Rebeldes hasídicos - Baruch Sterman - HuffPost

Rabbi con talit
Noche tras noche, el mendigo Eizik de Cracovia soñaba con un tesoro esperando a que le descubrieran situado debajo de un puente en la lejana Praga. Así comienza el famoso cuento hasídico atribuido a Reb Simcha Bunim de Pshiskhe y relatado por Elie Wiesel en su libro "Las almas en el fuego". Cuando Eizik decidió finalmente realizar el largo viaje hasta Praga, un capitán de los guardias que vigilaban la entrada a la ciudad se burló de él por creer en sueños tan tontos.
"Ustedes los judíos son aún más estúpidos de lo que pensaba. Ahora mírame, tal como me ves aquí, si yo fuera tan estúpido como tú también hubiera hecho caso de ese tipo de voces. ¿Y sabes dónde estaría en este preciso momento? Pues en Cracovia. Sí, has oído bien. Imagina que durante semanas y semanas no he oído más que esa voz que en la noche me decía: 'Hay un tesoro esperando en la casa de un judío de Cracovia llamado Eizik, el hijo de Yekel. Sí, debajo de su estufa”.
Por supuesto, al oír esas palabras, Eizik regresó rápidamente a Cracovia y encontró el tesoro debajo de su propia estufa, enterrado allí todo el tiempo.
El mensaje de esta historia, que no hay necesidad de buscar la verdad y su significado muy lejos o en lugares lejanos - o parafraseando a la Dorothy del final del "El Mago de Oz", que si usted está tratando de conocer los deseos de su corazón nunca debería buscarlo más allá de su propio patio trasero -, es un mensaje que resonó profundamente con los hasidim de Pshiskhe.
Recientemente tuve el privilegio de hablar del mundo del hasidismo en general, y particularmente de la escuela de Pshiskhe, con el profesor Wiesel, al que me presenté con un talit con unas hilos con el auténtico azul bíblico tekhelet . El secreto de ese color azul, perdido para el mundo desde hace más de 1.300 años y sólo recientemente redescubierto, es un tema que he estado investigando durante más de 20 años. Mi esposa y yo escribimos un libro sobre el tema, "El azul más raro", que también presenté al profesor Wiesel.
Uno de los grandes maestros que salió de la línea hasídica de Pshiskhe fue Gershon Henokh Leiner, el Rebbe de Radzyn, quién dedicó su vida al redescubrimiento de ese perdido tekhelet . El abuelo de Gershon Henokh, Mordechai Yosef de Ishbitz, tal como es sobradamente conocido, se separó de su Rebbe, Menajem Mendel de Kotzk, precipitando quizás el colapso del propio Rebbe Kotzker y sus posteriores 20 años de encierro o autorreclusión. Estos personajes y sus historias son fascinantes, y el profesor Wiesel ha escrito mucho sobre ellos, y en un capítulo de nuestro libro se traza brevemente la historia de las cinco generaciones de los Radzyn, desde Mordejai Yosef hasta el último de los descendientes Shloimele Reb, quién fue asesinado por los nazis.
Los miembros de la escuela Pshiskhe fueron revolucionarios, desafiando la dominante creencia hasídica de que sólo el grande y santo Rebbe podría traer la salvación. Ellos sostuvieron que mientras un rabino puede ofrecer una poderosa dirección y orientación, el verdadero crecimiento espiritual no vendría de ninguna otra parte salvo de lo más profundo de uno mismo, de "tu propio patio trasero". Esto representaba una crítica mordaz del establishment hasídico, de los fundadores de las grandes dinastías de la cultura hasídica.
Le comenté al profesor Wiesel que esos "rebeldes hasídicos" eran gente excepcional. Me miró, pero sus pensamientos estaban en otro lugar y en otro tiempo. "Sí, todos ellos eran grandes hombres, notables rebeldes, al igual que los Rebbes del establishment".
La idea de que la verdad, el significado último, el propósito y la redención final, solo podían hallarse mediante un profundo escudriñamiento de nuestro corazón, representó a la ideología característica de la escuela Pshiskhe. Pero cada uno de los Rebbes de esta misma escuela tomó y llevó ese principio básico hasta lugares radicalmente divergentes.
Menachem Mendel de Kotzk creía en una rigurosa y disciplinada introspección, es decir, él era un Rebbe purista, mordaz, duro y cínico, que se mostraba implacable en su exigencia de un autoanálisis y de un rechazo absoluto de la afectación y de las poses. Cuando los hasidim oraban en Kotzk, no se movían. Cualquier signo externo de piedad se consideraba algo pretencioso, y el gesto más leve dirigido hacia el exterior se veía como algo deplorable. Todos los esfuerzos dirigidos a fomentar la espiritualidad se dirigían hacia el interior. Se cuenta la historia del gran estudioso de Kotzk, el Hidushei HaRim, que después de una sesión de oración - si alguien le hubiera estado observando desde fuera ni siquiera se habría dado cuenta de que estaba orando – estaba bañado en sudor, y de hecho se había roto dos de sus dientes.
Los Rebbes de Ishbitz / Radzyn - Mordechai Yosef, el Bais Yaakov, Reb Tzadok HaCohen de Lublin, Gershon Henokh – recogieron y luego expandieron las ideas de Pshiskhe bajo una luz diferente. La idea de que la redención se encuentra sólo dentro de uno se contempla no como un ejercicio de constricción, sino como algo liberador, vivificante, un testimonio de la grandeza y la importancia de cada individuo. Cada persona es única, con su propio talento y experiencias, y cada uno tiene un papel específico que desempeñar, grande o pequeño, en el gran plan de Dios. En cada giro de los acontecimientos, en cada encrucijada, al hombre se le ofrece una singular oportunidad de seguir su propio camino hacia su destino. Para cumplir con este destino, debemos mirar profundamente hacia dentro de uno mismo para así poder entender nuestro verdadero ser, para tratar de descubrir nuestro papel en el mundo, y para así poder centralizar todas nuestras acciones en esta misión.
Y es por eso que el profesor Wiesel me miró primero a mí, y luego a mí manto de oración, y luego nuevamente a mí con sus ojos penetrantes, para finalmente preguntarme: "Así pues, Reb Baruch, ¿esa es su misión?"
Dudé, y es que nunca me habían hablado con pensamientos de ese estilo. En ese instante, en un momento de tiempo retenido, revisé mi vida, mis logros, mis aspiraciones, mis prioridades. "Sí", le contesté, sorprendiéndome un tanto a mí mismo, "Creo que es esa". El profesor Wiesel sonrió suavemente y volvió su mirada hacia abajo, contemplando el cielo azul de los tekhelet alrededor de mis dedos.
En el libro que presenté con él, relaté el famoso pasaje de la oración de la Shemá que hace referencia a los hilos de los tekhelet: "Y tú los verás, y recordarás todos los mandamientos de Dios, y vosotros podréis cumplirlos".
Y todo ello para dar testimonio y recordar, para no permitir que nunca nadie se olvide, para actuar, para trabajar sin descanso al servicio de la humanidad. Todo esto se me ocurrió mientras estaba allí, y pensé que tal vez esa era la misión de Elie Wiesel.


0 Comments:
Post a Comment
<< Home