado binacional, una federación palestino-israelí de algún tipo.

Los detalles del plan de Yehoshua - oscuro y poco realista como era facilmente previsible - no son importantes. Lo que es importante y atemorizante es que su motivación no es el nacionalismo o la identidad judíos, sino lo que él llama la "humanidad".

Dice así: Yehoshua comienza admitiendo que la solución de dos estados aparentemente y casi seguramente está muerta. "Es hora de decir adiós a este sueño", dice el titular de su artículo.

"Ya no es posible dividir la tierra de Israel en dos estados soberanos separados. Del mismo modo, la posible partición de Jerusalén en dos capitales separadas con una frontera internacional entre ellas es cada vez más insostenible", escribe.

"Todo el campo de la paz había esperado que la comunidad internacional ejerciera presión económica y diplomática sobre ambos lados para obligarlos a encontrar el camino hacia un compromiso histórico".

"Pero esa visión ya no es viable en la práctica", admite. Lo que le deja a él y a su "campo de la paz" sumidos en lo que él describe como "cansancio y fatalismo".

Concluye que ya no es posible defender un Estado judío en la tierra histórica de Israel. Ya no puede ser su principal preocupación. "No es la identidad judía y sionista [de Israel] la que trato de defender, sino algo más importante: nuestra humanidad y la humanidad de los palestinos entre nosotros", escribe.

Y esta preocupación primordial por la "humanidad" requiere el abandono del sueño de la soberanía judía independiente en Israel y los cimientos de todo el movimiento sionista moderno.

No hay más remedio que "detener un posible proceso de apartheid por principio" y decantarse unilateralmente hacia alguna forma de "asociación binacional de facto".

No agotaré ni disgustaré a los lectores de esta columna con más detalles adicionales del derrotista manifiesto de Yehoshua, pero lo que requiere atención es la trayectoria que condujo a esta mentalidad narcisista depresiva: un camino de engaño y bancarrota ideológica que va desde los Acuerdos de Oslo hasta este panegírico de Yehoshua en el Día de la Independencia a costa del estado judío.

Consideremos el registro histórico de los argumentos empleados por esta izquierda radical durante las últimas tres décadas para hacer avanzar la "solución de dos estados", y luego, al mostrarse desilusionados por los resultados, abandonar por completo la idea de Israel.

En la década de 1980, la izquierda radical nos dijo que la paz se convertiría en una posibilidad solamente si Israel aceptaba hablar directamente con la OLP, a pesar del horrible historial terrorista de la organización. Luego nos informaron que la paz solo se lograría si Israel permitía el establecimiento de la primera autoridad autogobernada en la historia palestina, en Gaza y Jericó.

Muchos israelíes dijeron vale, ya tuvimos suficiente del conflicto, lo asumiremos por el bien de la paz, un estado judío junto a el inicio de la autonomía palestina.

Pero luego Shimon Peres nos dijo que la Autoridad Palestina podría sostenerse sola si Yasser Arafat conseguía una fuerza policial equipada con equipo militar y decenas de miles de armas. Se nos explicó además que solo si hacemos la vista gorda ante los abusos contra los derechos humanos de los palestinos y su virulenta propaganda antisemita, podría proseguir el proceso de paz. Así que de mala gana nos tragamos la bilis y dijimos que vale, de alguna manera nos las arreglaremos.

Luego resultó imperativo darle a Arafat más territorio en Judea y Samaria. Solo si Israel le daba más territorio podría "solidificar su régimen", nos dijeron. Así que Israel firmó el acuerdo de Oslo II, y luego el Memorandum de Wye River, que puso al 98% de la población palestina de los territorios bajo el control de Arafat, junto con alrededor del 45% de la tierra y algunos recursos hídricos importantes.

Pero eso no fue suficiente. El proceso de paz solo prevalecería si se liberaba a los prisioneros palestinos, nos dijeron muchos "activistas por la paz" (incluyendo específicamente a AB Yehoshua, según recuerdo). Así que Israel comenzó a liberar a los delincuentes de seguridad palestinos "sin sangre en sus manos" y terminó liberando a muchos terroristas cuyas manos estaban muy manchadas con sangre judía. Los israelíes sufrieron más de dos años de violencia terrorista y atentados suicidas antes de lanzar la Operación Escudo Defensivo y comenzar a construir la valla de seguridad.

Pero el síndrome del "solo si" (más concesiones de Israel) de la izquierda aún dominaba. Solo si Israel concedía un estado de pleno derecho a los palestinos existiría una auténtica posibilidad de paz. Así que en Camp David en 2000, Taba en 2001 y Jerusalén en 2008, los líderes israelíes presentaron ofertas de estatalidad que habrían dado a los palestinos prácticamente toda Cisjordania, Gaza y el este de Jerusalén. Pero la Autoridad Palestina rechazó estas ofertas, argumentando que solo continuarían negociando con nosotros si les ofrecíamos el 100% de todo lo que estaban demandando, incluido el llamado "derecho de retorno".

En 2012, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas buscó dar un vuelco al marco establecido para la paz. Intentó conseguir que su estado fuera "declarado" por la comunidad internacional sin tener que comprometerse con Israel. Es decir, reclamar el resultado final del proceso de paz sin tener que participar en ningún proceso.

Recompensando la intransigencia y la beligerancia de Abbas, la gloriosa ONU "reconoció" el estado virtual de la Autoridad Palestina en contra de las objeciones de Israel. ¿Y cómo respondieron Yehoshua y sus amigos? Pidieron a Israel que abrazara este reconocimiento y se retirara unilateralmente de los territorios.

Luego lanzaron un nuevo argumento: el argumento "demográfico y democrático". Convencidos de que las retiradas territoriales israelíes no conducirían necesariamente a la paz, comenzaron a argumentar que la desconexión de los territorios era necesaria para garantizar la mayoría judía de Israel.

Habiendo perdido la esperanza de una solución de dos estados para el conflicto palestino-israelí y habiendo comprendido que es poco probable que se produzcan importantes retiradas unilaterales israelíes (por muy buenas razones, desde mi punto de vista), la izquierda radical ahora está tirando la toalla.

El movimiento que pretende estar profundamente preocupado por el carácter judío de Israel ya no puede apoyar el establecimiento de un Estado judío independiente si los palestinos no pueden obtener también unos derechos nacionales plenos. Esa es la conclusión del ensayo de Yehoshua.

Este desenlace ideológico es tan llamativo como triste. Siempre hubo una tensión entre los principios judíos y democráticos que subyacen al impulso de Israel, que se remonta a los escritos de los primeros ideólogos sionistas y a las posturas diplomáticas de David Ben-Gurion.

Pero la histórica reclamación judía del estado judío independiente en Israel siempre ganó, independientemente del grado de injerencia en los derechos de los árabes/palestinos. Después de todo, los árabes tienen bastantes otros territorios en todo el Oriente Medio.

Pero desafortunadamente para Yehoshua y sus compadres, este cálculo ya no se cumple. Para ellos, ahora hay algo más importante que la condición de Estado judío: "nuestra humanidad y la humanidad de los palestinos entre nosotros", lo que lleva al llamamiento de Yehoshua a una "solución" confederada de un estado, es decir, la disolución de Israel.

Esta es la inevitable culminación de un prolongado proceso en el que la izquierda radical perdió su identidad judío-sionista, una identidad que ha sido abrumada por la lealtad a una efímera y retórica apelación a la "humanidad" y a unos principios liberales radicales que no se aplican en ninguna otra parte ni a nadie más.

De hecho, en ningún otro lugar. No oigo ningún clamor mundial por la confederación de ninguno de los 22 Estados árabes que se derrumban. Pero el único estado judío en el mundo debe convertirse necesariamente en un estado medio árabe, ya saben, por la "humanidad".

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Saturday, April 28, 2018

El día en que el carácter judío (de Israel) fue dejado de lado - Assaf Malach - Israel Hayom



El Israel Democracy Institute ha inaugurado recientemente el Pabellón de la Democracia en Tel Aviv, que describe como "una gran cúpula geodésica en el corazón de la Plaza Rothschild, que transmite los valores de igualdad y libertad y destaca el pluralismo y la diversidad que caracterizan la democracia de Israel".

Pero cualquiera que mire el contenido de esta iniciativa se dará cuenta de que su objetivo real no es contar la historia de Israel, sino contar la historia de la democracia de Israel. El espíritu ultra-liberal en los medios israelíes ha adquirido recientemente un nuevo significado. Ahora se busca negar el carácter judío de Israel en todas las dimensiones posibles.

Según el instituto, uno puede recoger tres etapas en la historia de la democracia de Israel:

- Las primeras décadas de estatalidad: Israel se describe en la Declaración de Independencia como un Estado judío y este carácter judío forma parte del consenso. La declaración dice que Israel garantizará los derechos plenos e iguales para todos sus ciudadanos, pero deja en claro en varios puntos que Israel es un Estado judío.

- Los años 90: el término "Estado judío y democrático" se convierte en parte del discurso general e incluso se legisla en algunas de las leyes básicas de Israel. Encarna las bases democráticas de Israel junto con su fundación judía, que se considera más elevada.

- Los años recientes: la "sociedad israelí" y la "democracia israelí" se han convertido en los términos dominantes dentro del campo liberal. El término "Estado judío y democrático" se convierte en un término despectivo entre la élite y es un término preferido entre "las masas incultas" que todavía no han abrazado las maravillas de una nación carente de identidad.

Parece que el momento más decisivo de la tercera etapa fue el "discurso de las tribus" pronunciado por el presidente Reuven Rivlin en 2015, en el que dijo que Israel se ha convertido en un mosaico de tribus cuyo único denominador común es la democracia.

La mayoría de los israelíes desconocen el hecho de que "judío" ya no es una parte integral de la descripción del estado. Lamentablemente, el discurso se ha convertido en una nueva declaración de independencia, que se utilizará como la herramienta a través de la cual se transformará la identidad de Israel.

Utilizando términos elevados como el "The Israeli Hope Project", la Residencia del Presidente ha estado trabajando activamente para ocultar el carácter judío de Israel y suplantarlo con un carácter secular con el que todos los ciudadanos puedan relacionarse, sean judíos o no, y sean sionistas o no.

Las actividades dirigidas por "The Israeli Hope Project" son en su mayoría positivas; fomentan el diálogo, la tolerancia y la aceptación entre los diversos sectores israelíes. Pero los términos que han definido este proyecto lo convierten en un proyecto antidemocrático y tendencioso que promueve puntos de vista extremistas que se oponen a la voluntad de los votantes.

Por alguna razón inexplicable, el discurso se ha convertido en un texto definitorio para el estado al formar parte de varios cursos y programas para capacitar a funcionarios en el servicio público.

Por buenas que sean las intenciones, los aspectos controvertidos del texto no pueden pasarse por alto. Tampoco puede el hecho de que compartimentaliza la población judía de Israel en tribus a través de un análisis simplista y artificial.

El Israel Democracy Institute se dio cuenta de que el discurso tenía mucho potencial para ofrecer una alternativa clara a los valores subyacentes sobre los que se fundó el Estado judío. El instituto se aprovechó de este potencial y, por lo tanto, no sorprende que ese discurso sea lo más destacado del Pabellón de la Democracia.

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Sunday, June 14, 2015

¿Es usted judío o demócrata? - Shmuel Rosner - Jewish Journal



Hace unos días, una vez más, se presentó una falsa elección ante los judíos israelíes: ¿quieres que Israel sea más "judío" o más "democrático"? Es una pregunta que los encuestadores suelen utilizar bastante y que esta vez se les preguntó a los estudiantes judíos israelíes de secundaria (para La Conferencia Lautman Dov de Política Educativa).

Así que los estudiantes de secundaria hicieron su elección, según las instrucciones, y la reacción esperada no tardó en llegar. Desde que se conoció que su elección fue de 41% para "más judío" y 25% para "más democrático", los gritos de fatalidad de los adultos supuestamente más responsables parecieron naturales. Ustedes probablemente ya estarán familiarizados con esta melodía: la democracia de Israel está en peligro, o se va por el desagüe, y se necesita más educación, más fondos y más ONGs que promuevan los valores democráticos, ya que si no Israel puede convertirse en un Irán, y así sucesivamente, y sucesivamente, y sucesivamente...

Esta falsa elección de "judío" frente a "democrático" no es exclusiva de esta última encuesta a unos adolescentes. El Instituto de la Democracia de Israel (IDI) hace esta pregunta todos los años, y de hecho es interesante observar como la respuesta de este año ha sido diferente de la que se dio hace un par de años atrás. En los últimos cinco años ha existido una disminución significativa en la columna que selecciona ambos términos, "judío y democrático", como igualmente importantes, desde el 48% en 2010 al 24% actual (la pregunta es: "Israel se define como la vez como un Estado judío y democrático. ¿Qué parte de esta definición es más importante para usted personalmente?" Es importante tener en cuenta que la respuesta "igualmente" se ofrecía como voluntaria, ya que las opciones que se habían presentado a los encuestados eran solamente "judío" y "democrático").

Mientras que la columna de "igualmente" ha descendido de manera acusada, las otras dos polarizadas opciones han subido. El 39% elegía "judío" frente al 32% de hace cinco años. El 34% elegía "democrático" frente al 17% de hace cinco años. En suma, Israel en el 2015 podía ser un poco más "judío" de lo que lo era hace cinco años, pero también era mucho más "democrático", y desde luego - de una manera más que evidente - estaba mucho más polarizado.

Desde hace un tiempo he estado teniendo un debate con sabios colegas sobre el significado de estos números. Ellos piensan que los números son alarmantes, que son una prueba más de que la democracia de Israel está en peligro a causa del incremento de las tendencias de la derecha religiosa. A esas personas, me dicen, no les importa demasiado la democracia.

Esto encaja muy bien con el desglose de los números en las encuestas. El desglose indica que el carácter deseado del Estado "se correlaciona fuertemente con la ubicación en el espectro político y de seguridad: La izquierda muestra una preferencia inequívoca para el componente democrático (72,1%), mientras que la derecha favorece claramente el elemento judío (59%)" . También: "los grupos religiosos (entre ellos el tradicional religioso) hacen hincapié en el carácter judío del Estado, mientras que los encuestados seculares prefieren claramente el componente democrático".

Así pues, la interpretación pesimista encaja muy bien con los números, y también, sin duda, con la agenda de los analistas de la izquierda secular.

Sin embargo, no se ajusta demasiado con mis opiniones. Me parece en principio una cuestión un tanto problemática, al estilo de "¿quién te gusta más, mamá o papá?", y la respuesta en consecuencia también es muy problemática. Si te gusta más "mamá", ¿significa eso que no te gusta "papá"? ¿No puede gustarte tanto? En otras palabras: ¿si una persona prefiere "judío", significa eso que no se preocupa por la "democracia"? ¿Por qué deberíamos hacer tal suposición?

Hay una suposición subyacente en la habitual comprensión de estas respuestas por parte de los analistas, una suposición que es problemática por dos razones.

1.-  Los analistas asumen que es un problema que alguien ponga más énfasis en "judío" que en "democrático".
2.-  Los analistas asumen que hay una contradicción, o una colisión, entre estos dos elementos esenciales.

Pero esa contradicción debería estar permitida. Una persona puede permitirse poner más énfasis en "judío" (o en "democrático"), y no hay problema con eso. Se permite, entre otras cosas, porque no hay ninguna contradicción entre un previsible futuro judío y democrático, y no es preciso suponer que los israelíes tengan que realizar una terrible elección entre estos dos principios. Por lo tanto, no hay necesidad de que nadie en la actualidad adopte una opinión tan desalentadora, y si la gente aún así se ve obligada a tomar una decisión, ambas opciones son aceptables.

Así pues, ¿por qué tanta gente solía decir antes "igualmente" y ahora decide elegir entre "judío" o "democrático"?

Fundamentalmente, hay dos maneras de entender este fenómeno.

El alarmista les dirá que Israel, en los últimos cinco años, se ha vuelto menos democrático. Eso lo vemos al subrayar, en su interpretación de la encuesta, como el campo de la derecha religiosa parece abandonar los valores de la "democracia" y decidirse claramente por el polo "judío" (bajo un gobierno de la derecha religiosa).

Yo no compro esta explicación por varias razones. Uno, porque yo no veo nada de lo ocurrido en los últimos cinco años que pueda explicar un cambio tan repentino. Dos, porque no explica el dramático aumento en el número de israelíes que ahora eligen "democrático". Tres, porque hay una explicación mejor.

Aquí está:

La elección de los encuestados a esta pregunta no refleja un cambio en la actitud de los encuestados que son simpatizantes de la derecha religiosa hacia la "democracia". Tampoco refleja el abandono de los principios "judíos" por parte de los israelíes seculares de izquierda. Para ambos grupos, se trata principalmente de una polarización partidista. Los izquierdistas israelíes se siente alarmados por esta pregunta y acuden a defender la "democracia" de los supuestos peligros planteados por la derecha. Los derechistas israelíes también se sienten alarmados por la pregunta y acuden a defender al Israel "judío" de los supuestos peligros que plantea la izquierda secular.

Existe por lo tanto un círculo vicioso en funcionamiento: En ambos grupos, sus líderes hicieron una excelente opción - mala para Israel, pero buena para sus agendas partidistas - al tratar de convencer a las masas simpatizantes de que sus preciados valores estaban a punto de desaparecer. Las masas se adhirieron a la convocatoria, y respondieron a los encuestadores dando una respuesta polarizada ("judío" o "democrático"), lo cual refleja la necesidad de reforzar "su parte" del mapa político. Los analistas, por su parte, ven en estas encuestas reafirmarse sus propios temores y encuentran en ellas una prueba definitiva de que, de hecho, Israel está perdiendo su alma democrática. Y entonces los líderes pueden usar sus análisis para promover su convocatoria hacia un partidismo polarizado.

Es por eso que los israelíes más derechistas y religiosos prefieren elegir "judío" en lugar de decir "igualmente". Es por eso también que muchos izquierdistas-secularistas dicen "democrático" en lugar de decir "igualmente".

En este caso - y obviamente no es el único caso -, las encuestas no reflejan una realidad que algunas personas prefieren reinterpretar. Israel es muy judío. Israel también es muy democrático (y sí, estoy hablando sólo del estado de Israel, no se trata de Cisjordania, esa es otra historia). En los márgenes, hay seculares de izquierda que no quieren que Israel sea judío. Eso está bien, pues una sociedad saludable debe ser capaz de tolerar una minoría marginal que tiene puntos de vista radicales. En los otros márgenes, también hay religiosos de derecha a los que no les importa demasiado la democracia. Israel es lo suficientemente fuerte como para ser capaz de contenerlos.    

Y en cuanto a los estudiantes de secundaria: traten de tomar cierta distancia de su libertad de expresión y de su derecho a votar lo que quieran. Dejen las encuestas a un lado, apuesto a que ellos lo hacen.

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Sunday, November 30, 2014

La verdad acerca de la Ley sobre el Estado-nación judío - Seth J. Frantzaman - Algemeiner



En una entrevista de 2007, el ex presidente de la Knesset y de la Agencia Judía Avram Burg afirmó que "definir al Estado de Israel como Estado judío es la clave de su fin. Un Estado judío es algo explosivo, es dinamita". El "arrebato de Burg" es emblemático de una extraña controversia que se ha instalado en Israel en las últimas semanas y que amenaza con derrocar al actual gobierno, y todo ello por una ley que trata de consagrar lo que ya existe.

Estamos por lo tanto ante un proyecto de ley aprobado por el Consejo de Ministros, pero todavía no votado en la Knesset, y que se denomina Ley Fundamental: "Israel como el Estado-nación del pueblo judío".

El 24 de noviembre, el New York Times afirmó que Israel estaba "reduciendo su democracia" con este proyecto legislativo, y continuó denunciando esta ley como "un polémico proyecto que definiría oficialmente a Israel como el Estado-nación del pueblo judío". El NYTimes comparó esta ley con una propuesta que discriminara a los afroamericanos y afirmó que iba en contra de la "visión inclusiva del estado" existente en las democracias liberales.

La reacción en Israel y en el extranjero ha sido de apoplejía. Un artículo reclamaba que los israelíes ahora tendrían que elegir entre judaísmo y democracia. Los miembros del Instituto por la Democracia en Israel, Mordechai Kremnitzer y Amir Fuchs, afirmaron que representaba un "peligro para la empresa sionista". El Departamento de Estado estadounidense advirtió que "esperamos que Israel se adhiera a sus principios democráticos". El Haaretz reutilizó esta línea de argumentación diciendo que el proyecto de ley "debilita las instituciones democráticas". El derechista ex ministro de Defensa Moshe Arens afirmó en el Haaretz que se trataba de una ley "inútil y perjudicial", y el académico de la Universidad de Tel Aviv Aeyal Gross, argumentó que llevaría a "la desigualdad entre israelíes". Incluso Ruth Gavison, una profesora de derecho en general favorable a una visión más sionista del estado, sintió que la ley alteraría el "delicado equilibrio" entre el judaísmo y los derechos democráticos y humanos.

¿Qué demonios ocurre con los motivos de ésta ley? Originalmente, nació de la propuesta del dirigente del Likud Zeev Elkin, luego el proyecto de ley fue propuesto en 2011, y ahora ha sido aprobado por la Gabinete, y en una aguada y rebajada formulación podría ser presentado por el Primer Ministro para su votación final. La ley fue apoyada inicialmente por un amplio espectro del centro-derecha y la derecha política, incluidos los miembros de Kadima en 2011 y por el ex jefe del Shin Bet Avi Dichter.

Todo el mundo que discute este proyecto de ley parece admitir que no hace más que consagrar legistativamente lo que ya existe. Kremnitzer y Fuchs señalaron que las características judías de Israel fueron "reflejadas en la Declaración de Independencia, en la Ley del Retorno y en la legislación que se refiere a la bandera, el himno y los símbolos". Muchos árabes israelíes protestaron por esta ley al interpretarse que los consagraría como "ciudadanos de segunda clase", pero a la vez admitieron que sería simplemente la consagración legislativa de una "discriminación que creían de facto ya existente".

Esta ley es a menudo criticada desde un punto de vista americano como estando fuera de sintonía con los valores occidentales. La ex ministra de Educación israelí, Yuli Tamir, afirmó que era lo contrario a la Constitución de los Estados Unidos, mientras que Avital Burg en The Forward se burló del proyecto de ley al señalar que si se transplantara a los EEUU se leería  como si los "valores protestantes sirvieran de inspiración para los legisladores y los jueces americanos".

Pero lo que estas voces se pierden es que hay muchos estados en el mundo que consagran en una ley varios aspectos de su identidad nacional y religiosa. Michael Freund escribía en  The Jerusalem Post  que "en Gran Bretaña se requiere que la Reina (o el futuro rey) sea miembro de la Iglesia Anglicana" y en Dinamarca la Iglesia Luterana se garantiza el apoyo del Estado. La ley del Estado-nación de Israel, y el carácter actual de Israel como un Estado abrumadoramente judío con sus símbolos judíos, son similares a las existentes en la mayoría de los países, como por ejemplo Grecia, Bulgaria, Irlanda, Croacia, Irán, Japón o Malasia.

Israel puede estar fuera de sintonía con las concepciones americanas de la democracia liberal, pero no necesariamente con el resto del mundo.

Hay una caricatura en la web que muestra a David Ben-Gurion leyendo la Declaración de Independencia y alguien gritándole "fascista", una forma de burlarse de cómo la gente actualmente está despotricando del proyecto de ley del Estado-nación tachándolo de "fascista". La Declaración de Independencia de Israel, que los críticos de la actual propuesta de ley afirman que logra un "equilibrio" entre lo judío y lo democrático, en realidad usa la palabra "judío" en veinticuatro ocasiones y nunca utiliza la palabra democrático. Por no hablar de su mención del "derecho natural de los judíos a ser dueños de su propio destino", del "derecho del pueblo judío a un renacimiento nacional" y "del derecho del pueblo judío a reconstruir su Hogar Nacional". Además, esta Declaración tiene un párrafo dedicado a la "igualdad completa de todos sus habitantes", y dice que el Estado va a proveer a todos sus habitantes de libertad "según lo previsto por los profetas de Israel".

Los que critican el actual proyecto de ley del Estado-nación judío como si estuviera fuera de sintonía con la Declaración de Independencia, o de la visión original de Israel del sionismo, evidentemente no han leído esta Declaración de Independencia.

Si la ley es necesaria, es otra cuestión. Fue creada por el temor de que la creación de un Estado palestino pudiera dar lugar a una creciente demanda de derechos nacionales por parte de la minoría árabe de Israel y de una demanda de un "Estado de todos sus ciudadanos" por el que las ONG árabes han estado abogando recientemente. Así Palestina se convertiría en un Estado nacional palestino para los palestinos, mientras que con el tiempo se exigiría a Israel que rebajara sus aspectos nacionales judíos, un hecho que Benjamin Netanyahu articuló cuando exigió a la Autoridad Palestina que reconociera a Israel como un Estado judío.

Sin embargo, no hay nada en la presente ley que, o bien cambie los derechos y la situación de los ciudadanos árabes de Israel, o que esté fuera de sintonía con el paradigma sionista existente. El hecho es que algunos israelíes se sienten incómodos con que se declare en voz alta que Israel es un Estado-nación judío, ya que sienten que un Estado-nación es demasiado nacionalista como concepto y quieren que Israel sea más europeo en su conformación.

Y esa negación del Estado-nación judío que preconiza que Israel siga el camino de los Estados europeos que han desarraigado su estado nacional y han abrazado un multiculturalismo más al estilo americano, es un debate que los israelíes deberían tener honestamente, pero sin demagogias y sin disfrazar lo que representa la actual ley del Estado-nación judío.


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Thursday, November 27, 2014

Netanyahu presenta los principios de su proyecto sobre la "nación judía" - Moran Azulay - Ynet



El primer ministro Benjamin Netanyahu se vio obligado a asistir a un pleno de la Knesset el miércoles por la noche después de que los legisladores invocaran la norma de "40 firmas". Si bien el debate programado estaba centrado en el costo de vida, los diputados aprovecharon la oportunidad para desafiar al primer ministro por su propuesta de ley sobre la "nación judía".

A lo largo de la sesión, varios miembros de la Knesset fueron llamados al orden, con algunos legisladores de la oposición debiendo abandonar el pleno tras la orden del presidente de la Knesset Yuli Edelstein.

Netanyahu subió al podio al final de la sesión para defender sus decisiones sobre la controvertida legislación sobre la "nación judía", que define oficialmente a Israel como un Estado judío, y donde presentó los principios de su propuesta. "El proyecto de ley que presentaré se basará en que Israel es un Estado judío y democrático. Israel garantiza la igualdad de los derechos personales a todos sus ciudadanos, sin discriminación por motivos de religión, raza y género".
- Israel es la cuna histórica del pueblo judío y el lugar donde se ha establecido el Estado de Israel

- El Estado de Israel es el hogar nacional de los judíos, cuando ejercieron su derecho a la autodeterminación

- El derecho a la autodeterminación en el Estado de Israel es exclusivo del pueblo judío.

- El Estado de Israel es un estado democrático que garantiza los derechos personales de todos los ciudadanos ante la ley 
Netanyahu dijo que el proyecto sería llevado a votación este domingo.

"Ahora, que me expliquen por qué no están de acuerdo. Digánmelo, quiero saber la cause de su oposición", dijo Netanyahu cuando algunos legisladores de la oposición le gritaban sus objeciones.

El líder del Likud enfatizó su apoyo a la legislación que define oficialmente a Israel como un Estado judío debido en parte a consideraciones diplomáticas. "Me opongo a un Estado bi-nacional. Israel es el estado nacional del pueblo judío y solamente del pueblo judío".

"Aquellos que alaban a los asesinos - llamándoles mártires - y incitan o cometen actos de terrorismo, no recibirán ningún subsidio nacional", dijo Netanyahu.

El presidente de la oposición, el líder laborista Isaac Herzog, desafió a Netanyahu en varios temas durante su turno en el podio, yendo tan lejos como para advertir al primer ministro en funciones de que su frágil coalición podría desmantelarse, dejando al partido Laborista en condiciones de captar furtivamente algunos de los miembros de su actual coalición.

Al final de la sesión, 46 diputados apoyaron la declaración del primer ministro y 35 se opusieron a la moción.

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Sunday, June 15, 2014

Muy buen artículo: No anexionar Cisjordania – Shmuel Rosner - NYTimes



No es fácil marcar el momento exacto en que una idea periférica de repente se convierte en la corriente dominante. Pero ahora es seguro decir que en el Israel actual, la inquietante idea de la anexión de territorio de Cisjordania, ya no es marginal o considerada tan extrema como lo era antes.

La idea tienen diferentes nombres, y los detalles del plan - cuando hay uno - varían. A menudo se llama "la aplicación de la ley israelí", que presumiblemente suena más atractivo que "una anexión". A veces es denominada “anexión parcial”. Sin embargo, la tendencia no se puede negar: prometedores dirigentes del Partido Likud, el presidente de la Knesset y varios ministros han salido en apoyo de algún tipo de anexión. El lunes, la idea se planteó en el gabinete en un debate sobre las medidas de castigo por las transgresiones de palestinos.

La anexión del territorio que fue arrebatado a Jordania en la guerra de 1967 (aparte de Jerusalén Este y la Ciudad Vieja, ambas declaradas por Israel legalmente bajo su jurisdicción) ha sido durante mucho tiempo una opción. Sin embargo, durante décadas no se ha considerado seriamente. Dos razones la hacen poco atractiva: la indignación que se espera que suscite en la comunidad internacional, la cual nunca ha aceptado a Israel como el gobernante legítimo de la Ribera Occidental, y las implicaciones demográficas que la anexión tendría sobre el carácter "judío y democrático" de Israel. El territorio está habitado en gran parte por los palestinos. Si Israel concediera la ciudadanía a todos ellos, se erosionaría fuertemente la mayoría judía de Israel. ¿Por qué entonces se ha convertido de repente la anexión en una política kosher?

La razón obvia es el fracaso del proceso de paz. Durante 25 años, israelíes y palestinos han tratado de negociar una separación de mutuo acuerdo - la llamada solución de dos estados -. Ellos no han fracasado por falta de profesionalidad, sino más bien porque no pudieron ponerse de acuerdo sobre los términos de la separación. Un número creciente de líderes israelíes están llegando a la conclusión de que esa vieja idea está muerta. Dado que ellos piensan que el status quo es insostenible, están buscando nuevas ideas.

Esas dos nuevas ideas disponibles obligan a Israel a renunciar a dos elementos básicos en la construcción del viejo proceso de paz: sacrificar el elemento del "acuerdo", o sacrificar el elemento de la "separación", o ambas cosas. Renunciar a la idea de un acuerdo ha llevado a muchos israelíes a apoyar la adopción de medidas unilaterales hacia una separación y un dibujo de las fronteras. Renunciar a la idea de la separación llevó a otros israelíes a apoyar la anexión.

Apoyando estas ideas, los derechistas han redibujado el mapa político de Israel: la derecha dura de Israel y la izquierda radical israelí han pasado ambas a optar por una "solución de un estado" en el que todos los palestinos que residen al oeste del río Jordán (con exclusión de los de la Franja de Gaza) se convertirían en ciudadanos israelíes, mientras que la derecha moderada, los centristas y la izquierda israelí aún apoyan el principio de la separación.

Curiosamente, los partidarios de la anexión a menudo pretenden ocupar el terreno moral más elevado. Reuven Rivlin, el principal candidato para reemplazar a Shimon Peres como presidente de Israel [N.P.: ya ha ganado), es un partidario de una plena anexión. Él cree que es la única solución realista y moral. "Es sorprendente para mí escuchar a la gente hablar de una amenaza demográfica", dijo una vez Sr. Rivlin, un liberal del Likud de la vieja escuela. Él habla de igualdad de derechos y lo dice en serio. Del mismo modo, Uri Elitzur, una figura destacada del movimiento de los colonos, publicó recientemente un artículo días antes de su muerte, en el que advertía que la anexión es la única opción si Israel quiere evitar convertirse en un "estado de apartheid".

Los partidarios esperan que si la comunidad internacional puede convencerse de que Israel realmente dará a los palestinos anexionados plenos derechos, podría entrar en razón y apoyar la idea.

El otro obstáculo que los defensores tienen que superar es el miedo a perder la mayoría judía de Israel, y abordarlo afirmando que hay menos palestinos en Cisjordania lo que comúnmente se cree (algunos demógrafos están de acuerdo). Por lo tanto, argumentan que la anexión erosionaría la mayoría judía pero no la destruiría.

Y la idea ha pasado a ser atractiva para un gran número de israelíes.

Potencialmente podría atraer a una mayoría de los que, como yo, tienen poca fe en las perspectivas de un acuerdo de paz razonable. Es especialmente tentador porque sus oponentes no tienen una alternativa satisfactoria que proponer - la retirada unilateral de los territorios perdió su encanto después de la retirada israelí de la Franja de Gaza en 2005, lo que llevó al gobierno de Hamas y a los ataques con cohetes -.

Pero esta fascinación es peligrosa. El sionismo trata de tener un Estado judío y democrático. Anexión significa poner lo sagrado de la tierra antes que el objetivo de Israel, o poner los problemas de seguridad por encima del carácter de Israel.

Israel puede, aunque sea un farol, abandonar sus ideales democráticos y tratar de conseguir la anexión sin conceder derechos a los palestinos, en un camino que le llevaría al aislamiento internacional y a una crisis de identidad nacional. O bien podría buscar un único estado en paz para dos pueblos en guerra, una elección que destruiría la esencia de Israel, pondría en peligro la mayoría judía y perpetuaría un conflicto sangriento.

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Sunday, June 08, 2014

Legislación nacional y "judeidad" de Israel - Shraga Bar-On - Shalom Hartman Institute



El primer ministro Binyamin Netanyahu declaró recientemente que tiene la intención de hacer avanzar rápidamente la promulgación de la proposición de ley básica que define a Israel como el Estado-nación del pueblo judío, una declaración que desató un acalorado debate en el gabinete, en la Knesset y entre el público en general.

Debemos dar la bienvenida a esta iniciativa. Las leyes básicas son de una crucial importancia declarativa.

Esta ley fortalecerá la razón de ser de la creación y la existencia de Israel.

Dicha ley pondría fin - al menos por ahora - a los intentos post-nacionales y post-sionistas de redefinir a Israel como un "Estado de todos sus ciudadanos" (en realidad, un "Estado de todas las nacionalidades"), queriendo así obstaculizar su carácter cultural único.

La ley permitiría un desarrollo más vigoroso de los elementos culturales judíos únicos del país, siempre y cuando no se opongan a sus valores democráticos. También suministrará al gobierno una base legal para los actos que garanticen la soberanía de Israel como un Estado judío dentro unas fronteras reconocidas. La ley permitiría la formación de un espacio público compartido basado en la cultura pública judía, contrarrestando así la tendencia que se ha desarrollado después de ciertas decisiones del Tribunal Supremo donde el espacio público debía reflejar un equilibrio entre las creencias individuales, gustos, deseos y derechos.

El primer ministro ha elegido el momento para esta iniciativa, que se planteó como una exigencia del partido Bait Yehudi para unirse a la coalición el año pasado, y desde luego no es un momento absolutamente casual.

La demanda de un reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío fue criticada tanto en Israel como en el extranjero. Por un lado, se decía que los palestinos no estaban preparados para ese reconocimiento, pero por otro lado, se argumentaba que el carácter del Estado era un asunto interno de Israel, algo en lo que desde luego sus opositores tenían razón.

La promulgación de la ley con las negociaciones como trasfondo es responsable de ofrecer legitimidad política al movimiento dentro de Israel y ganar reconocimiento internacional. Esto permitiría al primer ministro llegar a un resultado en las negociaciones - con concesiones desde el punto de vista de Israel -, con el "fin del conflicto" y asegurando el carácter judío de Israel como parte del acuerdo a largo plazo.

Si todo parece tan razonable, ¿por qué la izquierda en Israel plantea tantas objeciones? Estas objeciones pueden ser consideradas como la prueba de las desafortunadas palabras que Netanyahu una vez susurró al oído del rabino Yitzhak Kaduri: "Los izquierdistas se han olvidado de lo que significa ser judío".

La definición de Israel como un Estado judío sería de hecho una derrota para esa minoría de izquierdistas que en Israel desean despojarse de su identidad judía e israelí, y basarlo todo en la igualdad civil. Sin embargo, la mayoría de los opositores a la ley también temen con razón que las implicaciones prácticas de la ley podrían ocasionar un incremento del chovinismo nacional que profundizara la discriminación contra las minorías y permitiría una mayor coerción religiosa contra la mayoría secular. Parece que para neutralizar esta última preocupación la ley ha sido llamada torpemente "Israel, el Estado-nación del pueblo judío", en lugar de "Israel, el Estado judío". El énfasis se pone por lo tanto en los derechos nacionales, en lugar de en el contenido judío. Este énfasis intensifica la preocupación de que esta ley tenga por objeto simplemente proveer bases legales para una discriminación contra los árabes, dañando los derechos civiles de los no judíos.

El problema, por tanto, no sería la ley en sí misma, sino su contenido judío. Las raíces del problema residirían en la dicotomía entre nacionalistas y pacifistas, entre un Estado judío y un Estado democrático, o entre "israelismo y judaísmo". Estas son distinciones erróneas. La mayoría de los israelíes creen que Israel puede ser a la vez un Estado-nación judío y un Estado democrático. Esta es la creencia fundacional de Israel, bien articulada en la Declaración de la Independencia. Sus raíces más profundas se encuentran en el pensamiento sionista. En su ensayo clásico, "El Estado Judío y el problema judío", el pionero sionista Ahad Haam describía la visión de un sionismo espiritual en oposición al sionismo político de Theodor Herzl: "No son sólo los judíos los que han salido del gueto: el judaísmo también ha salido fuera...".

"Por lo tanto, el objetivo es regresar a su centro histórico con el fin de vivir allí una vida de desarrollo natural, poniendo todos sus poderes en juego para todos los apartados de la cultura humana... y por lo tanto contribuir al conjunto de la humanidad, tanto en el futuro como en el pasado, como una gran cultura nacional, fruto de la actividad sin trabas de un pueblo que vive de acuerdo con su propio espíritu... Desde este centro el espíritu del judaísmo saldrá hacia la gran circunferencia, a todas las comunidades de la Diáspora, y las dará nueva vida a ellas preservando su unidad...".

¿Cuál es el significado del "nacionalismo judío", o en otras palabras, que se puede esperar de el Estado de Israel? Según Ahad Haam, el sionismo no sólo trata de la soberanía, sino también de la identidad.

De este modo, la formación de una identidad judía moderna es un reto para todo el pueblo judío.

Promover los intereses nacionales con el fin de garantizar la soberanía judía a largo plazo en el Estado de Israel es importante, pero debe existir una discusión política, jurídica y pública sobre la forma de garantizar los derechos individuales de los ciudadanos árabes.

Muy importante es la necesidad de celebrar un debate sobre los valores judíos del Estado judío. En lugar de oponerse a esta legislación, la gran mayoría de los ciudadanos israelíes y sus representantes políticos deben unirse a la discusión acerca de la formulación de la identidad del Estado-nación. Esta es una oportunidad para buscar los valores comunes del pueblo judío. Los padres fundadores de Israel trataron de articularlo en la Declaración de Independencia, pero hasta la fecha no ha recibido un estatus jurídico vinculante. Ellos pusieron los principios de justicia, igualdad y paz, de acuerdo con la visión de los profetas de Israel, en la escala superior de valores.

Por ejemplo, el reconocimiento de las diversas denominaciones del judaísmo moderno, que abarca a la mayor parte del pueblo judío, debe ser incluida; al igual que la multifacética cultura judía debe ser aceptada como uno de sus componentes esenciales. El monopolio sobre todos los asuntos judíos dados por la ley al sector ortodoxo debe descentralizarse. La cultura hebrea secular debe ser considerado como una parte equivalente de la herencia judía.

Todos estos valores deben expresarse en la nueva legislación nacional, con el fin de garantizar los derechos civiles y la búsqueda de la paz con los vecinos de Israel. Aún sin mencionar el término "democracia", la Declaración de Independencia de Israel asume que cuanto más judío sería, en más democrática se convertiría, y a más democrático, más judío. La mayoría de los ciudadanos de Israel - y la mayor parte del mundo judío - creen en este supuesto. La legislación nacional debería reflejar esta creencia.

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Saturday, June 07, 2014

Los judíos del mundo quieren un "Israel judío y democrático", algo que no es demasiado diferente de lo que desean los propios israelíes – Shmuel Rosner - Jewish Journal


Natán Sharansky y Ruth Gavison

 Hace unos días el Instituto de Política del Pueblo Judío (JPPI) dio a conocer su informe especial, "Judío y democrático: Perspectivas de la judería mundial", un informe en el cual también intervengo (y soy jefe del proyecto junto con el embajador Avi Gil). Tuvimos una pequeña reunión en el JPPI con el Jefe de la Agencia Judía Natán Sharansky y con la profesora Ruth Gavison como ponentes. El proyecto JPPI se inició para complementar el trabajo de la profesora Gavison sobe la naturaleza judía y democrática de Israel. La profesora Gavison fue nombrada por la Ministra de Justicia para que investigara la necesidad de un nuevo "acuerdo constitucional” sobre la identidad de Israel como un estado "judío y democrático". Ella cree, como nosotros, que el proyecto del JPPI sienta un precedente importante en el intento de inyectar las perspectivas de las comunidades judías de todo el mundo en una discusión principalmente "israelí".

El informe es largo, y nuestros seis meses de trabajo, que han incluido docenas de seminarios en comunidades judías de todo el mundo, no puede ser resumido plenamente en un breve mensaje. Sin embargo, en la breve introducción al proyecto intentamos dar a nuestros lectores una versión encapsulada de los temas principales que han surgido de este esfuerzo. Con el permiso de mis superiores del JPPI, he redactado esta y os invito a echar un vistazo a el informe completo en la página web de JPPI. Estoy bastante seguro de que esto no es la última palabra sobre este tema tan oportuno. Aquí vamos:

En una época de disputas frecuentes sobre políticas, lenguaje y conductas específicas, y en una época donde los conflictos y las disputas ocupan el centro de atención creando una (mala) impresión de grietas insalvables, el proyecto del JPPI sobre las opiniones de los judíos del mundo con relación al carácter judío y democrático de Israel concluye con una nota positiva: los judíos de todo el mundo apoyan a Israel y ven su conexión con Israel como importante y perdurable. Israel es - y podría serlo aún más - un denominador común positivo e inspirador para los judíos del mundo. Los judíos no israelíes tienen una visión de Israel que está mucho más alineada de la que está en disputa. Por otra parte, la visión de los judíos de la diáspora de Israel es a menudo similar a la de los propios israelíes.

Seguramente, hay lagunas en la interpretación y en los énfasis sobre las necesidades y metas que no deben pasarse por alto. Hay diferencias entre las comunidades y personas no israelíes, y entre ellos y el público judío israelí. También es muy posible que la metodología de este proyecto contribuyera a la relativa armonía que encontramos (dedicamos un capítulo a explicar las fortalezas y limitaciones de los procesos del JPPI). Sin embargo, este informe les dejará con la impresión de que el objetivo general de la mayoría de los judíos es trabajar de manera conjunta en la construcción de un Estado "judío y democrático". Un estado que sea seguro, moral, vital económica y culturalmente, próspero y marcadamente judía.

Los judíos de todo el mundo no han iniciado esta discusión. Fueron invitados y animados a tomar parte en la discusión interna en curso en Israel. Sin embargo, los judíos que vinieron a nuestras mesas de trabajo - representantes de decenas de comunidades de todo el mundo que difieren en forma, tamaño y carácter - lo hicieron con gusto. Ellos entendieron la importancia de la discusión que se lleva a cabo en Israel, y no tardaron en demostrar que lo que es importante para Israel también es importante para ellos. En estos seminarios del JPPI celebrados en Brasil, Holanda, Francia, Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos y Australia, los judíos profundizaron en las cuestiones de matices que se les presentaron como partes interesadas. "Esto es muy personal, esto es acerca de mí", comentó un participante de Nueva York al hablar del carácter judío del Estado judío.

De hecho, ha sido la cuestión de la naturaleza judía de Israel donde los mensajes de la comunidad judía mundial han sido más potentes: Si Israel quiere ser un Estado "judío y democrático", esa decisión también repercute en los judíos no israelíes, por lo que sería preciso tener en cuenta primeramente su comprensión de lo que significa ser "judío" para muchos millones de judíos de hoy, y encontrar una manera más inclusiva de tenerlos en cuenta. En cada debate llevado a cabo por el JPPI en cada comunidad, los judíos locales desafiaron la interpretación actual de lo que representa ser un judío en Israel. Durante la conferencia en Glen Cove, en la culminación de los debates, uno de los momentos más dramáticos se produjo cuando una mujer del movimiento religioso conservador habló sobre su lucha con la realidad religiosa de Israel. "Nuestro apoyo a Israel no es ambiguo, es espalda contra espalda", dijo ella, "pero quiero saber que hay un lugar allí para mí donde poder ponerme mi talit cada mañana. ¿Puedo hacer eso en el Estado de Israel y que no me lo prohíban? ¿El gobierno me arrestaría? ¿Hay un lugar para mí en Israel?"

La identificación de lo judío predominante en Israel fue impugnada porque, según lo ven los judíos del mundo, para que el Estado de Israel sea verdaderamente merecedor del título de "judío", tendría que ser ese lugar donde más judíos puedan sentirse cómodos a la hora de la expresar su tipo particular de judaísmo. También fue puesta en cuestión esa identificación por no ser - para los judíos de la diáspora - inclusiva y tolerante con otros tipos de judaísmo, y eso hacía a Israel menos "democrático".

Los judíos no israelíes no son ciegos a las dificultades que debe superar cotidianamente Israel, ni a los peligros que debe afrentar en su esfuerzo por mantener su carácter judío y democrático. También rechazan las falsas acusaciones en contra de la democracia de Israel, así un ejemplo notable de las discusiones en los debates del JPPI fue el rechazo casi unánime de los intentos de presentar la Ley del Retorno como un impedimento a la naturaleza democrática de Israel.

Pero también identificaron un gran obstáculo que Israel debe superar para conformar los valores democráticos: "Judío" y "democrático", por igual, son términos vinculantes para ellos, al igual que el mandato de sensibilidad hacia las minorías y el respeto de los derechos humanos. Cuando se pidió a los ponentes que observarán el texto del himno nacional de Israel, el Hatikva, y las dificultades que podría plantear para los israelíes no judíos, se debatieron entre su apego instintivo al himno junto con el entendimiento de que era, en efecto, un tanto excluyente de las minorías no judías (su letra habla del anhelo del pueblo judío). La conclusión alcanzada sobre el Hatikva fue algo borrosa en muchas de las discusiones, pero se podía sintetizar en mantener el Hatikvah pero ser "sensibles" con respecto a los demás. En la actualidad, bastantes judíos de la diáspora consideran que Israel es ahora menos meticuloso a la hora de mantener adecuadamente los valores que protegen los derechos humanos, o bien a la hora de mostrar la adecuada sensibilidad cuando las circunstancias lo exigen, justificando esa desviación de una estricta interpretación de estos valores.

Hay una cierta calidad de moderación en los resultados presentados en este informe. Así como las opiniones políticas y afiliaciones religiosas predicen con exactitud la posición de los encuestados israelíes en las encuestas de opinión pública sobre el espectro judío democrático, lo mismo es cierto para los judíos de la diáspora. Los judíos de ámbitos políticos de extrema derecha y de extrema izquierda a veces pueden "descartar la cuestión [de lo que es más importante, el carácter judío o el democrático] por ser demasiado obvia para ellos su preferencia como para tener que justificarla". Los grupos de extrema derecha subrayan "la prioridad del carácter judío [como nación] de Israel sobre su carácter democrático", y los grupos que se inclinan a la extrema izquierda consideran que "el carácter judío de Israel es algo anacrónico". Pero la mayoría de los judíos que se sitúan más al centro desean tener ambas cosas, y creen que es posible lograrlo. De este modo, las preguntas relacionadas con las tensiones y contradicciones entre "judío" y "democrático" resultan muy difíciles de contestar. Con frecuencia, las respuestas se mueven alrededor de las tensiones y mantienen la formulación de ambos valores intactos.

Para muchos judíos, algunas de las apelaciones a la formulación “judío y democrático" permanecen vagas. Cuanto más se profundiza en los intentos de exigirles un significado, más algunos de ellos se sienten en la necesidad de darse de baja en desacuerdo. "La vaguedad es buena para Israel, mejor que una especificación clara. Es mejor no definir el judaísmo. El judaísmo nunca ha sido una entidad fija. Siempre ha sido algo gris", dijo un colaborador en un seminario en Washington DC.

Uno de los mensajes, sin embargo, fue transmitido en todo el proceso sin ambigüedades: "a los judíos de todo el mundo le gustaría ser consultados por Israel a la hora de asuntos de importancia para ellos, y muchos de ellos creen que estas consultas deberían tener más impacto en las políticas de Israel".

El sumario del informe aquí

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Saturday, May 31, 2014

Israel es un Estado judío, háganse a la idea – Erel Segal – Al Monitor



El día de la proclamación de la independencia de Israel - 14 de mayo de 1948, (5 Iyar 5708) - la comunidad judía romana que sobrevivió a las deportaciones a Auschwitz, se reunió cerca del Arco de Tito en el Foro Romano, en las ruinas de la antigua ciudad de Roma. Durante 2.000 años, los judíos de Roma se abstuvieron de pasar por debajo del arco que se había erigido para conmemorar la victoria romana sobre la rebelión de Judea. Pero el 14 de mayo de 1948, al pasar bajo el arco entendieron que iban en sentido contrario al de la marcha de la victoria romana.

Simbolizando la victoria sobre los rebeldes de Judea, el grabado del Arco de Tito representaba los frutos del pillaje y de la captura de presos judíos. En su centro se encuentra un relieve de los saqueadores que llevan sobre sus hombros la menorá (candelabro) del Segundo Templo. El triunfo del Imperio romano sobre el pueblo rebelde de Judea en el año 70 está simbolizado por esa menorá arrebatada del templo.

Los antiguos judíos - una mezcla difícil de alcanzar de materia y espíritu, de religión y la nación - se encarnan en la menorá del Templo grabado en el arco romano. Este es el templo cuya existencia algunos palestinos cuestionan. Dos mil años pasaron y esa misma menorá fue elegida como emblema del Estado judío. Es una señal de la alianza renovada entre el pueblo y su antigua patria. Este es un pueblo que se levantó como el ave fénix de los crematorios de Auschwitz y construyó un modelo de estado en una lucha sin cuartel. Y es que el pueblo judío no es como todos los demás pueblos. Más bien, son una nación en tensión que se sostiene dentro de sí misma entre lo físico y lo material, entre lo metafísico y lo espiritual. "La Torá es la base legal de la libertad judía y de su nacionalidad", estas palabras fueron pronunciadas no por David Ben-Gurion, el primer ministro de Israel, sino por John Locke, el "padre del liberalismo clásico".

Competente en la lengua hebrea, Locke incluso dedicó la primera mitad de su libro "Dos tratados sobre el gobierno" a realizar una exégesis política del Pentateuco. Su rival filosófico, Thomas Hobbes - también competente en hebreo - dedicó más de 300 páginas de su obra maestra "Leviathan" a las doctrinas políticas en las Sagradas Escrituras judías. Unos 200 años atrás, Nicolás Maquiavelo, uno de los más grandes pensadores políticos, destacó al pueblo judío como el primer pueblo de la historia. Y ahora, cuando el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu quiere aprobar la legislación básica del Estado-nación judío  - una ley que consagre a Israel como el Estado del pueblo judío - un montón de burlas y de rabia se ha lanzado contra él.

Francamente, prefiero disfrutar de la lectura de la oposición interna  a esta medida, aunque sólo sea para regocijarme de las múltiples contradicciones de sus argumentos.

Por un lado, se afirma que no se necesita esa ley, que dicha ley apenas es una declaración vacía sobre hechos que ya se conocen. Pero por el otro lado, se argumenta que esta ley discriminaría a los ciudadanos árabes del Estado de Israel. Por cierto, y para ser justos, se nos permite recordar aquí que el gobierno de Netanyahu aprobó una ley de acción afirmativa adaptada específicamente a los funcionarios públicos árabes. También puso en marcha una campaña dirigida a la integración de los árabes en el sector privado, así como una nueva campaña contra la discriminación y el racismo.

Normalmente, las leyes nacen porque son necesarias o porque los legisladores creen que se necesitan. Sin embargo, algunas leyes son en su esencia simbólicas y declarativas, como la Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU. La necesidad de una ley básica del Estado-nación judío emana de una nueva tendencia que desafía inclusive el derecho del Estado judío a existir. Esta tendencia toma el viento de cola de la oposición palestina a reconocer a Israel como al Estado-nación judío.

La hipótesis que prevalece en todo el mundo es considerar la insistencia del gobierno israelí en que los palestinos reconozcan al Estado judío como un mero juego semántico, en el mejor de los caso, mientras que en el peor se trataría de un intento israelí para hacer descarrilar cualquier proceso de paz. Estas acusaciones se dirigen especialmente contra Netanyahu.

¿Pero por qué no preguntar a los palestinos por qué insisten en negarse a considerar algo que supuestamente es meramente "semántica"? ¿Por qué no están dispuestos a reconocer al Estado-nación judío y atrapar así a Netanyahu en la propia trampa que aparentemente les ha tendido? ¿O bien, cuál es realmente el problema?

Después de todo, todo el mundo acepta la solución de dos estados: Dos estados para dos pueblos. Uno de ellos es un pueblo reconocido y no cuestionado por nadie, el pueblo palestino. Si es así, ¿cuál es el problema en reconocer al estado del otro pueblo? Aunque, ¿quién es ese pueblo?

Ahí está el problema. Los palestinos se niegan a reconocer al Estado-nación de los judíos ya que descartan la existencia de esa nacionalidad étnica. Los palestinos reconocen a la fe judía, pero no a la nacionalidad judía (obviamente como forma de negar su derecho a la Tierra de Israel). Los pueblos tienen un derecho autodeterminación y a un territorio propio, pero no así las religiones. Lo que podemos deducir de esta negativa a reconocer al Estado de Israel como el Estado-nación judío es que eso implica su deseo de continuar con el conflicto (hasta obtener sus objetivos máximos). Esto nos demuestra la incapacidad de los palestinos a aceptar el hecho de que no habrá derecho de retorno al Estado de Israel, pues de lo contrario eso provocaría su final como un Estado judío.

La afirmación, que es abrazada a la vez por la izquierda israelí no sionista y por los palestinos, es que el Estado de Israel pertenece a sus ciudadanos judíos y árabes por igual, y ese es “el pueblo” que los palestinos quieren reconocer. Pero, ¿pueden definirse los ciudadanos judíos y árabes del Estado de Israel como un solo pueblo, o como una sola nación compartiendo valores comunes, una cultura común, unos sueños y aspiraciones comunes?

Los ciudadanos árabes de Israel se definen como palestinos. Ellos en general se sienten parte de la gran nación árabe. Esta es la razón por la que dicha minoría nacional no está dispuesta a servir mayoritariamente en las fuerzas armadas o realizar el servicio nacional. Por otro lado, nosotros los judíos israelíes nos sentimos mucho más cercanos de nuestros hermanos en la Diáspora. Su destino es nuestro destino. Podemos parecer paranoicos a algunos, pero a veces incluso los paranoicos tienen razón. Después de todo,  hace tan sólo 70 años se intento aniquilarnos como pueblo. Al igual que los rinocerontes, nosotros los judíos también necesitamos  una reserva o territorio natural. Nosotros también merecemos sobrevivir.

Aquellos que buscan promover una solución basada en dos Estados para dos pueblos también deberían aceptar el hecho de que incluso el pueblo judío tiene derecho a su autodeterminación y a su propio estado.

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Wednesday, May 28, 2014

Un Estado Judío - Semántica vs Autenticidad - Alexander Yakobson - IDI


Israel 66

La cuestión del reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío es ampliamente vista como un grave - algunos dicen innecesario - obstáculo en el camino hacia la paz. Las posiciones de ambas partes sobre esta cuestión parecen irreconciliables, y tampoco parece probable que cedan. Para muchos israelíes, entre ellos los que se oponen al actual gobierno y cuestionan sus motivos para dar a este reconocimiento un lugar tan destacado, la negativa palestina a reconocer esta autoevidente base para una solución de dos estados - el derecho de los dos pueblos a la independencia nacional en dos estados-nación - resulta inquietante.

Sin embargo, esta cuestión no es un verdadero ultimátum. Si los otros puntos, en el fondo del desacuerdo se resuelven – lo que sería gran noticia, es cierto – y las partes decidan cerrar un trato, una fórmula mutuamente aceptable podría encontrarse.

Una fórmula posible proviene de los parámetros de Clinton del año 2000: una solución de dos estados que establezca "al Estado de Palestina como la patria del pueblo palestino y el Estado de Israel como la patria del pueblo judío". Una fórmula similar aparece en los llamados "Acuerdos de Ginebra" firmados en el 2003 por un grupo de activistas por la paz israelíes y una delegación palestina que incluía a personas cercanas al liderazgo de la Autoridad Palestina: "Afirmando que este acuerdo marca el reconocimiento del derecho del pueblo judío a un Estado y el reconocimiento del derecho del pueblo palestino a un Estado, sin perjuicio de los derechos iguales de los respectivos ciudadanos de las partes".

Algunas de estas fórmulas se pueden adoptar en un futuro acuerdo de paz. Será algo recíproco, y no sonaría como un dictado israelí. Tampoco estaría abierta a la objeción de que al reconocer a Israel como un Estado judío, los palestinos tendrían que renunciar a su narrativa histórica y suscribirse a la israelí; porque también es obvio que al aceptar una redacción de tal tipo, Israel no tendría por que adoptar la narrativa palestina. El término "Estado judío" en sí, probablemente no estaría allí, pero se habría cumplido el fondo de la demanda israelí en régimen de reciprocidad.

El "Estado judío", por supuesto, es precisamente la expresión utilizada por la ONU en su Plan de Partición de 1947, el cual establecía un "Estado judío" y un "Estado árabe" en la Palestina del Mandato (ambos necesarios para garantizar la igualdad cívica para sus respectivas minorías y la plena libertad religiosa para todos). Los portavoces palestinos se muestran “conmocionados y sorprendidos” por las (posibles) connotaciones religiosas de esta expresión; preocupándose más, de manera muy sorprendente, por el secularismo de Israel que por el propiamente palestino, ya que la Ley Básica Palestina y el proyecto de Constitución del futuro Estado palestino proclama el Islam como religión oficial y a la Sharia islámica como fuente principal de la legislación.

También se afirma que el reconocimiento de Israel como un "Estado judío" tendría “implicaciones siniestras” en lo referente a los derechos civiles de la minoría árabe de Israel, sin embargo, la fórmula de Ginebra puede utilizarse para hacer frente a esta objeción. También hemos escuchado en repetidas ocasiones que reconocer la fórmula de "Estado judío" está, simplemente, fuera de los límites para cualquier líder palestino que se precie, pero se ha comprobado que Yasser Arafat, al comienzo del proceso de paz, utilizaba públicamente esa expresión para referirse a Israel y a la aceptación palestina de la solución de dos estados, al menos en una ocasión - al igual que el Consejo Nacional Palestino en la Declaración de Independencia de Palestina en 1988 -. En realidad, no hay razón para que la expresión "Estado judío", como tal, deba aparecer en el tratado de paz, sino que un sustituto adecuado, del tipo que se ha indicado anteriormente, se podría encontrar.

La verdadera cuestión no es si los palestinos están dispuestos a aceptar una fórmula semántica que tiene que ver con el Estado judío, sino más bien si están dispuestos a aceptar al propio Estado judío. Esta cuestión se plantea con toda su gravedad por la demanda palestina de un "derecho de retorno" a Israel para los refugiados palestinos de 1948 y sobre todo para sus descendientes. Sobre este tema, se le pide a Israel que acepte un principio que es "una receta para subvertir en la práctica, ya que sería mucho más que una cuestión de semántica, la solución de dos estados, aún con la seguridad de que todavía habría capacidad para negociar los detalles de la aplicación de este supuesto principio".

"El derecho al retorno es una decisión personal", dijo el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas (Abu Mazen) en un discurso en enero del 2014. "Ni la Autoridad Palestina, ni el Estado palestino, ni la OLP, ni Abu Mazen, ni ningún otro líder palestino o árabe tiene el derecho de privar a alguien de su derecho a regresar... La elección es suya. ¿Tú quieres volver? Volverás. ¿Usted no quiere regresar? Entonces será libre de permanecer allí donde está, con una compensación y otros detalles.... El derecho al retorno es un derecho personal. Incluso un padre no puede renunciar el derecho de sus hijos".

Los palestinos dicen estar dispuestos a negociar una cuota de los regresarían y se establecerían en Israel, pero no como una serie final, pues cualquier cuota se aplicará en un período limitado de tiempo, después del cual otra cuota vendrá y deberá ser negociada, y todo ello bajo el principio rector de que incluso un Estado palestino no puede ceder ante el derecho "personal" a regresar de unos 5 millones de personas (donde la enorme mayoría la comprenden los descendientes).

Estamos seguros de que no todos esos 5 millones – y no lo olvidemos, con sus descendientes en el futuro a su vez -, optarían realmente por venir a Israel. Pero con el fin de acabar con Israel no son necesarios 5 millones. Por otra parte, es difícil para muchas personas que correctamente puedan ser críticos de los “muchos defectos de Israel” reconocer con franqueza, incluso a sí mismos, cuán enorme atractivo es ese “estado imperfecto” a los ojos de sus vecinos (a nivel de libertades y economía).

Por lo tanto es éste, en lugar de la semántica, el verdadero problema. Israel puede vivir perfectamente sin ningún tipo de reconocimiento semántico de su ser como Estado judío, pero no podrá sobrevivir si hace caso a esa demanda palestina de un “retorno individual, por cuotas temporales y sin final”.

¿Es esta posición palestina actual su última palabra? La única manera de poner esto a prueba es mediante la presentación de un plan de paz que ofrezca a los palestinos un estado viable sobre la base de las fronteras de 1967, con un derecho de retorno al estado palestino, pero no a Israel. Debido a que el actual gobierno israelí no va a producir un plan de este tipo, deberían ser los Estados Unidos los encargados.

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Friday, May 09, 2014

¿Por qué Israel debe legalmente definirse como un Estado judío - Emmanuel Navon - i24news


La reciente decisión del primer ministro Benjamin Netanyahu de promover un proyecto de ley que define oficialmente a Israel como el Estado del pueblo judío puede parecer extraña a los extranjeros. Incluso en casa, fue criticado de inmediato por la ministra de Justicia, Tzipi Livni, por la oposición (partidos de izquierda y árabes) de Israel, y cómo no, por el diario Haaretz.

El argumento estándar contra el proyecto de ley es que Israel es a la vez un Estado judío y democrático, y el proyecto de ley se decantaría a favor de los valores judíos sobre los democráticos. Pero ¿por qué esta supuesta contradicción entre la identidad nacional y la democracia sólo se considera un problema en el caso de Israel? ¿Hay alguien que cuestione el hecho de que la República Checa sea a la vez el estado de los checos y un estado democrático? Todos los miembros de la Unión Europea (podría decirse que con la excepción de Bélgica) son a la vez Estados-nación y democracias. Todos ellos pertenecen a una nación dominante, sin embargo, todos los ciudadanos son iguales ante la ley. El hecho de que la identidad judía combine la nacionalidad con la religión (en diferentes grados y dependiendo de las creencias personales de cada uno) no es tampoco particular de Israel. La identidad nacional de Japón se entrelaza con el sintoísmo; el catolicismo es intrínseco a la filosofía nacional polaca; el luteranismo evangélico es la religión del estado de Dinamarca; la Reina de Inglaterra es a la vez jefe de Estado y jefe de la Iglesia anglicana.

El Haaretz sostiene que la Ley fundamental de 1992 de Dignidad y Libertad del Hombre ya define a Israel como un estado "judío y democrático" y, por lo tanto, el nuevo proyecto de ley es innecesario. De hecho, el Haaretz desearía que Israel se apegará a la definición de "judío y democrático" descrita en 1993 por el entonces Presidente del Tribunal Supremo Aharon Barak:
El concepto de Estado judío "debe interpretarse de la manera más abstracta”, y en ningún momento sobre la base de la ley judía. Los valores de Israel como un Estado judío son los valores universales de una sociedad democrática.
Durante sus 28 años como juez de la Corte Suprema de Justicia (1978-2006), y sus 11 años como presidente de la Corte Suprema (desde 1995), Barak confirmó muchas veces que su comprensión de "judío y democrático" se decantaba por lo "democrático". Pero también promovió e implementó lo que llamó una "revolución constitucional", cuya intención y resultado fue sustituir la separación de poderes por una jerarquía de poderes dominados por el poder judicial.

Barak implementó su "revolución" (la única revolución de la historia que se implantó sin tener conciencia la gente, tal como bromeó el ex diputado Michael Eitan) anulando el principio de permanencia, y por lo tanto teniendo abierta las compuertas a las diversas peticiones por motivos políticos, y un ejemplo de ello fue decidir que la Corte Suprema estaba facultada para invalidar las leyes de la Knesset. Mediante la potenciación de la Corte Suprema se podían anular las decisiones del gobierno no sólo en función de su ilegalidad, sino también de su "irracionalidad" (un concepto arcano cuya interpretación pertenece exclusivamente a la Corte Suprema), declarando así que todo (incluyendo las decisiones políticas) era "justiciable" (susceptible a la aprobación de la Corte).

Los efectos de la extensión unilateral por parte de Barak de la autoridad de la Corte Suprema se hizo palpable en la resolución "Pinhassi" de 1993. El viceministro del Interior, Rafael Pinhassi, había sido acusado por la Fiscalía General por cargos de corrupción. Por ley, él no estaba obligado a dimitir ya que no había sido declarado culpable ni había sido enjuiciado. Sin embargo, una ONG solicitó a la Corte Suprema que obligara al entonces primer ministro Yitzhak Rabin a cesar a Pinhassi. Ello no cumplía con los requisitos existentes, pero esos requisitos ya “no existían” desde 1986 por una sentencia de Barak. La ley no exigía a Rabin que cesara a Pinhassi, pero Barak decidió que mantener a Pinhassi en su puesto sería "irrazonable". Decidir el destino de Pinhassi era una cuestión puramente política de la rama ejecutiva, pero Barak dictaminó que la decisión del presidente del Gobierno era "justiciable" – es decir, sujeta a la validación de la Corte -. Y por lo tanto la propia Corte ordenó al Primer Ministro (cuya opinión el Tribunal consideraba irrelevante en su fallo) cesar a su viceministro del Interior.

Durante las últimas dos décadas, la "revolución constitucional" de Barak ha permitido a ciertas personas y organizaciones no gubernamentales solicitar a la Corte Suprema que se anularan ciertas leyes aprobadas por la Knesset, y otras decisiones gubernamentales, que expresaban y preservaban la judeidad de Israel. Por lo tanto, la Corte prohibió a la Agencia Judía en el año 2000 asignar una serie de compras de tierras sólo para judíos; también se solicitó a la Corte en 2006 que derogara una ley destinada a impedir la aplicación del "derecho de retorno" palestino a través de la puerta de atrás de la "reunificación familiar" (la Corte finalmente rechazó la petición en contra de la opinión minoritaria de Barak).

Según lo explicado por el profesor de derecho Menachem Mautner, la "revolución constitucional" de Barak debía permitir a la élite liberal (progresista) de Israel preservar su poder e influencia a pesar de las derrotas electorales de la izquierda desde 1977, y según lo confirmado por el ex ministro de Justicia Daniel Friedmann, "la lucha no era por el imperio de la ley, sino por el control de la propia norma".

Uno de los efectos secundarios de la "revolución constitucional" era permitir que post-sionistas y antisionistas desafiaran la judeidad de Israel a través de la Corte Suprema de Justicia. Este efecto secundario puede que no fuera previsto por Barak, pero hoy en día la Corte carece de una ley que defienda la judeidad de Israel cuando se cuestione. De ahí la necesidad del proyecto de ley ahora propuesto. La oposición de los post-sionistas y antisionistas es comprensible, la de los sionistas liberales no tanto.

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Sunday, April 27, 2014

¿"Judíos o israelíes", o ambas cosas? El 20% de los judíos israelíes se sienten más "judíos" que "israelíes" - Tova Dvorin - Arutz Sheva



Más del 20% de los israelíes se sienten más "judíos" que "israelíes", según ha revelado una encuesta este domingo, y este porcentaje se eleva entre las poblaciones más jóvenes y religiosas.

BINA, una organización que lucha por la identidad judía de Israel dio a conocer la encuesta en vísperas del Día de la Independencia de Israel (Iom Haatzmaut). Esta organización entrevistó a 500 hombres y mujeres de todos los espectros religiosos de Israel como una muestra representativa de la opinión pública, y su objetivo es comprobar el nivel de religiosidad y de identidad nacional en Israel, tanto ahora como en el futuro.

Más israelíes religiosos se identifican principalmente como "judíos", según la encuesta. El 49,5% de la comunidad ortodoxa se siente más "judía" que "israelí", en comparación con el 9,7% entre la población secular.

En general, el 20,1% de los judíos israelíes se sienten más "judíos" que "israelíes", en comparación con el 13,6% que se identifican principalmente como "israelíes" en lugar de "judíos". La abrumadora mayoría de los israelíes se identifican con ambas identidades por igual, con el 60,8% de los encuestados diciendo que se sienten igual de "judíos" que "israelíes".

El 2% de los encuestados dijo no sentirse ni "judíos" ni "israelíes", y el 3,5% respondieron que no estaban seguros de cómo se identificaban.

La encuesta también reveló que los hombres están más polarizados sobre sus identidades que las mujeres. El 70,7% de las mujeres encuestadas se sienten igual de "judíos" e "israelíes", en comparación con solamente el 50% de los hombres.

Los hombres, por su parte, son más propensos a identificarse con una u otra identidad. El 25,2% de los hombres se identifican preferentemente como "judíos" en lugar de "israelíes", en comparación con solamente el 15,4% de las mujeres. Por el contrario, el 19,7% de los hombres se identifican como más "israelíes" que "judíos", en comparación con el 8% de las mujeres.

Los jóvenes israelíes también son más propensos a identificarse preferentemente como "judíos" que como "israelíes". El 28,6% de los encuestados de 18-34 años se identifica más como "judíos" que como "israelíes", en comparación con el 18,8% de los encuestados mayores de 55 años y sólo el 14% de los encuestados de 35-54 años de edad.

A pesar de que la encuesta demuestra la ligera tendencia a considerarse preferentemente como "judíos" en lo referente a su identidad, la mayoría de los encuestados predijeron que sus hijos y nietos se identificarían principalmente como "israelíes" y que su identidad preferente de "judíos" tendería a desaparecer con el tiempo.

El 18,1% consideró que sus descendientes se sienten más "israelíes" que "judíos", en comparación con el 17,4% que siente que las generaciones futuras tendrán como identidad más fuerte la "judía".

Los encuestados también predijeron que, en el 2034, sólo el 49% de los judíos israelíes se identificarán como "judíos" e "israelíes" igualmente, en comparación con el 60.8% en 2014.

Eran Baruch, consejero delegado de Bina, afirmó que la encuesta es un importante recordatorio de las complicaciones de un Estado judío.

"La elección entre [las identidades] 'judío' o 'israelí' revela la tensión en la que se encuentra inmersa la sociedad [israelí] entre la tradición y la innovación, entre la identidad religiosa y la identidad nacional", comentó Baruch. "La sociedad israelí es un activo crisol de culturas e identidades, cada una de las cuales lucha realmente por expresarse y encontrar su lugar [en la sociedad]".

"Lo cierto es que somos un país con un gran significado religioso, pues más de una quinta parte de la población se siente más 'judía' que 'israelí'", continuó. "Esta cifra tiene implicaciones en todos los aspectos de la vida israelí como la conscripción militar, la emigración y un sentido de pertenencia".

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Wednesday, April 23, 2014

Muy clarificador: ¿Significa el triunfo (y la existencia) de Israel que somos culpables? - Dror Eydar - Israel Hayom



La semana pasada, mientras que los israelíes estaban celebrando esa fiesta de la libertad conocida como Pesaj, el profesor Zeev Sternhell escribió un artículo de opinión en el Haaretz en el que criticaba a Israel por insistir en que los palestinos lo reconozcan como un Estado judío.

Esa "es una manera de exigir que los palestinos acepten su derrota histórica y reconozcan la propiedad exclusiva de los judíos de toda la tierra (de Israel)", escribió Sternhell.

Ya está. Con esa sola frase, Sternhell sintetizó la tendencia de la izquierda israelí a huir de los hechos históricos. Se les ha solicitado a los árabes que reconozcan el derecho de los judíos a poseer y mantener alguna parte de su patria histórica, la Tierra de Israel. Cada proyecto de acuerdo que se ha intentado desde la Primera Guerra Mundial ha estipulado tal disposición. Nunca Israel ha pedido a los palestinos que reconozcan su derecho a retener toda la tierra.

Sólo un izquierdista que niega los derechos y las reclamaciones judías a esta tierra, sólo una persona que desprecia la idea de que existen argumentos legales y morales válidos que demuestren un vínculo histórico y religioso entre los judíos y su única patria, puede describir esta demanda como algo que se asemeja a "aceptar una derrota".

¿Quién derrotó a los clanes en Ramallah, Hebrón, Nablus y Gaza? El triunfo de Israel fue solamente un golpe doloroso. Pero el martillo israelí no fue lo que causó su desventaja; fueron los propios árabes de la región los que se han infligido un golpe tras otro y se han fabricado su problemático destino. Los árabes se han negado constantemente a aceptar nuestra presencia aquí; y siguen albergando la falsa esperanza de que nos podrán echar de aquí si sólo esperan un poco más. Y encima son instigados a ello por Sternhell y sus cohortes.

Es por eso que nunca van a firmar un acuerdo de paz que anuncie o determine un abandono y un final del conflicto, de una vez por todas. De hecho, son los palestinos, no los israelíes, los que insisten constantemente en que tienen "la propiedad exclusiva de toda la tierra". Nuestro profesor se niega a ver esta verdad, por supuesto, y es porque sus ojos ya se han cerrado.

La intransigencia de los palestinos a que Israel sea reconocido como lo que es, un Estado judío, tiene que ver con una de las cuestiones fundamentales, una cuestión que gran parte de la izquierda israelí ha obviado y omitido de alguna manera: "¿Los judíos, como un grupo nacional y étnico, tienen  derecho a esta tierra, con base a razones morales, legales, históricas y religiosas? Y al menos, ¿tienen derecho a la parte de esta tierra que se nos dejaría para nosotros si Sternhell se sale con la suya?".

Mientras los palestinos se nieguen a aceptar esta demanda, y contesten con un "No" a esas preguntas, el conflicto perdurará. Cualquier acuerdo que no se considere como definitivo no sería más que otro paso más hacia la aplicación del plan por etapas de la Organización de Liberación de Palestina para destruir a Israel. En otras palabras, la deslegitimación del Estado judío continuaría incluso después de que se haya retirado a sus estrechas fronteras.

Y es que entonces, y no lo duden, los amigos de Sternhell se dedicarán a continuación a atacar a Israel por ser un estado de "apartheid y racista". En lo que a ellos respecta, ya que una quinta parte de la población no es judía, ese país solo sería legítimo si se convierte en un estado binacional. Este futuro desarrollo es obvio. Cómo es indignante para ellos que los libros de leyes abiertamente se muestren favorables a los derechos de la mayoría judía.

Y entonces Sternhell deberá cerrar aún más sus ojos, llenos de indignación, para escribir su siguiente artículo de opinión donde exija la transformación de Israel en un "país de todos sus ciudadanos", o mejor dicho, un "estado de todos sus nacionalidades". ¿Por qué? Para utilizar sus propias palabras, "la ciudadanía es inferior a la afiliación nacional". Y es que esa molesta cosa llamada nacionalidad, simplemente no va a desaparecer.

Pero es aún peor. Sternhell esencialmente está afirmando que los "judíos son y serán los culpables perennes". Por desgracia, una parte significativa de nuestras declinantes élites han crecido aceptando el antisemitismo en el escenario mundial.

Basta con mirar cómo Sternhell define este acuerdo: "Para los líderes de Israel, la palabra acuerdo significa una rendición palestina incondicional... Los palestinos deben aceptar su inferioridad". Sencillamente increíble. ¿De dónde se ha sacado esto? Sólo un auténtico colonialista podría hablar así. Sólo una mentalidad colonialista contemplaría el acuerdo como un pacto donde los lugareños aceptan su inferioridad con respecto a sus amos (foráneos).

Así que un "acuerdo justo", según la docta opinión de Sternhell, supongo que solamente sería factible con los palestinos sosteniendo un cuchillo contra nuestra garganta y poco a poco empujándonos hacia el mar. Posteriormente nos lanzarían a bordo de los buques ya dispuestos, y entonces nos dispersaríamos por toda Europa, verdadera patria espiritual de Sternhell.

El colectivo palestino (asumiendo que no es único, sino plural) ya tiene un estado en Jordania y en Gaza. Además tiene un mini-Estado en Ramallah. Además, existen nuevos estados palestinos en fabricación. ¿Esta es la inferioridad?

Pero no se preocupen, pues el patrocinio de la izquierda israelí también se extiende a los no árabes. Y de él también se benefician sus adversarios ideológicos. Y es que Sternhell se ha dado cuenta de que él forma parte de una minoría. Él quiere que el primer ministro Benjamin Netanyahu reniegue de las promesas que hizo a sus votantes, que repudie los mismos valores con los que se ha identificado y que tire por la borda la misión histórica que ha perseguido hasta ahora: "Debe tratar de parecerse a [Charles] de Gaulle y no a un hijo del profesor [Benzion] Netanyahu". Esencialmente, lo que quiere es que siga el camino de sus dos antecesores más recientes, Ehud Olmert y Ariel Sharon, además de emular a la actual ministra de Justicia, Tzipi Livni. Todos ellos han acabado ignorado sus propias raíces ideológicas.

¿De Gaulle? Esto es simplemente hilarante. Recuerden su retórica antisemita después de la Guerra de los Seis Días, cuando dijo que "no había justificación para un Estado judío que estuviera rodeado de naciones árabes hostiles". Además nos tildó de "pueblo de élite, seguro de sí mismo y dominador" (si usted leyera los artículos de opinión de Sternhell, es posible que comprobara que ha llegado a la misma conclusión).

Sternhell sugiere que Netanyahu debería retirarse del corazón de nuestra patria, al igual que de Gaulle se retiró de Argelia. Pero esto es como las manzanas y las naranjas. Argelia nunca fue tierra francesa. En cuanto a la Tierra de Israel, ha sido la tierra del pueblo judío desde tiempo inmemorial. Sí, Mr. Sternhell, ese ha sido el hogar histórico de su pueblo durante mucho tiempo. ¿Podría usted creerlo?

Me gustaría mucho alabar la postura patriótica de Gaulle durante la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, se mantuvo firme contra los derrotistas que en el gobierno francés querían someterse a los nazis. Mi consejo: cuando usted haga paralelismos históricos, compruebe que escoge los correctos.

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Friday, April 18, 2014

Gran artículo: El reconocimiento de un Israel judío es fundamental para los palestinos - Yaacov Amidror - Besa



Cualquier discusión sobre las negociaciones entre israelíes y palestinos debe comenzar con la siguiente observación: Desde la firma de los acuerdos de Oslo hace veinte años, Israel ha ajustado significativamente sus posiciones diplomáticas hacia los palestinos, mientras que los palestinos no se han movido un milímetro hacia Israel sobre cualquier tema.

Israel ha dado pasos de gigante hacia los palestinos, mientras que los palestinos han mantenido obstinadamente una posición de no compromiso con Israel. Por desgracia, el mundo no parece capaz de poder reconocerle a Israel ningún crédito por sus cambios de posicionamiento en beneficio de la paz.

Para ilustrar los cambios en las posiciones de Israel en las dos décadas que van desde la firma por Israel de la Declaración de Principios en septiembre de 1993, resulta instructivo empezar con las palabras del ex primer ministro Yitzhak Rabin. Rabin fue el principal firmante de Israel de la Declaración de Principios y del Acuerdo Interino entre Israel y Palestina en la Ribera Occidental y la Franja de Gaza (Oslo II).

En su último discurso ante la Knesset en octubre de 1995, apenas dos semanas antes de ser asesinado trágicamente, Rabin presentó dicho acuerdo ante la Knesset y especificó que la visión de Israel de esas conversaciones era que se crearía una "entidad" palestina que sería "menos que un estado". El primer ministro declaró explícitamente que Israel "no volvería a las líneas del 04 de junio 1967" (las del armisticio de 1948) y prometió que Israel mantendría el control sobre el valle del Jordán “en el sentido más amplio del término". También declaró explícitamente que Israel no congelaría la construcción en los asentamientos.

Resulta muy instructivo comparar las políticas negociadores de Rabin con las posturas negociadoras manifestadas por el actual primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, quien ahora sostiene abiertamente que aceptaría un estado palestino, e insiste en la “presencia” de fuerzas militares israelíes "a lo largo del río Jordán". Podemos decir que no sabemos exactamente lo que eso significa, pero sabemos que significa bastante más de lo que pretendía Rabin.

Rabin tampoco habló nunca de “compensar” a los palestinos con territorio de Israel - anterior a 1967 - por los bloques de asentamientos de más allá de la Línea Verde y que Israel tiene la intención de mantener. Ahora, por alguna razón, se ha convertido casi en una expectativa ampliamente aceptada que Israel va a compensar al Estado palestino con territorio propio a cambio de los bloques de asentamientos.

Tácticamente, también las posiciones de Israel han cambiado. El primer ministro Rabin nunca se comprometió a liberar a los presos palestinos condenados por asesinato. El primer ministro Netanyahu ya ha liberado a tres grupos de terroristas, y no a cambio de un acuerdo, sino más bien como una "medida de confianza" que sólo pretende traer a los representantes palestinos a la mesa de negociaciones.

Al mismo tiempo, los objetivos y las demandas palestinas se han mantenido constantes desde el período de Oslo, sin realizar concesiones de ningún tipo en los últimos veinte años.

Esta misma semana, tuve una conversación con 35 diplomáticos occidentales, muchos de los cuales han participado durante años en los asuntos entre israelíes y palestinos. Les pedí que identificaran para mí una concesión diplomática palestina u otra flexibilidad diplomática significativa en los últimos veinte años. Ellos balbucearon, vacilaron y parecieron ponerse a pensar durante un rato, hasta que uno de los diplomáticos dijo: "Bueno, Abu Mazen ha aceptado una presencia de seguridad israelí en el valle del Jordán durante 3-5 años". Esa es la única "concesión" palestina en 20 años que estos diplomáticos podían identificar, y esta "concesión" era, por supuesto, sin sentido.

En el contexto de la actual ronda de negociaciones, este patrón de inflexibilidad palestina explica la fundamental demanda del primer ministro Netanyahu de que los negociadores palestinos afirmen claramente que ellos entienden que el final de las negociaciones supondrá la presencia del Estado judío de Israel junto a un Estado árabe palestino. No nos referimos a un amorfo e indefinido "Israel", como la OLP reconoció en 1993, sino a un país judío claramente definido al otro lado de la frontera del Estado palestino. Si fuera más fácil para nuestros adversarios admitirlo, otra formulación podría ser que Israel es "el Estado-nación del pueblo judío".

Irónicamente, Israel no sería el principal beneficiario de tal declaración. Realmente tenemos poca necesidad de un "reconocimiento" palestino de nuestro derecho a vivir en esta tierra. La justicia moral, histórica y jurídica de un Estado judío en la Tierra de Israel está fuera de duda o de debate serio.

Más bien, el reconocimiento palestino de la permanencia de un Estado judío es crítico, primero y sobre todo, para los propios palestinos. Los líderes palestinos y la población laica por igual, tienen que empezar a ponerse de acuerdo con esta realidad, sobre todo hablando de ello en público y comenzando a educar a las jóvenes generaciones de ello.

De hecho, mi participación en las negociaciones y en las reuniones privadas con los palestinos durante el año pasado ha vuelto evidente para mí que el proceso diplomático no trata de "tierras por paz". No se trata de las fronteras de 1967, sino de desentrañar el conflicto entre Israel y los palestinos que se remonta a 1948. Por lo tanto, si un acuerdo entre Israel y los palestinos no incluyera el reconocimiento palestino de Israel como el Estado-nación de los judíos, dicho acuerdo no valdría ni siquiera el papel en que está escrito.

Creo que vale la pena tener en cuenta que desde cierto punto de vista, la posición palestina es comprensible. No hay ningún ejemplo en la historia de la humanidad en la que un pueblo volviera a su tierra ancestral después de un exilio de 2.000 años. Los palestinos, por lo tanto, están en lo correcto al preguntarse por qué, si no hay ningún precedente para el objetivo principal del sionismo, su nación debería tener que inclinarse ante el único ejemplo de un pueblo antiguo que regresa a su tierra.

Esta es precisamente la razón por la cual es fundamental que los palestinos digan abierta y claramente que el resultado del proceso de paz entre Israel y Palestina será un Estado judío junto a un Estado palestino. Es esencial que un acuerdo de paz, si se firma, incluya el total reconocimiento palestino de que las reclamaciones palestinas tradicionales, con respecto al nacimiento de Israel en 1948, están cerradas para siempre. Esta declaración seguramente les será muy difícil.

Los negociadores palestinos se oponen a la insistencia de Netanyahu de que reconozcan a Israel como un Estado judío porque dicen que es una "nueva" demanda israelí diseñada para evitar cualquier emergente acuerdo de paz.

Eso no es cierto. Yitzhak Rabin entendió la importancia de este tema. Por eso exigió la modificación de las cláusulas de la Carta de la OLP. El ex primer ministro Barak lo entendió de nuevo en Camp David, cuando se ofreció a firmar un acuerdo con Yasser Arafat siempre que éste aceptara que el acuerdo pusiera fin a todas las demandas palestinas ("el fin del conflicto").

Ambos líderes también entendieron que el amorfo e indefinido "reconocimiento" de Israel por la OLP en 1993 no era suficiente, ya que daba cabida a que los líderes palestinos manejaran la idea de que la fórmula de dos estados para dos pueblos en realidad podría ser revisada a fin de crear dos estados para un solo pueblo. Esa preocupación continúa asaltando al actual primer ministro - con su fuerte sentido de la historia - y es la razón por la que ha hecho de este tema como un tema central.

Para que las negociaciones en curso tengan algún significado, los palestinos deben reconocer que el objetivo de las conversaciones es consagrar la permanencia del Estado judío de Israel junto a un Estado palestino, por el bien de los palestinos y por el bien de una paz verdadera.

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