Malinterpretando a Jabotinsky y la crisis de Peter Beinart - Rick Richman – NYSun

El 19 de marzo, el New York Times publicó un fragmento - que cubre casi la mitad de la página de editoriales - del nuevo libro de Peter Beinart "La crisis del sionismo”, y en cual el Sr. Beinart propone boicotear las comunidades judías en los territorios en disputa de Cisjordania. Al final de dicho día, una extraordinaria variedad de más de 20 prominentes bloggers prominentes de izquierda, derecha y centro habían desmantelado el artículo de opinión del Sr. Beinart.
En el Atlantic, Jeffrey Goldberg no sólo rechazaba el boicot sino que escribía: "No estoy interesado en debatir sobre nuevo libro de Peter, cuya lectura acabo de terminar, porque me parece que su relato de la reciente historia de Oriente Medio solo recoge la visión de una de las partes y está lleno de errores y omisiones". Habiendo terminado mi propia lectura del libro, puedo confirmar que los errores y las omisiones en Beinart en las 196 páginas de texto podrían llenar otro libro.
Uno de los errores/omisiones más impresionante – entra en ambas categorías – es la relativa al grave error que comete el Sr. Beinart al interpretar un ensayo de 1910 de Vladimir Jabotinsky, error de interpretación que utiliza para apoyar su teoría de que "la razón es muy simple por la cual Benjamin Netanyahu no tiene confianza en Barack Obama (a quien el Sr. Beinart llama el 'presidente judío'): Obama le recuerda a Netanyahu aquello que al propio Netanyahu no le gusta de los judíos":
Comprender lo que a Netanyahu no le gusta de los judíos requiere comprender aquello que no le gustaba a Vladimir Jabotinsky de los judíos... Lo que a Jabotinsky no les gustaba de los judíos era su creencia de que llevaban un mensaje moral para el mundo... La Biblia dice: '¿No oprimirás al extranjero, porque tú conoces el corazón del extranjero ya que fuiste un extranjero en la tierra de Egipto', a lo que Jabotinsky respondía en 1910: Dentro de la moral contemporánea, no hay lugar para un humanismo tan infantil.El Sr. Beinart ha encontrado esta cita de una fuente secundaria. Es poco probable que leyera el mencionado ensayo de Jabotinsky – unas 12 páginas - antes de usar esa cita como eje de su análisis porque el señor Beinart no solamente ha distorsionado atrozmente el tema del ensayo, sino que incluso ha malinterpretado una cita compuesta de dos frases.
Al Sr. Beinart le hubiera gustado el ensayo si lo hubiera leído. El ensayo hace alusión a las consecuencias derivadas del combate de boxeo por el campeonato de los pesos pesados celebrado el 04 de julio de 1910, entre Jack Johnson, hijo de esclavos emancipados que defendía su título, y Jim Jeffries, un ex campeón invicto que se había retirado después de negarse a combatir con púgiles negros, y que regresó de su retiro para, como le dijo a los Los Angeles Times, "recuperar el campeonato del peso pesado para la raza blanca".
La nación estaba paralizada por el combate. Las apuestas se decantaban mayoritariamente por Jeffries, quien se había entrenado durante nueve meses. Un artículo de la revista declaraba que "no es una exageración decir que el mundo entero espera ver - la película - el combate". El escritor Jack London cubrió la pelea para el Philadelphia Inquirer y escribió al día siguiente: "Una vez más... Johnson envió a la derrota al representante elegido de la raza blanca, y esta vez fue el mejor de todos ellos". Los resultados inmediatos del tal desenlace fueron disturbios raciales por todo el país, con decenas de muertos, casi todos hombres negros. Hacia el 7 de julio, más de 40 ciudades habían prohibido la película, una censura que fue apoyada por algunas autoridades religiosas, el New York Times, y el ex presidente Theodore Roosevelt.
Dos semanas después de la pelea, Jabotinsky - un periodista de 30 años que residía en Rusia - publicó su ensayo. Todo comenzaba de la siguiente manera:
El reportero de la Russkie Vedomosti nos ha informado desde Estados Unidos sobre los últimos actos de violencia contra los negros... Cuando se hizo evidente que Johnson había ganado, la victoria de un hombre negro sobre un hombre blanco, fue como si a una señal convenida la multitud se levantara por todo el país y comenzara a perpetrar agresiones contra los negros.Jabotinsky se preguntaba por lo que hizo posible tales desmanes:
Los negros ya están acostumbrado a estos hechos desagradables. Pero estos incidentes estaban fuera de lo normal ya que estas violencias solían suceder de una manera regular en el sur del país, pero ahora estos actos de violencia contra los negros también se producían en las ciudades del norte. La excusa habitual era el rumor de que una persona de color local había intentado "nuevamente" violar a una mujer blanca, lo que conducía a una multitud de miles de personas en busca de hombres negros que linchar.
Esta vez, sin embargo, no ha sido necesaria tal excusa. [...] Los ciudadanos blancos trataron de aplastar el orgullo negro y cayeron sobre ellos en una proporción de cincuenta a uno, con cabezas destrozadas, personas pisoteadas e inclusive crueldad con mujeres y niños.
Los Estados Unidos, la república más libre de la tierra, el territorio cuya existencia política es el resultado de un levantamiento, también es el lugar donde residen 10 millones de ciudadanos con una escandalosa falta de derechos a causa solamente del color de su piel. Anteriormente eran esclavos. Más tarde, los estados del Norte exigieron el fin de la esclavitud y declararon la guerra a los estados del Sur... Finalmente, los negros fueron reconocidos como ciudadanos libres de esa gran república, con plenos e iguales derechos.El Sr. Beinart se habría quedado impresionado ante la indignación moral que refleja la descripción de Jabotinsky de la situación a la que se enfrentaban los negros:
Desde entonces, casi cincuenta años han pasado, pero si tuviéramos que hablar en serio de esa "igualdad de derechos" no solamente cualquier hombre negro, sino también cualquier persona blanca, se reiría delante de nuestra misma cara. Una desigualdad de este tipo es incomparable a la existente en cualquier otra parte del mundo civilizado, aunque también hemos incluido en esta flexible definición a Rusia y Rumanía.
Los teatros están cerrados para ellos, al igual que los hoteles, los vagones de ferrocarril y las escuelas. Se les asigna vagones especiales y estrechos compartimentos separados en los tranvías. Las escuelas para los niños negros se construyen en zonas distintas a las de los niños blancos. Son de construcción barata, inadecuadas y sucias. Los derechos políticos del ciudadano negro "libre e igual" equivalen a nada...El conflicto entre los pueblos, escribe Jabotinsky, se parece a una enfermedad, algo que el "voto popular y las escuelas no pueden sanar", ya que la educación masiva y la democracia no la había desterrado de los Estados Unidos medio siglo después de la Guerra Civil. A continuación, señalaba - en el párrafo citado en parte por el Sr. Beinart - que incluso las personas oprimidas de pueblos oprimidos pueden oprimir a otros (Jabotinsky citaba a los alemanes que lograron su unión y entonces dividieron a los polacos, y como los propios polacos, después de haber sido oprimidos por los alemanes, oprimieron a su vez a los rutenos):
Casi todos los veranos el mismo suceso se repite: un joven negro puede realizar algún gesto ambivalente con su mano extendida hacia una mujer blanca... y esa mujer se aleja llorando y gritando afirmando que se ha tratado de un intento de violación y, en cinco minutos, una gran multitud se reunirá y comenzará la caza de hombres de raza negra... Los ciudadanos de la República, que no están en estado de embriaguez, que saben leer y escribir, que terminaron en la mayoría de los casos la escuela secundaria, que se visten con ropa decente y con camisas almidonadas, se abren paso con sus codos y se dirigen contra el primer joven negro sospechoso para golpearlo con bastones y palos... Cuando algunos de ellos huyen y se dirigen al jefe de la policía para solicitarle ayuda, éste se encoge de hombros y les dice: "Soy incapaz de ayudarle. Tengo pocas manos para ello", una respuesta que los judíos conocen muy bien...
En un país como este, y en ese entorno [alfabetización generalizada y buenas costumbres], aparece el odio racial, no por casualidad, sino durante años y años, en diversas formas que son peores que el pogrom de Kishinev...
Sólo en la Biblia está escrito: "No perjudicaras a un extranjero ni lo oprimirás, porque tú fuiste extranjero cuando estuviste en la tierra de Egipto". En nuestro código de moral contemporáneo, ya no hay lugar para esta especie de amor delicado y humanismo hacia el prójimo, ya que nos parece infantil.Fijándose únicamente en ese párrafo aislado, procedente de una fuente secundaria, el Sr. Beinart cree equivocadamente que Jabotinsky aprueba ese amoral "código de moralidad". Si hubiera leído todo el ensayo se habría dado cuenta de que Jabotinsky se limita únicamente a observar que, incluso en los mejores países, incluso en las circunstancias más civilizadas, la moral contemporánea hace caso omiso de los mandatos bíblicos y que por lo tanto no eran suficientes para proteger a un pueblo oprimido.
La conclusión que Jabotinsky quería hacernos llegar es que el poder era necesario para que los judíos sobrevivieran, y que la asimilación en Europa, en última instancia, no les protegería. Tres décadas más tarde, su suposición se demostró trágicamente correcta en lo que corresponde con los países más cultos y sofisticados de Europa.
Contrariamente a la caricatura de Jabotinsky que nos muestra el Sr. Beinart, "Jabotinsky se elevaba muy por encima de todos los demás líderes sionistas de entre las dos guerras mundiales por su cultura, sensibilidad y horizontes intelectuales", escribió Shlomo Avineri en "The Making of Modern Zionism"(1981), la fuente secundaria donde el Sr. Beinart encontró su cita.
Jabotinsky rechazó dar primacía al sentimiento de clase sobre la identidad judía, una característica del sionismo laborista que veía a los judíos como unos "trabajadores" que establecerían una paraíso socialista, y que por ello denigraban a los judíos de las otras clases. Del mismo modo, para el Sr. Beinart el liberalismo, en última instancia, debe prevalecer sobre el sionismo, el cual está en crisis según él. Es por eso que en este libro fruto de tan escasa investigación y tan pobremente escrito, el Sr. Beinart termina proponiendo boicotear a otros judíos y considera que Obama es más judío que el señor Netanyahu.
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