Tuesday, June 18, 2013

Las nuevas locuras "académicas": "Pinkwashing" y "Homonationalism", las nuevas doctrinas de género de l@s radicales contra Israel - Bruce Bawer



Fue en noviembre de 2011, hace menos de un año y medio, cuando la veterana activista de la extrema izquierda judía y lesbiana militante Sarah Schulman escribió un artículo de opinión en el que presentó a los lectores del NYTimes un par de términos desconocidos. Uno de ellos era "pinkwashing", que ella definía como "una estrategia deliberada para ocultar la persistencia en las violaciones de los derechos humanos de los palestinos detrás de una imagen de modernidad representada por la vida gay israelí". El otro era "homonationalism”, la supuesta tendencia de los gays, para ganar aceptación y derechos sociales, a identificarse con "la hegemonía racial y religiosa de sus países", ayudando de esa manera a construir al "otro", a menudo musulmanes de origen árabe, de Asia del sur, de origen turco, o africanos, como "homófobos" y fanáticamente heterosexuales.

La idea central del artículo de opinión de Schulman era que los homosexuales y otras personas deben dejar atrás la imagen de país amigo de los gays de Israel (que, según ella, es el producto de un intencionado esfuerzo israelí para reforzar el apoyo extranjero), debiendo centrarse en adelante en el terrible sufrimiento de los musulmanes palestinos bajo las despiadadas manos de los israelíes, y detener la construcción de la opinión de que los musulmanes "odian" a los gays. Schulman, cabe señalarlo, es una de las principales defensoras de la campaña BDS contra el estado judío (boicot, desinversión y sanciones).

Desde que escribió ese artículo de opinión, Schulman ha sido una mujer ocupada. La semana pasada, su visión de una Conferencia sobre el “Pinkwashing" y el "Homonationalism” en la City University of New York (donde, a pesar de que no tiene los antecedentes académicos para poder hablar y no tiene mayor grado académico que una licenciatura por el Empire State College, cuenta con el título de Profesor Distinguido) se convirtió en una realidad. Durante dos días completos, decenas de participantes de todo el mundo dieron conferencias y paneles.

El evento - que fue transmitido en línea - resultó ser tan despreciable como era imaginable. En el discurso de apertura, Jim Wilson, el director del centro CUNY para Estudios de Lesbianas y Gays (CLAGS) expresó su "alegría" por el hecho de que CLAGS fuera el anfitrión de este evento "vital y de vanguardia", que describió como la experiencia "más gratificante" después de veinte años en la academia. A continuación presentó a Schulman ("mi guía intelectual, moral y espiritual de estos años"), que triunfalmente tronó desde el atril que, a pesar de las diversas presiones y desafíos, “esta conferencia es exactamente lo que queríamos que fuera". Ella se burló de una solicitud que pedía "algún importante orador que defendiera otra visión de las cosas", y añadió, con un aplauso estruendoso: "Cómo si hubiera más formas de ver las cosas”.

No obstante, la primera contribución, la de la novelista Rabih Alameddine ("uno de los más grandes escritores en lengua inglesa", dijo Schulman), fue decepcionante, ella solo leyó un cuento. Sin embargo, la segunda contribución ya fue por el buen camino. La lesbiana y "visionaria mundial" Haneen Maikey argumentó que "centrarse en los conceptos occidentales del movimiento LGBT" (que implican asuntos tan triviales como la libertad y la igualdad de derechos) distrae de la "cuestión central" de Palestina. En cuanto al argumento de que Israel acepta a los gays y la Autoridad Palestina no lo hace, Maikey dijo que es vital rechazar esta forma de pensamiento "binaria" y prestar más atención a los matices.

"Binario", debemos tenerlo en cuenta, fue una palabra clave en esta conferencia - en el mundo académico actual, ya deberían saberlo, todo aquel que presenta una verdad incuestionable, en blanco y negro, sostiene ideas incómodas, como el hecho de que en Israel haya desfiles del Orgullo Gay y en los países musulmanes existan ejecuciones de gays -. No obstante, estos hechos siempre podrán ser descartados como "crudos” (sin matices) y simplificadamente "binarios".

Maikey también censuró la aceptación por parte del movimiento "anti-pinkwashing" de los llamados "buenos israelíes”, diciendo que incluso esa inclusión "socava" el movimiento, refuerza la supremacía israelí y es "un acto directo de la lucha contra la solidaridad”. Asimismo despidió el argumento de que haya buenos y malos israelíes y buenos y malos palestinos. No, ella tronó: "Hay un colonizador y un colonizado". Nadie pareció darse cuenta de que al decir esto, Maikey se manifestaba de manera binaria.

En otra sesión particularmente repugnante y titulada "Narrativas de rescate LGBT", los portavoces se burlaron de la idea de que para los gays el mundo musulmán sea un lugar peligroso y Occidente un santuario. Katherin Forbear, de la Universidad de la Columbia Británica, se burló del sistema de refugio de Canadá, diciendo que su actitud – que ella burlonamente resumió en "Vamos a ayudar a esta pobre gente que llega al gran estado de Canadá" - simplificaba una situación compleja. (¿Cuál es el número exacto de canadienses, Sra. Forbear, que busca refugio en el mundo musulmán?)

Colleen Jankovic, de la Universidad de Pittsburgh, atacó ferozmente la película israelí de 2006 "La Burbuja", donde un israelí y un palestino se enamoran, diciendo que refuerza erróneamente la idea de que "la sociedad palestina es homofóbica" y que eso está en la "raíz de los problemas de los gays palestinos”. Emrah Yildiz, de Harvard, contó la historia de una pareja gay de Teherán a quien describió como atrapada en un "doble vínculo": en Irán, eran vistos oficialmente como desviados y eran acosados por la "policía de la moral", y en Occidente, donde trataron de conseguir el estatuto de refugiado, las autoridades en un primer momento no aceptaron que eran gays porque "se comportaron sobriamente" y, por lo tanto, como Yildiz afirmó, no eran los "suficientemente desviados". El tema de Yildiz, en definitiva, era dibujar una equivalencia moral en el tratamiento de estos chicos por parte de Irán y por parte de Occidente. (Después de sostener esa ecuación ridícula hasta el final, Yildiz admitió que P. y A., los dos hombres iraníes, vivían felizmente en Canadá).

No obstante, Yildiz defendió a Irán apasionadamente. En respuesta a la acusación de que Irán ha ejecutado a innumerables personas por ser gays, se quejó: "No hay otro país en el mundo que haya sido acosado de esta manera". También sugirió que la "heteronormatividad" de Irán (una manera eufemística, al parecer, de referirse a su costumbre de arrestar, torturar y, sí, ejecutar a los homosexuales) "abre la posibilidad de no identificarlos ya sea como gay o como hetero”, una ventaja para muchos académicos contemporáneos que, tildando tales etiquetas como burguesas, prefieren el cursi concepto de "queer" (marica). Yildiz también se puso en pie por el Islam: "No pedimos al cristianismo que de cuenta de la sexualidad en Occidente", se preguntó desconcertantemente, "¿por qué estamos pidiendo al Islam que de cuenta de la sexualidad en el Oriente Medio?".

Otra panelista, Fátima Jaffer, de la Universidad de la British Columbia, atacó a los medios de comunicación canadienses por "construir" a las familias de inmigrantes musulmanes como patriarcales y describirlas como hostiles a los gays. Después de todo, dijo, en el Islam occidental esa en sí mismo es una "actitud extraña", ya que sus partidarios rechazan los "valores normativos canadienses". Para blanquear el tratamiento de los homosexuales en el mundo musulmán, Jaffer insistió en que "no era tan bueno en los EEUU y Canadá”.  Sin embargo habló con franqueza acerca de la opresión de los gays en Uganda - una realidad que ahora sí era capaz de reconocer porque los opresores, en este caso, y tal como subrayó, eran cristianos - y describió a Mombasa, su ciudad natal, como la “capital queer de África", un paraíso para los gays empañado solamente por la homofobia cristiana importada de Occidente.

Durante el turno de preguntas y respuestas, alguien realizó a los panelistas una pregunta basada en las consideraciones de la vida real: "¿Están diciendo que la gente debería dejar de decir esas cosas [es decir, hablar de la homofobia de los países musulmanes]?". Ante ello, Jankovic vaciló y titubeó, mientras que Jaffer llegó a decir (y esta es una cita directa): "Existe una división entre lo que sucede en la superficie y lo que hablamos en el mundo académico". Palabras nunca mejor dichas y muy ciertas. Están los hechos, y luego está la ideología académica contemporánea, y los dos nunca se encontrarán. A elogiar la honestidad de Jaffer, aunque me pregunto si ella se pateó a sí misma después de hacer una confesión tan sincera.

El desprecio hacia las "narrativas de rescate" continuó en una sesión llamada "Psicología del pinkwashing", en el que un tal J.L Haycock - haciéndose eco de la referencia frecuentemente citada del profesor de la Universidad de Columbia, Gayatri Chakravorty Spivak, uno de los fundadores de los estudios poscolonialistas, de que los blancos racistas tratan de salvar "a la mujer morena del hombre moreno" -, se puso sarcástico con esos gays occidentales que tratan de ayudar a los homosexuales en los países musulmanes. Haycock argumentó que están cometiendo el pecado de ver a estos últimos como objetos, no como sujetos, no niegan esas políticas, sino que perpetran un "borrado de su identidad".

Otra de las sesiones, "Pinkwashing, más allá del LGBT", ilustró como el "pinkwashing" no ha tardado en generar ramificaciones ideológicas. Samantha King, de la Universidad de Queens en Canadá, examinó el "lavado de estrógenos", el supuesto uso de programas de concienciación contra el cáncer de mama para hacer propaganda favorable para Israel y Occidente, mientras que a la vez se promueven males tales como "el individualismo, el libre mercado y la propiedad privada" y  se "patologiza las culturas locales", como la de Palestina, como "tóxicos peligrosos". (De paso, King tuvo buenas palabras para el sistema de salud de los Emiratos Árabes Unidos).

Sam Markwell habló del "lavado verde" llevado a cabo por el movimiento ambiental israelí, su supuesta utilización para conseguir que Israel se vea bien. Al parecer, nada bueno proviene de Israel, que pronto pasará a ser mencionado y denunciando en los medios de comunicación internacionales por tal o cual tipo de "lavado".

Y así fue. En otra sesión, Dina Georgis, de la Universidad de Toronto, se refirió a la "masacre de Jenin", como si se tratara de un hecho consumado y no una mentira comprobada. Trish Saleh, un transexual de hombre a mujer, afirmó que había idolatrado a la cantante transexual israelí Dana Internacional, ganadora de Eurovisión en 1998, a la que contemplaba como la encarnación de la transgresión, hasta que apoyó públicamente las acciones de Israel contra la flotilla de Gaza en el 2010. Y Alex Shams, de Harvard, sostuvo que dos jóvenes ahorcados en Irán en 2005 por ser homosexuales habían sido, de hecho, castigados por violación. Se omitió en su presentación el hecho de que la "sodomía" es uno de los delitos punibles con la muerte en Irán, junto con el lesbianismo, el adulterio, la blasfemia, el consumo de alcohol y otros muchos.

Esta fue una conferencia abrumadoramente femenina, y la mayoría de las conferenciantes eran del mismo  tipo: jóvenes blancas, ya sean estudiantes de posgrado o profesoras muy jóvenes, y que llevaban todas las marcas de los jóvenes privilegiados. La mayoría de sus voces eran poco menos que indistinguibles. "Todas ellas suenan como muñecas Barbie", comentó la pobre alma que vio parte de la transmisión en vivo conmigo. Sí, o como chicas pijas. Cada frase sonaba como si terminara con un signo de interrogación, mientras que en sus papeles aparecía la misma elaborada jerga, por lo que sus respuestas estaban ensambladas con las palabras "como" y "básicamente" (una de ellas expresó su aprobación del evento haciendo referencia a él como "esta conferencia súper guay"), y tanto antes como después de las sesiones, varias de ellas se quedaron riéndose tontamente, como unas adolescentes en un concierto de Justin Bieber.

Los hombres, por su parte, fueron los habituales castrados feministas compañeros de viaje que aceptaron dócilmente su papel subordinado, uno de ellos pidió disculpas por "los privilegios que tengo como un hombre" (¿qué privilegios? ¿En la academia? ¿En 2013?). Y otro insistió en que "las mujeres homosexuales y las personas transexuales", y ciertamente no los hombres homosexuales, deberían estar al mando de todas las organizaciones de gays y de eventos como éste. Ninguna de estas cobardes excusas consiguió que la conferencia no fuera un puro derroche de ataques contra los hombres, pero en la versión "varón blanco gay". Tal vez la más vigorosa en este sentido fue Elena Kiesling, quien despotricó largo y tendido sobre la "blancura" insoportable de la imagen pública de la "comunidad gay" y denunció que el "hombre blanco gay" es el "chico del poster" de la homosexualidad. (Dejando de lado lo absurdo de esta acusación, era bastante divertido oírlo expresado por una alta “diosa rubia aria”, que además de ser una estudiante de posgrado en Estudios Americanos en la Johannes Gutenberg-Universität en Mainz, juega en un campeonato de voleibol playa en Bad Soden, Alemania).

No es cuestión de exigir demasiado, pero la inmadurez, la mediocridad y la pereza intelectual que se exhibió en esta conferencia estuvo por las nubes. He estado en otras confabulaciones académicas mucho más inanes, pero nunca he oído tantas estupideces de personas inarticuladas que diferencian tanto entre la ideología y su propia jerga y los temas de la vida real que supuestamente les interesan. Esta pequeña reunión no fue sólo un ataque contra Israel, fue una expresión, durante sus dos días de duración, de antipatía hacia el capitalismo, los hombres blancos (gays y políticamente correctos), la ley y el orden, el desarrollo económico, y por cualquier concepto de los derechos humanos que no haya sido elaborado a través del exprimidor de sus PC’s.

La enemistad por la policía se expresó más de una vez (una de las jóvenes en realidad usó la palabra "cerdos" para describir a los agentes de la ley). El término "gay", en sí mismo, parecía como una mala palabra: el término correcto, ya saben, sería LGBT. (Uno de los oradores en realidad se equivocó y utilizó el término "gay" de una manera positiva, entonces, dándose cuenta rápidamente de su error, dijo: "Vaya, me refiero a un sentido amplio, a la manera LGBT. Lo siento, es temprano"). El término "liberal o progresista", también sonaba peyorativo, al igual que "neo-liberal": esos términos, a juicio de los participantes, describían a personas complacientes, blandos procapitalistas, que a diferencia de ellas, exigentes radicales, no tienen agallas para montar barricadas.

Sin embargo, escuchar sus ponencias absurdas, todas ellas ignorando completamente los hechos más básicos sobre el Islam e Israel y Occidente, fue, en cierto sentido, una experiencia muy deprimente: la argumentación que Schulman expuso en su artículo en el NYTimes, y que uno podría haber tenido la tentación de dejar de lado como el típico delirio de alguna loca solitaria, al parecer está floreciendo muy rápidamente como toda una disciplina académica que ha arraigado en varios importantes centros de aprendizaje. Por otra parte, la conferencia dio razones para cierta esperanza. Varios de los participantes dejaron en claro que se estaban moviendo más allá del territorio que promete el pinkwashing, por así decirlo, para dar lugar a algunas novedades muy interesantes por cierto.

El primer indicio de esta nueva dirección se produjo cuando Jaffer comenzó su intervención mostrando su agradecimiento a la tribu Algonquin, ya que la conferencia se llevaba a cabo en sus tierras ancestrales. El segundo llegó cuando un orador informó a la audiencia de que "éste es territorio Lenape (una tribu india)". Y el tercero vino de una joven llamada Rachel Byrne que exclamó solemnemente que “estamos en tierra robada”,  en un preludio a su denuncia del aburguesamiento de los acomodados blancos gays del barrio gay de Castro, en San Francisco. Más tarde, Tallie Ben Daniel incidió sobre el mismo tema, argumentando que las "lógicas" de los colonos en Israel y de los hombres gays de Castro son de hecho muy similares: ambos son territorios ocupados (uno tomado a los palestinos, el otro a la clase obrera de San Francisco por los gays ricos) que se presentan como milagros de rejuvenecimiento (haciendo florecer el desierto y/o dando un “lavado de cara masivo” a un barrio marginal), pero que son, de hecho, las consecuencias de una violenta expropiación capitalista.

Tallie Ben Daniel pasó a vincular tanto el "mito" del milagro israelí y el "mito de la renovación urbana gay", con el "mito" de los pioneros americanos que poblaron el Oeste americano. Del mismo modo, en un panel sobre "El estado colonial de los colonos canadienses", un participante hizo una pregunta: ¿cómo puede él y otros oponerse al "pinkwashing" que se abate sobre Palestina, mientras permanecemos indiferentes ante los nativos americanos que quieren revertir la colonización de América del Norte?

Algunos de los participantes se unieron alegremente a Daniel en los apretones de manos, mientras que otros se resistieron - tal vez porque podían discernir hacia dónde les podría llevar este tipo de "análisis” si adoptaban las conclusiones lógicas -. Pues si tan malo es para ellos vivir en una "ocupada" América del Norte, como lo es para los israelíes vivir en una "ocupada" Palestina, ¿qué tendría que hacer el movimiento "pinkwashing"?, ¿cómo podían seguir demonizando a Israel cuando, en efecto, tendrían primero que demonizarse a sí mismos?

Y es que: "¿acaso no tendrían que boicotearse a sí mismos, desinvertir en si mismos, imponerse sanciones a si mismos?".

Va a ser divertido comprobar cómo estos payasos pueriles van a reaccionar cuando se den cuenta que se han dirigido ellos mismos hacía una encerrona ideológica, y cómo tendrán que dibujar los objetivos a perseguir en sus propias espaldas.

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