Freud y Moises: Desenmascarando el antisemitismo - Nathan Lopes Cardozo - JPost
Dado que Europa y otros países de todo el mundo se han vuelto más agresivamente antisemitas, y dado que antagonismo hacia el Estado de Israel se intensifica, existe la necesidad de una evaluación más cuidadosa de la naturaleza del antisemitismo.
¿Cuál es la razón de que más y más europeos nieguen el derecho de Israel a existir y quieran boicotear las universidades y los productos israelíes? ¿Cómo se explica que a lo largo de los años las Naciones Unidas han condenado a Israel por el "delito" de defender a sus ciudadanos, mientras hacen totalmente la vista gorda ante los delitos más atroces cometidos por otras naciones en contra de millones de personas? ¿Por qué muchos son incapaces de dar las gracias a Israel por luchar contra el terrorismo, incluso cuando saben que la misma mentalidad criminal que anida en Hamás, al-Qaeda y otras organizaciones islámicas está amenazando su propia existencia, así como la del mundo occidental en general, e incluyendo algunos países árabes? En su libro sobre Moisés y la religión monoteísta, Sigmund Freud trató de comprender la historia judía y la formación del pueblo de Israel y el judaísmo.
Aunque esta obra ha sido objeto de fuertes críticas por eminentes estudiosos debido a las muchas suposiciones no probadas de Freud, hay que destacar que numerosos teólogos y sociólogos están de acuerdo con la comprensión de Freud del antisemitismo.
Freud sugiere que el antisemitismo es el resultado y la expresión del resentimiento que tienen muchos cristianos al hacer a los judíos responsables de la creación de su propia religión: "Ellos hubieran preferido ser lo que fueron sus antepasados, bárbaros politeístas… y aún no han superado su rencor contra la nueva religión que se les impuso, y han proyectado ese rencor a la fuente de la que surgió el cristianismo.... El odio hacia el judaísmo es inferior a su odio al cristianismo".
Freud acierta en su suposición. Al revisar cuidadosamente la historia del cristianismo y de la civilización occidental, se hace evidente que ambos están profundamente en deuda con el judaísmo y de muchos de sus valores morales. Estos valores judíos son a menudo controvertidos, ridiculizados y combatidos. Millones de cristianos que nacieron y se educaron en el mundo pagano romano no fueron capaces de liberarse de esas creencias y prácticas moralmente cuestionables y basadas en ese mundo precedente.
Como consecuencia de ello, el cristianismo a lo largo de toda su historia se enredó en muchas creencias politeístas, dando a luz a una sociedad religiosa que nunca estuvo a gusto con los conceptos fundamentales del monoteísmo. Esto dio lugar a una condición psico-religiosa compleja, atrapando a millones de cristianos en una situación incómoda en la que fueron incapaces de distinguir entre el auténtico monoteísmo con sus exigencias morales, por un lado, y las prácticas paganas, por el otro. Con la excepción de algunos de los pensadores más eruditos del cristianismo, la mayor parte de sus portavoces no pudieron liberarse de esta influencia.
En 1948, el conocido pensador cristiano Arthur Roy Eckardt se preguntó si la iglesia cristiana nunca podría reemplazar a la sinagoga en la lucha contra el paganismo. Su respuesta fue que no, porque la iglesia misma está sujeta a distorsiones paganas: "Contra todas las idolatrías el judaísmo protesta: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor”. Roy Eckardt y otros, entre los que se incluye el conocido filósofo y teólogo protestante Paul Tillich, postulan que siempre habrá una necesidad del judaísmo porque es "el correctivo contra el paganismo que va junto con el cristianismo".
Por lo tanto, la observación de Freud no es sorprendente. No sólo era un imposible para los cristianos aceptar la unidad de Dios, sino que sus consecuencias eran aún más inquietantes. Las exigencias éticas que este Dios exige a los hombres requieren más autodisciplina y ello suscita una fuerte oposición.
El resultado final fue la conciencia de que Jesús era un judío que incorporó gran parte de los valores éticos judíos en sus enseñanzas, y esto dio lugar a que muchos de los primeros cristianos se volvieran en contra de su propia religión.
En el 1940, en un estudio sobre el antisemitismo, el escritor y líder sionista Harry Sacher declaró que el antisemitismo era la venganza "de Europa contra los profetas". El judío era perseguido por la conciencia de que él trajo la ética y la concepción del pecado en el mundo occidental: "El cristiano europeo no puede perdonar al judío por haberle dado su cristianismo (por haber servido de fuente de él)...”.
Y no es porque sean "buenos cristianos" que los europeos son instintivamente antisemitas. Es porque son malos cristianos, es decir, porque en realidad son paganos… reprimidos. "Se trata de Jesús, del que los antisemitas tienen miedo. Por eso ellos atacan a los que son responsables del nacimiento del cristianismo. Escupieron a los judíos no porque fueran los asesinos de Jesús, sino porque son dadores de Jesús (porque nació de ellos y de sus creencias)".
Una parte del mundo occidental siempre ha tratado de llevar a cabo un divorcio radical entre el judaísmo y el cristianismo, ya que no pueden aceptar que el cristianismo tenga esa gran deuda con el judaísmo. Por lo tanto, llaman a la destrucción del judaísmo para que “la incertidumbre de su conciencia y la realidad de su culpabilidad (por su anhelo del paganismo) puedan ser borradas”.
Resistiendo su propio destino, tienen que destruir lo que les traen a la mente ese destino. El judío arruina la vida del antisemita haciendo hincapié en las exigencias éticas de la Torah, y es que a pesar de una absorción a menudo inexacta de las enseñanzas de Jesús, dichas enseñanzas aún le recordaban la fuente original. El antisemita por lo tanto revive la crucifixión de su salvador para así poder torturar y matar lo que hay de judío en las enseñanzas que Jesús había adoptado [N.P.: realmente no existía “adopción”, sus creencias eran plenamente judías, estaban enraizadas en el judaísmo o judaísmos de la época].
Así es que no es de extrañar que cuando los judíos se ven obligados a defender su país y declarar la guerra a los terroristas, muchos gente se muestra encantada de haber encontrado una oportunidad para volver a acusar a Israel, esta vez, por supuestos crímenes de guerra. Mientras que ellos son plenamente conscientes de que sus propios países habrían reprimido sin reparos a una organización criminal que hubiera disparado miles de cohetes contra sus propios ciudadanos, no pueden decidirse a admitir la legitimidad de una acción parecida cuando se trata de los judíos. En definitiva, son “víctimas” de su propia hostilidad subconsciente contra los valores judíos propagados por su Mesías.
De esta manera se vengan cobardemente de los judíos, cuyos antepasados bíblicos sentaron las bases de la justicia y la moral que ahora utilizan orgullosamente para condenar a los judíos. Lo que más les irrita es su conocimiento de que los soldados israelíes tratan de hacer todo lo posible para no perjudicar a la población palestina en general, en contraste con sus propios ejércitos, que sin duda han adoptado medidas mucho más agresivas en sus confrontaciones bélicas, dejando miles de muertos.
Nada enfurece más al antisemita que observar que aquellos a los que odia mantienen un fuerte sentido moral, incluso en medio de una guerra que podría determinar su supervivencia. Al mirar a la Europa actual, vemos un incremento constante de las actitudes paganas y una disminución en los valores morales de origen judaico. En consecuencia, Europa se dirige hacia una configuración psico-religiosa cada vez más problemática, que sólo será reversible una vez que entienda que la deslegitimación de Israel y de los judíos es su propia ruina. Por fortuna, aún hay bastantes europeos que todavía hay muchos no judíos entre ellos, incluyendo a cristianos sinceros, que entienden el problema y tratan de cambiar el rumbo.
Sobre todo, es importante para nosotros y para todos los judíos de Israel darse cuenta de que somos odiados por la postura del judaísmo sobre el paganismo y su inquebrantable compromiso con la moralidad. Y debemos estar orgullosos de ello. Seamos al menos odiados por las razones correctas.
Labels: Antijudaísmo, Antisemitismo, Freud, Nathan Lopes Cardozo


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