Israel debe despertar del síndrome post-Yom Kippur - Israel Harel - Haaretz
Hace años, en una conferencia en Ammán, unos pocos israelíes y egipcios estaban sentados charlando. A uno de los israelíes le preguntaron cuándo había visitado por última vez Egipto. "El 16 de octubre de 1973", respondió de manera algo chistosa. "Y sin pasaporte. Crucé el Canal de Suez con mi unidad hasta que nos retiramos unos meses más tarde, pero ahora estamos en paz. No quisiera insultar a nadie".
Una conmoción menor se produjo. "Eso nunca sucedió", le respondieron algunos de los egipcios. Uno de ellos, un general retirado, dijo a sus amigos: "Técnicamente, el israelí no está mintiendo Nosotros les hicimos entrar al otro lado del canal para realizar una emboscada y destruirlos". En cuanto al israelí, continuó: "Si ustedes ganaron (como dicen), ¿por qué retirarse del lado occidental del canal y permitir que todo el Sinaí quedara en nuestro poder?"
La semana pasada, Egipto celebró la gloriosa "Victoria de octubre", tal como lo ha estado haciendo durante estos últimos 39 años. El presidente Mohamed Morsi otorgó medallas a los oficiales que lucharon en esa guerra. Y la multitud aplaudía. Por el contrario, los medios israelíes, como lo han hecho durante estos últimos 39 años, celebraron la victoria de las Fuerzas de Defensa de Israel continuando con su campaña de lamentaciones, en búsqueda de fallos y golpes de pecho por los pecados cometidos. Pero sobre todo por los pecados que no hemos cometido.
He comentado durante años que las celebraciones de la victoria son un excelente ejemplo de un aspecto básico de Egipto: la vida en un mundo imaginario. Y los mitos imaginarios conducen a distorsiones en el gobierno, la economía, la salud, la educación, la condición de la mujer y las minorías, y las otras típicas desgracias de Egipto y de la mayoría de regímenes árabes.
Por el contrario, he tomado nota de que la Guerra de Yom Kipur fue la mayor victoria que un ejército judío ha logrado jamás. Los que tratan de presentárnosla como una derrota, viven, al igual que los egipcios, en un mundo de fantasía y están actuando como si estuvieran en shock. De hecho, las decenas de miles de personas que lucharon en el Sinaí puede probar fácilmente que el ejército israelí, en el final de la guerra, estaba en el kilómetro 101, frente a la capital expuesta de Egipto, mientras que miles de egipcios se rendían sin luchar.
Estamos sufriendo el mismo síndrome que afectaba a los espías bíblicos: "y eramos a nuestro parecer como langostas, y así les parecíamos a ellos". Y puesto que es el estado de ánimo el que cuenta, resulta que los egipcios realmente ganaron la guerra. Lo cierto es que aún no cosechando los frutos de la victoria, dictamos nuestras condiciones a los egipcios (después de todo, estábamos de pie en la puerta de entrada a El Cairo) Y manteníamos al menos los asentamientos en el norte de Sinaí. Sin embargo, a causa de la neurosis de guerra que hemos traído sobre nosotros mismos, nos comportamos como esos que, como dice la Biblia, "huyen sin que nadie les persiga" .
Ellos, en cambio, mantuvieron su equilibrio psicológico a pesar de su debacle absoluta, logrando así sus objetivos estratégicos. Y el próximo año, en el aniversario número 40, la campaña mórbida y masoquista se volverá más fuerte y más periódicos que sobrevivan se imprimirán, como lo hacen cada cinco años, con un deprimente suplemento de mea culpa que representará la victoria como una derrota.
Esta crisis psicológica nacional es lo que llevó a los lamentables resultados de las dos guerras en el Líbano y otros incidentes relacionados con la seguridad. El gobierno y el ejército israelí, que han sido infectados por la debilidad y la cobardía psicológica que se ha apoderado de muchas personas, no actuaron debidamente en protección de los ciudadanos de Israel. Y miles de judíos fueron asesinados y heridos, hasta que encontraron el valor para tomar acciones significativas contra lo que se denomina las Intifadas palestinas.
Los árabes notaron esta debilidad y han llegado a comparar la calidad de nuestra firmeza a una tela de araña. Y si usted realmente quiere saber por qué siguen divirtiéndose con la esperanza de destruir Israel, la respuesta proviene en parte de ese síndrome de "huir sin que nadie nos persiga" que se ha apoderado de muchos desde la Guerra de Yom Kipur, incluyendo a los funcionarios superiores de la Defensa, el gobierno, las universidades y los medios de comunicación.
Labels: IHarel, Yom Kippur War


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