Sunday, June 23, 2013

Superando creencias confortables: Israel debe esperar y testar el "nuevo Oriente Medio" - Amiel Ungar - Haaretz



Ninguna edición especial que se precie de los principales diarios hebreos conmemorando Yom Kippur podría aparecer sin llevar al menos un artículo de opinión culpando del estallido de la guerra y de las consiguientes víctimas israelíes a la intransigencia de la primer ministro Golda Meir. La honestidad intelectual nos dicta ahora que este ritual debe cesar de inmediato.

Hace aproximadamente tres semanas, los archivos diplomáticos de Israel dieron a luz unos documentos que revelan que, un mes antes de la guerra, Golda Meir, entonces primer ministro de Israel, confió al canciller alemán Willy Brandt (su colega en la Internacional Socialista, cuando aún era una organización relevante) una propuesta de paz para que la comunicara al presidente egipcio Anwar Sadat, y en la cual se ofrecía ceder la mayor parte de la península del Sinaí. Su propuesta de paz al presidente egipcio fue rechazada de plano, al igual que sus propuestas anteriores.

Es cierto, Golda se resistió correctamente a ceder el Sinaí hasta "el último grano de arena" (tal como Menahem Begin lo aceptó erróneamente en Camp David), pero esta oferta debería haber sido suficiente como para iniciar negociaciones serias y evitar una guerra. Sadat, sin embargo, se había comprometido con la Operación Badr, tal como es conocida la guerra de 1973 en Egipto, porque necesitaba una victoria militar para así restaurar la fe en su gobierno, el de los Oficiales Libres, una fe que había sido gravemente comprometida por la Guerra de los Seis Días de 1967.

Yasser Arafat rechazó igualmente las propuestas efectuadas por el derrochador Ehud Barak en Camp David y lanzó la guerra de Oslo porque él también quería pasar a la historia árabe como el Saladino de los últimos tiempos.

Hubiera sido demasiado esperar que los críticos de Golda reconocieran públicamente su error, pero al menos ahora podían cesar y desistir de seguir con su vieja rutina. Para mi sorpresa, las ahora desacreditadas acusaciones contra Golda fueron resucitadas en el último post del blog de Carlo Strenger en el Haaretz:
"[Golda] ni siquiera escuchó las propuestas [de Sadat para negociar] ... El precio de la incapacidad de Meir para abrir su mente fue el terrible trauma de la Guerra de Yom Kipur". 
Strenger añade la homilía de rigor que se suele aplicar a otros líderes israelíes, como por ejemplo Netanyahu, al mostrar una intransigencia similar o su cobardía política justo cuando se necesitan decisiones políticas difíciles, las cuales sólo suelen invitar a nuevos desastres. Para reforzar su argumentación, Strenger invoca una advertencia similar del hombre del medio millón de dólares, Bill Clinton, [N.P.: su caché por su presencia], quien estuvo por aquí para asistir al extravagante 90º cumpleaños de Peres, así como las declaraciones de ex generales y ex jefes de instituciones de seguridad israelíes.

Clinton, por supuesto, no es ningún observador imparcial, y aunque el proceso de Oslo le fue impuesto a él por Peres, de todo corazón lo abrazó y trató de darle vida hasta los últimos momentos de su presidencia. Su partidismo se demostró más que descaradamente durante las elecciones israelíes de 1996, cuando organizó la cumbre de Sharm al-Sheikh para mejorar las perspectivas de Peres frente a Netanyahu. Incluso dejando a un lado a Israel, los resultados de la política exterior de Clinton no son laudables. Clinton perdió Rusia para ganancia del putinismo al no mostrar la misma generosidad con una Rusia postrada que la que Truman demostró ante una Alemania derrotada. Fue también Clinton quien se estrelló en el asunto del libre comercio con China, con el argumento de que solamente la máquina de fax aseguraría la liberalización política en China.

El establecimiento de la seguridad de Israel está repartido por todo el mapa político, y esto es algo bueno. Avi Dichter, el ex jefe del Shin Bet, sin duda será considerado como un intruso en lugar de un guardián, porque está de acuerdo con Netanyahu en la mayoría de los problemas, en lugar de los otros ex jefes del Shin Bet que aparecieron en la película de Dror Moreh [N.P.: alusión a la película The Gatekeeper, donde ex jefes del Shin Bet comparten la agenda y visión de la izquierda israelí].

Sin embargo, la paz como la guerra, son demasiado importantes como para dejarlas en manos de los generales. Nuestro actual ministro de la ciencia - y el ex jefe del Shin Bet - Jacob Perry, fue uno de los arquitectos de la política de elevar a Arafat al cargo de subcontratista principal de la seguridad de Israel. Apropiadamente, una vez se presentó ante Jibril Rajoub, por aquel entonces el jefe del Servicio de Seguridad Preventiva de la Autoridad Palestina, con un regalo para él: unas pistolas con mango de nácar. Rajoub es ahora mismo el jefe del Comité Olímpico Palestino, y desde sus alturas olímpicas ha declarado recientemente que si los palestinos hubieran poseído armas nucleares las habrían utilizado hace ya mucho tiempo contra Israel.

¿Dónde estaríamos si los ex jefes del Estado Mayor Ehud Barak o Gabi Ashkenazi se hubieran salido con la suya y hubieran llegado a un acuerdo con Siria para abandonar los Altos del Golán? Las armas sirias, o bien empuñadas por el Emirato islámico de Damasco o por bien por el iluminado oftalmólogo-internauta Bashar Assad, estarían ahora aparcadas por todo el Kinneret. Nuestros genios estratégicos argumentaron que ese golpe maestro fragmentaría el eje Assad-Hezbollah-Irán. Afortunadamente para Israel, los Assad sabían que les convenía algo mejor que nuestros aspirantes a Maquiavelo. Un acribillado Bashar Assad ya se habría unido en alguna cuneta a Muammar Gadafi si no hubiera sido por la intervención de Irán y Hezbollah.

Yo no soy un ciego partidario de Netanyahu, pero acusarlo de cobardía por negarse al mero entreguismo es injusto y falso. Saltar de un acantilado no es valor, sino temeridad. Tal como Peres ha demostrado, es mucho más gratificante promocionar un nuevo Oriente Medio que hacer frente a la realidad.

Bienaventurados los "profesionales" del proceso de la paz, porque ellos serán invitados a las conferencias donde se alimentan y autofestejan. Y serán agasajados en la ONU como los dobles del Almirante General Aladeen en la película de Sascha Baron Cohen "El Dictador".

Fue Golda Meir quien dijo una vez que ella con mucho gusto sufriría las condenas de la ONU y renunciaría a los elogios antes que ver a un Israel vencido y destruido como consecuencia de haber aceptado las resoluciones de la ONU. Para eso se necesita coraje. La audacia de Netanyahu se mide por el grado que alcance si lo comparamos con la altura de los estándares de Golda.

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1 Comments:

Blogger Diego Expósito said...

Desde que descubrí tu blog, intento no perderme ningún post. Actualidad israelí por las mejores firmas en un solo sitio. Enhorabuena. La prensa española me asquea. Por cierto, este último artículo es muy bueno. Creo también que la figura de Golda Meir casi siempre es injustamente maltratada por este asunto; y reflexionando sobre el "Israel de caqui" que parece añorar Rosner en su crítica de la fiesta exuberante...del birthday del presidente Peres, me pregunto si no es momento de recordar a los hombres y mujeres que han hecho posible Israel.Hace poco, correos emitió un sello dedicado a Isaac Shamir.¿Qué te parece este pequeño gran hombre?
Shalom desde España. COMPRA PRODUCTOS ISRAELÍES: código barras 7. 290.

2:27 AM  

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