Thursday, September 12, 2013

Una sórdida difamación del judaísmo (en un editorial del Haaretz) - David Landau - Haaretz

 
Los nuevos Grandes Rabinos

(En algunos post anteriores hacía mención a una especie de “alianza” que comenzaba a dibujarse en el horizonte de la política israelí y que tenía como protagonistas a los partidos de la izquierda, sobre todo el Meretz, con los partidos ultra-ortodoxos. En principió sus protagonistas mencionaban básicamente al tema de los presupuestos, reseñando sus diferencias en otros temas. Aprovechando ese nuevo espíritu conciliador (que tiene mucho que ver con el oportunismo e hipocresía de la izquierda, que no parece hacer ascos a llegar hasta el gobierno con la ayuda de los ultra-ortodoxos pactando lo que haga falta, y con el espíritu vengativo de los partidos haredí por haber sido dejados fuera de la coalición de gobierno, en beneficio de otros partidos que además parecen amenazar sus prebendas), recupero este artículo del 30 de julio en el Haaretz, y precisamente sobre un editorial considerado ofensivo, para sondear que grado de fidelidad y de respeto podrá respirarse dentro de esa alianza, más cuando el Haaretz y el Meretz son en gran medida uña y carne, o si se prefiere aliados ostensibles.

Un comentario más, el autor de este artículo de denuncia del editorial del Haaretz es David Landau, que si no me equivoco fue redactor jefe del Haaretz y era uno de sus escasos periodistas o colaboradores observantes o religiosos del diario. También creo que fue quién hablando con Condolezza Rice, la ex secretaria de Estado con Bush, en una de sus visitas a Israel y en una reunión super selectiva con lo más granado de la élite progresista y biempensante de Tel Aviv, le expresó a Condy Rice su  famosa recomendación: “Israel desea ser forzado”, es decir, la élite de la que parecía hacerse representante David Landau deseaba que EEUU le impusiera a Israel las condiciones de una paz. Hay que reconocer que como demostración de un espíritu democrático en gente que se precia de ser tan progresista y biempensante resulta bastante chocante).


Miramos hacia atrás con orgullo justificado al embajador (más tarde presidente) Chaim Herzog por su dramática denuncia de un proyecto de resolución de la ONU que pretendía declarar que el sionismo era racismo. Muchos lectores sin duda podrían sentirse tentados a emular a nuestro representanta - física o virtualmente - al leer un editorial del Haaretz el pasado viernes que declaraba, en efecto, que el judaísmo era racismo.

El titular del artículo era "Racismo con una Kipá". El artículo giraba ostensiblemente sobre la última elección dek Rabinato. Afirmaba que la "misión central" del Gran Rabinato es "la coacción estatal oficial para preservar la pureza del pueblo judío a través de leyes relativas al estatuto personal... El Rabinato representa una ideología que se esfuerza por preservar el perfil genético de la comunidad judía y por crear graves dificultades para aquellos que quieren unirse a sus filas Tal ideología debe ser llamado por su verdadero nombre: racismo".

No soy un defensor del Rabinato, ciertamente no de la seriedad de su creación y de las - gratuitas - dificultades que pone a los posibles conversos al judaísmo. Y puedo entender fácilmente una posición que abogue por la separación de la sinagoga del Estado, o una defensa del matrimonio civil.

Pero, ¿qué tiene todo esto que ver con la obscena acusación de racismo? ¿Cómo puede una religión, o incluso el Rabinato, que acepta conversos de todas las razas y colores, ser acusados justa o lógicamente de racismo.

El editorialista se enfrenta a este problema de la lógica insertando falsamente la palabra "genética", lo cual nos lleva a la memoria terribles asociaciones:
"Una ideología que se esfuerza por preservar el perfil genético de la comunidad judía...".
Pero esto es tan engañoso como sórdido. El judaísmo, al igual que otras religiones, no se esfuerza
por preservar el perfil de su comunidad. Los rabinos judíos animan a casarse - idealmente - dentro de la propia comunidad religiosa. Y esto vale tanto para los rabinos liberales – Judaísmo Conservador y Judaísmo de la Reforma - como para los ortodoxos. (Las corrientes o denominaciones liberales sí es cierto que son más indulgentes en lo referente a la conversión).

Pero es su comunidad de fe, no su comunidad "genética", la que los rabinos, al igual que otros clérigos, tratan de preservar [N.P.: sobre todo si el número de integrantes es reducido y se corre el peligro de acabar desapareciendo].

Normas católicas requieren que los sacerdotes católicos animen a los católicos a casarse con otros católicos. [N.P.: Y no hablemos de los musulmanes, puesto que dejaría de ser una “justa crítica” a la religión para pasar a ser “islamofobía” para la gente progresista y biempensante, pues este es su nuevo tabú]. Esa predilección no tiene que ver con la "genética" o el "racismo", sino con la supervivencia de la religión.

El editorialista tiene perfecto derecho, por supuesto, a evitar la religión, a todas las religiones si es objetivo. Sin embargo, debería tener la honestidad intelectual de reconocer su posición desde un principio y no falsear o disfrazar sus específicas obsesiones acerca de Israel y su judaísmo mayoritario [N.P.: añado mayoritario, porque tampoco me imagino un editorial similar sobre el “progresista” Judaísmo de la Reforma estadounidense]..

Algunas de estas obsesiones, como ya he señalado, pueden estar totalmente justificadas tanto a los ojos de los creyentes israelíes como tanto o más a ojos de los agnósticos israelíes. Los creyentes sinceramente esperaban que la nueva elección del Rabinato generaría un Rabinato más aperturista y amigable, y más creativo halájicamente. Por encima de todo, esperaban y oraban para que el nuevo Rabinato resolviera el escándalo nacional que representan esos cientos de miles de inmigrantes ex-soviéticos de origen judío, quienes fueron instados a hacer aliyá, pero cuya judeidad no es reconocida por el Rabinato y cuyo camino hacia un matrimonio judío religioso se ve impedido.

También en este caso, sin embargo, el editorialista deja entrever sus prejuicios, así que vamos a llamarlo por su verdadero nombre: prejuicio anti-judío, que se demuestra escribiendo que la coarción rabínica (uno funcionarios estatales) implica "leyes [que] impiden los matrimonios entre judíos y no judíos... e incluso matrimonios entre un Cohen y una divorciada".

Pero las restricciones matrimoniales son un método principal, a menudo torpe y a veces cruel, por el cual todas las religiones tratan de mantener la fidelidad de sus rebaños. Varias iglesias cristianas imponen varios límites en el tema del matrimonio. La hija de la reina de Inglaterra, la princesa Ana, por ejemplo, tuvo que casarse tras su divorció en Escocia porque la Iglesia de Inglaterra no permite que personas divorciadas cuyos ex cónyuges sigan viviendo se casen en sus iglesias, mientras que la Iglesia de Escocia lo acepta bajo ciertas circunstancias.

Con el reciente nacimiento del príncipe George en Inglaterra, el editorialista del Haaretz seguro que debería estar indignado y tronando sobre la circunscrita elección de sus posibles cónyuges.

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Friday, May 10, 2013

Freud y Moises: Desenmascarando el antisemitismo - Nathan Lopes Cardozo - JPost



Dado que Europa y otros países de todo el mundo se han vuelto más agresivamente antisemitas, y dado que antagonismo hacia el Estado de Israel se intensifica, existe la necesidad de una evaluación más cuidadosa de la naturaleza del antisemitismo.

¿Cuál es la razón de que más y más europeos nieguen el derecho de Israel a existir y quieran boicotear las universidades y los productos israelíes? ¿Cómo se explica que a lo largo de los años las Naciones Unidas han condenado a Israel por el "delito" de defender a sus ciudadanos, mientras hacen totalmente la vista gorda ante los delitos más atroces cometidos por otras naciones en contra de millones de personas? ¿Por qué muchos son incapaces de dar las gracias a Israel por luchar contra el terrorismo, incluso cuando saben que la misma mentalidad criminal que anida en Hamás, al-Qaeda y otras organizaciones islámicas está amenazando su propia existencia, así como la del mundo occidental en general, e incluyendo algunos países árabes? En su libro sobre Moisés y la religión monoteísta, Sigmund Freud trató de comprender la historia judía y la formación del pueblo de Israel y el judaísmo.

Aunque esta obra ha sido objeto de fuertes críticas por eminentes estudiosos debido a las muchas suposiciones no probadas de Freud, hay que destacar que numerosos teólogos y sociólogos están de acuerdo con la comprensión de Freud del antisemitismo.

Freud sugiere que el antisemitismo es el resultado y la expresión del resentimiento que tienen muchos cristianos al hacer a los judíos responsables de la creación de su propia religión: "Ellos hubieran preferido ser lo que fueron sus antepasados, bárbaros politeístas… y aún no han superado su rencor contra la nueva religión que se les impuso, y han proyectado ese rencor a la fuente de la que surgió el cristianismo.... El odio hacia el judaísmo es inferior a su odio al cristianismo".

Freud acierta en su suposición. Al revisar cuidadosamente la historia del cristianismo y de la civilización occidental, se hace evidente que ambos están profundamente en deuda con el judaísmo y de muchos de sus valores morales. Estos valores judíos son a menudo controvertidos, ridiculizados y combatidos. Millones de cristianos que nacieron y se educaron en el mundo pagano romano no fueron capaces de liberarse de esas creencias y prácticas moralmente cuestionables y basadas ​​en ese mundo precedente.

Como consecuencia de ello, el cristianismo a lo largo de toda su historia se enredó en muchas creencias politeístas, dando a luz a una sociedad religiosa que nunca estuvo a gusto con los conceptos fundamentales del monoteísmo. Esto dio lugar a una condición psico-religiosa compleja, atrapando a millones de cristianos en una situación incómoda en la que fueron incapaces de distinguir entre el auténtico monoteísmo con sus exigencias morales, por un lado, y las prácticas paganas, por el otro. Con la excepción de algunos de los pensadores más eruditos del cristianismo, la mayor parte de sus portavoces no pudieron liberarse de esta influencia.

En 1948, el conocido pensador cristiano Arthur Roy Eckardt se preguntó si la iglesia cristiana nunca podría reemplazar a la sinagoga en la lucha contra el paganismo. Su respuesta fue que no, porque la iglesia misma está sujeta a distorsiones paganas: "Contra todas las idolatrías el judaísmo protesta: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor”. Roy Eckardt y otros, entre los que se incluye el conocido filósofo y teólogo protestante Paul Tillich, postulan que siempre habrá una necesidad del judaísmo porque es "el correctivo contra el paganismo que va junto con el cristianismo".

Por lo tanto, la observación de Freud no es sorprendente. No sólo era un imposible para los cristianos aceptar la unidad de Dios, sino que sus consecuencias eran aún más inquietantes. Las exigencias éticas que este Dios exige a  los hombres requieren más autodisciplina y ello suscita una fuerte oposición.

El resultado final fue la conciencia de que Jesús era un judío que incorporó gran parte de los valores éticos judíos en sus enseñanzas, y esto dio lugar a que muchos de los primeros cristianos se volvieran en contra de su propia religión.

En el 1940, en un estudio sobre el antisemitismo, el escritor y líder sionista Harry Sacher declaró que el antisemitismo era la venganza "de Europa contra los profetas". El judío era perseguido por la conciencia de que él trajo la ética y la concepción del pecado en el mundo occidental: "El cristiano europeo no puede perdonar al judío por haberle dado su cristianismo (por haber servido de fuente de él)...”.

Y no es porque sean "buenos cristianos" que los europeos son instintivamente antisemitas. Es porque son malos cristianos, es decir, porque en realidad son paganos… reprimidos. "Se trata de Jesús, del que los antisemitas tienen miedo. Por eso ellos atacan a los que son responsables del nacimiento del cristianismo. Escupieron a los judíos no porque fueran los asesinos de Jesús, sino porque son dadores de Jesús (porque nació de ellos y de sus creencias)".

Una parte del mundo occidental siempre ha tratado de llevar a cabo un divorcio radical entre el judaísmo y el cristianismo, ya que no pueden aceptar que el cristianismo tenga esa gran deuda con el judaísmo. Por lo tanto, llaman a la destrucción del judaísmo para que “la incertidumbre de su conciencia y la realidad de su culpabilidad (por su anhelo del paganismo) puedan ser borradas”.

Resistiendo su propio destino, tienen que destruir lo que les traen a la mente ese destino. El judío arruina la vida del antisemita haciendo hincapié en las exigencias éticas de la Torah, y es que a pesar de una absorción a menudo inexacta de las enseñanzas de Jesús, dichas enseñanzas aún le recordaban la fuente original. El antisemita por lo tanto revive la crucifixión de su salvador para así poder torturar y matar lo que hay de judío en las enseñanzas que Jesús había adoptado [N.P.: realmente no existía “adopción”, sus creencias eran plenamente judías, estaban enraizadas en el judaísmo o judaísmos de la época].

Así es que no es de extrañar que cuando los judíos se ven obligados a defender su país y declarar la guerra a los terroristas, muchos gente se muestra encantada de haber encontrado una oportunidad para volver a acusar a Israel, esta vez, por supuestos crímenes de guerra. Mientras que ellos son plenamente conscientes de que sus propios países habrían reprimido sin reparos a una organización criminal que hubiera disparado miles de cohetes contra sus propios ciudadanos, no pueden decidirse a admitir la legitimidad de una acción parecida cuando se trata de los judíos. En definitiva, son “víctimas” de su propia hostilidad subconsciente contra los valores judíos propagados por su Mesías.

De esta manera se vengan cobardemente de los judíos, cuyos antepasados ​​bíblicos sentaron las bases de la justicia y la moral que ahora utilizan orgullosamente para condenar a los judíos. Lo que más les irrita es su conocimiento de que los soldados israelíes tratan de hacer todo lo posible para no perjudicar a la población palestina en general, en contraste con sus propios ejércitos, que sin duda han adoptado medidas mucho más agresivas en sus confrontaciones bélicas, dejando miles de muertos.

Nada enfurece más al antisemita que observar que aquellos a los que odia mantienen un fuerte sentido moral, incluso en medio de una guerra que podría determinar su supervivencia. Al mirar a la Europa actual, vemos un incremento constante de las actitudes paganas y una disminución en los valores morales de origen judaico. En consecuencia, Europa se dirige hacia una configuración psico-religiosa cada vez más problemática, que sólo será reversible una vez que entienda que la deslegitimación de Israel y de los judíos es su propia ruina. Por fortuna, aún hay bastantes europeos que todavía hay muchos no judíos entre ellos, incluyendo a cristianos sinceros, que entienden el problema y tratan de cambiar el rumbo.

Sobre todo, es importante para nosotros y para todos los judíos de Israel darse cuenta de que somos odiados por la postura del judaísmo sobre el paganismo y su inquebrantable compromiso con la moralidad. Y debemos estar orgullosos de ello. Seamos al menos odiados por las razones correctas.

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Saturday, May 04, 2013

Del antijudaísmo al antisionismo. La Iglesia escocesa: "Los judíos no deben tomar literalmente la promesa que Dios le hizo a Abraham" - Amir Mizroch



En un nuevo informe titulado "¿La herencia de Abraham? Un informe sobre la Tierra Prometida'', la Iglesia de Escocia, una vez una firme defensora del derecho de los judíos a su antigua patria, arroja serias dudas sobre la afirmación judía bíblica a la Tierra de Israel

El informe es la culminación de más de una década de cada vez más estridente antisionismo y activismo pro-palestino de dicha iglesia, sobre todo por sus capítulos cristianos palestinos locales.

"Las promesas sobre la Tierra de Israel no estaban destinados a ser tomadas literalmente, o bien no se aplicaban a un territorio geográfico definido", concluye el informe. "La tierra prometida en la Biblia no es un lugar, es una metáfora de cómo deberían ser las cosas entre la gente de Dios. Esta tierra prometida se puede encontrar o construir en cualquier lugar".

Los líderes judíos locales temen que si la iglesia adopta el documento en su asamblea general anual, pueda convertirse en política oficial de dicha iglesia, informa el londinense Jewish Chronicle. La asamblea general anual de la Iglesia de Escocia votará el informe a finales de este mes,

En el informe se afirma que ha sido una "creencia generalizada" de muchos cristianos y judíos que la Biblia apoya un estado esencialmente judío en Israel.

"Esta asunción de un apoyo bíblico se basa en las promesas expresadas acerca de la tierra en la Biblia hebrea, y que el moderno Estado de Israel representa el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham, así como el cumplimiento de los profetas bíblicos, como Ezequiel, quien habló sobre 'las montañas áridas de un Israel cada vez fecundo' y como se reconstruirán 'las ciudades en ruinas' cuando el pueblo vuelva del exilio. Estas opiniones y promesas están en disputa", dice el informe. Añade que el Nuevo Testamento ofrece ayuda al responder a algunas de las "difíciles preguntas" que se derivan de estos supuestos en disputa.

A la promesa de Dios a Abraham para que la Tierra de Israel fuera un hogar para el pueblo judío ("A tu descendencia le daré esta tierra", Génesis 12:07), la Iglesia de Escocia dice que una interpretación puramente literal demuestra que Dios prometió la tierra a Abraham y a sus descendientes, pero que la geografía exacta de esa tierra no está clara, en cualquier caso, dio la tierra "condicionalmente al pueblo judío, en el entendimiento de que la tierra es de Dios, dada en fideicomiso para ser gestionada y vivida en acuerdo con las instrucciones de Dios".

El informe cita posteriormente a una serie de escritores antisionistas que defienden que Israel y el sionismo están actuando "injustamente" con la población palestina en esa tierra, en un esfuerzo para argumentar que el actual Estado de Israel no actúa según la voluntad y las instrucciones de Dios.

"El Nuevo Testamento", indica el informe, "contiene una 'reinterpretación radical' de los conceptos 'Israel', 'templo', 'Jerusalén' y 'tierra' ".

"Los límites de la tierra se describen de diferentes maneras en diferentes situaciones", dice el informe. "Los descendientes de Abraham, 'numerosos como las estrellas en el cielo', recibirán todas estas tierras, y por medio de ellos todas las naciones de la tierra serán bendecidas" (Génesis 26:4). Esto sugiriría un panorama más amplio que "la tierra de Canaán" (Génesis 12:05), o incluso "desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates" (Génesis 15:18).

"La falta de una evidencia arqueológica detallada respalda la opinión de que el material bíblico resulta inapropiado para tratar de utilizar las escrituras hebreas para determinar un área de territorio destinado exclusivamente para el pueblo judío", dice el informe.

Haciendo un traslación teológica de esta geográfica "falta de una evidencia arqueológica detallada", el informe llega a la conclusión de que "el nuevo lugar o territorio" donde se encuentra a Dios es donde la gente se reúne en nombre de Jesús. "Si Jesús es el verdadero y auténtico "sí" a todas las promesas de Dios, la promesa a Abraham acerca de la tierra se cumplirá a través del impacto de Jesús, no por una restauración de la tierra para el pueblo judío".

La Iglesia confiesa que desde el siglo XIX algunos cristianos influyentes animaron el concepto de que la tierra de Israel está comprometida a los judíos. Y que bien pudo haber sido un ministro de la iglesia, el reverendo Keith Alexander, quien acuñó la frase "una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra", señala el informe.

El director del Consejo Escocés de Comunidades judías, Ephraim Borowski, afirmó que la iglesia debe retirar el informe.

"En nombre de la comunidad judía de Escocia, hacemos un llamamiento a la iglesia para que lo retire [el informe] a partir de la próxima asamblea general. Si la Iglesia escocesa no puede construir puentes (con los judíos), ¿al menos podría abstenerse de quemarlos?", le dijo Borowski al Jewish Chronicle de Londres.

El vicepresidente del Consejo Escocés de Comunidades judías, Jonathan Arkush, también afirmó: "El documento ... parece haberse elaborado sin ninguna tipo de consultas con la comunidad judía escocesa o nacional. Está llena de tergiversaciones de la historia, de los valores y de las creencias judías, así como errores de juicios básicos".

"Es un documento ignorante y tendencioso que pretende pasar por una declaración teológica. La iglesia se ha hecho un flaco favor a sí misma produciendo un documento sin tener en cuenta la confianza, el respeto y el diálogo en la que deben basarse las relaciones interreligiosas".

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Sunday, January 22, 2012

El antijudaísmo cristiano, o la realidad inexistente - Fernando Bermejo



El año pasado, una colega y amiga que trabaja en el ZfA (el Centro para la investigación del antisemitismo, de la Technische Universität de Berlín) me remitió copia de un trabajo en curso, que contiene diversos datos sobre la historia del antijudaísmo sumamente interesantes. Recupero uno de ellos, pues creo que puede ser muy revelador para que nuestros lectores más reflexivos comprendan mejor algunas reacciones suscitadas por algunos textos de este blogger.

A principios de los años 50 del s. XX, mucho antes de que se hubieran publicado obras sobre la responsabilidad de los ciudadanos corrientes en el Tercer Reich tan relevantes como la de Christopher Browning (Ordinary Men. Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland), un grupo de psicólogos alemanes llevó a cabo un estudio relativo a los prejuicios de la sociedad germana y al grado de complicidad que esta tuvo con el antijudaísmo y el antisemitismo de entonces.

Uno de los experimentos consistió en lo siguiente. Se seleccionaron varias afirmaciones acerca del judaísmo que se encontraban expuestas en términos virtualmente idénticos tanto en los discursos de gerifaltes y publicaciones nazis (alguna, procedente incluso de Der Stürmer) como en obras y homilías de pastores y teólogos cristianos de los años 30 y 40. Las frases versaban sobre la inferioridad espiritual y moral del judaísmo, la responsabilidad de los judíos en la muerte de Jesús, la necesidad de superar el judaísmo o la superación (“Aufhebung”) del judaísmo por Jesús y el cristianismo.

Las frases eran leídas por los entrevistados, quienes – aunque podían comentar y matizar su respuesta aparte – debían ofrecer una respuesta clara (“Sí” o “No”) a la pregunta “¿Calificaría Vd. esta afirmación como un ejemplo de Judenhass ('odio a los judíos', 'antijudaísmo')?

En una de las pruebas, las frases eran mostradas a los entrevistados como formando parte de un documento gráfico plagado de simbología del NSDAP: fotos de Goebbels, Hitler o Julius Streicher, portadas de Der Stürmer, uniformes de las SA, esvásticas, etc. En otra – realizada con algunos días o semanas de diferencia –, las frases formaban parte de un contexto visual religioso: cruces, fotos de iglesias y eclesiásticos en sus púlpitos, y expresiones típicamente cristianas. No variaba el contexto argumentativo, sino únicamente el contexto simbólico.

Pues bien, los resultados del estudio son en extremo elocuentes. Mientras que en el caso del contexto nazi la respuesta a la pregunta “¿Calificaría Vd. esta afirmación como un ejemplo de Judenhass?” fue un SÍ en un 94% de los casos, cuando la misma afirmación era situada en un contexto cristiano la respuesta fue un NO en un 81%.

La lógica de esta paradoja es fácilmente comprensible, pero por si acaso no estará de más explicitarla. Los sujetos del estudio ya no se identificaban mayoritariamente con el partido nazi – con lo cual podían ser más objetivos a la hora de juzgar sus características negativas –, pero en su mayor parte seguían identificándose con su religión, sus pastores y teólogos. La identificación ideológica y emocional con sus Iglesias impedía a la mayor parte de encuestados mantener la imparcialidad necesaria para juzgar como antijudío precisamente lo que ellos mismos habían considerado antijudío en otro contexto.

Tal como lo expresó lapidariamente uno de los investigadores: “El prejuicio propio niega la existencia del prejuicio ajeno, tanto más comprensiblemente cuanto que ambos son exactamente el mismo”.

Quien tenga oídos para oír, que oiga.

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Saturday, January 21, 2012

El espíritu de Jesús, o los pobrecitos judíos - Fernando Bermejo


Que mejor para ilustrar este post que un "Jesús ario" y kitsch.

En un divertido post de Fernando Bermejo de hace unos pocos días  (la verdad es que había desatendido durante meses el blog donde escribe):

“Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban "cerrados". Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu. Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado [...] Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios”. (negritas originales)

Paráfrasis (cuasitargúmica [N.P.: e irónica del párrafo previo]):

Allá por el siglo I (de hecho, desde hacía ya mucho, mucho tiempo), los judíos eran un pueblo sumamente desgraciado. No sabían qué era realmente la fe o el amor, no tenían ni la más remota idea de lo que significaban la esperanza o la alegría. Conceptos como “interioridad”, “autenticidad”, “bondad”, “libertad”, eran desconocidos para ellos, y las experiencias de tales realidades no digamos. ¡Ay, qué páramo tan desolado, qué desierto! Esos zarrapastrosos judíos vivían en un estado de perpetua desesperación y congoja, padeciendo todos ellos el más espantoso raquitismo espiritual y moral. Rezaban, pero siempre tristísimos, sintiendo que era inútil. Acudían al templo (los templos: también el de Elefantina), pero por rutina u obligación, y siempre acongojados. Frecuentaban las sinagogas, pero la pesadumbre y el abatimiento les atenazaban. Es que les reconcomía el desaliento, vamos. En realidad, la vida espiritual (es un decir) de aquellos pobres diablos carecía totalmente de sentido. La más completa desesperación empapaba hasta el último rincón de la vida de Palestina (y de la diáspora). Si conserváramos retratos de esos tarados, serían copias de “El grito” de Munch. Claro que milagrosamente, con Jesús –que era judío, sí, pero un judío tan raro y especial que superó el judaísmo (bueno, el judaísmo y lo que se le pusiera por delante)– todo cambió: por primera vez (el cur tam sero ya pasó de moda), la religiosidad esclerotizada y muerta revivió y todo fue, para decirlo en una sola palabra, superguay. Jesús inauguró la autopista hacia el cielo y creó el espacio wi-fi para chatear con Dios.

Breve comentario:

Algún lector ingenuo podría pensar que las palabras del texto entrecomillado que sirve de obertura a este post han sido extraídas de algún polvoriento, rancio y obsoleto tratado sobre el judaísmo escrito a principios del siglo XIX (o del XVI), o tal vez de la obra de alguno de los no pocos exegetas y teólogos centroeuropeos que abrazaron de modo entusiasta el nazismo, y que –como los exegetas y teólogos en las décadas siguientes– siguieron utilizando la categoría de Spätjudentum (“judaísmo tardío”) como fácil sparring para el incesante enaltecimiento de la identidad cristiana. O que quizás proviene de la caricatura reiterada por algún charlatán sin la menor formación ni sentido crítico, de los muchos que pueblan los púlpitos y las calles del mundo. En realidad, esas palabras las ha escrito hace unos días un blogger de Religión Digital [N.P.: y para que algunos comprueben que no soy acrítico con los que comparten mi nombre], sacerdote y escritor, un intelectual cristiano considerado experto en Jesús y su mundo, cuyo nombre prefiero omitir. Al fin y al cabo, las cosas que escribe las han dicho y escrito antes miles como él, las dicen y escriben hoy en día miles como él y las escribirán y dirán miles como él en el futuro. Miles y miles.

- Observación inútil 1:

Más allá del hecho evidente de que la realidad humana es crisis permanente, la idea de que el judaísmo vivía una profunda crisis religiosa en tiempos de Jesús porque los pobrecitos judíos sentían la lejanía de Dios –idea típica de la más rancia exégesis cristiana durante siglos (pero que uno, ingenuamente, creía habría pasado a mejor vida en las mentes de individuos mínimamente reflexivos)– no resiste el menor escrutinio crítico. El sentido común, el conocimiento más elemental del fenómeno religioso y desde luego el conocimiento del judaísmo en el período helenístico (el tiempo de Hillel, Hanina ben-Dosa, Honi el trazador de círculos, el Maestro de Justicia, el autor del libro de Jonás, Juan el Bautista, de ciertos legistas que resumían la Ley exactamente igual que Jesús, etc., etc., etc.) muestra no solo su carácter falso sino también ridículo. En realidad, no tiene el rango de idea: no es más que una solemne majadería.

- Observación inútil 2:

La solemne majadería de que el judaísmo vivía una profunda crisis religiosa hasta que llegó Jesús de Nazaret solo puede ser mantenida en virtud, bien de una crasa ignorancia, bien de la asunción de una caricatura de la religión judía generada por sentimientos antijudíos hondamente arraigados secularmente en la exégesis y la teología cristianas, bien de una combinación de ambas. Como es difícil admitir en el blogger tan supina ignorancia, se impone la segunda explicación. Un nuevo tic antijudío (desde hoy dejo de señalarlos, porque para qué).

- Observación inútil 3:

La mera observación de las majaderías que se encuentran por doquier en el discurso de aquellos a quienes cabría suponer una mínima formación tanto de su inteligencia como de su sensibilidad demuestra que todo el esfuerzo crítico de siglos, la acribia filológica, el pausado análisis de las fuentes, el estudio riguroso de la historia, el desenmascaramiento de los prejuicios ideológicos, el afán por aquilatar el juicio de modo cada vez más preciso y la búsqueda de imparcialidad son tareas absoluta y totalmente inútiles cuando se dan de bruces contra los inveterados prejuicios y las pulsiones verborreicas de los predicadores-escritores. Lo cual es, desde un punto de vista, profundamente trágico; pero, desde otro, no menos profundamente cómico.

- Observación inútil 4:

En un mundo en que la razón y el amor por la verdad tuvieran más fuerza que la necesidad del autoengaño y la autocomplacencia a toda costa, a quienes escribieran en serio cosas a la vez tan manifiestamente falsas y denigratorias se les proveería gratuitamente de un pico y una pala, y se les obligaría (eso sí, con extrema amabilidad y caritativa dulzura) a picar piedra en una cantera durante un período no inferior a seis meses, antes de volver a permitirles coger un bolígrafo, una máquina de escribir o un ordenador.

PD. Por cierto, saben cual es el título del último post de este blogger que con tanta suficiencia habla de esos pobrecitos judíos tan alejados de Dios... - aunque no se lo crean, era de esperar -: "Otro mundo es posible".

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Saturday, December 03, 2011

Irán pasa de "destruir a Israel" a destruir a "todos los judíos" - Debka


Fotograma de "Sabbath Hunter"

En medio de lacontroversia internacional e israelí sobre si es necesario o no atacar el programa nuclear de Irán, los gobernantes de la República Islámica acaban de "actualizar" su objetivo estratégico de "borrar a Israel del mapa" y lo han extendido por primera vez al más ambicioso de "aniquilar a los judíos de todo el mundo". Para ello están usando el arma ancestral del antisemitismo para promover su nuevo objetivo.

Hace dos semanas, cuando su proyecto nuclear había avanzado amenazadoramente, los ayatolas en Teherán y Qom desataron una virulenta campaña de propaganda antisemita en sus sermones. Un nuevo libro y una película fueron puestos en circulación para una amplia distribución tras la orden del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Se basan en gran medida en la infame ficción de los Sabios de Sión, para así acusar a los judíos y a sus rabinos de conspiración para corromper y dominar el mundo.

Bajo el título "Cómo debe ser destruido Israel", este libro fue galardonado con el premio al mejor libro en la feria de Khorassan, tal como se anunció el jueves 1 de diciembre. Los autores de sus siete capítulos, identificados solamente como "estudiantes del seminario de la ciudad santa de Qom", promueven tacitamente destruir a Israel y a los judíos de todo el mundo. Ellos citan el Corán, así como los Protocolos de Sión, para criticar "la visión del mundo judía", afirmando que la persecución de los judíos a través de los siglos - incluyendo el Holocausto nazi - "era el justo castigo por sus crímenes".

El Corán se cita expresamente instando a los musulmanes a mantenerse alejados de los judíos por su "naturaleza pérfida y engañosa".

El libro cita extensamente las opiniones del ayatolá Jomeini, fundador de la República Islámica de Irán tras la revolución islámica de 1979, bajo el título de "Israel debe ser destruido". El editor del libro Hojjat-ol-Eslam Mohammad Ebrahim-Nia hace hincapié en que esta receta tiene la fuerza de una fatwa (edicto religioso) y es obligatoria para todo musulmán.

Y añade: "a pesar de todo los esfuerzos para destruir a este pueblo criminal, aún sigue existiendo y bajo la forma del sionismo continúa con su asalto perverso contra el Islam".

La película antisemita "El cazador del Sabbath" ha estado circulando durante algún tiempo, pero ha sido un fracaso de público en Irán. Ahora, el Líder Supremo ha ordenado que se proyecte en todas las universidades del país. Los estudiantes Basij que arrasaron la embajada británica en Teherán esta semana, se han hecho responsables de conseguir que sea ampliamente visionada.

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Wednesday, December 08, 2010

Presbiterianos contra Israel - Marvin Hier y Abraham Cooper - Walt Street Journal



En muchos sentidos, la segunda mitad del siglo XX ha representado un punto álgido en las relaciones judeo-cristianas. Hoy en día, sin embargo, la política anti-israelí de ciertos organismos cristianos de gran importancia dificulta las relaciones interreligiosas y amenaza con dar una nueva vida a la doctrina medieval que demonizó a los judíos durante cientos de años.

En 2007, el Consejo Mundial de las Iglesias (World Council of Churches), una organización paraguas de los protestantes predominantemente liberales y progresistas y que asegura representar a 580 millones de fieles, convocó a una "Conferencia conjunta de las Iglesias por la Paz y la Justicia en el Oriente Medio". La conferencia culminó con el "Llamamiento de Amman" (Amman Call), un documento que condenaba la violencia y respaldaba la solución de dos estados para el conflicto israelí-palestino, pero que a la vez negaba el derecho de Israel a su futuro como Estado judío.

Así lo hizo saber al insistir en que millones de palestinos - incluidos hijos, nietos y bisnietos de aquellos que huyeron o fueron expulsados de Palestina en 1948 - debían poder ejercer su "derecho de retorno" a Israel. Como es bien sabido, garantizar ese retorno a todos los palestinos de segunda, tercera y cuarta generación, significaría la rápida desaparición de Israel y su sustitución por otra mullahcracia o dictadura árabe en el Oriente Medio.

El "Llamamiento de Amman" también calificaba a la barrera que Israel ha construido para mantenerse a salvo de los terroristas suicidas palestinos, y que ha salvado incontables vidas de civiles judíos, musulmanes y cristianos residiendo en Israel, como una "grave violación del derecho internacional", y que por lo tanto debía ser eliminada.

En 2008, el Consejo Mundial de las Iglesias convocó a un grupo de teólogos protestantes y católicos para revisar los fundamentos de las actitudes cristianas hacia Israel (ningún representante judío fue invitado). El grupo publicó la denominada "Perspectiva de Berna" (Bern Perspective), la cual, entre otras cosas, instruía a los cristianos a comprender todas las referencias bíblicas a Israel a un nivel exclusivamente metafórico.

Este entendimiento niega la conexión entre los judíos actuales y figuras bíblicas como Moisés, Jeremías e Isaías. Esta interpretación marca un retorno a la "teología del reemplazo", la visión medieval que afirmaba que la Iglesia había reemplazado a Israel en el plan de Dios, y que todas las referencias bíblicas a Israel se referían en adelante al "nuevo Israel", es decir, a los cristianos exclusivamente. Durante siglos, esa opinión fue la base teológica para negar los derechos de los judíos en la Europa controlada por la Iglesia [NP.: podríamos denominar estas actitudes como el ejercicio del "derecho de retorno" de los "cristianos progresistas" al antijudaísmo tradiciona].

En 2009, el primer día de Hanukká (que los judíos celebran nuevamente esta semana), un grupo de palestinos cristianos elaboró el documento denominado "Kairos Palestina" (Kairos Palestine Document), que fue publicado inmediatamente en la página web del Consejo Mundial de las Iglesias. El documento llama a un boicot general de Israel y sostiene que la fe de los cristianos les exige estar del lado de los "oprimidos", es decir, únicamente al lado de los palestinos. Se hablaba también de los males de la ocupación israelí, pero no decía nada sobre ninguno de los males cometidos por palestinos, entre ellos los de los terroristas de Hamas que ahora gobiernan la Franja de Gaza.

El documento Kairos también describía la conexión judía con Israel sólo en términos del Holocausto [N.P.: ¿recuerdan el discurso de Obama en El Cairo?], negando la vinculación de 3.000 años del pueblo judío con la Tierra de Israel: "Nuestra presencia en esta tierra, como palestinos cristianos y musulmanes, no es accidental, sino profundamente enraizada en la historia y la geografía de esta tierra", afirmaban. "Occidente trató de enmendar lo que los judíos habían soportado en los países de Europa, pero lo hicieron a cuenta nuestra y de nuestra tierra".

Más importante aún, estos líderes de la iglesia palestina declararon que no debía existir un Estado judío, ya que "cualquier estado religioso es intrínsecamente racista". Sobre esta supuesta característica sólo mencionaban a Israel, por supuesto, haciendo caso omiso de todos los estados musulmanes - sobre todo árabes - y de otras religiones (católicos, protestantes, ortodoxos, budistas, hinduistas...), en los que existe una religión oficial de estado.

El documento Kairos rápidamente se ganó los elogios de grupos religiosos como la Iglesia Presbiteriana de EEUU, que cuenta con 2,3 millones de miembros en América, y que en el 2004 fue el principal grupo protestante estadounidense que llamó a la desinversión en Israel (solo de Israel).

El pasado febrero, su Comité de Estudio del Oriente Medio (Middle East Study Committee) anunció que iba a instar al gobierno de EEUU para que "empleara un uso estratégico de su influencia y procediera a congelar la ayuda financiera y militar a Israel" (solo a Israel). Si bien dicen reconocer el derecho de Israel a existir, se adjunta una disculpa por ello ante los palestinos. En las palabras de un miembro de ese comité, "reconocer el derecho de Israel a existir, supone proporcionar una aprobación a Israel por la forma en que fue creado y niega la legitimidad del pueblo palestino".

El Centro Simon Wiesenthal se reunirá dentro de poco con el presidente del Consejo Mundial de las Iglesias para instarle a poner fin a su campaña contra Israel y contra el pueblo judío. Al igual que las campañas diplomáticas y académicas anti-Israel, similares llamamientos y campañas religiosas no van a mejorar la vida de un solo palestino. Pero sin duda alentarán a los terroristas y a los antisemitas, y volverán a depositar en la oscuridad y en el desarraigo esas relaciones interreligiosas que tan cuidadosamente dicen desear cultivar.

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Sunday, October 31, 2010

Los judíos, obsesión de Bizancio en el siglo VII, ¿un símil histórico del presente? - Rivka Fishman Duker - Controverses


Maximus el confesor y Sofronius de Jerusalém

En la primera mitad del siglo VII, en el momento en que el Islam comenzaba su ascensión, los árabes emprendieron la conquista de grandes extensiones del mundo conocido en ese momento. Sus fervientes creencias religiosas y sus notables aptitudes militares les permitieron difundir su nueva fe durante casi un siglo y abatir reinos que existían desde hacía mucho tiempo. Entre ellos se encontraba el Imperio cristiano de Bizancio en el Mediterráneo oriental, así como el territorio que ocupaban Siria, Palestina y Egipto, el imperio persa zoroastriano, cuyos territorios incluían Persia y Babilonia, rebautizado Irak por sus nuevos amos, y tierras cristianas del norte de África y la España de los visigodos. Carlos Martel detuvo la ofensiva de los musulmanes en Poitiers en el 732.

Aunque el Oriente persa y el Occidente ibérico constituían unas importantísimas adquisiciones para el Islam, nuestra atención se centrará aquí sobre el poderoso heredero de la gloria de la antigua Roma, el Imperio Bizantino (cuya capital Constantinopla no había sido aún conquistada). ¿Por qué Jerusalém, destino próspero de peregrinaciones religiosas y lugar de memoria histórica, orgullo de la cristiandad ortodoxa, se rindió en el 638 a los "sarracenos", esas hordas extrañas y barbaras del desierto? ¿Por qué los líderes del Imperio Bizantino subestimaron el poder de los invasores y la pérdida de tantos territorios y de su autoridad moral?

¿Y cómo los intelectuales y las personalidades políticas de la época explicaron este importante reves moral y militar al que se enfrentaron? Es interesante observar que la inminente ofensiva árabe-islámica no parecía preocupar demasiado a la élite intelectual, política y religiosa de Bizancio. Las fuerzas imperiales habían entrado en Jerusalén en el 628. Allí habían establecido un poder solido después de catorce años de dominación de los persas, quienes habían destruido casi todas las iglesias y monasterios de Palestina y diezmaron su población cristiana. El emperador Heraclio consagró la Iglesia del Santo Sepulcro en el año 630 y restauró la "Verdadera Cruz", una reliquia de la Crucifixión venerada por los cristianos. ¿Bizancio fue cegada por su victoria sobre su terrible enemigo? ¿O es que el Imperio se había acostumbrados a las frecuentes incursiones de los árabes y de otros pueblos en sus fronteras, hasta el punto de no darse cuenta que el avance de los musulmanes no era otro incursión más? En efecto, Bizancio no centró su atención en el enemigo que golpeaba a su puerta sino en los judíos del reino. El emperador y los dos principales líderes de la Iglesia, Máximus el Confesor y su amigo y colega, Sofronius, patriarca de Jerusalén, criticaban a los judíos y al judaísmo cada vez con más virulencia.

El 31 de mayo de 632, el emperador Heraclius, bajo la influencia de estos hombres de la iglesia, toma una iniciativa sin precedentes y publica un decreto que obligaba a todos sus súbditos judíos a convertirse al cristianismo. Este edicto concernía a las regiones de Asia Menor (actual Turquía), Siria, Palestina, Grecia, Egipto y los Balcanes. Aunque no se llevó a ejecución, el decreto les alienaba de los judíos que, en gran número, habían sido aliados de los persas al comienzo del siglo. Las políticas y leyes discriminatorias que ya existían desde hace mucho tiempo empujaron a los samaritanos y a los cristianos no ortodoxos en brazos de los invasores árabes, al mismo tiempo que a los judíos.

Además, en 633-34, Máximus y Sofronius acordaron una atención excesiva a unas polémicas antijudías en las que las violencias verbales no estuvieron ausentes. Mientras tanto, Máximus describía a los árabes como "duros y extranjeros". Inicialmente los contempló como un mal pasajero, para después considerar su conquista de Jerusalém como una maldición divina dirigida contra los pecadores cristianos. En cuanto a Sofronius, sus quejas con respecto a la captura de Jerusalém vapulearon más duremente a los judíos que a los propios conquistadores árabes. Según el estudioso Carl Laga, "la fijación... sobre el problema judío se convirtió visiblemente en una obsesión, lo que impidió que [los cristianos] evaluaran correctamente la importancia histórica real del ataque árabe". Esta ataque, a su juicio, no era más que una nueva expresión, actualizada, del castigo a los cristianos por sus pecados, pero sobre todo era culpa de los judíos por su eterna apistia (incredulidad).

¿Por qué Bizancio fue incapaz de afrontar al verdadero enemigo que amenazaba a la cristiandad con su destrucción física y con unas consecuencias nefastas, para en cambio optar por embarcarse en un largo período de efervescencia anti-judía? Carl Laga señala que los judíos estaban habituados a esa situación y a los anatemas eclesiásticos que les imputaban la situación catastrófica del Imperio. Según Averil Cameron, un gran especialista de Bizancio, los factores de la agresividad anti-judía durante el siglo VII se agregaron los unos a los otros.

Se trataba de los daños permanentes causados por los escritos de los Padres de la Iglesia, de la legislación y las actividades sostenidas del emperador Justiniano contra los heréticos a mediados del siglo VI, del hecho de que los judíos fueran considerados los agentes de ciertas facciones o de algunos pretendientes al trono a finales del siglo VI, y de su reputación de ser partidarios de los persas. Otros estudiosos piensan que los judíos desempeñaron principalmente el papel de sustitutos o una especie de construcción literaria y artística que suplantaba a unos musulmanes a los que cristianismo no fue capaz de derrotar.

De todos modos, a causa de la derrota infligida por el Califato al Imperio de Bizancio, la obstinación de los judíos, que fueron testigos de la decadencia del poder de los cristianos, y que podrían haber sentido o experimentado cierta "sádica alegría" ante esos hechos, despertó de una forma poderosa los viejos estereotipos y prejuicios. Los incrédulos y testarudos judíos se convirtieron así en un poderoso canalizador de las frustraciones de los hombres de la Iglesia.

El recuerdo de los traumatismos del siglo VII evoca ciertos tormentos de la cristiandad de nuestro tiempo, así como las obsesiones permanentes de una gran parte de mundo cristiano y post-cristiano de cara a los judíos. En esa época, como hoy en día, el cristianismo era y es heterogéneo. Hace alrededor de unos decena de años, después de cerca de setenta años de combates intermitentes, el Occidente cristiano y post-cristiano salió victorioso de la confrontación con un viejo adversario, el imperio soviético, y tal como Bizancio, derrotado inicialmente por Persia en el 614 , se impuso más tarde en el año 628, después de siglos de guerras esporádicas.

Hoy en día, una gran población musulmana ha inmigrado a Europa y América del Norte, y no se trata pues de hordas armadas. Una fracción importante de esa población no está dispuesta a aceptar un estatus de minoría. Guarda sus distancias con la mayoría cristiana o post-cristiana y se preserva del estilo de vida occidental que condena. Asimismo da la bienvenida a los conversos y desea propagar su fe. Ante esta configuración, es forzoso tener en cuenta que a un número significativo de los miembros cristianos y post-cristianos de los gobiernos europeos, así como de muchas iglesias y líderes religiosos, parecen atormentarles más los problemas referentes a los judíos y al Estado judío, como a los miembros del clero del siglo VII, Máximus y Sofronius. La persistencia del judaísmo y del pueblo judío, y la existencia de un Estado judío viable parecen desencadenar a sus ojos algunos desafios dolorosos.

La obsesión con los judíos de numerosas iglesias tradicionales anuncia, ahora que sus filas empiezan a clarear, lo que bien podría ser una negación de la realidad exterior que se materializa en la propagación del Islam y en las ambiciones islamistas que amenazan de una manera muy real a los que viven en los estados occidentales. Por lo tanto, como en el pasado, sumándose a un creciente antisemitismo, la condena de los judíos desvía a Europa de los verdaders desafíos a los que se enfrenta. El legado antisemita de los padres del cristianismo es la fuente.

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Thursday, October 28, 2010

Israel vs Vaticano. Respuesta virulenta: El Sínodo contra el Vaticano II - Raphael Drai – UPJF



En tanto que no sean rechazadas por Benedicto XVI, las últimas declaraciones del Sínodo de los Obispos para el Oriente Medio darán de la Iglesia Romana una imagen calamitosa.

Pasemos por alto el tono de esas declaraciones que revelan pura y simplemente vestigios de un pogromo verbal (entre otras aserciones medievales: “la llegada de Cristo ha puesto fin al concepto bíblico de Tierra Prometida“). Es necesario centrarnos más bien al fondo de ellas y a la mentalidad supuestamente apostólica que revelan. En el 2010, a comienzos del siglo XXI, nos ha sido dado escuchar a los líderes de una religión - en este caso la religión católica - juzgar desde lo alto de no se sabe qué supereminencia profética, la validez teológica de otra religión: la religión judía.

Además de la verdadera agresión sectaria que envuelve esta actitud, se revela el desprecio total de dicho Sínodo por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por la Convención Europea de Derechos Humanos que prohíben las conductas insensatas de tal naturaleza. Imaginemos por un segundo lo que serían las relaciones entre cristianos y judíos si una reunión de rabinos declarara urbi et orbi que el cristianismo no es más que un neo-paganismo que ha transformado a un ser de carne y hueso en una divinidad asirio-babilónica [N.P.: imagino que es una alusión al culto mistérico de Mitra (más bien indoiraní), y a la supuesta influencia de esta religión por un presunto nacimiento virginal de Mitra (que se celebraba el 25 de diciembre); el día sagrado del mitraísmo era el domingo, y no el sábado; así como por una supuesta muerte y resurrección de este personaje; y varios puntos más que relacionan íntimamente su vida con la de Jesús de Nazaret].

Es necesario que los inspiradores y redactores de esta declaración sinodal lo comprendan bien: la existencia judía, aunque no les guste, está fundada sobre una Alianza que ellos no tienen el poder de desligar o de derogar sin arruinar de paso los fundamentos de su propia fe. El pueblo judío es y seguirá siendo el pueblo de la Alianza con un Dios que no ha gastado su tiempo en volverse atrás. La tierra que le ha atribuido es su tierra y tienen por capital una ciudad indivisible nombrada en Yerouchalaïm y Sión.

En verdad, esta declaración sinodal está determinada por uno de los aspectos más sórdidos: la cobardía. Esos cristianos del Oriente Medio parecen obligados a demostrar sus pruebas de lealtad a esos países árabes donde intentan sobrevivir.

Pero no es menos cierto que ese cristianismo parece preferir morir en la tierra del Islam que vivir con Israel. Veremos muy claramente a dónde les conducirá esa elección mórbida. Mientras tanto, parece evidente que el Gran Rabinato de Francia debe hacer oír cuanto antes en esos ámbitos la más neta de sus condenas.

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¿Israel vs Vaticano? Respuesta ilustradora: Esclareciendo Palestina para el Vaticano - Benny Morris - National Interest



Una reunión desarrollada en el Vaticano la semana pasada y que reunió a los líderes de la iglesia Católica del Oriente Medio, denominada la "Undécima Congregación General de la Asamblea Especial para el Oriente Medio del Sínodo de los Obispos", ha recibido relativamente poca atención por parte de la prensa. Un poco de iluminación sobre su desarrollo y conclusiones resulta necesario.

El Papa Benedicto XVI asistió a algunas de las deliberaciones y, sin duda, los funcionarios del Vaticano supervisaron cuidadosamente las resoluciones de los obispos finalmente publicadas. Es ahí donde los obispos, que en su declaración final condenaron el antisemitismo (y, para mantener el equilibrio, la islamofobia, aunque esperen un minuto, verdaderamente... ¿cuántos musulmanes han sido asesinados a causa de la "islamofobia"?), y aprobaron una "solución de dos estados" y unos límites seguros para "el Estado de Israel", dijeron finalmente condenar todas las formas de violencia. Pero al mismo tiempo, instaron a "poner fin a la ocupación de los distintos territorios árabes", sin aclarar si se hablaba sólo de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, los territorios "palestinos", o todo el territorio del antiguo Mandato de Palestina (Esta ambigüedad es a menudo característica de las publicaciones sobre Palestina).

Los obispos (la mayoría de ellos, o todos, árabes), cuyo cometido era examinar el estado del cristianismo y la situación de los cristianos en el Oriente Medio, parece que en su declaración final dedicaron una cantidad excesiva de su tiempo a la cuestión de Palestina / Tierra de Israel (si tomamos en cuenta el cometido afrontado). Bueno, por supuesto, se trata del Dios de la "Tierra Prometida", aunque uno de los obispos participantes, Cirilo Bustros Salim, un arzobispo melquita de Boston, pareció negar esto). No obstante, todos estarán de acuerdo en que la comunidad cristiana de Palestina es numéricamente insignificante.

Los obispos críticaron el "impacto del conflicto Israel-Palestina en toda la región" (¿se debe realmente él la causa, o lo que ha influido, en el continuo y masivo derramamiento de sangre en Irak esta última década, en Sudán, en Turquía / Kurdistán, Afganistán y Pakistán?) y hablaron de que "los palestinos están sufriendo las consecuencias de la ocupación israelí, la falta de libertad de movimiento, el muro de separación, los puestos de control militar, los presos políticos, [y] la demolición de viviendas". En su declaración final, los obispos expresaron su
"solidaridad con el pueblo palestino, cuya situación actual fomenta el fundamentalismo" (¿y tal vez también el aumento simultáneo del islamismo en Filipinas, Tailandia, Nigeria, Irak, Gran Bretaña y Holanda?, ¿o quizá se trate de un fenómeno general en el mundo musulmán y resultado de tendencias profundas y razones de amplitud mundial?, ¿o tal vez esto último también intervenga, al menos en buena medida, al crecimiento del fundamentalismo en las poblaciones de Gaza y Cisjordania, y entre la minoría árabe de Israel?)

La declaración final también incluía lo que parece ser una bofetada al movimiento de los colonos israelíes: "El recurso a posiciones teológicas y bíblicas que utilizan la Palabra de Dios para justificar erróneamente injusticias, no resulta aceptable" (aunque yo creo que la Iglesia Católica, durante muchos, pero muchos siglos, ha recurrido a la teología y a las Escrituras para justificar sus propias e inmensas injusticias contra, por ejemplo, los indios americanos de América y los propios judíos).

Los obispos dedicaron una gran cantidad de tiempo a tratar la emigración de cristianos del Oriente Medio, una región que en el siglo VII era de abrumadora mayoría cristiana. Hoy en día, quedan pocos cristianos en la enorme franja de territorio entre Pakistán y el Océano Atlántico (con excepción de la relativamente importante comunidad copta de Egipto y la rápida disminución de las comunidades cristianas del Líbano). La vida entre los musulmanes durante los últimos catorce siglos, al parecer no ha resultado ser un lecho de rosas para los cristianos: hubo matanzas, conversiones forzadas y semi-forzadas, y una emigración masiva. En los últimos años han sido testigos del movimiento de cristianos desde Irak hacia Occidente, con las dos recientes guerras del Golfo (y la generación de fuertes corrientes anti-occidentales y anticristianas) precipitando el éxodo final.

Los obispos debidamente mencionaron el reciente "asesinato de los cristianos" en Irak, pero insistieron especialmente en la des-cristianización de Palestina. Sin duda, la ocupación israelí
también ha pesado entre los cristianos locales, y muchos de ellos tienen miedo de ser atrapados entre el martillo (de los musulmanes) y el yunque (judío). Sin embargo, la islamización de los territorios ocupados parece no haber jugado un papel importante en las defecciones cristianas.

La ciudad tradicionalmente cristiana de Belén es hoy en día, por lo menos, en dos de sus terceras partes musulmana, y varios cristianos en los últimos años fueron asesinados en la Franja de Gaza, siendo la librería cristiana de Gaza bombardeada hace unos años. No creo que se haya reconstruido.

En la Ribera Occidental, la intimidación no ha sido tan evidente, pero hay una constante migración de los cristianos hacia el exterior y Occidente. En la Palestina del Mandato Británico, un 10% de los árabes eran cristianos, hoy, probablemente, rondan un 2.3%.

De hecho, la única zona de la Palestina del Mandato que ha visto un incremento en el número de cristianos durante las últimas décadas es Israel. Pero los obispos árabes se guardan muy mucho de mencionar este dato.

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Monday, November 16, 2009

Una conversación con Susannah Heschel, autora del "Jesús Ario" - David B. Green - Haaretz


Consagración del obispo del Reich, Ludwig Müller, en la catedral de Berlín en 1934

Susannah Heschel, profesora de religión en el Dartmouth College en New Hampshire, ha publicado dos libros sobre la figura de Jesús en el pensamiento teológico de Alemania. El primero, "Abraham Geiger y el Jesús judío" (1998), trata de un historiador judío del siglo XIX que escribió un controvertido estudio sobre el Mesías cristiano retratándolo como un liberal, como un fariseo progresista, no muy diferente de Hillel y otros rabinos de esa época.

Su más reciente libro, "El Jesús ario: Los teólogos cristianos y la Biblia en la Alemania nazi", estudia una escuela popular de pensamiento entre los teólogos protestantes de Alemania en los años 1930 y 40, y que presentaba a Jesús como un ario que buscaba la destrucción del judaísmo y fue víctima de los judíos.

Heschel ha tenido acceso a los archivos del Instituto para el Estudio y Erradicación de la influencia judía en la Vida Religiosa de Alemania, el cual encabezó este esfuerzo académico virulentamente antisemita. A pesar de que ambos libros estudian diferentes períodos de la historia moderna, coinciden en su interés por la Alemania profunda, por el antisemitismo teológico. Los miembros del instituto, que fue clausurado por los responsables de la iglesia local en 1945, intentaron crear una síntesis del cristianismo y el nacionalsocialismo mediante la eliminación de la Biblia hebrea del canon cristiano y afirmando que Jesús no era un judío, sino ario. Argumentando que Hitler era una figura mesiánica que intentaba satisfacer los objetivos de Jesús.

Heschel también es conocida por sus publicaciones sobre el feminismo judío, así como por ser la única hija del fallecido pensador judío Abraham Joshua Heschel, quien escribió sobre los profetas de Dios y la fe, y sobre la teología del Talmud, pero también es recordado por su participación en el Movimiento de Derechos Civiles americanos de la década de 1960. Susannah Heschel habló con el diario Haaretz por teléfono desde Boston, donde disfruta de su año sabático.

¿Qué te llevó a estudiar la manera en que los teólogos alemanes contemplaron a Jesús y a los judíos, y como ve la conexión entre sus dos libros?

Al principio pensé en escribir mi tesis doctoral sobre Leo Baeck, pero me di cuenta que [Abraham] Geiger fue un pensador judío apasionante e iconoclasta sobre el cristianismo y sus orígenes dentro del judaísmo. Yo venía de redescubrir a Geiger. Conocía su nombre, era un nombre muy conocido durante mi infancia. Crecí rodeado de refugiados judíos alemanes, y conocía los nombres de todos los grandes filósofos, escritores y poetas alemanes. En nuestra casa, nadie hablaba de Hawthorne, James Fenimore Cooper o Melville.

Escribí sobre el trabajo de Geiger y su recepción en los círculos cristianos, donde se discutió ampliamente, aunque generalmente no de manera positiva. Una excepción fue Adolf Hausrath, profesor de la Universidad de Heidelberg y contemporáneo de Geiger, que siempre estaba alabando el trabajo de Geiger y exhortando a los cristianos a estudiarlo. Sin embargo, cuando Hausrath escribió un estudio de la Biblia, utilizó denigrantes estereotipos sobre los judíos. Por ejemplo, al discutir el argumento que Abraham uso con Dios para que perdonara a Sodoma y Gomorra, Hausrath lo describe como un típico ejemplo del "regateo" judío.

Siempre he pensado que este pasaje extraordinario de Abraham fue una de las cosas más inspiradoras que he leído, pero él lo llamó "regateo". Mostró cómo, durante el siglo XIX, la Biblia hebrea fue la base sobre la que los cristianos crearon los estereotipos sobre los judíos.

Los protestantes estaban molestos con los argumentos de Geiger de que Jesús no había dicho nada nuevo ni original. Afirmó que Jesús era un fariseo rabínico. Los protestantes decían que estaban interesados en la búsqueda del Jesús histórico, de su fe y sus enseñanzas. Pero, ¿qué haces si estás buscando el Jesús histórico y resulta que él es judío? ¿Si su fe era el judaísmo, cual es la base del cristianismo? Esto condujo a una crisis: ¿Cómo diferenciar a Jesús del judaísmo? Algunos se aferraron a la teoría racial de encontrar algo único en Jesús. Los puntos de vista raciales se utilizaron para preservar su originalidad.

¿No pensáis que resultan ridículos los absurdos intentos de los miembros del Instituto de desjudeizar la Biblia hebrea, de demostrar que los galileos eran arios y no judíos, y de reescribir los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña?

Yo no lo creo. La primera vez que fui a Eisenach, en Turingia, en la Alemania central, y que es donde estaba radicado el instituto, yo era el primer americano/a, el primer judío/a y la primera persona que visitaba los archivos de la Iglesia con un portátil. Todo el mundo me había dicho que ya no quedaba ningún archivo y debía renunciar. Pero fui a Eisenach, y allí estaba yo, con dichos documentos nazis en mis manos y llena de excitación. Eso nunca me había pasado antes, ni después. Fue terrible.

Regresé a ese archivo una y otra vez, hasta que obtuvo el pleno acceso a los materiales que necesitaba. Y me fui a los archivos de toda Alemania y en todas partes he encontrado trazas de ese instituto. El trabajo sobre el libro fue duro y deprimente. Y tuve que dejarlo de lado con frecuencia. De lo contrario, me habría ahogado en el horror del mismo.

Después de la guerra, ¿hubo algún examen de conciencia por parte de las iglesias que habían participado en este esfuerzo?

Había un sentimiento generalizado en Alemania de que los judíos habían "ganado". Todo el mundo [a nivel mundial] se compadecía de los judíos y estaba enojado con los alemanes. Así que hubo un profundo resentimiento. El crimen en sí no fue llamado "Holocausto" durante mucho tiempo, así que en mucho de lo que fue escrito durante los primeros 20 años - hubo teólogos que escribieron sus memorias - se describió ese período como una época terrible, utilizando la voz pasiva. Y muchos de los clérigos que habían estado en el poder durante el Reich se mantuvieron en el poder. Desde luego, ellos no iban a confesar.

¿Tiene una teoría sobre el origen de este intenso e intemporal odio anti-judío?

No estoy seguro de que haya un factor único, pero sí creo que la relación entre el judaísmo y el cristianismo es única entre las religiones. Una religión retoma las escrituras de otra religión, y niega su validez. Es una especie de colonialismo teológico. El cristianismo depende del judaísmo en sus conceptos teológicos centrales. Cuando los cristianos dicen: "Jesús Cristo", se afirma a Jesús como el Mesías, un concepto judío. Así, cuando el Instituto trató de purgar el cristianismo de todo lo judío, me pareció una especie de "bulimia teológica", un esfuerzo repetitivo para purgarse a sí mismo de la religión madre, incluso cuando dependían de ella para su legitimidad.

¿Estaban las iglesias asustadas con Hitler?

Mi libro pone ese supuesto en cuestión. Parece como si Hitler estuviera inicialmente preocupado por obtener el apoyo de las iglesias. En 1934, sin embargo, vio que tenía su apoyo entusiasta y que no serían una fuente de oposición moral. De hecho, muchos eclesiásticos querían codearse con los altos jefes nazis, pero ellos no estaban interesados. Es un poco lo que Kierkegaard escribe en su "Diario de un seductor": Una vez que un hombre conquista a una mujer se desinteresa de ella. Hitler no estaba interesado. Si usted le hubiera preguntado a un responsable de la iglesia, ¿" fue la Iglesia perseguida en 1936”?, le habría contestado: "Ciertamente sí, el partido nazi nos obligó a instalar la cruz gamada sobre el altar".

De hecho, Hitler estableció una separación entre iglesia y estado. Los crucifijos fueron retirados de las aulas en Baviera. Los cristianos se encontraron molestos. ¿Pero es eso persecución? Hitler no quería un rival del estilo de un líder de la iglesia. Sin embargo, no hubo líderes dentro de la iglesia que estuvieran en la oposición en caliente y seriamente. En todo caso, Hitler contempló los argumentos sobre un Jesús ario como un apoyo a su antisemitismo.

¿Qué pasa con los opositores al régimen desde dentro de la iglesia?

Dietrich Bonhoffer [de la iglesia cristiana de la Confesión], que fue uno de los implicados en el complot para matar a Hitler] no estaba tan interesado por los judíos en los primeros años, pero fue a los Estados Unidos, donde estudió en la Union Theological Seminary, y viajó alrededor de Harlem, lo que le dio una fuerte conciencia de los peligros del racismo. Regresó a Alemania de forma voluntaria y trató, sin éxito, de obtener de sus colegas en la Iglesia de la Confesión que firmaran una declaración en apoyo a los judíos, pero fueron muy pocos. Bonhoffer fue asesinado en la primavera del 45 en un campo de concentración.

¿Cómo se ha recibido a usted y a su trabajo en Alemania?

Ha cambiado con el tiempo. Yo diría que mejor en general, pero hay algunos problemas. He recibido un doctorado honoris causa en la primavera pasada de un seminario protestante de Baviera, y fue impresionante, especialmente en Baviera, que es generalmente conservadora. Al mismo tiempo, hay personas que no están contentos con lo escrito en el libro, por ejemplo en la Universidad de Jena. Hubo un nuevo rector que decidió celebrar el aniversario de la universidad mediante la publicación de un volumen sobre lo que pasó en la Universidad durante el Tercer Reich. Puso a varios serios historiadores a cargo del volumen, y habló con cada departamento y les pidió que escribieran lo que sucedió con su departamento durante el Reich. El único departamento que lo rechazó fue el departamento de teología, de manera que los historiadores me pidieron que escribiera sobre él. Yo estaba feliz de hacerlo, y mi capítulo apareció en el volumen. Los teólogos estaban tan enojados que organizaron una serie de conferencias anuales sobre su historia muy apologéticas, y no me invitaron a participar.

Sabe, yo empecé a ir a Alemania en la década de 1980. Me di cuenta de que algunos de los argumentos antisemitas que escuché en esos años venían directamente de la época nazi. Y me di cuenta de que se debía a que los maestros fueron educados por profesores que se habían educado durante la época del Reich, y que continuaron enseñando después de la guerra.

¿Qué está haciendo en estos dos años sabáticos?

Tengo una beca de la Corporación Carnegie para escribir un libro sobre la historia de la erudición judía sobre el Islam. Usted sabe que muchos de los grandes sabios del Islam durante los dos últimos siglos fueron judíos, empezando por el mismo Abraham Geiger, en su libro de 1833, "¿Qué cosas tomó prestadas Muhamad del judaísmo?”, y que fue ampliamente elogiada en Europa. El libro de Geiger demuestra las influencias rabínicas y midráshicas en el Corán, e inauguró un nuevo enfoque de la historia del Islam, situándolo en el contexto del judaísmo. El campo de los estudios islámicos ha atraído a un gran número de estudiosos judíos, y mi libro examinará la fascinación que los judíos han tenido con el Islam y su monoteísmo, el rechazo del antropomorfismo y el sistema de la ley religiosa. Mi pregunta es cómo la imagen del Islam afectó a los judíos alemanes en su comprensión del judaísmo y de la historia judía, y los inspiró a escribir, por ejemplo, acerca de la Edad de Oro de la España musulmana.

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Sunday, November 15, 2009

El "Jesús Ario". El nazi de Nazaret: los teólogos alemanes que hicieron a Jesús a su propia imagen - Paula Fredriksen - Tablet



Incluso antes de abrir el libro, el lector se enfrenta a la perversidad moral expuesta y analizada por Susannah Heschel en el "Jesús ario". Al frente y en el centro de su portada, los universos simbólicos que deberían estar enfrentados se combinan perfectamente en esa fotografía de 1935 del interior de una iglesia de Colonia: sobre un altar dominado por la enorme cruz gamada de una bandera nacionalsocialista destaca la figura del Cristo crucificado. Ni el cielo, ni la historia, ni la propia Biblia podían escapar a la terrible lógica del racismo. Si Alemania era una nación cristiana (y se afirma que lo era), y si la nación alemana era verdaderamente aria (según la aserción popular), el cristianismo, y más específicamente Jesús de Nazaret, también tenía que ser ario.

El importante libro de Heschel traza las huellas de la ascensión del Instituto para el Estudio y la Erradicación de la influencia judía en la Vida de la Iglesia Alemana (Institut zur Erforschung jüdischen und Beseitigung de Deutsche Einfluss auf das Leben kirchlichen). Formado en mayo de 1939, el Instituto se consagró a desembarazar al cristianismo de sus "excrecencias" judías, y de la presentación al Volk (pueblo) alemán de un "Cristo nórdico" y de un cristianismo ario al que se había restaurado su pureza original. Con este fin, los teólogos del Instituto recurrieron a todos los medios posibles para establecer y promover su mensaje. Produjeron lecturas del Nuevo Testamento interpretado de función del racismo anti-judío. Empalagosamente solicitaron el apoyo financiero y político del partido nazi. Diseminaron su mensaje antisemita a través de los típicos medios académicos: apadrinaron "investigaciones", artículos en los diarios, libros, organizaron conferencias, lecturas públicas, formaron "diplomados". Y puesto que Alemania era una iglesia de Estado, aportaron su agenda aria a la población en los bancos de las iglesias: alterando los textos del Nuevo Testamento (en traducción al alemán), reelaborando la liturgia y predicando vigorosamente que el (judío) Antiguo Testamento se suprimiera de las escrituras cristianas.

Estas posiciones teológicas son todas anteriores a la subida de Hitler al poder y a la fundación del Instituto. En cierto sentido, estos teólogos se limitaron a practicar un antiguo proyecto cristiano: los esfuerzos para desjudeizar el cristianismo son casi tan antiguos como el propio cristianismo. Aunque los primeros escritos base del Nuevo Testamento, las cartas de Pablo y los cuatro evangelios canónicos, fueron productos de las sinagogas de cultura helenística de la primera centuria, ciertos intérpretes gentiles más tardíos llegaron a leer dentro de estos textos "debates intra-judíos como la condena del judaísmo en su totalidad". Hacia el siglo IV, con pocas excepciones, los teólogos ortodoxos convinieron que el judaísmo era una religión terrible, con razón rechazada por Jesús y por Pablo, e inclusive por los profetas antes que ellos, y (sobre la base de pruebas como la destrucción de Jerusalém y de su Templo por la Roma pagana) por el mismo Dios.

Sin embargo, varias diferencias importantes distinguen a este antijudaísmo cristiano clásico de su avatar alemán del siglo XX. En primer lugar, los emperadores siempre reconocieron y protegieron legalmente las prerrogativas religiosas de los judíos: la conversión de los gentiles al judaísmo (ya sea desde el paganismo o bien durante el cristianismo) fue lo que despertó la ira y la ansiedad. En segundo lugar, los judíos en su mayor parte podían cesar de "ser" judíos si se convertían al cristianismo: a pesar de la antigüedad de las propias formas del racismo, y de la propia vinculación de la etnicidad con la religión, la identidad social podía cambiar con la afiliación religiosa. Y en tercer lugar, la Cristiandad romana se basaba en la idea de Israel enunciada en la lectura ortodoxa de las escrituras judías: el hebreo era reconocido como la primera lengua del Antiguo Testamento, la Tierra judía se convirtió en la Tierra Santa de la Iglesia, el imperio y sus teólogos contemplaron a la Roma cristiana como la verdadera heredera de las promesas bíblicas a Israel. En resumen, los cristianos, forzosamente y fundamentalmente, eran conscientes de haber incorporado una gran cantidad de textos, conceptos y prácticas judías en su propia identidad.

La Europa medieval y el moderno racismo pseudocientífico erosionó gran parte de este legado religioso y social. Finalmente, las cruzadas y la inquisición sancionaron la elección entre una conversión forzada o la muerte; los judíos convertidos al cristianismo continuaron siendo observados con recelo, permaneciendo en una categoría peculiar. Pero el matrimonio en el siglo XX en Alemania del fascismo, el nacionalismo y el racismo radicalizaron todas las anteriores agendas cristianas anti-judías. El "Judío", decían ahora los pensadores alemanes, nunca podría ser otra cosa, ni verdaderamente cristiano ni verdaderamente alemán. Peor aún, una proyección fantasmagórica del antisemitismo alemán sobre los judíos alemanes los describía como obsesionados por el poder, homicidas, empeñados en la dominación del mundo, en resumen, "satánicos". ¿Si judíos nunca podrían ser asimilados cultural, moral y religiosamente, si nunca podrían llegar a ser verdaderos protestantes alemanes, entonces por qué la Alemania cristiana tenía que ver con los judíos de Alemania? En 1936, en una reunión de líderes de la iglesia de Turingia y Sajonia, el futuro Instituto Siegfried Leffler formuló la respuesta cristiana alemana:
"En una vida cristiana, el corazón tiene que estar siempre dispuesto hacia el Judío... Como cristiano, puedo, debo y siempre deberé tender o encontrar un puente hacia el judío en mi corazón. Pero como cristiano, también tengo que seguir las leyes de mi Volk (pueblo)... Incluso si sé que "no matarás" es un mandamiento de Dios, y que debo "amar al judío" porque él también es hijo del Padre eterno, también debo ser capaz de saber que también debo matarlo, dispararle. Y sólo puedo hacerlo si sé que estoy autorizado a decir: Cristo"
Esta llamada cristiana al asesinato de judíos asesinato no encontró ninguna protesta o crítica del resto de presentes. Como observa Susannah Heschel: "Desembarazarse de los judíos de Alemania se había convertido en un punto de debate aceptable entre los teólogos, incluso cuando el asesinato fue propuesto como una técnica para conseguirlo". En el nombre de la pureza aria, estos teólogos superaron incluso a los nazis en 1936, mucho antes de que el asesinato en masa de los judíos política se convirtiera en la política nazi.

Susannah Heschel dedica las primeras 200 páginas de su estudio a la reconstrucción de los programas y políticas del Instituto. Y digo que ha debido "reconstruir", porque a pesar de la prodigiosa productividad y activismo político del Instituto, a pesar de los 600.000 pastores, obispos, profesores de teología, instructores religiosos y laicos comprometidos entre sus miembros, el Instituto se convirtió casi en invisible a raíz de la guerra . Esta última historia, que Susannah Heschel relata en sus dos últimos capítulos, nos pone enfermos de una manera diferente. Esos cristianos campeones del genocidio judío, los líderes del Instituto, corrieron para cubrir sus pasos una vez que los aliados ganaron la guerra, escribiendo cartas de exoneración de unos para otros, protegidos por la iglesia, por sus colegas y por sus propias mentiras. Los que durante la guerra habían utilizado sus competencias académicas sobre el judaísmo para promover la agenda más racista del Instituto, ahora, con la paz, utilizaron esos mismos conocimientos como camuflaje: ¿cómo podrían ser los expertos en el judaísmo antisemitas? [N.P.: ¿no les suena a esa ignorante aseveración de que los árabes nunca podrán ser antisemitas?].

Y las resonancias entre el propio antijudaísmo del Instituto y la teología cristiana tradicional consiguieron que su criminalidad prácticamente fuera imposible de ver. En consecuencia, muchos de los actores del Instituto pasaron a disfrutar de unas largas y distinguidas carreras universitarias en la posguerra, en tanto investigadores del Nuevo Testamento (Me di cuenta, con un escalofrío, que yo había leído algunas de sus obras en el transcurso de mis propios estudios en la década de 1970) .

El "Jesús Ario", en consecuencia, es más que una historia altamente nauseabunda respecto al antijudaísmo cristiano. También es una obra maestra de una investigación paciente en los archivos. La mayor parte de los datos que proporciona Susannah Heschel yacía enterrada en los archivos des las bibliotecas regionales y entre la correspondencia personal. Ella no sólo recupera estos documentos, sino que también entrevistó a los cónyuges supervivientes y a los estudiantes de Teología del Instituto. Como ella revela, después de la guerra las carreras académicas se reforzaron, no disminuyeron, con la implicación del Instituto: la red profesional de lealtad y clientelismo quedó intacta y se mantuvo eficaz. Aunque estos hombres tuvieron que renunciar a su activismo previo a partir de 1945, y ya no fueron los campeones del racismo homicida o los ruidosos defensores de una Biblia cristiana - menos Antiguo Testamento y menos conceptos y palabras "judías", como "Mesías", "Aleluya" y "Amén", en el Nuevo Testamento -, su académico y teológico antijudaísmo siguió siendo irreprochable.

A la vez como una historia del antisemitismo alemán y como un análisis de temas muy pronunciados dentro de la teología cristiana, el estudio de Susannah Heschel es a la vez amplio y profundo. Deseo vivamente su éxito entre los lectores en general, un éxito que se merece, y que no oscurece su inmediata relevancia para los estudiantes de la divinidad, y especialmente para los estudiosos del Nuevo Testamento en la actualidad. A pesar de la energía y el compromiso de la investigación moderna en la figura de Pablo, y sobre todo el interés por el Jesús histórico, estudiantes y académicos aún producen rutinariamente una visión de las personalidades que, enfrentadas a su contexto religioso original, el judaísmo de finales del Segundo Templo, contrastan mucho más que siguen las vías de la coherencia . Así, los eruditos aún siguen afirmando que a Pablo le disgustaban la etnicidad judía y las prácticas religiosas judías, y que a Jesús, como judío piadoso que era, condenaba el culto de Dios que se realizaba en el templo de Jerusalém. Veinte siglos de utilización de una caricatura del judaísmo para así poder expresar la identidad cristiana resultan ya suficientes, no importando cuales sean las políticamente aceptables versiones contemporáneas. Estas caricaturas producir relatos que son malos en dos sentidos: son malos históricamente y malos moralmente. Como el estudio de Susannah Heschel demuestra magistralmente, la membrana entre el antijudaísmo y antisemitismo no sólo es extremadamente delgada y pequeña, sino que también, y por desgracia, es demasiado permeable.

Fuente: Tablet

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Wednesday, March 04, 2009

Exhibición de joyas judías ocultas desde la época de la peste negra - Haaretz









Un tesoro escondido de joyas y monedas, probablemente ocultado por judíos temerosos de posibles represalias contra ellos cuando la peste negra barría Europa, y de la que se les culpaba, se han expuesto en una exhibición en Gran Bretaña por vez primera.

La colección, incluyendo un delicado anillo de boda del s. XIV, además de tazas decoradas y deslumbrantes joyas, fue descubierto en Erfurt, Alemania, en 1998, cerca de la sinagoga del siglo XI.

Aunque los historiadores no pueden estar seguros, sospechan que los tesoros fueron ocultados alrededor de 1349 por familias judías que esperaban volver y recuperarlas más tarde.

Pero tanto si se vieron obligados a huir, murieron por la peste o se encontraron entre las cerca de 1.000 personas que fueron asesinadas durante un pogrom en Erfurt en marzo de 1349, los objetos quedaron intactos y permanecieron 650 años ocultos, hasta que unas excavaciones en un bloque de pisos los saco a la luz.

Algunas de las piezas más valiosas de la colección se exhiben en Londres, en la Wallace Collection, junto con otros elementos procedentes de un segundo tesoro hallado en Francia en 1863.

"Hay un elemento muy emotivo, ya que estos dos tesoros fueron enterrados de forma casi segura por familias judías justo antes de su muerte, cuando la peste negra azotó el continente europeo y los judíos fueron utilizados como chivos expiatorios", comenta Stephen Duffy, de la Wallace Collection en Londres.

Entre los aspectos más destacados está una vitrina que contiene los tres primeros ejemplos conocidos de anillos de boda judíos con la inscripción "buena suerte" en hebreo y diseñados en forma de casas en miniatura.

También se muestra lo que la Wallace dice ser el único tocador medieval en el mundo que nos has llegado hasta hoy, con su limpiador de oídos y su frasco de perfume. Sólo un puñado de estos tesoros han podido ser descubiertos.

"La gente en la época medieval sabía que los judíos escondían sus joyas, por lo que las buscaban y esperaban encontrarlas", dijo el comisario de la exposición, Karin Sczech, aunque no descartó que más descubrimientos de este tipo pudieran darse.

Las monedas de plata, de todas partes de Europa central, demuestran que Erfurt era el centro de una pujante economía regional.

Zafiros de Sri Lanka, granates de la India y algodón, probablemente procedente de Egipto, también nos informan de un mundo mucho más móvil y global de lo que se podría esperar, nos comenta Karin Sczech.

Los organizadores de la exposición de Londres, abierta hasta el 10 de mayo, comentaron que esta podría ser la última vez que a estos raros objetos se les permita viajar. Desde este otoño, los tesoros de Erfurt constituirán una exhibición permanente en la antigua sinagoga de Erfurt.

Después de 1349, el edificio de la sinagoga fue abandonado y convertido en un almacén, antes de ser utilizado como un espacio de entretenimiento y salón de baile desde finales de s. XIX. Los nazis celebraron bailes allí, desconociendo que había sido un lugar de culto judío.

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Tuesday, March 03, 2009

Después de Gaza, un nuevo antisemitismo – Lise Noël – Le Devoir

Excluida Chechenia por Putin, Uzbekistán por Islam Karimov y China por Hu Jintao, todos ellos oprimiendo a poblaciones musulmanas, Amnistía Internacional, por contra, ha llevado a cabo libremente su investigación en Gaza. Incluso antes de que comenzara, el juicio de su principal representante en Israel y los territorios palestinos parecía ya definido: "[Los israelíes] que dieron las órdenes, e incluso los que apretaron el gatillo, no deberían planificar sus vacaciones en el extranjero".

Mientras tanto, en la España del socialista José Luis Zapatero, no se consideraba nada indecente juzgar a judíos israelíes por su participación en incidentes ocurridos en Gaza en el 2002. Una España que, como señaló León Poliakov, practica, cuatro siglos después de haber expulsado a sus judíos de su suelo y entregado a muchos "conversos" a las piras de la Inquisición, un "antisemitismo sin judíos".

La actitud de España es típica de la izquierda occidental actual, fiel seguidora de lo que Michel Foucault describe como la "polivalencia táctica del discurso", o sea, el arte de apuntar indefinidamente a la misma víctima reciclando la argumentación en función de las teorías del momento.

Y es que por primera vez en la historia, el antisemitismo se ha convertido en global. Traspasado de la derecha a la izquierda en Occidente, se ha unido al antijudaísmo del Islam radical. Distinguiéndose del antisionismo hasta hace poco, ahora va de la mano con él.

El nuevo antisemitismo es postmoderno. Se trata de un sincretismo, una mezcla disparatada de causas justas y de pretensiones totalitarias. Defiende, todo entremezclado, el medio ambiente, los países subdesarrollados, el islamismo y los ideales igualitarios de la izquierda; profesa el pacifismo al mismo tiempo que se “acomoda” a los atentados suicidas como el "arma de los débiles"; condena la mundialización salvaje y al capitalismo, pero también la "conspiración judía” como "competidora” de las declaradas aspiraciones jihadistas de establecer una "República Islámica" a escala planetaria; critica al mundo occidental y a su apéndice "imperialista", Israel, cuya existencia misma le parece una violación intolerable de la "tierra del Islam", una tierra esta que sin embargo fue conquistada por el imperialismo árabe, y después musulmán, desde el siglo VII.

Polivalente en su discurso sincrético, el antisemitismo del siglo XXI reagrupa tácticamente los movimientos más heteróclitos: el islamismo radical (ya sea chiíta, como Hezbolá o Ahmadinejad, y que reclama la destrucción de Israel, o bien sunnita, al modo de Hamas, y cuyo objetivo es matar a todos los judíos de la tierra); la derecha revisionista, que pone en duda la realidad del Holocausto aunque la propia Alemania reconoce haberlo perpetrado y lo enseña en sus escuelas; el movimiento altermundialista, al cual pertenecen los judíos de izquierda, que condena la excesiva protección que recibe Israel por parte de los Estados occidentales, mientras que dice que ese país es demasiado pequeño para poder resistir un boicot al que apela con todas sus fuerzas; los pacifistas del estilo de esos ciudadanos de Quebec que llaman a una retención por parte de esos israelíes víctimas del lanzamiento continuado de cohetes por los palestinos desde hace ocho años pero que, desesperados después de tan sólo unos pocos días de un bloqueo establecido por unos "guerreros" mohawk, lanzaban piedras contra los coches que evacuaban a las abuelas de los amerindios Kahnawake.

Existen también los Chamberlain de nuestra época, como por ejemplo Jimmy Carter, quien, no habiendo aprendido nada del secuestro de miembros de la embajada de los EEUU en Teherán durante su presidencia, dice ahora creer en las palabras de Hamas que le ha prometido a él celebrar un referéndum en Gaza y Cisjordania, y lo dice ese mismo Hamás que ha masacrado a sus oponentes de Fatah un año después de tomar el poder democráticamente.

Jacques Brassard citaba recientemente a Lenin, un experto en manipulación que se reía de todos esos idealistas izquierdistas, esos "idiotas útiles" que abrieron el camino a los bolcheviques.

¿Y es que acaso no lo saben todos esos Jimmy Carter obstinadamente crédulos, esos altermundialistas e intelectuales judíos con pretensiones de hacer carrera, con gran presencia en universidades y medios de comunicación de un Occidente que les da libertad para vituperar sin temor a represalias físicas?

¿Y es que acaso no son conscientes de ello todo esos pacifistas al abrigo de cualquier peligro, los cuales realmente hacen pagar a otros el precio de su buena conciencia, o bien esos militantes homosexuales que denuncian a Israel manifestándose en San Francisco al lado de unos partidarios de Hamas que consideran que Dios les mira "con desdén", o bien todas esas feministas emocionadas (con razón) con la visión de los niños palestinos heridos, pero que son insensibles al hecho de que algunos han sido reclutados como soldados o prometidos desde una temprana edad a los ataques suicidas?

¿Y es que acaso son ciegos todos estos defensores de los derechos y de las libertades tan trabajosamente adquiridas a lo largo de cuatro siglos en Occidente, todos estos activistas y pensadores que sin embargo parecen ignorar que están colaborando con su propia opresión, y que ellos serán los primeros en ser sacrificados por los bárbaros obscurantistas con los cuales se alían?

¿Y es que acaso no tienen un "vago" sentimiento de culpa por su complacencia miserabilista que les hace preferir, por encima del esfuerzo puesto en la excelencia, un fanatismo que conlleva un culto de la muerte?

¿Y es que acaso no han visto el testimonio de ese padre que celebró, como si fuera una boda, la muerte de su hijo en un atentado suicida, o el de la madre que, después de haber abrazado a su propio hijo de camino a una inmolación que le destrozaría, estaba dispuesta a sacrificar a sus otros hijos si fuera necesario?

¿Y es que acaso no saben que para los judíos vivir, especialmente después del Holocausto, es una forma de resistencia, mientras que los islamistas lo ven como una señal de debilidad? Escogiendo la vía fácil de buscar la causa de los males de su sociedad en "conspiraciones" de todo tipo, acusando a los judíos de parasitismo y de “no producir nada”, olvidando que el 0,0024% de la población mundial obtiene el 18% de los Premios Nobel (el 27% los obtiene Estados Unidos, pero representa a un 2% de la población).

Que se me comprenda bien: no se trata de ningún modo de atribuir al conjunto de los musulmanes las creencias medievales y los comportamientos violentos de los islamistas, ya que ellos son los primeros en sufrirlos. No se trata tampoco de evitar las críticas que Israel pueda merecer.

Pero es necesario poner fin a la indignación selectiva de un altermundialismo que traiciona su misión encarnizándose sobre este país democrático, en detrimento de las innumerables víctimas de los regímenes tiránicos que substraen sistemáticamente su suerte abominable de la vista de las cámaras. Y se debe poner un término, no a las críticas de Occidente, sino a un odio suicida y portador de decadencia que no pudiendo tolerar la vista de las imperfecciones, por supuesto múltiples, nos incita a hacernos cómplices de una ideología mortífera cuyo discurso, aparentemente favorable a los "condenados de la tierra", puede llegar a seducir por su origen lejano.

No repitamos el error de las últimas generaciones que sucumbieron a las sirenas de la Unión Soviética estalinista, la Cuba castrista o la China maoísta, antes de que saliera a la luz el horror de decenas de millones de asesinatos que la hermosa llama de la igualdad había ocultado.

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