Sunday, June 23, 2013

Superando creencias confortables: Israel debe esperar y testar el "nuevo Oriente Medio" - Amiel Ungar - Haaretz



Ninguna edición especial que se precie de los principales diarios hebreos conmemorando Yom Kippur podría aparecer sin llevar al menos un artículo de opinión culpando del estallido de la guerra y de las consiguientes víctimas israelíes a la intransigencia de la primer ministro Golda Meir. La honestidad intelectual nos dicta ahora que este ritual debe cesar de inmediato.

Hace aproximadamente tres semanas, los archivos diplomáticos de Israel dieron a luz unos documentos que revelan que, un mes antes de la guerra, Golda Meir, entonces primer ministro de Israel, confió al canciller alemán Willy Brandt (su colega en la Internacional Socialista, cuando aún era una organización relevante) una propuesta de paz para que la comunicara al presidente egipcio Anwar Sadat, y en la cual se ofrecía ceder la mayor parte de la península del Sinaí. Su propuesta de paz al presidente egipcio fue rechazada de plano, al igual que sus propuestas anteriores.

Es cierto, Golda se resistió correctamente a ceder el Sinaí hasta "el último grano de arena" (tal como Menahem Begin lo aceptó erróneamente en Camp David), pero esta oferta debería haber sido suficiente como para iniciar negociaciones serias y evitar una guerra. Sadat, sin embargo, se había comprometido con la Operación Badr, tal como es conocida la guerra de 1973 en Egipto, porque necesitaba una victoria militar para así restaurar la fe en su gobierno, el de los Oficiales Libres, una fe que había sido gravemente comprometida por la Guerra de los Seis Días de 1967.

Yasser Arafat rechazó igualmente las propuestas efectuadas por el derrochador Ehud Barak en Camp David y lanzó la guerra de Oslo porque él también quería pasar a la historia árabe como el Saladino de los últimos tiempos.

Hubiera sido demasiado esperar que los críticos de Golda reconocieran públicamente su error, pero al menos ahora podían cesar y desistir de seguir con su vieja rutina. Para mi sorpresa, las ahora desacreditadas acusaciones contra Golda fueron resucitadas en el último post del blog de Carlo Strenger en el Haaretz:
"[Golda] ni siquiera escuchó las propuestas [de Sadat para negociar] ... El precio de la incapacidad de Meir para abrir su mente fue el terrible trauma de la Guerra de Yom Kipur". 
Strenger añade la homilía de rigor que se suele aplicar a otros líderes israelíes, como por ejemplo Netanyahu, al mostrar una intransigencia similar o su cobardía política justo cuando se necesitan decisiones políticas difíciles, las cuales sólo suelen invitar a nuevos desastres. Para reforzar su argumentación, Strenger invoca una advertencia similar del hombre del medio millón de dólares, Bill Clinton, [N.P.: su caché por su presencia], quien estuvo por aquí para asistir al extravagante 90º cumpleaños de Peres, así como las declaraciones de ex generales y ex jefes de instituciones de seguridad israelíes.

Clinton, por supuesto, no es ningún observador imparcial, y aunque el proceso de Oslo le fue impuesto a él por Peres, de todo corazón lo abrazó y trató de darle vida hasta los últimos momentos de su presidencia. Su partidismo se demostró más que descaradamente durante las elecciones israelíes de 1996, cuando organizó la cumbre de Sharm al-Sheikh para mejorar las perspectivas de Peres frente a Netanyahu. Incluso dejando a un lado a Israel, los resultados de la política exterior de Clinton no son laudables. Clinton perdió Rusia para ganancia del putinismo al no mostrar la misma generosidad con una Rusia postrada que la que Truman demostró ante una Alemania derrotada. Fue también Clinton quien se estrelló en el asunto del libre comercio con China, con el argumento de que solamente la máquina de fax aseguraría la liberalización política en China.

El establecimiento de la seguridad de Israel está repartido por todo el mapa político, y esto es algo bueno. Avi Dichter, el ex jefe del Shin Bet, sin duda será considerado como un intruso en lugar de un guardián, porque está de acuerdo con Netanyahu en la mayoría de los problemas, en lugar de los otros ex jefes del Shin Bet que aparecieron en la película de Dror Moreh [N.P.: alusión a la película The Gatekeeper, donde ex jefes del Shin Bet comparten la agenda y visión de la izquierda israelí].

Sin embargo, la paz como la guerra, son demasiado importantes como para dejarlas en manos de los generales. Nuestro actual ministro de la ciencia - y el ex jefe del Shin Bet - Jacob Perry, fue uno de los arquitectos de la política de elevar a Arafat al cargo de subcontratista principal de la seguridad de Israel. Apropiadamente, una vez se presentó ante Jibril Rajoub, por aquel entonces el jefe del Servicio de Seguridad Preventiva de la Autoridad Palestina, con un regalo para él: unas pistolas con mango de nácar. Rajoub es ahora mismo el jefe del Comité Olímpico Palestino, y desde sus alturas olímpicas ha declarado recientemente que si los palestinos hubieran poseído armas nucleares las habrían utilizado hace ya mucho tiempo contra Israel.

¿Dónde estaríamos si los ex jefes del Estado Mayor Ehud Barak o Gabi Ashkenazi se hubieran salido con la suya y hubieran llegado a un acuerdo con Siria para abandonar los Altos del Golán? Las armas sirias, o bien empuñadas por el Emirato islámico de Damasco o por bien por el iluminado oftalmólogo-internauta Bashar Assad, estarían ahora aparcadas por todo el Kinneret. Nuestros genios estratégicos argumentaron que ese golpe maestro fragmentaría el eje Assad-Hezbollah-Irán. Afortunadamente para Israel, los Assad sabían que les convenía algo mejor que nuestros aspirantes a Maquiavelo. Un acribillado Bashar Assad ya se habría unido en alguna cuneta a Muammar Gadafi si no hubiera sido por la intervención de Irán y Hezbollah.

Yo no soy un ciego partidario de Netanyahu, pero acusarlo de cobardía por negarse al mero entreguismo es injusto y falso. Saltar de un acantilado no es valor, sino temeridad. Tal como Peres ha demostrado, es mucho más gratificante promocionar un nuevo Oriente Medio que hacer frente a la realidad.

Bienaventurados los "profesionales" del proceso de la paz, porque ellos serán invitados a las conferencias donde se alimentan y autofestejan. Y serán agasajados en la ONU como los dobles del Almirante General Aladeen en la película de Sascha Baron Cohen "El Dictador".

Fue Golda Meir quien dijo una vez que ella con mucho gusto sufriría las condenas de la ONU y renunciaría a los elogios antes que ver a un Israel vencido y destruido como consecuencia de haber aceptado las resoluciones de la ONU. Para eso se necesita coraje. La audacia de Netanyahu se mide por el grado que alcance si lo comparamos con la altura de los estándares de Golda.

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Friday, December 09, 2011

Deconstruyendo algunas de las teorías preferidas (de la izquierda israelí) - Amiel Ungar - Haaretz



El ensayo del viernes pasado del editor del Haaretz, Amos Schocken, ("La necesaria eliminación de la democracia", del 25 de noviembre) representa un intento artificial de introducir hoy en día y con calzador las teorías preferidas y tan largamente respaldadas por la izquierda israelí.

La izquierda israelí siempre ha sostenido que si el proyecto de asentamientos más allá de la Línea Verde se mantenía, su funesta influencia podría filtrarse y trasladarse dentro de la Línea Verde, contaminando así la democracia israelí. Como para Schocken el gobierno israelí actual no es más que un continuador del Gush Emunim, el movimiento de los colonos, algo que ve refrendado por la actual campaña legislativa y sus tres ejes principales: la prevención de la intromisión extranjera a través de unas ONG politizadas, el restablecimiento dentro de la Corte Suprema de Justicia la moderación judicial que la caracterizaba antes de que el Likud llegara al poder en 1977 [N.P.: alusión a un enfrentamiento ideológico con el gobierno, y donde la Corte Suprema funciona como reserva espiritual de la izquierda, tratando de imponer su sesgo ideológico de izquierdas a las medidas de unos gobiernos de derechas], y un restablecimiento del equilibrio entre la prensa y las víctimas de difamación por dicha prensa.

Habiendo considerado que el caballo pura sangre de la democracia se dirigía peligrosamente hacia su extinción aceleradamente, Schocken también saca a relucir dos destacados y lamentables acontecimientos: el asesinato de Yitzhak Rabin, que según Schoken interrumpió abruptamente un proceso que habría descartado para Israel todo posible descenso hacia las tinieblas de la dictadura y del apartheid; y el hecho de que Israel "haya pagado o haya sido castigado" por abandonar el "legado de Rabin" con el aislamiento y con una impotencia agravada a la hora de enfrentarse al programa nuclear iraní.

El eje principal del discurso de Schocken recuerda la vieja broma de aquel judío que consumía vorazmente la prensa antisemita. Cuando se le inquirió que explicara y justificara su perverso deleite, el mencionado judío respondió que le gustaba descubrir como los judíos tenían y ejercían tanto poder. El movimiento de los asentamientos parece representar dentro del discurso de Amos Schocken el papel de esos judíos tenebrosos y todopoderosos de la prensa antisemita, tal es el poder y la influencia que les atribuye.

En todo caso, Schocken debería haber hecha pública esta argumentación en 1980, en lugar del 2011, y aunque aún así hubiera sido errónea, su discurso hubiera resultado meno violento e inverosímil. Por aquel entonces, el movimiento de los colonos sí se hallaba en su apogeo, tras el ascenso al poder de Menahem Begin en 1977, y su promesa festiva de numerosos Elon Moreh (el asentamiento que supuso el buque insignia del aquel movimiento ya hace bastante tiempo fallecido, el Gush Emunim, ese mismo que Schocken resucita ahora de entre los muertos en su artículo de opinión). En el período del apogeo de Gush Emunin, tanto el gobierno Begin como dicho movimiento asumieron la decisión de la Corte Suprema, que por entonces gozaba de una mayor reputación de imparcialidad, la cual en su sentencia sobre el caso Elon Moreh de 1979 recomendó la evacuación del asentamiento por estar construido sobre tierras privadas sin una justificación convincente de seguridad.

Desde entonces, el movimiento de colonización ha estado en retirada, en lugar de acumular poder constantemente, tal como argumenta Schocken. Las comunidades judías están desde entonces confinadas a la "zona de Residencia" delimitada en la década de 1980, y la construcción ha sido efectivamente congelada por el gobierno de Netanyahu en la medida en que el anuncio de la construcción en Efrat (profundizando en el consenso sobre esos bloques de asentamientos que se conservarían bajo cualquier acuerdo) o incluso en Jerusalén, despierta la atención de todo el mundo. Por el contrario, la construcción árabe sigue sin restricción alguna, con la nueva ciudad palestina de Rawabi ofreciendo un testimonio convincente de ello.

Si las supuestas carreteras del apartheid existen en Judea y Samaria, para los viajeros judíos representan una excepción, algunas veces extendida onerosamente en los viajes al trabajo o a la escuela. Las principales arterias que utilizan los judíos están abiertas al tráfico palestino. En el 2005 experimentamos una desconexión/expulsión que arrasó las comunidades judías de Gaza y el norte de Samaria. Una nueva desconexión se estaba gestando bajo Ehud Olmert, quien anunció al año siguiente en medio de la campaña de la Segunda Guerra del Líbano, que el éxito en esa guerra aceleraría aún más la expulsión de las comunidades judías en Judea y Samaria. Fue solamente el fracaso en la Segunda Guerra del Líbano el que desacreditó de tal manera al gobierno de Olmert que fue suficiente para frustrar dicho plan.

Paradójicamente, fue ese mismo gobierno Olmert, cuya política sobre los asentamientos era en gran medida congruente con las posiciones de Amos Schocken, el que trató de recuperar parte de esa autoridad usurpada por una Corte Suprema militante. El hombre clave en esa política fue el entonces ministro de Justicia, Daniel Friedmann, profesor de derecho político y cuya casa ideológica era el Meretz (partido netamente de izquierdas). Friedmann, bajo ninguna circunstancia, podría ser presentado como un aliado o una herramienta de los colonos. Simplemente sintió la necesidad de restablecer el equilibrio entre las distintas ramas del gobierno.

Es increíble que alguien a estas alturas aún pueda afirmar que el asesinato de Rabin frustró el proceso de Oslo, en lugar de dotarlo de una nueva oportunidad de vida. Rabin, que sobornó a dos miembros de la Knesset para avanzar y pasar a Oslo B (una táctica que, utilizada en beneficio de una causa bendecida por la izquierda israelí, automáticamente deja de ser considerada como una amenaza para la democracia), se estaba hundiendo en las encuestas como una pesada roca tras la ofensiva palestina de atentados suicidas. Seguramente habría cosechado malos resultados en unas elecciones, o bien podría haber tomado el camino de los generales Moshe Ya'alon y Uzi Dayan, que en un principio apoyaron el proceso de Oslo para al final convertirse en críticos del mismo.

El asesinato de Rabin marcó el comienzo de un período de terror intelectual patrocinado por las mismas personas que actualmente se lamentan de la supuesta amenaza a la democracia. Escudarse en un espurio "legado de Rabin", para consagrar y radicalizar el proceso de Oslo, resulta tan manipulador y fraudulento como una campaña de reclutamiento de Stalin tras la muerte de Lenin.

Igualmente fantástico es el argumento de Schocken de que con el sacrificio de los asentamientos, Israel se habría asegurado un mayor apoyo internacional contra Irán. En realidad, Olmert ya vendía ese gran acuerdo en Annapolis y recibió a cambio la “Evaluación Nacional de Inteligencia” de los EEUU, la cual minimizaba el programa nuclear iraní. Europa aún no estaba dispuesta a abandonar su “diálogo crítico y lucrativo” con Irán antes de que se hubiera convertido en una farsa evidente en la década anterior, y la administración Obama - con independencia de los asentamientos - aún seguiría perdiendo unos años vitales preconizando el diálogo con el régimen de Irán, mientras que China y Rusia se habrían mantenido aferrados a una política de priorizar su seguridad energética, su comercio y su entorpecimiento del deseo de Washington de poner freno a las centrifugadoras iraníes.

El abismo ideológico entre mi punto de vista y el de Amos Schocken es amplio, pero lo que lo hace más trágico es que no se centra en unas diferentes conclusiones extraídas de unos hechos, sino en los hechos mismos.

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Sunday, November 06, 2011

La democracia según la entienden los grupos de la élite de la izquierda israelí - Amiel Ungar - Haaretz


Noam Sohlberg

Es la clásica falacia en dos pasos: "Crea controversia". En primer lugar, se crea controversia en torno a un candidato, y luego se torpedea su candidatura con el argumento de que es controvertido. Eso es lo que parece estar haciendo el Haaretz en su campaña para bloquear la nominación de juez del distrito de la Corte de Jerusalén, Noam Sohlberg, a la Corte Suprema. En tres números sucesivos hemos tenido noticia, en primer lugar, de un artículo del reportero del periódico Tomer Zarchin informando de las decisiones "controvertidas" de Sohlberg, a continuación, un editorial, y por último, la habitual filípica anti-Sohlberg de Gideon Levy.

Para Levy, el hecho de que el juez Sohlberg resida en la ciudad impecablemente burguesa de Alon Shvut, y que el presidente del Consejo Regional de Etzion, Shaul Goldstein, resida en el exclusivo Neveh Daniel (ambas comunidades programadas para formar parte de Israel en virtud de todos los planes de paz conocidos), resulta suficiente para descalificarlos, respectivamente, para la Corte Suprema de Justicia y para la presidencia de la Israel Nature and Parks Authority. Sohlberg y Goldstein son pues colonos, y, de acuerdo con Levy: "Cada colono tiene una marca de Caín en la frente que nos hace preguntarnos: ¿De verdad queremos vivir en un país donde los jefes de esta empresa asignan sus tierras, el plan de sus espacios naturales, se pronuncian sobre sus leyes y tienen cada vez más el control de sus vidas?".

En comparación con Levy, el editorial de Haaretz del 28 de octubre es un modelo de moderación: "El nombramiento de Sohlberg para la Corte Suprema de Justicia, aunque sea equilibrado por la designación simultánea de un juez menos conservador, debe preocupar a cualquiera que tema por la conservación de los derechos humanos y civiles en Israel. Y eso es especialmente cierto cuando estamos hablando de una persona designada que probablemente se convertirá en presidente de la Corte Suprema algún día".

Es muy revelador que no oigamos los mismos gritos de angustia por "esos otros colonos" que prestan servicios en puestos clave, cuando los ministerios del gobierno o el comité de la presidencia de la Knesset están involucrados. Después de todo, tenemos a un ministro de Asuntos Exteriores - Avigdor Lieberman - y a un ministro de los asuntos de la Diáspora - Yuli Edelstein - con esa mencionada marca de Caín. El campo de Caín es aún más grande en la Knesset. Entre otros, David Rotem, en el comité de la Constitución, la Ley y la Justicia, cargo que anteriormente poseía Hanan Porat, mientras que Aryeh Eldad encabeza el Comité de Ética de la Knesset.

La angustia actual revela el temor de la izquierda israelí de estar a punto de perder el poder real por vez primera. Es cierto que la hegemonía electoral de la izquierda se quebró en las elecciones de 1977, que llevaron al Likud al poder por primera vez. Ante el resultado indeseable y desfavorable para la izquierda de la posterior demografía electoral, la izquierda se retiró a sus bastiones en la Corte Suprema y la administración pública de alto nivel. El ex Presidente del Tribunal Supremo, Aharon Barak, promovió una agenda de activismo judicial (denominado, en orwelliano, una "revolución constitucional") diseñada para servir al "público ilustrado y progresista", además de un revisionismo judicial esgrimido para mantener a los representantes elegidos frente a la "opinión pública ignorante". Otto von Bismarck hubiera aprobado la estrategia: A la derecha israelí se la permite reinar, pero es la izquierda la que en realidad rige la actualidad a través de una agresiva intervención judicial, y una no intervención judicial igualmente agresiva.

Los guardianes del imperio de la hiperactividad legal analizaban la política del gobierno cuando les convenía, incluido el nombramiento del jefe de personal de Netanyahu o bien el cierre de la Casa de Oriente (la OLP en Jerusalén) durante la campaña de 1999. Mientras, se "iban de vacaciones" cuando aparecían los temas que prefería ignorar: la construcción no autorizada en las comunidades árabes, la inmigración ilegal, las violaciones de las horas de trabajo y las leyes de descanso, etcétera, o bien las negociaciones de Barak en Taba en 2000. Este enfoque selectivo y sesgado del imperio de la ley persiste, y se debe al proceso sui generis de selección judicial existente en Israel, el cual otorga a los magistrados de la Corte Suprema un papel dominante en la elección de los nuevos miembros del club [N.P.: la izquierda elige a los amigos de la izquierda y así se perpetua].

Nadie pone en duda la estatura legal y personal de Sohlberg o su curriculum vitae. Él ha servido hábil y fielmente a fiscales generales de diferentes orientaciones políticas. Como un juez de primera instancia y de juzgados de distrito, demostró su agudeza jurídica, así como su capacidad de suma importancia de mantenerse al día con una gran carga de trabajo. Ha sido también profesor en la universidad. Todas estas distinciones se han logrado a una edad relativamente joven, y es esto, si leemos con atención el editorial de Haaretz, lo que le convierte en una amenaza mayor.

Dado el sistema de antigüedad inane utilizado para elegir al presidente de la Corte Suprema, Sohlberg, si accede finalmente, tendrá una ventajosa posición para acumular la antigüedad necesaria y podrá tener derecho a ese cargo a su debido tiempo. No es su capacidad, sino sus puntos de vista, lo que alarma a sus oponentes, a pesar de que previamente han rechazado las peticiones de las audiencias para determinar la postura de los candidatos.

El Haaretz le ataca por absolver a un policía que mató por error a un árabe durante la Segunda intifada, y ello porque el policía, erróneamente, creyó que el árabe quería atropellarlo con su vehículo (y eso no era un hecho anormal durante ese período). Dicha absolución fue confirmada en apelación. Sohlberg también despierta la desaprobación por encontrar culpable de difamación a la reportera estrella Ilana Dayan por su documental "Capitán R" sobre las circunstancias que rodearon la muerte de una niña palestina. De este modo, Sohlberg "afrentó" seriamente al sistema.

Una simbiosis muy poco santa se ha desarrollado entre la Corte Suprema y la mayoría de los medios de comunicación para perpetuar la supremacía del poder judicial. Este órgano jurisdiccional ha magnificado el poder de la prensa al bajar el listón de las denuncias ante el Tribunal Superior de Justicia. El titular de ayer en la prensa se convierte así en la petición o denuncia de hoy ante el tribunal. A cambio, la Corte Suprema es retratada por esa misma prensa como un bastión de rectitud infalible que judicialmente podría castigar a los corruptos poderes legislativo y ejecutivo, y así anular sus acciones.

Sohlberg también tiene sus defensores en los medios de comunicación, entre ellos el ex jefe de redacción del Haaretz Matti Golán, quien calificó el veredicto de Dayan ejemplar y uno de las más precisos prestados ante la ley de difamación.

A la izquierda no le gusta nada la lectura de la democracia que pueda hacer la democracia. Sin embargo, la democracia no se limita al cambio de los funcionarios electos, sino también, que se les permita llevar a cabo sus políticas. Si Noam Sohlberg es vetado finalmente, las verdaderas pretensiones de la izquierda se verán claramente expuestas, y se enfrentará a un motín de Caín.

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Thursday, July 21, 2011

Un desmoronamiento de la hegemonía secular - Amiel Ungar - Haaretz




Aryeh Deri, el ahora posible aliado

Dos noticias importantes en el último mes han arrojado luz sobre el cargado y cambiante estado de las relaciones religiosos-seculares en Israel.

En primer lugar, tenemos un par de encuestas que auguran el regreso del ex líder del Shas, Aryeh Deri, a la política activa, algo que podría alterar el equilibrio político en Israel. Deri, ya sea como jefe nuevamente del Shas o, preferentemente desde la perspectiva de la izquierda, al frente de un nuevo partido en la Knéset, podría negar al primer ministro actual Benjamin Netanyahu una serie de escaños en la Knesset, pasando del centro-derecha al centro político.

La salivación del sempiterno crítico de Bibi en el Yedioth Ahronoth, Sima Kadmon, ante la perspectiva del regreso de Deri después de una pausa forzada provocada por una condena y una sentencia de cárcel por cargos de corrupción, era palpable pero a la vez irónica. Muchos de los que actualmente ven al ex líder de Shas como su campeón para así poder expulsar al "usurpador" Netanyahu se sintieron de manera muy diferente en 1999, tras la victoria electoral de Ehud Barak. Por aquel entonces ellos formaban parte de la multitud que daba la serenata a Barak con el estribillo "Cualquiera menos el Shas", o al menos simpatizaban bastante con dicho mensaje.

La izquierda por aquel entonces se mostraba horrorizada ante el éxito de Shas en las elecciones a la Knesset de ese año, cuando obtuvo nada menos que 17 escaños. Y ese éxito se vio impulsado por la reacción violenta contra la condena de Deri unos meses antes. Si el Shas pudo salir a la calle por esas fechas armado con el lema "Él [Deri] es inocente", una evidente manifestación de su repudio ante esa sentencia judicial o al menos una acusación de doble rasero contra la justicia, el estribillo de la izquierda en aquel momento fue que “nunca podría ser considerado un socio adecuado”. Bueno, eso fue en 1999, ahora la izquierda, de manera nerviosa y expectante, espera al "nuevo y mejorado" Aryeh Deri.

Un mensaje muy diferente fue el transmitido cuando el país estuvo prácticamente polarizado por el mini-interrogatorio por parte de la policía de los rabinos Dov Lior y Yaakov Yosef. Dichos rabinos habían dado su aprobación a un oscuro opúsculo religioso que la izquierda encontró racista al apelar a un mayor impulso a los daños colaterales, incluyendo las bajas civiles, en caso de necesidad durante las operaciones militares. Esto dio lugar a una investigación policial y a la convocatoria de dichos rabinos a interrogatorio.

Esto me trajo los recuerdos de esa otra confrontación, esta vez en 1999, precisamente contra Aryeh Deri, cuando la izquierda apelaba al Estado de Derecho y los religiosos y nacionalistas contraatacaban con acusaciones de doble rasero, alegando además que las prebendas políticas siempre han formado parte del juego político cuando la izquierda ha estado en el poder.

El viernes pasado, la presentadora de un nuevo programa de radio del viernes al mediodía (Reshet Bet), después de pronunciar un solemne sermón sobre la importancia de defender el imperio de la ley con el fin de castigar a los partidarios de Lior y Yosef, paso inmediatamente a mostrar su simpatía por la difícil situación que atraviesan los inmigrantes ilegales y sus hijos, sin darse cuenta de la incongruencia de esa transición. Ella y esos otros que se oponen a una aplicación efectiva de la ley contra los inmigrantes ilegales, nos demuestran de esa manera como aplican de manera selectiva dicho imperio de la ley: tendría un carácter liberal en lo referente a la inmigración, al trabajo durante el shabbat y a los anuncios sexuales en los periódicos, por citar sólo algunos ejemplos; pero tendría un carácter unidireccional y rígido para los otros casos, hasta el punto de lo absurdo.

Estas son instantáneas de dos enfoques mutuamente excluyentes. El primero tiene en cuenta que el público observante o religioso no puede ser ignorado y constituye un elemento importante dentro del cuerpo político israelí. El segundo enfoque se aferra desesperadamente a la idea de una Kulturkampf - una guerra de culturas -, enmascarándola como una guerra sobre el imperio de la ley, constituyéndose en una opción viable para controlar la creciente influencia de la opinión pública religiosa y tradicional.

Aunque tengo mis dudas sobre Deri, y sin duda no querría verle como un mero caballo de Troya de la izquierda política, su rehabilitación efectiva por sus antiguos detractores refleja un pragmatismo saludable. Uno puede expresar un optimismo similar por la decisión de Yair Lapid de evitar las tácticas de hostigamiento anti-religioso de su difunto padre, Tommy Lapid, así como sus planes para incluir figuras religiosas dentro de su lista, siempre y cuando finalmente se lance al agua.

Los potenciales fichajes en las listas de Deri y Lapid ya no estarán dispuestos a contentarse con ciertos beneficios sectoriales o con meros gestos hacia los religiosos, o bien con comentarios al estilo de Ezer Weizman o del enfant terrible de los laicos, Aloni Shulamit, quien se decía dispuesto no hace mucho a colocarse un shtreimel (gorro de piel que utilizan ciertos grupos hasídicos) a cambio de la aceptación por parte de los religiosos del proceso de paz. Ni los religiosos tampoco estarían satisfechos con la mera inclusión de algún representante de la minúscula izquierda religiosa, al estilo de un Avrum Burg o Michael Melchior.

El alistamiento de religiosos en sus listas, si es que se produce, requerirá de razones de fondo que posibiliten una mayor igualdad y en todo caso será en beneficio mutuo. Sin embargo, algunos laicos aún se niegan al alistamiento de los religiosos en las listas, y aún parecen estar convencidos de que su predominio en el poder judicial y en la élite intelectual les permite continuar con la apropiación de términos como "democracia" y "estado de derecho" para sus fines políticos sectarios.

En la práctica, esto no funcionará. La hegemonía de la izquierda se está desmoronando. En las recientes elecciones israelíes al Colegio de Abogados, Yuri Guy-Ron, un partidario del activismo judicial y favorable a los leiv-motiv de la izquierda, perdió ante un oponente a dicho enfoque. El nuevo coordinador del Ministerio de Educación Cívica tiene menos probabilidades de asumir el enfoque de la izquierda sobre los libros de texto de educación cívica. Grupos de expertos conservadores, como el Centro Jerusalén para Asuntos Públicos y el Instituto Shalem están comenzando a ponerse a la altura de sus homólogos de izquierdas ya establecidos. Dentro de poco, el presidente del Tribunal Supremo Dorit Beinisch se retirará y su sucesor emitirá el sonido de una retirada del activismo.

Más importante aún, el empleo instrumentalizado y monopolístico de “la democracia y el imperio de la ley” ha provocado una disminución del respeto debido a estos términos. Esas tácticas también invitan a las amenazas de represalias judiciales, como las emitidas esta semana por el diputado derechista de la Unión Nacional Yaakov Katz, de que cuando las relaciones de poder se inviertan y los religiosos pasen a influir en el sistema judicial, se enjuiciará a las viejas élites por la persecución indebida de rabinos y personal religioso. Esta imagen invertida, obviamente, sería catastrófica para la izquierda laica, pero igualmente perjudicial para los religiosos.

La democracia es mejor servida por una interacción dinámica entre el liberalismo y el conservadurismo, la cual permite a cada flujo legítimo corregirse cuando sus ideas son rechazadas por la sociedad civil y por la realidad. Al marginar o excluir a los opositores políticos, se crean condiciones de monopolio, con todas sus desventajas concomitantes.

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Tuesday, March 22, 2011

Reafirmando nuestras legítimas reclamaciones - Amiel Ungar - Haaretz


Judíos en el Kotel en 1896

El primer ministro Benjamin Netanyahu se parece cada vez más, al nivel de su retórica, a un miembro del Partido Laborista post-Oslo, al hacer hincapié en la seguridad y descuidar totalmente el tema de la legitimidad de Israel. Un exceso de confianza en los argumentos sobre la seguridad ha complicado los esfuerzos israelíes de hasbara, dejando a toda una generación en el exterior y en el interior sin una noción clara del derecho judío a la Tierra de Israel. En cualquier batalla entre la legitimidad y la seguridad ante una opinión pública internacional, las verdaderas necesidades de seguridad de Israel siempre serán vencidas por el elástico "los derechos legítimos de los palestinos".

Netanyahu afirmó ante Charles Moore, el ex editor de The Telegraph y en una reciente entrevista para ese periódico, que estaba preocupado por una Gran Bretaña que hubiera olvidado, más que evidentemente, las lecciones de Munich. Pero es el propio Netanyahu quien parece no haber entendido esas lecciones.

Los arquitectos del tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial habían proporcionado a Checoslovaquia unas fronteras defendibles, constituyendo además la resistencia y el tesón checo la piedra angular de las esperanzas francesas de que todo ello fuera suficiente como para disuadir a Alemania, ante la amenaza de un segundo frente, de la posibilidad de una nueva guerra. Sin embargo, tanto Francia como Gran Bretaña vendieron en Munich a Checoslovaquia no porque no tuvieron en cuenta que lo estaban privando de unas fronteras defendibles, de ello sabían de su importancia, sólo que finalmente optaron por no tenerlo en cuenta. Los realistas no veían la necesidad de ir a la guerra en nombre de un lejano país y de un pueblo del que no sabían casi nada. Los idealistas, por su parte, habían comprado la idea de que “sólo consintiendo la legítima demanda alemana” podría prevalecer la paz en el continente. La paz sería la garantía de la seguridad y no al revés. Esta afirmación o máxima ha sido resucitada en la actualidad por los defensores de Oslo y por los "auténticos" amigos de Israel.

Nadie va a respetar las exigencias de seguridad de Israel si a los árabes se les permite salir con el argumento de que la concepción de Israel es en sí ilegítima. La idea de que una paz basada en la rendición de nuestra legitimidad nos proporcionará mayor seguridad sólo conseguirá que nos atrincheremos a menos que Israel deje caer el guante y exponga las aspiraciones palestinas tal por lo que son: la eliminación de Israel como un estado en el mejor de los casos, y un gran Itamar en el peor.

Al hacer hincapié en la seguridad ad infinitum, pueden acabar dándonos gato por liebre con una serie de sucedáneos de disposiciones de seguridad y, sobre todo, con la supuesta “desmilitarización” de Palestina. La voluntad de esta última a corto plazo es que se asemeje a la "desmilitarización de Gaza" en manos de Hamás, o a esa otra "desmilitarización del sur del Líbano" en manos de Hezbollah, según "lo previsto por la Resolución 1701 de la ONU", o a la "desmilitarización" de Alemania tras la I Guerra Mundial. ¿Quién privaría (a menos que se trate de una situación semejante a la de la Unión Soviética cara a Finlandia en el período entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la desaparición de la URSS) a un Estado soberano el pleno ejercicio de su soberanía dentro de sus fronteras? Todo país puede finalmente violar los acuerdos de desmilitarización a menos que, como en el Japón de la posguerra, se le obligue a regirse por dichos acuerdos o sea consciente de que va a pagar severamente por tales violaciones.

Una Palestina independiente no se ajusta a ninguna de esas dos categorías. Las violaciones palestino, que serán calibradamente incrementales, disuadirán a Israel de usar la fuerza y conducirá a un desmantelamiento de la "arquitectura de la paz" hasta que finalmente el equilibrio se haya visto modificado irrevocablemente.

Una especie de segundo substituto, o componente, de las medidas de seguridad son el ofrecimiento de unas vanas garantías externas. El apoyo internacional es importante, pero Israel debe ser capaz de montar y dirigir su propia defensa. Netanyahu ha sido muy manso y amable con esos poderes que no han dejado de ejercer presión para que hagamos más concesiones, pero no ha asumido ninguna responsabilidad por esas imposiciones. Las garantías son tan sensatas como el dólar de Zimbabwe, o como por ejemplo las ofrendas de esos estados que ahora están reduciendo su fuerza militar debido a su temor a sobrecargar su viabilidad presupuestaria. Barack Obama puede simbolizar ese síndrome del ofrecimiento de vagas garantías, pero es que él mismo es un producto de una opinión pública internacional cada vez más fatigada por las prolongadas guerras en Irak y Afganistán y que se siente temeroso de comprometerse en exceso.

La renuencia a usar la fuerza, como se muestra en el caso de Irán, se ha reafirmado en Libia. Constantemente escuchamos hablar acerca de "sanciones poderosas" que, de no burlarse, todavía necesitarían años para tener efecto. Pero en estos momentos los insurgentes libios están siendo golpeados desde los aviones y tanques de Gadafi, permitiendo así que su régimen se mantenga y le permita financiar una vez más a prestigiosas y políticamente correctas universidades occidentales [N.P.: la corrección política siempre ha tenido un punto débil, su financiación. Por otro lado ya sabemos que una especie de alianza (cruzada dicen algunos) occidental y de otros países está atacando a las fuerzas de Gadafi sin saber al día de hoy cual puede ser el futuro].

Volvimos a Judea y Samaria, la cuna de la historia judía, como resultado de una guerra defensiva en 1967. Un acelerador de esta guerra fue el hecho de que América mantuvo su palabra a la hora de proclamar su compromiso de preservar y garantizar la libertad de navegación israelí. A continuación, el ocupante de la Casa Blanca no fue un tipo como Obama, de una frialdad analítica, sino Lyndon Johnson, un verdadero filo-semita. Desafortunadamente, Estados Unidos estaba demasiado preocupado y absorbido por la guerra de Vietnam como para honrar dicho compromiso.

El Libro de Ester, que será la lectura de la mañana a la noche durante las vacaciones de Purim, demuestra que las cosas no cambian apenas. Cuando la reina Esther expone el plan de Amán para exterminar a los judíos del imperio persa, apela al rey Asuero por razones humanitarias y por razones de Estado (Amán no se preocupaba del daño económico que esa matanza causaría al imperio). Como Esther es una víctima, el rey Asuero se sintió lo suficientemente enfadado ante el plan de Amán, pero el protocolo (tal vez no podía dejar de votar una resolución de la ONU o no podía asegurarse la unanimidad de la OTAN) no le permitió revocar el decreto original que permitía el exterminio de los judíos. Lo mejor que pudo ofrecer fue una neutralidad benevolente, decretando que a los judíos se les permitía actuar en legítima defensa. El mismo Israel se creó para que los judíos ya no dependieran de amigos a medias y circunstanciales, como Asuero, a la hora de actuar en su propia defensa.

La única manera de convencer a los demás de que se puede y debe permitir el ejercicio de este derecho es reafirmar nuestra reclamación de todo corazón a esta tierra. Como dijo el viceprimer ministro Moshe Ya'alon en su elogio a la martirizada familia Fogel, como renunciemos a esa reclamación no tendremos seguridad.

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