Cuando la lingua franca era el hebreo - Efran Shoham-Steiner - Haaretz

La inscripción descubierta en Colonia
En la introducción a su léxico "He'arukh Mahberet", el rabino Salomón ben Abraham ibn Parhon, un erudito del siglo XII del norte de África que había emigrado a Italia, pedía perdón a sus lectores por su hebreo poco ágil y torpe. Él lo atribuía a la diferencia existente entre el conocimiento del hebreo entre los países islámicos y los países cristianos: "Y voy a apelar al lector para que si encuentra algún error o algún olvido, o una expresión que no sea acertada, me juzgue favorablemente. Porque los que viven por aquí no han estado tan acostumbrados a hablar la lengua sagrada, ya que todos los lugares de la Tierra de Ismael [las tierras del Islam] comparten el mismo idioma, y todos los visitantes que acuden allí están familiarizados con su lengua, por lo que no tienen la necesidad de usar la lengua sagrada o acostumbrarse a ella”.
"Mientras tanto, cada una de las tierras de los edomitas [los cristianos] tiene una lengua propia y diferente, y cuando los visitantes las visitas no entienden lo que dicen, y entonces tienen la necesidad de hablar con ellos en la lengua sagrada, y por lo tanto están más acostumbrados a emplearla".
En un artículo publicado por el difunto profesor Y.M.Ta-Shemá, un estudioso de la halajá (ley judía tradicional) en la Edad Media, en el periódico Leshonenu (Nuestro idioma), Ibn Parhon es descrito utilizando una especie de "lingua franca Judaeorum”, una especie de lenguaje uniforme para los judíos, es decir, el hebreo, junto a otras lenguas.
De hecho, los judíos en el noroeste de Europa hablaban varios idiomas a la vez, incluyendo el antigua yiddish; un dialecto del francés antiguo que se hablaba en el norte de Francia y de Inglaterra y era conocido como la'az (literalmente, “lengua extranjera") en los comentarios de Rashi, el gran erudito del siglo XI; el judeo-provenzal hablado en el sur de Francia, y un antiguo dialecto italiano hablado por los judíos de la península de los Apeninos.
La declaración del rabino Shlomo, quien durante sus viajes conoció a muchos judíos de todos los países, islámicos y cristianos, es una prueba importante de la importancia de la lengua dentro de la esfera pública judía hace 900 años. En los países islámicos, la vida pública judía se llevaba a cabo en árabe, y los rabinos y las autoridades halájicas escribieron sus obras sobre la Torah, la filosofía y otras materias en ese idioma. En los países cristianos, por el contrario, la vida pública judía también se llevaba a cabo en hebreo, la "lengua internacional" de los judíos de la Europa cristiana, así como en otros idiomas.
El "Sefer Hasidim", un compendio pietista comúnmente atribuido al rabino Yehuda ben Shmuel Hasid (el piadoso) de Regensburg, Alemania, fechado a finales del siglo XII y principios del XIII, nos proporciona un relato de la vida diaria religiosa de los judíos alemanes medievales conocidos como Hasidim e incluye una historia muy ilustrativa ilustrativo que refuerza el testimonio del rabino Shlomo. La historia, como es típico de esos relatos que fueron diseñados para transmitir un mensaje educativo, es fictício, pero contiene detalles realistas por lo que no parece demasiado inverosímil y así no cae en oídos sordos.
La historia describe a un hombre, un estudioso de la Torah, que se encontraba cautivo en un "país lejano" y mantenía su identidad judía en secreto, haciéndose pasar por tonto. Un día, un grupo de judíos que acompañaban a un noble cristiano pasó por el lugar donde se encontraba recluido. El prisionero los identificó al oírles hablando la lengua sagrada, el hebreo, entre ellos. Atrajo su atención, y al final ese grupo fue capaz de rescatar el "tonto".
Lo que es importante para nuestros propósitos es su testimonio, al dar por sentado que los visitantes hablaban en hebreo entre ellos y con el cautivo.
La evidencia adicional del uso del hebreo en los países cristianos se puede encontrar en un hallazgo reciente (diciembre de 2011), en una excavación en curso en el corazón de la antigua ciudad de Colonia, Alemania. En la Edad Media, Colonia fue uno de los centros más importantes de los judíos ashkenazis, un cruce de rutas comerciales ubicado entre Alemania, los Países Bajos y Francia e Inglaterra. Por lo tanto, en la ciudad, y en particular en su barrio judío, existía un animado tráfico de visitantes judíos de las tres, si no de las cuatro regiones, adyacentes.
En los últimos años, la municipalidad local y el Estado de Renania del Norte-Westfalia han estado realizando excavaciones en el barrio judío medieval situado en el corazón de Colonia Alstadt (ciudad vieja). Los arqueólogos, dirigidos por el Dr. Sven Schutte, han descubierto una gran cantidad de nuevos hallazgos fascinantes debajo de la sinagoga - que fue destruida en los disturbios de agosto de 1349, y en donde se han hallado varios estratos que se pueden fechar en períodos previos - y entre los restos de un edificio público que se encontraba precisamente en el sitio de la sinagoga en el siglo IX. Estos pueden ser los vestigios de la primera sinagoga conocida al norte de los Alpes, la cual se remontaría a incluso antes de la llegada de la comunidad judía ashkenazí, conformada por judíos franceses y del norte de Italia que se asentaron en los centros urbanos de la región media del Rin como Maguncia, Worms y Speyer a principios de siglo X.
Un resultado igual de impresionante fue descubierto fuera de la sinagoga, cerca de la casa de la acaudalada familia Lyverman - de mediados del siglo XIII hasta mediados del siglo XIV -, la cual estaba situada de manera adyacente a la sinagoga (Los arqueólogos pudieron atribuir la casa a esta familia gracias a los meticulosos registros conservados en la parroquia de San Lorenzo, donde se enumeraban los bienes de los judíos y su ubicación desde el siglo XII. Este libro fue transferido finalmente al archivo municipal de Colonia, donde ha sobrevivido hasta nuestros días).
Por encima de la ventana sellada de la planta baja de la estructura, los arqueólogos encontraron una inscripción monumental en hebreo que decía literalmente lo siguiente: "Esta es la ventana por la que se retiran los excrementos". Esta sorprendente inscripción fue diseñada aparentemente para asegurarse de que los excrementos del pozo negro situado debajo de la sinagoga se vaciaran correctamente. Para evitar el vaciado de la cisterna a través de una abertura en el perímetro de la sinagoga que formara parte del recinto, un túnel fue excavado en la parcela de tierra adyacente. La parcela se construyó finalmente sobre ella, y la señal en hebreo fue colocada por encima de la ventana para que sirviera como salida del túnel.
En la ciudad medieval, las basuras domésticas y los residuos se vaciaban en pozos negros que eran cavados detrás de las casas, o en los canales donde el agua que fluía lavaba la suciedad. La ubicación de estos pozos y la responsabilidad de mantenerlos y vaciarlos eran a menudo una fuente de conflictos entre los vecinos, estando documentados por ejemplo en discusiones halájicas entre otras fuentes. El mantenimiento de la santidad del recinto de la sinagoga es también muy conocido en los debates talmúdicos. De hecho, el Talmud prohíbe recitar la Shemá o la oración en presencia de excrementos expuestos y de zonas sucias, por lo que nos enteramos a fortiori que dichos residuos no se puede vaciar a través del recinto de la sinagoga.
Lo que es más sorprendente e interesante del nuevo hallazgo de Colonia es el descubrimiento de una inscripción en hebreo que se utilizaba para un propósito mundano, unir o conectar tres ámbitos diferentes: el espacio público judío (la calle adyacente a la sinagoga), el espacio sagrado (la sinagoga y su patio) y el espacio privado (la casa de la familia Lyverman). El hecho de que tal inscripción fuera grabada en piedra nos informa que quien se encargaba de vaciar los residuos del pozo negro (ya sea directamente o mediante la supervisión de otros) era capaz de descifrar sus palabras y entender lo que estaba escrito, o bien que fue grabado allí por los responsables del espacio sagrado para sus propios fines. Es dudoso que tal inscripción se hubiera grabado y situado en dicho lugar si no hubiera sido comprendida.
No hay nada nuevo más acerca de la existencia de inscripciones en hebreo en la Europa de los siglos XII y XIII. Los cementerios judíos medievales están llenos de lápidas con antiguas inscripciones en la lengua sagrada. En el cementerio de Worms, en la zona media del Rin, por ejemplo, existe una tumba que data del siglo XI.
Con respecto a este tema, tres gruesos volúmenes fueron publicados recientemente editados por el profesor Simon Schwarzfuchs de la Universidad de Bar-Ilan, el Dr. Avraham Reiner de la Universidad Ben Gurión del Neguev, y el profesor Carl-Heinz Mueller de la Universidad de Wurzberg .
Ellos contienen los registros de los resultados de la investigación llevada a largo plazo sobre alrededor de 1.500 lápidas hebreas y fragmentos de lápidas del cementerio judío de Wurzberg, que fue utilizado por la comunidad durante cerca de 200 años, desde 1147 hasta su destrucción durante los pogromos de la Peste Negra a mediados del siglo XIV.
Las tumbas fueron descubiertas en 1987 entre las paredes y el sótano de un edificio medieval de la ciudad, que fueron construidas con piedras reutilizadas del cementerio judío. Estas lápidas, así como las inscripciones de Colonia, atestiguan el hecho de que por lo menos hasta el siglo XIII, los judíos de la Europa al norte de los Alpes utilizaban el hebreo no sólo como lengua de oración, sino muy posiblemente como lengua de ámbito público.
Labels: Diáspora, Hasidim Ashkenaz, Historia judía


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