Thursday, December 27, 2012

"Entre Ze'ev Jabotinsky y Menachem Begin", un libro de Yechiam Weitz - Shlomo Nakdimon - Haaretz



Por extraño que parezca, Yechiam Weitz, un historiador cuyas raíces son profundas en el movimiento obrero y cuya familia formó parte de los líderes y fundadores de las ramas políticas y de seguridad pre-estatales, ha abrazado la derecha sionista y revisionista, además de todos sus elementos constitutivos como el foco de su interés académico y de investigación. "Entre Zeev Jabotinsky y Menachem Begin" es su tercer libro sobre el tema, después de "Desde la militancia clandestina al partido político: El establecimiento del movimiento Herut, 1947 -1949" (2003) y "El primer paso para la llegada al poder: El movimiento Herut, 1949-1955" (2007). Y éste último libro, nos dice Weitz, no será el último de la serie.

"Entre Zeev Jabotinsky y Menachem Begin" es una colección de artículos de investigación publicados en los últimos años por Weitz, Profesor de historia en la Universidad de Haifa, los artículos de su ensayo se leen de manera diferente cuando se presentan reunidos en una única recopilación. Me parece interesante que el autor optara por lanzarse, como él mismo dice, a las fauces abiertas de una ideología que su abuelo Yosef Weitz y su padre Raanan Weitz habían deseado ardientemente que desapareciera de la faz de la tierra.

En un esfuerzo para asegurar una ausencia de sesgo en la investigación, Weitz presentó sus ensayos para su revisión a Arye Naor, un profesor emérito de Política y Administración pública en la Universidad Ben Gurión, y él mismo miembro de una familia profundamente arraigada en el movimiento revisionista. Los partidarios de la derecha sionista revisionista realmente pueden presumir que la investigación de Weitz ha contribuido a generar un incremento general en el interés y en el estudio académico de la doctrina Jabotinsky, incluso entre aquellos sectores de la sociedad israelí que se oponen férreamente a la ideología revisionista.

El estudio del movimiento Revisionista Herut resulta fascinante, escribe Weitz. Es de suma importancia en el momento actual. El movimiento Herut, cuya encarnación posterior fue el Likud, ahora conforma una especie de dinastía gobernante, similar a lo que una vez conformó el Mapai. Esto explica por qué la investigación de Weitz da herramientas para entender no sólo el pasado, sino también el presente. Weitz sugiere que hay muchas vías de investigación, en particular las que se refieren al período posterior a la primera convulsión política de 1977, cuando Begin y el Likud accedieron al poder por vez primera, que aún no han sido investigados.

Una estudiante de Weitz, Ofra Gruweis-Kovalsky, y una estudiosa del revisionismo por propio derecho, le aconsejó completar el prólogo de su libro con una estrofa del poema "sihat Beinayim" ("Conversación Provisional") de Natan Alterman: "Entonces las cosas de importancia secundaria se dejaron olvidadas / Y la esencia está inscrita, grabada. / Y entonces regresamos al argumento / pero volvemos de manera diferente".

En mi interpretación, la intención de Alterman era indicar que el tiempo cura todas las heridas. Así pues, la utilización del poema reduce a un segundo plano a los titulares de esa lejana época, cuando describía mundos en colisión y la paja era separada del trigo, y se mantenía la esencia. Esto no quiere decir que el argumento nunca llegue a su fin, al igual que los que ahora están argumentando tener un enfoque diferente.

Sin embargo, es importante señalar que los temas que una vez ocasionaron enormes diferencias de opinión entre el movimiento laborista y el revisionista, no se trataban meramente de desacuerdos semánticos y no eran de importancia secundaria (y tal vez Alterman no se refería a esta rivalidad ideológica en absoluto). Estas diferencias estaban profundamente arraigadas, y nos hablaban del núcleo de las creencias divergentes de los israelíes. Me referiré a tres de estas diferencias, cada una de ellas reseñada por Weitz.

El primer caso se refiere al XVII Congreso Sionista, en 1931, donde Jabotinsky tenía una oportunidad de oro para ser elegido presidente de la Organización Sionista Mundial. En su lugar, sin embargo, "él llegó hasta a romper su tarjeta de delegado, dirigiendo a su movimiento por un camino que llevó hasta la ruptura interna, a su retirada de la Organización Sionista Mundial (WZO) dos años después y a su lamentable capítulo final", escribe Weitz. Weitz no delinea las razones que provocaron que Jabotinsky renunciara a la oportunidad de su vida. Pero, ¿eso es realmente lo que pasó? No exactamente. Es cierto que Jabotinsky logró reunir una mayoría que estaba a favor de su trayectoria política, un camino con el que Mapai y sus partidos afines no estaban de acuerdo. Pero en un brillante pero "apestosa" maniobra, para usar la jerga de una época más reciente, el Mapai removió la alfombra bajo sus pies y con ello su victoria.

David Ben-Gurion, quien fue la figura activa detrás de las escenas vividas en el XVII Congreso Sionista, posteriormente se replanteó una posición en el centro del escenario, en las elecciones para el XVIII Congreso Sionista en 1933, cuando Chaim Arlosoroff fue asesinado. Ben-Gurion, que había comenzado a desarrollar una capacidad de liderazgo impresionante, convirtió el asesinato en una campaña de incitación contra Jabotinsky y sus colegas, con un gran éxito. Esto no detuvo a los dos hombres después de la celebración de una reunión en la cumbre de Londres, que fue iniciada por Pinhas Rutenberg.

Era la primera vez que los dos hombres se daban a conocer a los demás de cerca. A pesar de la amistad que luego se desvaneció y tras la cual se renovaron los combates, el intercambio de correspondencia entre ellos, antes y después, está lleno de estima mutua.

El segundo caso se refiere al día siguiente de la muerte de Jabotinsky, en agosto de 1940. Zalman Shazar, entonces el editor de Davar, el diario del movimiento obrero (y más tarde el tercer presidente de Israel), escribió un elogio en la primera plana de Jabotinsky junto con Eliahu Golomb, por entonces el comandante sin corona de la organización pre-estatal, un afiliado al partido laborista y un miembro de la milicia del Haganah). Shazar escribió la parte ideológica-sionista del elogio y
Golomb la parte militar. Shazar recordó con cariño el pasado del difunto, escribiendo que Jabotinsky fue "un violín que tocaba las esperanzas de Sión", “el niño prodigio y el hijo pródigo de todo el movimiento..., quien estaba destinado a ser el primer violín de la orquesta".

El líder revisionista se "había ganado el corazón de las masas y de los jóvenes al unirse a la guerra por la libertad y por el renacimiento" y "siempre ardió en él el fuego de la esperanza de la independencia de Israel", escribió Shazar, y agregó: "Que éste violín que estaba destinado a ser el primer concertista de la orquesta del renacimiento de Israel haya sido destrozado, representa un destino que no se cumple".

Después de que el elogio se publicara, el Histadrut, la federación sindical, convocó a su consejo general - que en ese momento era el Sancta Santorum del movimiento obrero - y trató de crucificar a Shazar por estas palabras de alabanza.

Un tercer caso relatado por Weitz tuvo lugar en febrero de 1969. Ben-Gurion, entonces un primer ministro jubilado y un diputado de la facción Rafi, escribió una carta a Begin en donde mencionaba su pasada y difícil relación, agregando que "personalmente, nunca te tuve ningún rencor personal, y cuanto más he llegado a conocerte durante estos últimos años más respeto he desarrollado hacia ti".

No estoy seguro de que estas palabras hubieran pasado la prueba del detector de mentiras. Pero es cierto que en 1967, cuando Ben-Gurion ya era un político marginal, Begin trató de devolverle a la presidencia debido a la sensación de crisis que prevalecía en Israel, y de repente Ben-Gurion volvió a escribir nuevas páginas en su diario, después de lo cual las expresiones de menosprecio por Begin ya no aparecieron.

Cuando se leen las páginas de su fascinante diario, nos encontramos con que Ben-Gurion había transferido su aborrecimiento de Jabotinsky a Begin (ambos hombres eran, en su opinión, un reflejo del hitlerismo), pero en los días que siguieron a la Guerra de los Seis Días, incluso compartió con Begin sus sentimientos de dolor y de tristeza por haber sido prevenido, según decía, por la mayoría de miembros del Mapai dentro de su gabinete de intentar liberar Jerusalén en 1948. Begin ahora se había convertido en un interlocutor de Ben-Gurion, el cual incluso solicitó a Begin su valoración de una dura denuncia del primer ministro Levi Eshkol, que hasta poco antes había sido el aliado de confianza de Ben-Gurion y a quien había recomendado para el cargo de primer ministro, pero que ahora detestaba.

Todo esto explica por qué es imposible describir este pasado como de importancia secundaria. En su libro, Weitz ofrece al lector capítulos ricamente detallados sobre estas particulares diferencias de opinión para que así podamos entender la política de la época, aunque es difícil establecer comparaciones entre el entonces y el ahora.

El profesor Isaac Ben-Israel, un general en la reserva y un ex diputado de Kadima, ha ideado una interesante escala ideológica. En ella se clasifica a los líderes sionistas que nos han llevado hasta el momento presente de la siguiente manera: Herzl y Nordau fueron los visionarios del sionismo, Chaim Weizmann fue una especie de institución en sí mismo, y Jabotinsky y Ben-Gurion fueron la pareja más práctica y operativa.

Ben-Gurión y Jabotinsky formaron un buen equipo, porque mientras Jabotinsky ideaba la doctrina del "Muro de hierro" en la que solicitaba el reconocimiento de los árabes en general, y de los árabes de Palestina en particular, de los objetivos de los sionistas, siendo esa la única manera que permitiera que llegaran a un acuerdo con nosotros, básicamente porque se habrían dado cuenta de que nunca serían capaces de superarnos porque el “Muro de hierro” no lo permitiría, Ben-Gurion, esencialmente, se convirtió en el ejecutor de la fórmula ideada por Jabotinsky, quien murió a los 59 años.

Menachem Begin es el protagonista del libro, aunque sólo se deba a la tesis del autor de que Begin fue una figura más significativa que Jabotinsky. Para ello ofrece esta explicación: "Mientras que Jabotinsky llevó a su movimiento a un callejón sin salida (tras la ruptura con la WZO), fue Begin quien le llevó hasta la sede del gobierno por vez primera en la historia del movimiento sionista y del Estado de Israel".

Weitz, justificadamente, escribe que Begin es merecedor de una nueva y actualizada biografía, que esté libre tanto de la ferviente admiración de sus fans como de la vehemente oposición de sus enemigos.


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