Wednesday, March 07, 2012

La obsesión por Israel en los EEUU - Shmuel Rosner - Foreign Policy La obsesión por Israel en los EEUU - Shmuel Rosner - FP



A mediados de diciembre del año pasado, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, "con todo respeto", rechazó la solicitud de escribir un artículo de opinión para el New York Times. En la carta donde rechazaba la petición, el principal asesor de Netanyahu, Ron Dermer, afirmaba haber contado los artículos relacionados con Israel y publicados en el NYTimes (y el International Herald Tribune) entre septiembre y noviembre de 2011, y concluía que de los 20 artículos relacionados con Israel 19 de ellos presentaban a Israel bajo una luz negativa. Al parecer, escribía, "como si eso fuera la forma más segura de lograr en estos días que el New York Times te publique el artículo, no importa cuán poco relevante sea su redactor o su punto de vista, con tal de que ataque a Israel".

Si uno deja de lado por un momento la cuestión del sesgo pro o anti-israelí, parece que la mejor manera de lograr que un artículo de opinión se publique en cualquier lugar de los Estados Unidos es escribir algo acerca de Israel. Desde que recibí una solicitud para escribir este artículo para Foreign Policy, he visitado la web de FP todos los días y he contado los artículos sobre diferentes temas y países. Pueden probarlo ustedes mismos utilizando su motor de búsqueda: sobre Israel se ha escrito algo más que sobre Gran Bretaña, Alemania, Grecia, India o Rusia. Y la próxima semana se escribirá aún más, con la llegada de Netanyahu a Washington para otro discurso ante el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) y su reunión con el presidente Barack Obama para discutir sobre la estrategia con respecto Irán y otros asuntos.

Contando las menciones de Israel en diversos foros de América es una vieja costumbre mía. Hace cuatro años, en el período previo a la elección presidencial americana de 2008, pedí a los candidatos que "resistieran la tentación” de hablar constantemente de Israel o de expresar su profundo amor por el Estado judío. Escribí por aquel entonces:

La semana pasada en el debate vice-presidencial, el nombre de Israel fue mencionado 17 veces, el de China dos veces, el de Europa sólo una vez, y Rusia no fue mencionado en absoluto. Ni Gran Bretaña, Francia o Alemania.

Huelga decir que mi consejo no ha sido escuchado. En diciembre de 2011, he contemplado como los candidatos presidenciales republicanos competían entre si para demostrar su amistad con Israel en una reunión de la Coalición Republicana Judía (Mitt Romney, se comprometió a visitar Israel antes de visitar cualquier otro país, Newt Gingrich, dijo que movería la Embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén el primer día de su presidencia). A principios de enero, al igual que muchos otros periodistas de muchos países extranjeros, viaje hasta Iowa para cubrir los caucus republicanos y tuvo que preguntarme una vez más acerca de los periodistas de otros países:

¿No se sienten abandonados en medio de toda esta cháchara acerca de mi país? En los más de una docena de actos de campaña a los que asistí, no he oído una sola palabra sobre Japón, Rusia, Alemania, Francia o Italia. Europa se ha mencionado en ocasiones, pero para decir que "el presidente Obama quiere que Estados Unidos sea como Europa, y tenemos que detenerlo". China se mencionó de forma esporádica, Brasil, quizá una vez. ¿E Israel? En cada ocasión.

Hay más de una razón por la que Israel se ha convertido en un tema de conversación tan constante entre los periodistas, escritores, responsables de opinión, políticos y expertos americanos. Sin lugar a dudas, Israel es interesante. Está muy bien situado en una zona que es continuamente productora de noticias dramáticas, un lugar al que los periodistas pueden viajar fácilmente y del que puede escribir fácilmente - el único país del Oriente Medio que no impide violentamente a los medias hacer su trabajo -. Luego está el factor de la "relación especial": Israel es un aliado de EEUU, y existe un fuerte grupo de presión favorable a Israel, tanto de judíos como también de cristianos, que trabajan para preservar las relaciones de los dos países. Es un lugar por el que muchos estadounidenses tienen una afinidad especial por motivos religiosos, lo que significa que cualquier historia acerca de Israel es probable que genere muchas páginas vistas y muchos comentarios apasionados. Está también la política: Israel es una herramienta con la que los candidatos políticos se martillean entre sí. También es cierto que los judíos estadounidenses, aunque sean una pequeña minoría dentro de la población de EEUU, están bien representados entre los periodistas.

Esto hace que Israel no sólo sea un tema de conversación constante, sino que también puede dar lugar que esas conversaciones sean en sí bastante extrañas para un ojo inexperto. Los sitios de noticias, blogs y los diversos escritores pueden dedicarle mucho tiempo a discutir sobre el contenido de algunos tuits de la nueva corresponsal del NYTimes en Jerusalén; o bien puede existir un debate desenfrenado durante semanas por algunos estúpidos comentarios vertidos por algunos bloggeros de un think-tank de izquierdas. No me malinterpreten: en ambos casos estoy con aquellos que piensan que los tuits y los comentarios eran dañinos. Pero también debo reconocer que este nivel de control e interminable discusión raramente se da en otros países, y que la mayoría de los lectores sin un alto nivel de interés por los asuntos relacionados con Israel es probable que se aburran y se pierdan en los detalles insignificantes de estos y otros debates.

Israel es para los escritores y periodistas de EEUU lo que el fútbol es para el público europeo en general: todo el mundo parece ser un experto, o al menos cree que él o ella lo es. No es solamente el número de menciones y artículos escritos sobre mi país lo que resulta desconcertante, es también el número de comentarios mal informados y observaciones indignas. Un caso notable - que parece haber irritado especialmente al primer ministro – fue un artículo de opinión en el New York Times diciendo que Israel sólo estaba interesado en la promoción de los derechos de los homosexuales como una forma de "relaciones públicas" que haga olvidar sus pecados contra los palestinos. Otro ejemplo, el columnista Eric Alterman en la revista Forward, cuando realizó la absurda afirmación de que Israel se estaba convirtiendo en una "teocracia".

Existe, por supuesto, el viejo dicho periodístico de que "si el río suena", y el conflicto palestino-israelí se ha convertido en un gran río que ya ha transportado mucha sangre. Sin embargo, si la medida del interés por los conflictos fuera su carácter sangriento, éste conflicto solamente obtendría una pequeña fracción de cobertura, algo que la más pequeña evolución en el proceso de paz desmiente claramente. Otros temas más emergentes no pueden competir con la publicidad y la controversia que se desata después de cada trivial "progreso" o "retroceso" en el ya mencionado proceso de paz, una historia de nunca acabar. Echen un vistazo a la lista de los conflictos más sangrientos del mundo, y comparan la cobertura que está recibiendo si los comparamos con la que recibe el conflicto palestino-israelí en casi todas las publicaciones de América.

¿Cuándo han leído recientemente en el New York Times artículos acerca de la violencia en Honduras? ¿Cuántos se enteraron del tenor del régimen autocrático y dictatorial de Siria antes de la última erupción de las sangrientas luchas internas? ¿Se ha proporcionado la cobertura y el análisis adecuado a las recientes y crecientes tensiones en el Cáucaso del Sur? Esto plantea la cuestión de si toda la atención que ha caído sobre Israel y los palestinos les ha facilitado estar una pulgada más cerca de la resolución del conflicto, o, por el contrario, eso lo complica aún más y lo vuelve peor, dando a ambas partes más razones para invertir gran parte de su energía en ganarse y manipular a la opinión pública internacional, en lugar de resolver los problemas reales,

Naturalmente, los líderes israelíes preferirían que se prestara menos atención al conflicto con los palestinos y más a historias positivas, como la “start-up nation” y ese tipo de historias. Luego hay ciertos temas en los que la atención pública es a la vez una bendición y una maldición, sobre todo con Irán. La política de Israel contra Irán se basa en empujar al mundo hacia la acción (ya se trate de sanciones o de un ataque), por ello depende de la atención que esta historia esté recibiendo en los medios de comunicación. Para eso los titulares cebo del estilo de "¿Israel atacará a Irán?" aseguran que el tema se mantenga en primer plano en la mente de los políticos estadounidenses.

Por otro lado, cuanta más la atención se ponga en su "ángulo israelí" de la cuestión más impresión se dará de que el programa nuclear de Irán es realmente sólo "un problema local" y no una amenaza mundial, tal como el gobierno israelí quiere presentarlo. Cuanto más se perciba al programa nuclear de Irán como un “tema israelí", mayor es el riesgo de que Israel sea finalmente culpado por las consecuencias negativas de la tensión, como los precios del petróleo. También existe el peligro real de que, si llegara la guerra, los estadounidenses vean la destrucción de la capacidad nuclear de Irán como algo que Israel debe manejar por su cuenta, en lugar de apoyar una coalición internacional que tendría una mejor oportunidad de neutralizar la amenaza.

La sobrerrepresentación de Israel en la plaza pública de EEUU es a veces un dolor de cabeza y, a veces un motivo de celebración. Algunos podrían argumentar que el alto nivel de apoyo del público americano a Israel provoca que no pueda sobrevivir sin él. En cualquier caso, mantener un perfil bajo - a menudo una necesidad para una diplomacia eficaz - es imposible para Israel. Y será la semana próxima, cuando Obama y Netanyahu hablen ante los delegados de AIPAC, cuanto toda una multitud no se cansará de hablar de Israel y de sus problemas.

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