Sunday, August 27, 2017

Una carta abierta a los lectores de Michael Chabon - Bruce Bawer



Michael Chabon es un novelista que en 1988, a mediados de los años veinte, se hizo famoso - o, al menos, conoció ese más bien modesto conocido como la fama literaria - con una novela, The Mysteries of Pittsburgh. Vagamente recuerdo haberlo leído. No recuerdo si me gustaba. No me puedo imaginar que me haya encantado porque creo que lo recordaría. Veo desde su página de Wikipedia que ha escrito otros libros desde entonces, pero ninguno de ellos ha caído en mi radar a pesar de que reviso la ficción literaria y hablo regularmente con amigos que hacen lo mismo y me hablan de libros nuevos que les han emocionado.

En cualquier caso, Chabon todavía está por ahí y el otro día, gracias a varios de mis amigos de Facebook, me di cuenta de un nuevo artículo que había escrito bajo el título "Una carta abierta a nuestros hermanos judíos". En realidad no se dirigía a todos sus hermanos judíos, sino que estaba destinado a aquellos judíos que votaron por Donald Trump y que han seguido respaldándolo aunque su administración está llena, según las palabras de Chabón, de "supremacistas blancos” y Trump tiene un "largo y espantoso registro de declaraciones racistas". A pesar de este execrable récord, sostenía Chabón, los partidarios judíos de Trump han continuado excusándole y argumentando que por muy malo que pueda parecer, Trump no es realmente un antisemita.

Bueno, insistía Chabon, tales racionalizaciones ya no son posibles. Los comentarios de Trump en Charlottesville fueron definitivos, demostrando inequívocamente que el corazón de nuestro presidente se encuentra con los nazis: "Así que ya lo sabéis, primero fue contra los inmigrantes, los pobres, los musulmanes, las personas trans y las personas de color, y no hicisteis nada... Ahora viene a por nosotros. La pregunta es: ¿qué vais a hacer al respecto? Si no os preocupa, o no podéis mostrar ninguna preocupación, dolor o comprensión por la persecución y demonización de los demás, al menos demostrad un poco de interés propio".

Como ya he comentado, tuve noticias del artículo de Chabon porque unos amigos adjuntaron un enlace en Facebook. Los amigos en cuestión eran judíos neoyorquinos y, en lo que a ellos respecta, Chabón había dado en el clavo. Un amigo de uno de estos amigos se atrevió a ofrecer un sano desacuerdo: "Soy un judío orgulloso y me considero sionista. Nunca he oído a nuestro presidente pronunciar una sola observación antisemita, en contraposición a la izquierda". En cuanto a Israel, nunca ha tenido un mejor amigo, a diferencia de lo que supuso Obama, que dañó a Israel a cada paso". Veredicto personal: absolutamente cierto. Pero alguno de los judíos cool no estaba de acuerdo. "Sigue apoyando a los nazis y al KKK (Ku Klux Kan)", escribió. "Estate orgulloso".

¿Los judíos estadounidenses creen realmente que hay una importante presencia nazi o del KKK en los Estados Unidos y que representan una seria amenaza para ellos? ¿Lo cree así Chabón? Chabón deplora a Trump en parte porque "fue contra... los musulmanes". ¿Por qué truco de la mente Chabón, y aquellos que están de acuerdo con él, excluyen los recordatorios casi semanales de los actos protagonizados por musulmanes? El artículo de Chabón apareció el 17 de agosto, el mismo día del ataque terrorista de Barcelona - después de lo cual el rabino jefe de esa ciudad, Meir Bar-Hen, dijo al Jerusalem Post que "los judíos no estarán aquí permanentemente... Les digo a mis fieles: No crean que estamos aquí para siempre. Y les animo a comprar propiedades en Israel. Este lugar está perdido. Mejor salir pronto que tarde”.

Bar-Hen no solo hablaba de Barcelona. "Europa está perdida", dijo a modo de aclaración. Está lejos de estar sólo en esta visión. Los líderes judíos de toda Europa han estado diciendo lo mismo durante años, y las familias judías de todo el continente, reconociendo que no tienen futuro allí, han estado emigrando cada vez más a Israel, así como a países como Estados Unidos, Canadá y Australia. Y lo están haciendo debido a las políticas pro-musulmanas - y efectivamente anti-judías - perseguidas por sus gobiernos, los cuales, cuando se trata de tales asuntos, están ideológicamente en la misma línea que Barack Obama y Hillary Clinton. Este fin de semana, una encuesta encuentra que un tercio de los judíos británicos se sienten tan inseguros en el Reino Unido que han considerado emigrar, mientras que "casi cuatro de cada diez dicen que ocultan su fe por temor a ataques antisemitas".

En noviembre pasado, cuando asistí a una conferencia en Roma para los Amigos de Israel, los judíos italianos a los que hablé después de la reciente victoria electoral de Donald Trump permanecían extáticos al respecto: habían oído el discurso de Obama en El Cairo, los lucrativos tratos financieros de Hillary con varios gobiernos islámicos, y (como Benjamin Netanyahu) reconocieron en Trump a un hombre que no tiene miedo de decir la verdad sobre el Islam y que es un verdadero amigo de los judíos y del Estado judío. Para los judíos de Europa, el peligro del Islam es una realidad cotidiana palpable. El neonazismo, aunque apenas difundido en Europa, es más común allí que en los Estados Unidos, pero los judíos europeos no abandonan sus hogares preocupados por ser atacados por neonazis.

Apenas sé qué pensar de los judíos de Nueva York y de otros lugares de América que, todos estos años después del 11 de Septiembre, todavía se siguen engañan pensando - o, por alguna razón, se sienten obligados a fingir - que los neonazis y el KKK son las verdaderas amenazas existenciales para su existencia. Si esta creencia es sincera, me parece absolutamente irreflexiva y, por supuesto, peligrosa. Supongo que estas personas han pasado tanto tiempo de sus vidas siendo adoctrinados en el izquierdismo, con tantos años remojando cada palabra del New York Times y tomándola como un evangelio, que la verdad les parece inconcebible. E incluso si pueden ver la verdad, la idea de reconocerla en voz alta les parece demasiado duro y una muestra de intolerancia.

Sólo puedo alentar a estas almas confundidas a prestar menos atención a personajes tan fatuos como Michael Chabon y prestar más atención a las experiencias de sus correligionarios en Europa. Hace setenta y cinco años, los nazis eran el verdadero enemigo de los judíos, y estaban decididos a librar a Europa de su presencia. Esta vez, por muy incómodo que sea admitirlo en ciertos despachos y barrios de clase acomodada de ciertas ciudades americanas, el enemigo es el islam yihadista, cuyos seguidores están tan comprometidos con el exterminio de los judíos como cualquier nazi lo estaba. Todo lo que puedo decir a aquellos judíos que asintieron y estuvieron de acuerdo al leer la ridícula jeremiada de Chabon es esto: enfréntense a los hechos simples y sencillos, o estén preparados para soportar las consecuencias de su negación.

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Saturday, March 22, 2014

Una pijapogre y "rebelde con causa" en el Harvard actual - Bruce Bawer - FrontPage



Se puede leer como una parodia, pero no lo es. Apareció el otro día un artículo en el Harvard Crimson titulado "La doctrina de la libertad académica: Abandonemos la libertad académica en favor de la justicia", donde su autora, una estudiante de Harvard llamada Sandra YL Korn, argumentaba que el concepto de libertad académica debía ser reemplazado por el de justicia académica. "Cuando una comunidad académica respeta las investigaciones que promueven  o justifican la opresión", proponía, "debe asegurarse de que esta investigación no continúe". En gran medida, por supuesto, la universidad americana ya está bajo el control de una policía  política que vela para que reine el pensamiento de izquierdas. No obstante, Miss Korn sólo quiere completar el trabajo. A ella le gustaría ver una universidad en la que, según nos explica, a alguien como el profesor de Harvard Harvey Mansfield - un conservador que en la actualidad nunca sería contratado, pero cuyo puesto de trabajo se mantiene gracias a su valía, - fuera expulsado, ya que lo adecuado sería  purificar el dulce aire de Harvard.

¿Quién es Sandra YL Korn? La nota de la revista la identifica como a un miembro de la clase de 2014, y una editorialista y columnista del Crimson, y alguien "que une la historia de la ciencia y los estudios sobre la mujer, el género y sexualidad en la Eliot House". La educación universitaria de Miss Korn consiste, por lo tanto, en varios cursos sobre Estudios de la Mujer y en "historia de la Ciencia", que según la web de Harvard "ofrece a los estudiantes la posibilidad de estudiar la historia y las relaciones sociales de la ciencia, pero sin requerir que los estudiantes tomen cursos de ciencias" (algo que por supuesto es ridículo: ¿cómo se puede empezar a entender qué es la ciencia sin tener que estudiar una ciencia?). También descubrí que Miss Korn está trabajando en una tesis sobre "cómo los biólogos han intentado una y otra vez explicar la diferencia de género invocando la ciencia". En otras palabras, ella ha "estudiado" acerca de la ciencia - sin realmente realizar el aprendizaje de cualquier ciencia - con el "fin de desacreditar a la ciencia" (ciencia es una palabra que siempre pone entre comillas). Su proyecto, ténganlo en cuenta también, en completa armonía con el dogma de los Estudios de la Mujer, es enseñar que la ciencia es "machista").

También he descubierto que Miss Korn no es sólo una columnista prolífica - escribe con regularidad tanto para Crimson como para el Harvard Political Review -, sino que además es una miembro activa del Occupy Harvard, la Progressive Jewish Alliance, la Student Labor Action Movement y Bagels (el grupo de Harvard de judíos y judías bisexuales, gays, lesbianas y transexuales). En sus columnas rinde tributo a los Panteras Negras, celebra el movimiento Ocuppy y reprende a aquellos que aplaudieron la muerte de Kim Jong-Il. Ella se opuso a permitir la presencia del ROTC (un programa de formación de oficiales de las fuerzas armadas de los EEUU) en el campus de la Universidad de Harvard, y una de las razones es que "los estudiantes internacionales de países no aliados con los Estados Unidos" podrían oponerse a su presencia. Ella ha criticado los planes de Harvard para distribuir cursos mediante conferencias por Internet por oponerse a "una larga historia de imperialismo en el que las élites estadounidenses han dicho a un mundo cada vez más globalizado lo que pensaban que era lo mejor para ellos". Ella también ha escrito que "si bien la resistencia violenta a través de Hamas no es correcta, tampoco es incomprensible, dado que la resistencia no violenta no puede conseguir atraer la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación de los palestinos en Gaza". Y ha despedido como "islamofobia" cualquier declaración objetiva de que el antisemitismo es un elemento central de la identidad palestina contemporánea.

Hablando del conflicto palestino-israelí, el verano anterior Miss Korn fue en un viaje libre de diez días a Israel cortesía de la Taglit-Birthright Israel, y luego escribió una columna devastando la "retórica de derechas" de la que estaba harta - indicando por ejemplo que los guías turísticos mostraban un orgullo sin complejos hacia Israel, y fueron honestos a la hora de informar de la inculcación sistemática del antisemitismo en las escuelas palestinas -. Mientras en Israel escribió un artículo lamentando que el país – que algunos de los miembros de su familia admiraron medio siglo atrás por ser una "nación de trabajadores, una utopía socialista" - había "adoptado el capitalismo con fervor", una acción que ella claramente deploraba. Ella no es, de hecho, ningún fan del capitalismo. Más de una vez ha despotricado sobre el hecho de que muchos graduados de Harvard consiguen trabajo en las finanzas. En una columna (reimpresa por La Nation, donde fue becaria) atacaba a la Oficina de Servicios post-carrera de la Universidad de Harvard por dirigir a los estudiantes hacia Wall Street, y se preguntaba en voz alta si lo hacen con el fin de "garantizar las donaciones de ex alumnos ricos". Concluía su artículo subrayando la necesidad de "destruir... la carretera bien pavimentada entre las universidades de la Ivy League y Wall Street". Cuando fue a Inglaterra el verano pasado para realizar una "investigación" en el Trinity Colllege de Cambridge, también encontró cosas de las quejarse: "¿Por qué los graduados allí no cenan en la misma sala con los estudiantes, sino en una plataforma elevada y aparte de ellos?"

A raíz de los atentados de Mumbai de 2011, Miss Korn se mostraba indignada, pero no por los terroristas, sino por Subramanian Swamy, un político indio y profesor de economía de Harvard que respondió a las atrocidades con un artículo acerca de cómo "los musulmanes de la India estaban siendo programados para un lento proceso de reactivación para convertirlos en radicales, y por lo tanto fomentar el suicidio contra los hindúes". Miss Korn y algunos de sus aliados entraron en acción con una campaña a favor de que la Universidad de Harvard  – según sus propias palabras – "terminara su asociación con esa figura ofensiva". La acción tuvo éxito y Swamy fue desterrado. Un mes más tarde, Miss Korn y una compañero de Estudios de la Mujer atacaron el discurso del presidente Obama con ocasión del décimo aniversario del 11-S como "américo-centrado". "Como una estudiante internacional de un país musulmán y una estudiante americana de un suburbio de Nueva York", escribían, "creemos que las discusiones y los actos conmemorativos del 11-S deben colocar los ataques dentro de un contexto global". ¿Por qué recordar que 3.000 personas fueron asesinadas en las Torres Gemelas, se preguntaban, y no "las casi 250.000 muertes que siguieron"? ¿Y por qué no dedicaba un tributo a las víctimas musulmanas de los "delitos motivados por los prejuicios" en los EEUU tras el 11-S?. 

Al exhortar (Obama) a todos los estadounidenses a adoptar una posesión emocional sobre el acontecimiento, Korn y su coautora argumentaban que "condenan la postura nacionalista de los Estados Unidos en el 11-S, que deshumaniza y deslegitima la imagen percibida del 'Otro', y nos permite desprendernos emocionalmente de las guerras que tienen lugar en el extranjero".

Como era de esperar, a Miss Korn también le disgustaron las exhibiciones patrióticas después de la muerte de Bin Laden. Esa noche, "cientos de entusiasmados estudiantes de Harvard se reunieron afuera de mi ventana en Matthews gritando 'USA, USA' y cantando 'God Bless America' ". Unos "diez mil hombres de Harvard, unos alegres estudiantes discutiblemente sobrios, portando vuvuzelas, celebraron la muerte del enemigo más odiado de Estados Unidos: Osama bin Laden". Miss Korn argumentaba que mientras ella siente "aversión por los ataques con drones estadounidenses como muchas otras personas, dudaba en etiquetar a los seres humanos como el 'mal' ". Al mismo tiempo, las celebraciones en EEUU de la muerte de Bin Laden sólo "reafirman los prejuicios negativos hacia los estadounidenses en poder de aquellos implicados con grupos terroristas", "confirmando que los estadounidenses son insensibles y desconsiderados, y no hacen nada para ganarse el respeto del pueblo afgano".

¿Quién es entonces esta feroz crítica del imperio americano, esta enemiga del capitalismo, este flagelo de Wall Street? Pues bien, como suele suceder, ella procede del suburbio de Basking Ridge, en Nueva Jersey, donde creció en una casa del 61 Darren Drive que fue comprada en 1998 por unos 800.000 $. (Si se echa un vistazo en Google Maps, puede verla como la imagen misma del sueño americano, un tranquilo paraíso de grandes casas, lo suficientemente separadas en una calle tranquila con amplios y bien cuidados jardines, salpicados de árboles). Sus padres son Elizabeth A . Korn, una endocrinóloga pediátrica, y William D. Korn, doctorado en Harvard en Economía y Administración de empresas, y cuya página web lo describe de la siguiente manera:
Bill Korn es un veterano ejecutivo de tecnología con más de 30 años de experiencia en la gestión de empresas de rápido crecimiento. Como director financiero de siete empresas ha elevado en más de 250 millones de $ su capital, incluyendo la deuda y la financiación de capital. Bill ha completado siete adquisiciones, incluyendo los términos de la negociación, la organización de su financiación y su liderazgo, y la integración de los equipos. Ha creado con éxito muchas asociaciones exitosas y empresas conjuntas.
La biografía continúa durante varios párrafos, con todos los detalles de sus años en la IBM y en otras corporaciones, y su participación en la Asociación Nacional de Directores Corporativos y el Consejo de Crecimiento Económico de Nueva Jersey.

Sandra Korn es entonces la hija de dos padres que, en su conjunto – y a juzgar por sus CV - personifican casi todo contra lo que ella se rebela. Ella es precisamente el típico producto de la clase alta americana de vida suburbana, por la que profesa un ardiente desprecio. Y ella está a punto de recoger un diploma inmensamente valioso después de desperdiciar completamente una magnífica oportunidad, de primera clase, de aprender realmente algo. En lugar de aprovechar esta oportunidad, se ha pasado los últimos cuatro años echando mano de su propia ideología para escribir artículos, participar en diversos activismos y tomar "cursos" que no son nada más que batiburrillos ideológicos. No hay ninguna señal de que ella haya sido educada en absoluto, en ningún sentido del término, ninguna señal de que haya aprendido algo de importancia sobre, por ejemplo, la historia o la economía, ninguna señal de que haya desarrollado una comprensión de la forma en que funciona el mundo, ninguna señal de que haya captado los conceptos de sus propios supuestos desafiándolos con ideas diferentes a la suya. Menciona a sus profesores en sus columnas sólo para reconvenirlos. (Varios de sus profesores, por ejemplo, la han instado a tratar de no decir "tú sabes" y "me gusta" en cada frase, lo que ella ha rechazado como un esfuerzo de sus educadores en masculinizar su lenguaje). Ella proporciona todos los ejemplos posibles de haber llegado hasta Harvard creyendo que ya sabía todo lo que necesitaba saber y de considerar su presencia en su campus como una oportunidad, pero no para obtener una educación de primera clase, sino para enturbiar las aguas de ese gran estanque.

Me concentro en Miss Korn porque ella es una de las voces más prominentes en lo que es, con mucho, la universidad más importante de los Estados Unidos, y porque ella es una figura muy representativa de unos puntos de vista que son muy comunes en un gran número de jóvenes privilegiados estadounidenses. Y en el corazón mismo de la que parece ser su representante está el hecho de que ella no tiene un pensamiento original en su cabeza, y ni siquiera se da cuenta de ello. Ella se tragó toda esa ideología y aprendió a escupir a todo lo ajeno a ella. Su falta de originalidad, su previsibilidad, son sólo comparables con su colosal confianza en sí misma. Está muy claro que por su cabeza nunca ha surgido alguna duda seria acerca de lo que parecer ser la propiedad intelectual de su generación de la crème de la crème a la que pertenece. Porque pese a toda su rabia contra el clasismo cruel de los Estados Unidos, nunca se cuestiona, en cualquiera de sus muchos artículos, el estatus de élite del que ella disfruta, tal vez sólo porque su padre fue un buen chico (¿donante?) de Harvard.

En la medida en que esta joven representa a la próxima generación de la élite estadounidense, los Estados Unidos están condenados al fracaso. El único signo de esperanza que se destaca en sus artículos es la anécdota de como cientos de estudiantes se congregaron bajo la ventana de su dormitorio para cantar "God Bless America". ¿Hubo realmente cientos? Si es así, !hurra!. No me hubiera atrevido a esperar que hubiera un puñado de estudiantes de Harvard que se comportaran de esa manera.  Dada la forma en que funcionan las cosas hoy en día en dichas universidades, me había imaginado que la oficina de admisión habría hecho un mucho mejor trabajo de captación descartando a candidatos capaces de tal comportamiento. Pero a pesar de que al parecer existen estudiantes de Harvard como esos, y tal vez incluso centenares, el hecho es que son "los y las Sandra Korn - con su desprecio por la libertad, su amor por el estilo totalitario de 'justicia social', y su determinación a la hora de purgar las 'ideologías impuras' - quienes definen dichas instituciones en nuestro tiempo, y que simplemente porque la palabra "Harvard", "Yale" o "Princeton" está impresa en sus diplomas, es casi seguro que estén destinados a carreras de gran influencia en los corredores del poder de los Estados Unidos". 

Sí, los centenares que entonaron "God Bless America" pueden llegar a Wall Street y hacer millones, pero los y las Sandra Korn irán a lugares como el New York Times y procederán a doblegar la cultura a su voluntad. Y si eso no es una noticia terriblemente deprimente, ¿qué es?

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Saturday, September 07, 2013

Los aspirantes a maestros de Europa - Bruce Bawer - FrontPage



Se está volviendo patético. ¿O farsa es una palabra más adecuada? Es la definición de lo que está sucediendo cuando los políticos de la Unión Europea, los funcionarios y sus publicistas, promotores y parásitos bien surtidos se lanzan en una campaña a gran escala para transformar a la gente del continente en impulsores entusiastas del proyecto de la élite de la Unión Europea (UE) y sólo para fracasar ignominiosamente? ¿Y entonces, tras no haber aprendido la lección en absoluto, hacer otro intento de seducir a la plebe? ¿Y cuando esto falla, otro intento más y otro?

Durante años, la clase dirigente europea ha estado luchando por conseguir que la plebe europea acepte el superestado de la UE, ese que la inmensa mayoría de los europeos nunca votó, y que constantemente ha estado drenando hacia esa élite europea la autoridad legislativa, ejecutiva y judicial de las diversas administraciones locales, y que los funcionarios nacionales hicieron votar. La aparente determinación de los tecnócratas de la UE en aprobar - sin mandato alguno - las estrictas leyes que rigen absolutamente todo tipo de inimaginables  actividades dentro de las fronteras de ese superestado irrita cada vez más a los ciudadanos de a pie. Y los efectos desastrosos del euro han llevado a más y más gente a pensar que su país estaría
mejor solo. Sin embargo, los esfuerzos para ganarse a los ciudadanos de a pie siguen sin disminuir. El martes, el New York Times (y en el Global en España) publicó un inane artículo de opinión estúpidamente titulado "La solución para Europa: el Poder del Pueblo", escrito por Daniel Cohn-Bendit y Félix Marquardt.

¿Quiénes son estos dos? Bueno, Marquardt, según la información del NYTimes "dirige una empresa de relaciones públicas". En un reciente perfil se introducen algunos detalles más: es un mocoso ricachón que fue expulsado de una serie de escuelas, pero que gracias al dinero en efectivo de sus padres y su suave encanto metrosexual terminó como un brillante relaciones públicas de alto nivel - un accesorio en Davos y una estrella en Paree - . "Todo París", se nos dice, "quiere cenar en su casa" (Uno de los que han cenado allí - en octubre de 2010 -. es el brutal dictador de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev).

En cuanto a Cohn-Bendit, es una especie de celebridad europea que se hizo un nombre como un líder anarquista en las revueltas estudiantiles de mayo de 1968. El NYTimes castamente lo describe como un "miembro del Partido Verde alemán en el Parlamento Europeo". Un artículo en el Guardián proporciona una información más colorida: en la década de 1970 trabajó en un "jardín de infancia anti-autoritario", y más tarde contó sus "constantes coqueteos con los niños", que en algunos casos casi llevaron a la actividad sexual. ¿A dónde se dirigiría con estos precedentes si no es a la política? (No obstante, Cohn-Bendit ahora sostiene que en realidad nunca tuvo relaciones sexuales con los niños, que se limitó a decir que casi las tuvo con el fin de épater la bourgeoisie [escandalizar a la burguesía]).

Christopher Booker, en el prólogo del libro de 2011 del presidente checo Václav Klaus, "Europa: la ruptura de las ilusiones", arrojaba más luz sobre Cohn-Bendit. En 2008, cuando la República Checa estaba a punto de hacerse cargo de la presidencia rotativa del Consejo de Ministros de la UE, Cohn-Bendit y otros peces gordos de la UE viajaron hasta Praga para reunirse con Klaus, que no es precisamente un fan de la UE. Tras ser recibidos amistosamente por el presidente, Cohn-Bendit "bruscamente enarboló delante de Klaus una bandera de la UE" y trató de intimidar a Klaus en la conferencia de prensa sobre diversas cuestiones, a lo que Klaus respondió: "Tengo que decir que nadie me ha hablado en tal estilo y en tal tono en los últimos seis años. Usted hoy no está aquí en las barricadas de París. Pensé que esas formas terminaron para nosotros hace 19 años". Cuando la conferencia terminó, Klaus llegó a la conclusión que la "post-democracia... domina las normas de la UE".

Así pues, este par de "personalidades" públicas argumentaban en el NYTimes que lo que "los políticos nacionales ... ven como el alfa y el omega del buen gobierno moderno, el Estado-nación, se está convirtiendo rápidamente en una estructura política obsoleta". Pero por el contrario, los acontecimientos recientes están demostrando la notable tenacidad del Estado-nación, y eso es precisamente lo que ha Cohn-Bendit y Marquardt se quieren cargar. En pocas palabras, no pueden soportar el hecho de que los ciudadanos todavía se identifiquen fuertemente con su propio país en lugar de con la UE. Cohn-Bendit y sus compañeros de armas se han mostrado ansiosos durante décadas de hacer marchar a Europa hacia un valiente mundo post-nacional, pero la inmensa mayoría de los europeos, malditos sean, se niegan a
seguir su doctrina. Los ciudadanos tienen esta peculiaridad frustrante: se aferran obstinadamente a la idea de que en realidad pertenecen a sus propios países, y deben tener voz y voto en la forma en la que se les regula.

Pero Cohn-Bendit y Marquardt no se darán por vencidos. Los jóvenes europeos de hoy, advierten, se enfrentan a tener menor nivel de vida que sus padres. Y sólo hay un remedio. ¿Mas horas de trabajo? ¿Vacaciones más cortas? ¿Prestaciones sociales y subsidios menos pródigos? No: "la integración acelerada" en la UE. ¿Por qué? Porque cuando menguan las poblaciones europeas, la única manera de mantener a Europa en el juego es completar el trabajo de fusión de sus Estados-nación en una sola entidad soberana. Que esa integración en la UE haya sido un desastre económico sin paliativos es una verdad incómoda que los Cohn-Bendit y los Marquardt prefieren ignorar en su afán de llevar el proyecto de la UE hacia su plena floración. "Ha llegado el momento", proclaman seguros de si mismos, "de los movimientos transnacionales... de base transversal y transgeneracional, donde el movimiento de las multitudes obtengan los fondos necesarios para llevar la integración europea al siguiente nivel". Y ello mediante movimientos de base. Esto si que es de risa: dos miembros y cabezas de serie de la élite europea, incapaces de hacer de su sueño una realidad, dicen en el NYTimes que será la chusma europea de la UE quién les hará el trabajo por ellos [N.P.: imagino que sin hacerles perder sus puestos de privilegio]. En tiempos desesperados, supongo, se requieren medidas desesperadas.

Pero para estar seguros, mientras Cohn-Bendit y Marquardt reclutan a un ejército de súbditos para llevar su causa a la victoria, no solicitan a sus peones cualquier tipo de entrada en los grandes planes de la UE. A ellos eso ya les funcionó, y al parecer sería el punto final, la chusma sólo necesita escuchar y obedecer. Aquí está su programa parcialmente: "Dejar que los finlandeses nos enseñen acerca de la educación, los franceses sobre el cuidado de la salud, los alemanes sobre el empleo flexible, los suecos sobre la igualdad de género". Y, obviamente, Cohn-Bendit y sus colegas decidirán quién va a "enseñar" a quién.

No importa si la gente del país X no quiere copiar la solución para sus problemas del país Y, no, estos señores tienen una visión, una visión que consiste en enseñar la puerta a "los políticos tradicionales elegidos por cuatro o cinco años por los ciudadanos de un territorio soberano", y dar rienda suelta a cambio a los "virtuosos de la UE en el arte de gobernar", ya que son los únicos capaces de adoptar "la adecuada dirección en temas como la escasez de recursos, la deforestación, el desempleo crónico, el calentamiento global y el agotamiento de la pesca".

Las soluciones a los problemas de Europa, en definitiva, "tienen que ser transnacionales, o no serán soluciones reales en absoluto". ¿Por qué? Cohn-Bendit y Marquardt no lo dicen. Ni siquiera tratan de exponer sus argumentos. Su artículo de opinión está lleno de afirmaciones injustificadas, escrito en el lenguaje de la utopía y ajeno a un cálculo económico y social realista. "Los europeos", escriben, "deben dejar de ser engañados por la ilusión de autobombo de sus líderes nacionales con respecto a la formulación de las políticas, y con la idea de que el Estado-nación sigue siendo el vehículo apropiado para nuestros tiempos".

"Autobombo, engaño". Esto es aún más divertido. Y son estos dos quienes acusan a los demás de "autobombo y engaño" porque no están dispuestos a aceptar que los pueblos de Europa sean meros peones en el tablero de ajedrez. Hay una necesidad urgente, escriben, de un "marco que permita a todos los europeos abrazar verdaderamente el proyecto de la Unión Europea". ¿Qué quieren decir? A los europeos se les ha dado todas las oportunidades para abrazarlo, y en vano. ¿Qué tipo de "marco" iba a cambiar esto? ¿Hacer que la propaganda a favor de la UE en las escuelas y en los medios de comunicación se intensifique aún más? ¿Quieren campos de reeducación?

Estos artículos de opinión suenan cada vez más como los artículos que pudiera haber escrito un tirano europeo del siglo XX. "Europa va a cambiar para mejor", escriben los autores, "cuando la mentalidad de los políticos europeos que se eligen en sus circunscripciones nacionales estén de acuerdo en transferir el poder a las instituciones verdaderamente europeas". Napoleón, Hitler y Stalin también tuvieron grandes visiones de lo que serían capaces de lograr si hubieran podían conseguir que todo el continente estuviera bajo su pulgar.

La Comisión Europea y el Parlamento, Cohn-Bendit y Marquardt insisten en que se debe dar el poder a "la autoridad que se lo merece". ¿La autoridad que se lo merece? ¿Soy solamente yo quien siente un escalofrío ante estas palabras? El desprecio de los autores por la democracia - el derecho de los pueblos de Europa a forjar su propio futuro - es palpable y manifiesto, y cuando utilizan la palabra "post-nacional", lo hacen en realidad, tal como discernía Klaus, significando "post-democracia". Su mensaje a las masas europeas está claro como el día: callar, sentarse y estar agradecidos de que sus vidas están en las manos de estos magníficos maestros.

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Tuesday, June 18, 2013

Las nuevas locuras "académicas": "Pinkwashing" y "Homonationalism", las nuevas doctrinas de género de l@s radicales contra Israel - Bruce Bawer



Fue en noviembre de 2011, hace menos de un año y medio, cuando la veterana activista de la extrema izquierda judía y lesbiana militante Sarah Schulman escribió un artículo de opinión en el que presentó a los lectores del NYTimes un par de términos desconocidos. Uno de ellos era "pinkwashing", que ella definía como "una estrategia deliberada para ocultar la persistencia en las violaciones de los derechos humanos de los palestinos detrás de una imagen de modernidad representada por la vida gay israelí". El otro era "homonationalism”, la supuesta tendencia de los gays, para ganar aceptación y derechos sociales, a identificarse con "la hegemonía racial y religiosa de sus países", ayudando de esa manera a construir al "otro", a menudo musulmanes de origen árabe, de Asia del sur, de origen turco, o africanos, como "homófobos" y fanáticamente heterosexuales.

La idea central del artículo de opinión de Schulman era que los homosexuales y otras personas deben dejar atrás la imagen de país amigo de los gays de Israel (que, según ella, es el producto de un intencionado esfuerzo israelí para reforzar el apoyo extranjero), debiendo centrarse en adelante en el terrible sufrimiento de los musulmanes palestinos bajo las despiadadas manos de los israelíes, y detener la construcción de la opinión de que los musulmanes "odian" a los gays. Schulman, cabe señalarlo, es una de las principales defensoras de la campaña BDS contra el estado judío (boicot, desinversión y sanciones).

Desde que escribió ese artículo de opinión, Schulman ha sido una mujer ocupada. La semana pasada, su visión de una Conferencia sobre el “Pinkwashing" y el "Homonationalism” en la City University of New York (donde, a pesar de que no tiene los antecedentes académicos para poder hablar y no tiene mayor grado académico que una licenciatura por el Empire State College, cuenta con el título de Profesor Distinguido) se convirtió en una realidad. Durante dos días completos, decenas de participantes de todo el mundo dieron conferencias y paneles.

El evento - que fue transmitido en línea - resultó ser tan despreciable como era imaginable. En el discurso de apertura, Jim Wilson, el director del centro CUNY para Estudios de Lesbianas y Gays (CLAGS) expresó su "alegría" por el hecho de que CLAGS fuera el anfitrión de este evento "vital y de vanguardia", que describió como la experiencia "más gratificante" después de veinte años en la academia. A continuación presentó a Schulman ("mi guía intelectual, moral y espiritual de estos años"), que triunfalmente tronó desde el atril que, a pesar de las diversas presiones y desafíos, “esta conferencia es exactamente lo que queríamos que fuera". Ella se burló de una solicitud que pedía "algún importante orador que defendiera otra visión de las cosas", y añadió, con un aplauso estruendoso: "Cómo si hubiera más formas de ver las cosas”.

No obstante, la primera contribución, la de la novelista Rabih Alameddine ("uno de los más grandes escritores en lengua inglesa", dijo Schulman), fue decepcionante, ella solo leyó un cuento. Sin embargo, la segunda contribución ya fue por el buen camino. La lesbiana y "visionaria mundial" Haneen Maikey argumentó que "centrarse en los conceptos occidentales del movimiento LGBT" (que implican asuntos tan triviales como la libertad y la igualdad de derechos) distrae de la "cuestión central" de Palestina. En cuanto al argumento de que Israel acepta a los gays y la Autoridad Palestina no lo hace, Maikey dijo que es vital rechazar esta forma de pensamiento "binaria" y prestar más atención a los matices.

"Binario", debemos tenerlo en cuenta, fue una palabra clave en esta conferencia - en el mundo académico actual, ya deberían saberlo, todo aquel que presenta una verdad incuestionable, en blanco y negro, sostiene ideas incómodas, como el hecho de que en Israel haya desfiles del Orgullo Gay y en los países musulmanes existan ejecuciones de gays -. No obstante, estos hechos siempre podrán ser descartados como "crudos” (sin matices) y simplificadamente "binarios".

Maikey también censuró la aceptación por parte del movimiento "anti-pinkwashing" de los llamados "buenos israelíes”, diciendo que incluso esa inclusión "socava" el movimiento, refuerza la supremacía israelí y es "un acto directo de la lucha contra la solidaridad”. Asimismo despidió el argumento de que haya buenos y malos israelíes y buenos y malos palestinos. No, ella tronó: "Hay un colonizador y un colonizado". Nadie pareció darse cuenta de que al decir esto, Maikey se manifestaba de manera binaria.

En otra sesión particularmente repugnante y titulada "Narrativas de rescate LGBT", los portavoces se burlaron de la idea de que para los gays el mundo musulmán sea un lugar peligroso y Occidente un santuario. Katherin Forbear, de la Universidad de la Columbia Británica, se burló del sistema de refugio de Canadá, diciendo que su actitud – que ella burlonamente resumió en "Vamos a ayudar a esta pobre gente que llega al gran estado de Canadá" - simplificaba una situación compleja. (¿Cuál es el número exacto de canadienses, Sra. Forbear, que busca refugio en el mundo musulmán?)

Colleen Jankovic, de la Universidad de Pittsburgh, atacó ferozmente la película israelí de 2006 "La Burbuja", donde un israelí y un palestino se enamoran, diciendo que refuerza erróneamente la idea de que "la sociedad palestina es homofóbica" y que eso está en la "raíz de los problemas de los gays palestinos”. Emrah Yildiz, de Harvard, contó la historia de una pareja gay de Teherán a quien describió como atrapada en un "doble vínculo": en Irán, eran vistos oficialmente como desviados y eran acosados por la "policía de la moral", y en Occidente, donde trataron de conseguir el estatuto de refugiado, las autoridades en un primer momento no aceptaron que eran gays porque "se comportaron sobriamente" y, por lo tanto, como Yildiz afirmó, no eran los "suficientemente desviados". El tema de Yildiz, en definitiva, era dibujar una equivalencia moral en el tratamiento de estos chicos por parte de Irán y por parte de Occidente. (Después de sostener esa ecuación ridícula hasta el final, Yildiz admitió que P. y A., los dos hombres iraníes, vivían felizmente en Canadá).

No obstante, Yildiz defendió a Irán apasionadamente. En respuesta a la acusación de que Irán ha ejecutado a innumerables personas por ser gays, se quejó: "No hay otro país en el mundo que haya sido acosado de esta manera". También sugirió que la "heteronormatividad" de Irán (una manera eufemística, al parecer, de referirse a su costumbre de arrestar, torturar y, sí, ejecutar a los homosexuales) "abre la posibilidad de no identificarlos ya sea como gay o como hetero”, una ventaja para muchos académicos contemporáneos que, tildando tales etiquetas como burguesas, prefieren el cursi concepto de "queer" (marica). Yildiz también se puso en pie por el Islam: "No pedimos al cristianismo que de cuenta de la sexualidad en Occidente", se preguntó desconcertantemente, "¿por qué estamos pidiendo al Islam que de cuenta de la sexualidad en el Oriente Medio?".

Otra panelista, Fátima Jaffer, de la Universidad de la British Columbia, atacó a los medios de comunicación canadienses por "construir" a las familias de inmigrantes musulmanes como patriarcales y describirlas como hostiles a los gays. Después de todo, dijo, en el Islam occidental esa en sí mismo es una "actitud extraña", ya que sus partidarios rechazan los "valores normativos canadienses". Para blanquear el tratamiento de los homosexuales en el mundo musulmán, Jaffer insistió en que "no era tan bueno en los EEUU y Canadá”.  Sin embargo habló con franqueza acerca de la opresión de los gays en Uganda - una realidad que ahora sí era capaz de reconocer porque los opresores, en este caso, y tal como subrayó, eran cristianos - y describió a Mombasa, su ciudad natal, como la “capital queer de África", un paraíso para los gays empañado solamente por la homofobia cristiana importada de Occidente.

Durante el turno de preguntas y respuestas, alguien realizó a los panelistas una pregunta basada en las consideraciones de la vida real: "¿Están diciendo que la gente debería dejar de decir esas cosas [es decir, hablar de la homofobia de los países musulmanes]?". Ante ello, Jankovic vaciló y titubeó, mientras que Jaffer llegó a decir (y esta es una cita directa): "Existe una división entre lo que sucede en la superficie y lo que hablamos en el mundo académico". Palabras nunca mejor dichas y muy ciertas. Están los hechos, y luego está la ideología académica contemporánea, y los dos nunca se encontrarán. A elogiar la honestidad de Jaffer, aunque me pregunto si ella se pateó a sí misma después de hacer una confesión tan sincera.

El desprecio hacia las "narrativas de rescate" continuó en una sesión llamada "Psicología del pinkwashing", en el que un tal J.L Haycock - haciéndose eco de la referencia frecuentemente citada del profesor de la Universidad de Columbia, Gayatri Chakravorty Spivak, uno de los fundadores de los estudios poscolonialistas, de que los blancos racistas tratan de salvar "a la mujer morena del hombre moreno" -, se puso sarcástico con esos gays occidentales que tratan de ayudar a los homosexuales en los países musulmanes. Haycock argumentó que están cometiendo el pecado de ver a estos últimos como objetos, no como sujetos, no niegan esas políticas, sino que perpetran un "borrado de su identidad".

Otra de las sesiones, "Pinkwashing, más allá del LGBT", ilustró como el "pinkwashing" no ha tardado en generar ramificaciones ideológicas. Samantha King, de la Universidad de Queens en Canadá, examinó el "lavado de estrógenos", el supuesto uso de programas de concienciación contra el cáncer de mama para hacer propaganda favorable para Israel y Occidente, mientras que a la vez se promueven males tales como "el individualismo, el libre mercado y la propiedad privada" y  se "patologiza las culturas locales", como la de Palestina, como "tóxicos peligrosos". (De paso, King tuvo buenas palabras para el sistema de salud de los Emiratos Árabes Unidos).

Sam Markwell habló del "lavado verde" llevado a cabo por el movimiento ambiental israelí, su supuesta utilización para conseguir que Israel se vea bien. Al parecer, nada bueno proviene de Israel, que pronto pasará a ser mencionado y denunciando en los medios de comunicación internacionales por tal o cual tipo de "lavado".

Y así fue. En otra sesión, Dina Georgis, de la Universidad de Toronto, se refirió a la "masacre de Jenin", como si se tratara de un hecho consumado y no una mentira comprobada. Trish Saleh, un transexual de hombre a mujer, afirmó que había idolatrado a la cantante transexual israelí Dana Internacional, ganadora de Eurovisión en 1998, a la que contemplaba como la encarnación de la transgresión, hasta que apoyó públicamente las acciones de Israel contra la flotilla de Gaza en el 2010. Y Alex Shams, de Harvard, sostuvo que dos jóvenes ahorcados en Irán en 2005 por ser homosexuales habían sido, de hecho, castigados por violación. Se omitió en su presentación el hecho de que la "sodomía" es uno de los delitos punibles con la muerte en Irán, junto con el lesbianismo, el adulterio, la blasfemia, el consumo de alcohol y otros muchos.

Esta fue una conferencia abrumadoramente femenina, y la mayoría de las conferenciantes eran del mismo  tipo: jóvenes blancas, ya sean estudiantes de posgrado o profesoras muy jóvenes, y que llevaban todas las marcas de los jóvenes privilegiados. La mayoría de sus voces eran poco menos que indistinguibles. "Todas ellas suenan como muñecas Barbie", comentó la pobre alma que vio parte de la transmisión en vivo conmigo. Sí, o como chicas pijas. Cada frase sonaba como si terminara con un signo de interrogación, mientras que en sus papeles aparecía la misma elaborada jerga, por lo que sus respuestas estaban ensambladas con las palabras "como" y "básicamente" (una de ellas expresó su aprobación del evento haciendo referencia a él como "esta conferencia súper guay"), y tanto antes como después de las sesiones, varias de ellas se quedaron riéndose tontamente, como unas adolescentes en un concierto de Justin Bieber.

Los hombres, por su parte, fueron los habituales castrados feministas compañeros de viaje que aceptaron dócilmente su papel subordinado, uno de ellos pidió disculpas por "los privilegios que tengo como un hombre" (¿qué privilegios? ¿En la academia? ¿En 2013?). Y otro insistió en que "las mujeres homosexuales y las personas transexuales", y ciertamente no los hombres homosexuales, deberían estar al mando de todas las organizaciones de gays y de eventos como éste. Ninguna de estas cobardes excusas consiguió que la conferencia no fuera un puro derroche de ataques contra los hombres, pero en la versión "varón blanco gay". Tal vez la más vigorosa en este sentido fue Elena Kiesling, quien despotricó largo y tendido sobre la "blancura" insoportable de la imagen pública de la "comunidad gay" y denunció que el "hombre blanco gay" es el "chico del poster" de la homosexualidad. (Dejando de lado lo absurdo de esta acusación, era bastante divertido oírlo expresado por una alta “diosa rubia aria”, que además de ser una estudiante de posgrado en Estudios Americanos en la Johannes Gutenberg-Universität en Mainz, juega en un campeonato de voleibol playa en Bad Soden, Alemania).

No es cuestión de exigir demasiado, pero la inmadurez, la mediocridad y la pereza intelectual que se exhibió en esta conferencia estuvo por las nubes. He estado en otras confabulaciones académicas mucho más inanes, pero nunca he oído tantas estupideces de personas inarticuladas que diferencian tanto entre la ideología y su propia jerga y los temas de la vida real que supuestamente les interesan. Esta pequeña reunión no fue sólo un ataque contra Israel, fue una expresión, durante sus dos días de duración, de antipatía hacia el capitalismo, los hombres blancos (gays y políticamente correctos), la ley y el orden, el desarrollo económico, y por cualquier concepto de los derechos humanos que no haya sido elaborado a través del exprimidor de sus PC’s.

La enemistad por la policía se expresó más de una vez (una de las jóvenes en realidad usó la palabra "cerdos" para describir a los agentes de la ley). El término "gay", en sí mismo, parecía como una mala palabra: el término correcto, ya saben, sería LGBT. (Uno de los oradores en realidad se equivocó y utilizó el término "gay" de una manera positiva, entonces, dándose cuenta rápidamente de su error, dijo: "Vaya, me refiero a un sentido amplio, a la manera LGBT. Lo siento, es temprano"). El término "liberal o progresista", también sonaba peyorativo, al igual que "neo-liberal": esos términos, a juicio de los participantes, describían a personas complacientes, blandos procapitalistas, que a diferencia de ellas, exigentes radicales, no tienen agallas para montar barricadas.

Sin embargo, escuchar sus ponencias absurdas, todas ellas ignorando completamente los hechos más básicos sobre el Islam e Israel y Occidente, fue, en cierto sentido, una experiencia muy deprimente: la argumentación que Schulman expuso en su artículo en el NYTimes, y que uno podría haber tenido la tentación de dejar de lado como el típico delirio de alguna loca solitaria, al parecer está floreciendo muy rápidamente como toda una disciplina académica que ha arraigado en varios importantes centros de aprendizaje. Por otra parte, la conferencia dio razones para cierta esperanza. Varios de los participantes dejaron en claro que se estaban moviendo más allá del territorio que promete el pinkwashing, por así decirlo, para dar lugar a algunas novedades muy interesantes por cierto.

El primer indicio de esta nueva dirección se produjo cuando Jaffer comenzó su intervención mostrando su agradecimiento a la tribu Algonquin, ya que la conferencia se llevaba a cabo en sus tierras ancestrales. El segundo llegó cuando un orador informó a la audiencia de que "éste es territorio Lenape (una tribu india)". Y el tercero vino de una joven llamada Rachel Byrne que exclamó solemnemente que “estamos en tierra robada”,  en un preludio a su denuncia del aburguesamiento de los acomodados blancos gays del barrio gay de Castro, en San Francisco. Más tarde, Tallie Ben Daniel incidió sobre el mismo tema, argumentando que las "lógicas" de los colonos en Israel y de los hombres gays de Castro son de hecho muy similares: ambos son territorios ocupados (uno tomado a los palestinos, el otro a la clase obrera de San Francisco por los gays ricos) que se presentan como milagros de rejuvenecimiento (haciendo florecer el desierto y/o dando un “lavado de cara masivo” a un barrio marginal), pero que son, de hecho, las consecuencias de una violenta expropiación capitalista.

Tallie Ben Daniel pasó a vincular tanto el "mito" del milagro israelí y el "mito de la renovación urbana gay", con el "mito" de los pioneros americanos que poblaron el Oeste americano. Del mismo modo, en un panel sobre "El estado colonial de los colonos canadienses", un participante hizo una pregunta: ¿cómo puede él y otros oponerse al "pinkwashing" que se abate sobre Palestina, mientras permanecemos indiferentes ante los nativos americanos que quieren revertir la colonización de América del Norte?

Algunos de los participantes se unieron alegremente a Daniel en los apretones de manos, mientras que otros se resistieron - tal vez porque podían discernir hacia dónde les podría llevar este tipo de "análisis” si adoptaban las conclusiones lógicas -. Pues si tan malo es para ellos vivir en una "ocupada" América del Norte, como lo es para los israelíes vivir en una "ocupada" Palestina, ¿qué tendría que hacer el movimiento "pinkwashing"?, ¿cómo podían seguir demonizando a Israel cuando, en efecto, tendrían primero que demonizarse a sí mismos?

Y es que: "¿acaso no tendrían que boicotearse a sí mismos, desinvertir en si mismos, imponerse sanciones a si mismos?".

Va a ser divertido comprobar cómo estos payasos pueriles van a reaccionar cuando se den cuenta que se han dirigido ellos mismos hacía una encerrona ideológica, y cómo tendrán que dibujar los objetivos a perseguir en sus propias espaldas.

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