Saturday, July 13, 2013

El "orientalismo" de los activistas israelíes y occidentales. El racista romanticismo de la aldea árabe - Seth Frantzman - JPost


A los mandos, los activistas israelíes y occidentales defendiendo a las pequeñas aldeas indígenas de los invasores sionistas del espacio.


"Esta semana nos fuimos a Jinba", escribían el columnista pro-palestino del Haaretz Gideon Levy y Alex Levac el 5 de julio. Según ellos, esta comunidad palestina al sur de Hebrón tenía "la más pequeña [escuela] que he visto", que servía a 25 estudiantes. "Por supuesto que nunca han oído hablar de un aire acondicionado o un ventilador".

Sin embargo, se trataba de una "aldea pequeña y hermosa ... se ve como una aldea de la Biblia... aislada en el siglo XXI". Hay "antiguos muros de piedra, los rebuznos de los burros... las cuevas oscuras donde viven los pobladores, y también la carpa blanca de una clínica creada hace dos semanas, gracias a las aportaciones de una organización benéfica italiana y el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano".

El romanticismo del "paisaje primigenio", yuxtapuesto con los activistas israelíes y las ONG's europeas que cuentan su historia y salvan a los habitantes del pueblo, es un motivo ya clásico. En junio del 2008, en una reseña de un libro en The Economist, se contenía una observación similar de Cisjordania: "una tierra cuya belleza intemporal ha sobrevivido prácticamente sin cambios desde los tiempos bíblicos, pero que está siendo transformada por unas personas que basan su pretensiones en la historia bíblica... Pueblos árabes que una vez estuvieron unidos orgánicamente al paisaje, pero que hoy son poco más que ghettos sitiados".

Cualquier persona que visita la Ribera Occidental con regularidad sabe que esto es una tontería. De hecho, existen hermosas colinas y terrazas de piedra. Sin embargo, los medios de vida de los palestinos son en gran medida una gran casa moderna, generalmente adornada con bellas almenas de piedra y otros elementos decorativos, y un coche. Los antiguos corazones de los viejos pueblos palestinos a menudo se pueden ver enclavados y abandonados bajo la nueva y floreciente construcción. Entonces, ¿por qué oímos principalmente historias sobre lugares como Jinba, y por qué no hacernos las preguntas pertinentes a este respecto?

¿Los residentes de Jinba realmente viven en cuevas? El motivo de la cueva-vivienda aparece a menudo en las descripciones de cómo viven los palestinos: "Ahora viven allí, en las cuevas", decía un informe reciente sobre los planes para construir un parque al sur de Jerusalén, cerca de Walaja.

Hay personas sin hogar en Londres y desgraciados que viven en los túneles del metro abandonados en Nueva York, e incluso varias personas en Medellín convirtieron una vieja alcantarilla en una casa, pero todas estas noticias no pretenden decirnos que ese sea un estilo de vida normal y habitual, al estilo de como se nos quiere vender una forma de vida "cavernícola" palestina.

La verdad nos conduce a otras cuestiones más importantes. Levy y Levac nos dicen que en realidad, "algunos de los residentes de Jinba también viven en Yatta [una ciudad grande], durante la estación seca". De hecho, Jinba no es más que un asentamiento estacional para las personas que se trasladan allí para cuidar de los animales de pastoreo. Pero si se trata de un asentamiento estacional, ¿por qué necesitan de una clínica financiada por el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, y de una escuela? ¿La mayoría de las pequeños aldeas con varias docenas de residentes tienen una clínica médica y una escuela?

En el Oberland de Berna, en Suiza, los hombres todavía llevan el ganado a pastar a los altos en verano, y hay aldeas y chozas incluso semiabandonadas en las colinas. Pero no todas las aldeas y cabañas tienen un hospital y una escuela, ni siquiera cada pequeña comunidad las tiene. La idea de que los palestinos, cuando sólo viven unas pocas docenas de ellos, siempre requieren de un ejército de ONGs y de activistas israelíes con jeeps, hospitales y escuelas con el fin de poder sobrevivir, juega con dos estereotipos: en primer lugar, una visión orientalista de los árabes como una especie de objetos incapaces en medio del paisaje de la Biblia, y en segundo lugar, que sólo los extranjeros pueden protegerlos y hablar por ellos.

Los árabes que viven en Israel también reciben este tratamiento orientalista. En un artículo del 25 de junio, el autor David Grossman escribió acerca de "Beit Safafa, un pueblo palestino en Jerusalén". Grossman protestaba por una carretera planeada hace 20 años que pasaría entre dos partes del pueblo, el cual ha crecido mucho en los últimos años. En el artículo señalaba que supondría dividir un "pequeño pueblo... y que en el momento en que se haya completado, el tejido de la aldea se habrá despedazado. Las familias se verán separadas de los demás, y su vida se convertirá en una pesadilla... el pueblo en sí, como una unidad social... se disolverá".

Suena bastante mal, hasta que se conoce un poco más.

En 1880, el Fondo Británico de Exploración de Palestina también se refería a Beit Safafa como "un pequeño pueblo en una llanura a campo abierto, con un pozo al norte". Beit Safafa tenía 1.400 habitantes en el año 1945. Cuenta hoy en día con más de 10.000 habitantes y forma parte de la municipalidad de Jerusalén desde 1950. Este ya no es un "pequeño pueblo". A una comunidad judía con una población similar, por ejemplo Yerujam (con una población de 9.500 habitantes), se le llama "una ciudad". Y si se tratara de un barrio judío aún más lejos de Jerusalén, como Pisgat Ze'ev, seguiría siendo un "barrio", no un "pueblo". El mito perpetua que los palestinos siempre viven en "aldeas", incluso si tienen 10.000 o 100.000 habitantes. Es parte de la novela racista que los aprisiona en el siglo XIX.

Grossman escribe que la carretera reducirá la relación entre las familias entre sí. Es cierto, en el siglo XIX una carretera podría hacer mucho más difícil la comunicación entre las personas que no tuvieran un coche para viajar, pero las familias del siglo XXI no se ven "incomunicadas" por una nueva carretera.

Cuando construyen una nueva ampliación de la carretera a través de los suburbios al norte de Haifa, nadie pretende que los residentes judíos de Kiryat Motzkin y Kiryat Yam se verán "incomunicados" y que las familias ya no podrán visitarse mutuamente.

En un escándalo reciente, el periódico más grande de Israel, el Yediot Aharonot, publicó una característica historia en su revista de fin de semana sobre Fatma Vardi, una actriz beduina de una aldea no reconocida en el norte de Israel, que tenía 17 hijos y vivía con las otras tres esposas de su marido, y que tenía que pedir permiso al mukhtar de su pueblo, o jefe local, para actuar. Sólo que resultó que "Fatma" era realmente un personaje de una tal Gila Zimmerman. El periódico había sido engañado. Oren Meyers, de la Universidad de Haifa, afirmó que el escándalo demostraba las malas prácticas periodísticas.

Sin embargo, la realidad es que la historia de Fatma fue vendida a un público que realmente piensa que la mayoría de los árabes tienen 17 hijos. Habían comprado esa caricatura porque los medios han perpetuado este exótico estereotipo.

Por ejemplo, Neta Ziv, un profesor de derecho de la Universidad de Tel Aviv, escribió que los aldeanos de las colinas al sur de Hebrón "sembraban y cosechaban sus tierras con el sudor de su frente". ¿No les suena un tanto a lenguaje demasiado recargado para ser verdad, al igual que la historia de Fatma?

La razón por la que la historia de los árabes sólo puede ser contada por los extranjeros es que los árabes son vistos casi como piezas del paisaje, más que como personas reales. Por lo tanto, casi todos los artículos sobre la "difícil situación" de Beit Safafa, las aldeas en las colinas al sur de Hebrón, Wadi Ara o las aldeas beduinas del Negev, están escritas por israelíes o por otros visitantes extranjeros que "informan" al público y hablan por los propios árabes.

Normalmente esto toma la forma de activistas que van de "tour" por la zona y luego "informan" sobre lo que vieron. Por ejemplo, la última media docena de artículos de opinión del diario Haaretz en apoyo de los beduinos del Negev han sido escritos por hombres y mujeres con nombres como Yariv, Moriel, Amnón, Israel y Moisés. La idea es que "nosotros" conocemos y sabemos más de los beduinos que ellos mismos.

¿Es esto porque colonizando su narrativa y perpetuando estos mitos las ONG pueden recaudar más dinero? Levy y Levac dicen que fueron a Jinba con "Ezra Nawi, un activista en Ta'ayush, una organización política israelí-palestina sin fines de lucro. Sin él, y sin los otros activistas - como el veterano activista y abogado Shlomo Lecker, los miembros de Rabinos por los Derechos Humanos y organizaciones como Breaking Silence, que trabajan en el área día y noche -, la limpieza étnica hace ya mucho tiempo que se habría completado aquí".

Estos activistas que se adjudican el crédito de "salvar" a los árabes no son más que una variación moderna de la "responsabilidad del hombre blanco", y de que sólo la intervención de Occidente podrá salvar al Oriente.

En algunos casos, cuando los árabes no se ajustan a esta narrativa, sus identidades incluso se cambian. Una mujer palestina de Azariya, cerca de Jerusalén, cuyo marido beduino del Negev asesinó a sus hijos, se convirtió en una "agredida madre beduina" del Negev para la líder de una ONG israelí. Su identidad fue alterada, de una mujer urbana y moderna pasó a ser beduina y rural para así adaptarse mejor a la narración.

La percepción doble de los árabes como partes del paisaje, en lugar de personas reales y contemporáneas, y el deseo de comunicar sus puntos de vista a través de terceros - los sacrificados activistas -, representa un asalto racista a su humanidad y un vestigio del siglo XIX.

Algunas personas piensan que ayudan a los árabes describiéndoles como si fueran "nobles salvajes" que tienen necesidad de que les salven, pero al igual que el original "buen salvaje" resultaba profundamente perjudicado por ese tipo de nociones sobre lo que era mejor para ellos - por ejemplo, no ser vistos y tratados como iguales, compartiendo todas las virtudes y debilidades de todas las personas -, los palestinos también están siendo perjudicados por estas narrativas "orientalistas".

Los palestinos no tienen que vivir en cuevas y trabajar unas tierras agrícolas de ficción con el sudor de su frente con el fin de que sean vistos como víctimas del abandono del Estado o de la discriminación.

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