Friday, March 23, 2018

La invención del judaísmo. Torá e identidad judía desde el Deuteronomio hasta Pablo de Tarso - John Collins - Aso.org



En el siglo II a.C., el rey sirio Antíoco Epífanes emitió un decreto que proscribía las leyes ancestrales de Judea. El templo de Jerusalén fue tomado y renombrado para Zeus Olympios. Se prohibió a las personas practicar las costumbres judías tradicionales, como la circuncisión por ejemplo, bajo pena de muerte. Según Macabeos 2, capítulo 6, "era imposible guardar el sabbat, observar las fiestas ancestrales o confesarse abiertamente como un Ioudaios".

Mi nuevo libro retoma la pregunta: ¿qué era lo que uno no podía confesar que era? Se ha debatido en los últimos años si “Ioudaios” debería traducirse como "judeano o judaíta (de Judea)" o "judío". La mayoría de las personas en el mundo antiguo fueron designadas por términos que indicaban su patria: romanos, moabitas, egipcios, etc. Cada uno tenía sus costumbres tradicionales y sus leyes ancestrales, que correspondían en parte a lo que hoy llamaríamos religión. En el caso del judaísmo, las leyes ancestrales fueron identificadas como las leyes presuntamente otorgadas a Moisés en el monte Sinai. Estas fueron las leyes proscritas por Antíoco Epífanes. Su observancia estaba indicada especialmente por prácticas que tenían un valor simbólico de marcadores étnicos, como la circuncisión, la observancia del sabbat y las festividades religiosas. Está claro que Epiphanes no prohibía a las personas decir de dónde (y quienes) eran. El decreto presuponía una comprensión normativa de lo que significaba ser un “Ioudaios”: observar la Ley de Moisés, al menos en sus prácticas distintivas. Lo que Epifanes trató de hacer fue suprimir la identidad distintiva del pueblo de Judea, proscribiendo la formulación tradicional de su forma de vida.

La Ley de Moisés estaba bien establecida en el siglo II a.C. e inclusive durante algunos siglos anteriores a ese. Según la tradición judía, la Ley fue dada a Moisés en el monte Sinai. No obstante, la erudición moderna sitúa su desarrollo muchos siglos después. El primer intento de formular (de alguna manera) una Ley exhaustiva se encuentra en el Deuteronomio, que parece haberse originado a fines del siglo VII a.C., en el reinado del rey Josías, aunque en vista de su restricción del poder del rey es poco probable que fuera promulgada por Josías. Durante el exilio en Babilonia, el Deuteronomio se expandió y se combinó con otros materiales tradicionales, incluidas las leyes sacerdotales, para componer la Torá tal como la conocemos. Esta Torá en particular parece que no tomó parte en la restauración de Judea después del Exilio. Parece que se desconocía en Judea antes de la llegada de Ezra (Esdras), que por lo general dataría de 458 a.C. (Según el Libro de Ezra, la gente en Jerusalén desconocía el festival de Sukkoth).

La Ley también era desconocida para los judíos de Elefantina, la guarnición isleña situada en el sur de Egipto, aunque se intentó informarles sobre las fechas de la fiesta de los Panes sin levadura, de acuerdo con la legislación sacerdotal. Ezra obtuvo el respaldo del rey persa para establecer la Torá como la ley ancestral oficial de Judea. Intentó implementarla forzando a las personas a divorciarse de sus esposas extranjeras y observar las festividades. Sus reformas parecen haber sido de corta duración, pero estableció el estatus de la Torá como expresión normativa de la ley ancestral de Judea. Sin embargo, incluso después de la época de Ezra, la Torá no jugó un papel relevante en los libros sapienciales tradicionales de la Biblia hebrea (Proverbios, Job, Qoheleth) o en los relatos de la Diáspora (Ester, Daniel 1-6). Otros corpus de literatura, especialmente la compuesta en arameo, basados principalmente en las narraciones del Génesis, consideraron a la Torá como una fuente de sabiduría en lugar de la Ley. La literatura de Enoc se basó en gran medida en los primeros capítulos del Génesis, pero posicionó a Enoc, en lugar de a Moisés, como el mediador de la revelación, y prestó poca atención a la Ley de Moisés.

El estado oficial de la Torá después de la época de Ezra no implicaba que se observara de cerca. Más bien, tenía una importancia icónica, en el sentido de que la gente la reverenciaba incluso si no prestaba mucha atención a su contenido. Esta importancia icónica se puede ver en el Libro de Ben Sira, a principios del siglo II a.C. Ben Sira declara que toda la sabiduría está en la Torá de Moisés, pero no se ocupa de ella en detalle.

Las actitudes hacia la Torá cambiaron, sin embargo, después del intento de Antíoco Epífanes de suprimirla. Los Macabeos, y sus descendientes los Hasmoneos, no eran especialmente piadosos, pero insistían en la observancia de aquellos aspectos de la Ley que tenían una importancia simbólica. Durante el siglo del dominio hasmoneo, vemos un "giro halájico" en la emergencia de una literatura como la representada por el Pergamino del Templo y los Jubileos, que aborda los aspectos legales de la Torá con gran detalle. También vemos el surgimiento del sectarismo, alimentado por los desacuerdos sobre los detalles de la Ley, como se puede ver especialmente en el manuscrito del Mar Muerto denominado Carta Halájica (4QMMT).

El registro arqueológico también muestra una creciente preocupación por la pureza en este período, atestiguada por la propagación de los miqvaoth y las vasijas de piedra. Los eruditos han abogado acertadamente por un "judaísmo común" en este período, basado en la observancia de los aspectos distintivos de la Torá, pero esto también depende del surgimiento del sectarismo, como se puede ver en los Manuscritos del Mar Muerto. Además, incluso los judíos que concedían una importancia básica a la Torá, a menudo sentían la necesidad de complementarla apelando a una revelación superior. Esto también se puede ver en los Manuscritos del Mar Muerto, y también más generalmente en la literatura apocalíptica. Ezra 4, escrito después de la destrucción de Jerusalén por los romanos, restauró a Ezra en los 24 libros "públicos" (los que conocemos como la Biblia hebrea), pero también en otros 70, en los cuales es "el manantial de la comprensión, la fuente de la sabiduría y el río del conocimiento".

La diáspora de habla griega, principalmente en Egipto, no muestra ese "giro halájico" del tipo que se encuentra en los Jubileos o en los manuscritos de Qumran, pero sin duda otorga una importancia central a la Torá de Moisés. Usualmente, sin embargo, la literatura de la Diáspora se enfoca en asuntos donde los judíos podrían esperar encontrar un terreno común con los gentiles ilustrados. Por lo tanto, se centra en el monoteísmo, en la evasión de la idolatría y en ciertos problemas relacionados con la sexualidad, pero rara vez se detiene en las leyes más distintivas, como las leyes alimentarias o la circuncisión. Cuando los autores de la Diáspora abordan estos temas, como en la Carta de Aristeas o los escritos de Filón, los interpretan alegóricamente, como símbolos de virtudes que un filósofo podría apreciar. Algunos eruditos han argumentado que la Torá fue reconocida como la ley práctica en las comunidades judías, pero esta afirmación no está respaldada por los papiros.

El primitivo movimiento cristiano se relacionó con la Torá de Moisés de varias maneras. El Evangelio de Mateo hace que Jesús diga que ni una como ni una tilde de la Ley expirará. El apóstol Pablo, por el contrario, adoptó una actitud polémica hacia "las obras de la Ley", aunque también pudo sostener que la Ley es santa, justa y buena. Pablo no era un universalista. Sostuvo que sus conversos gentiles fueran injertados en Israel, la "simiente de Abraham". Pero para Pablo, el "Israel de Dios" no estaba definido por la Torá de Moisés. Más bien era una nueva creación, basada en la fe en Jesucristo como el Mesías de Israel. Él no objetó la continua observancia de la Ley por parte de aquellos que nacieron judíos, pero socavó su significado en gran medida. La Ley sobrevivió, sin embargo, como la base indiscutible de la identidad judía en la tradición rabínica.

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Sunday, January 01, 2017

Antes del Islam: Cuando Arabia Saudita era un reino judío - Ariel David - Haaretz




En 2014, unos investigadores de una expedición franco-saudí que estudiaba unas inscripciones rupestres en el sur de Arabia Saudita anunciaron que habían descubierto lo que podría ser los más antiguos textos escritos en alfabeto árabe. Pero lo hicieron en voz muy baja, tal vez porque el contexto de los textos era algo así como una vergüenza para algunos.

Los decena de grabados habían sido tallados en una piedra arenisca de una montaña cercana a Bir Hima - un lugar a unos 100 kilómetros al norte de la ciudad de Najran, que durante milenios ha recibido miles de inscripciones por viajeros de paso y funcionarios -. Convenientemente, al menos dos de los primeros petroglifos árabes que se descubrieron citaban fechas de un antiguo calendario, y los expertos epigrafistas calcularon rápidamente que los datos más antiguos correspondían al año 469 o 470 d. C..

El descubrimiento fue sensacional: las primeras inscripciones antiguas descubiertas de esa etapa pre-islámica de la escritura árabe habían sido fechadas por lo menos medio siglo más tarde, y habían sido encontradas en Siria, lo que había sugerido que el alfabeto utilizado para escribir el Corán había sido desarrollado lejos del lugar de nacimiento del Islam y de su profeta.

Sin embargo, el anuncio del descubrimiento fue mitigado. Unos pocos medias franceses y árabes dieron un conciso resumen de la noticia, saludando el texto como el "eslabón perdido" entre los árabes y los alfabetos  utilizados anteriormente en la región, tales como el nabateo. La mayoría de los artículos fueron acompañados por fotografías de archivo de lugares arqueológicos u otras inscripciones antiguas: fue casi imposible encontrar una imagen de la inscripción o una referencia al contenido real del texto.

Thawban, el hijo de Malik, el cristiano

Sólo al profundizar en las 100 páginas del largo informe de esa temporada arqueológica publicado en diciembre por la Academia de las Inscripciones y Bellas Letras de Francia - que apoyó el estudio - fue posible comprobar el hallazgo y aprender más sobre él.

De acuerdo con el informe, el texto árabe garabateado en una gran piedra rectangular incluía simplemente un nombre, "Thawban (hijo de) Malik" seguido de una fecha. ¿Decepcionante? Bueno, estaba la cuestión de una gran cruz, sin lugar a dudas cristiana, que decoraba el principio de esta inscripción. La misma cruz aparece de forma sistemática en otras estelas similares que datan más o menos del mismo periodo.

Tras ese anuncio de un bajo perfil del hallazgo, casi se pueden sentir los sentimientos encontrados de los funcionarios sauditas enfrentándose a un importante descubrimiento de su patrimonio, el cual, sin embargo, parece conectar los orígenes del alfabeto utilizado para escribir su libro sagrado con un contexto cristiano, unos 150 años antes de la aparición del Islam.

Además esa consternación puede haber surgido cuando se dieron cuenta de que estos textos no sólo eran el legado de una antigua numerosa comunidad cristiana, sino que también están vinculados a la historia de un antiguo reino judío que una vez gobernó sobre gran parte de lo que hoy es Yemen y Arabia Saudita.

Judíos contra cristianos en el desierto

Mientras que el Corán y la tradición musulmana posterior no ocultan la presencia de comunidades judías y cristianas a través de la península en la época de Mahoma, el cuadro general que se pinta de la Arabia pre-islámica es uno de caos y anarquía. La región es descrita como dominada por la jahilliyah - la ignorancia - la ilegalidad, el analfabetismo y unos bárbaros cultos paganos.

Las décadas inmediatamente anteriores al comienzo del calendario islámico (marcados con una "hijra" de Mahoma - migración - de La Meca a Medina en el año 622 d. C.) se caracterizaron por un debilitamiento de las sociedades y los estados centralizados en Europa y Oriente Medio, en parte debido a una plaga pandémica y a una incesante guerra entre los imperios bizantino y persa.

La representación sombría de la Arabia pre-islámica era menos una descripción precisa, al parecer, que una metáfora literaria para enfatizar el poder unificador y esclarecedor del mensaje de Mahoma.

Un reexamen de las obras de cronistas musulmanes y cristianos en los últimos años, así como los descubrimientos en Arabia Saudita, están produciendo una imagen mucho más elaborada, lo que lleva a los estudiosos a volver a descubrir la rica y compleja historia de la región antes de la aparición del Islam.

Uno de los jugadores clave, pero a menudo olvidados, en la Arabia de esa época era el reino de Himyar.

Establecido alrededor del siglo II d. C, en el siglo IV se había convertido en una potencia regional. Con sede central en lo que hoy es Yemen, Himyar había conquistado a los estados vecinos, entre ellos el antiguo reino de Saba (cuya reina legendaria aparece ligada bíblicamente con Salomón).

En un reciente artículo titulado "¿Qué tipo de judaísmo en Arabia?", Christian Robin, un epigrafista e historiador francés que también lideró la expedición en Bir Hima, dice que la mayoría de los eruditos están de acuerdo en que en torno al 380 d. C., las élites del reino de Himyar estaban convertidas a alguna forma de judaísmo.

El reino de Himyar

Los gobernantes himyaritas pueden haber visto en el judaísmo una potencial fuerza unificadora para su nuevo imperio, culturalmente diverso, y una identidad que reunificara la resistencia contra el avance invasor de los reinos cristianos de Bizancio y Etiopía, así como del imperio de la Persia zoroástrica.

No está claro qué parte de la población se convirtió, pero lo que es seguro es que en la capital himyarita de Zafar (al sur de Saná), las referencias a dioses paganos desaparecen en gran parte de las inscripciones reales y  textos en  los edificios públicos, y son reemplazados por los escritos que se refieren a una sola deidad.

Utilizando sobre todo el idioma local sabeano (y en algunos raros casos en hebreo), este dios es descrito alternativamente como Rahmanan - el Clemente - el "Señor de los Cielos y la Tierra", el "Dios de Israel" y "Señor de los Judíos". Las oraciones invocan sus bendiciones para el "pueblo de Israel" y esas invocaciones a menudo terminan con un Shalom y Amén .

Durante el próximo siglo y medio, el reino himyarita expandió su influencia en la Arabia central, la zona del Golfo Pérsico y el Hiyaz (la región de La Meca y Medina), como lo atestiguan las inscripciones reales de sus reyes que se han encontrado no sólo en Bir Hima, al norte de Yemen, sino también cerca de lo que hoy es la capital saudí de Riad.

Thawban un mártir

Volviendo a los primeros textos árabes descubiertos en Bir Hima, el equipo francés-saudi toma nota de que el nombre de "Thawban, hijo de Malik" aparece en ocho inscripciones, junto con los nombres de otros cristianos en lo que probablemente fue una forma de conmemoración.

Según los cronistas cristianos, alrededor de 470 (la fecha de la inscripción de Thawban) los cristianos de la cercana ciudad de Najran sufrieron una ola de persecución por parte de los Himyaritas. Los expertos franceses sospechan que Thawban y sus compañeros cristianos pueden haber sido martirizados. La elección de una inscripción en árabe temprano para conmemorarlos habría sido, en sí mismo, un poderoso símbolo de desafío.

Este alfabeto preislámico también se denomina nabateo árabe, ya que evolucionó a partir de la grafía utilizada por los nabateos, la nación anteriormente poderosa que construyó Petra y dominó las rutas comerciales en el sur del Levante y el norte de Arabia, antes de ser anexionado por los romanos a principios del siglo II. Utilizado a las puertas del Yemen, este alfabeto permaneció en agudo contraste con las inscripciones dejadas por los gobernantes himyarita en su nativa de Saba.

"La adopción de una nueva escritura marcó un distanciamiento de Himyar y una conciliación con el resto de los árabes", escriben los investigadores franceses en su informe. "Las inscripciones de Hima revelan un fuerte movimiento de unificación cultural de los árabes, desde el Éufrates hasta Najran, que se manifestó por el uso de la misma escritura".

José, el rebelde

Las creciente presiones externas se hicieron sentir en última instancia en Himyar. En algún momento, alrededor del año 500 d. C., cayó ante los invasores cristianos del reino etíope de Aksum. En un último intento de independencia, en el 522 d.C., un líder judío himyarita, Yusuf As'ar Yath'ar, se rebeló contra el gobernante títere entronizado por el Negus y puso a la guarnición Aksumite trás de él. Luego sitió Najran, que se había negado a proporcionarle tropas, y masacró a parte de su población cristiana, un martirio que provocó indignación entre los enemigos de Yusuf y aceleró el castigo de Etiopía.

En el 2014, la expedición franco-saudí a Bir Hima descubrió un pasaje recordando el paso de Yusuf después de la matanza de Najran, y su marcha al norte con 12.000 hombres por el desierto de Arabia para reclamar el resto de su reino. Después de eso, perdemos su rastro, pero los cronistas cristianos registran que alrededor del 525 los etíopes se encontraron con el líder rebelde y lo derrotaron.

De acuerdo con diferentes tradiciones, el último rey judío de Arabia fue muerto en la batalla, o bien se suicidó con su caballo en el Mar Rojo.

Durante el próximo siglo, Himyar fue un reino cristiano que continuó dominando Arabia. A mediados del siglo VI, uno de sus gobernantes, Abraha, marchó hacia Bir Hima, dejando sobre las piedras una representación del elefante africano que condujo a su poderoso ejército. Una inscripción posterior, fechada en 552 y encontrada en Arabia central, registra los muchos lugares que conquistó, incluyendo Yazrib, el oasis del desierto que sólo 70 años más tarde sería conocido como Madinat al-Nabi (la Ciudad del Profeta), o simplemente Medina.

¿Eran "realmente" judíos?

Una gran pregunta que queda sobre los judíos de Himyar es qué tipo de judaísmo practicaban. ¿Observaban el día de reposo? ¿O las reglas de kashrut?

Algunos estudiosos, como el orientalista judío-francés del s. XIX Joseph Halevy, se negaron a creer que un rey judío podría perseguir y masacrar a sus súbditos cristianos, y desestimó que los himyaritas pertenecieran a una de las muchas sectas en la que el cristianismo se dividió en sus primeros días .

Robin, el epigrafista francés, escribió en su artículo que la religión oficial del Himyar puede ser descrito como "un judeo-monoteísmo",  "una variedad minimalista del judaísmo" que seguía algunos de los principios básicos de la religión.

El hecho es que las pocas inscripciones encontradas hasta ahora, junto con los escritos de cronistas posteriores, pueden haber sido parciales en contra de los himyaritas, no permitiendo que los estudiosos se formen una imagen clara de la espiritualidad del reino.

Pero hay otra manera de ver la cuestión.

Para los gobernantes cristianos y musulmanes, los judíos siguieron siendo una fuerte presencia en la Península Arábiga. Esto es evidente no sólo en los tratos de Mahoma (a menudo conflictivos) con ellos, sino también por la influencia que el judaísmo tuvo en los rituales y las prohibiciones de la nueva religión (oraciones diarias, la circuncisión, la pureza ritual, el peregrinaje, la caridad, la prohibición de imágenes y de comer carne de cerdo) .

En Yemen, en el corazón de los himyaritas, la comunidad judía sufrió siglos de persecución, hasta 1949-1950, cuando casi todos sus miembros restantes - alrededor de 50.000 - fueron transportados por aire a Israel en la Operación Alfombra Mágica. Y mientras mantienen algunos rituales y tradiciones únicas que los diferencian de los judíos ashquenazis y sefarditas, nadie duda de que son de hecho los últimos, pero auténticos descendientes, de los judíos del reino perdido de Himyar.

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Sunday, October 23, 2016

Una excavación revela el campo de batalla donde los romanos lograron violar el muro de Jerusalén hace 2.000 años - Jewish Press




Piedras con las que se bombardeo la torre de los guardias judíos

Una emocionante evidencia de la ruptura del tercer muro que rodeaba a Jerusalén al final del período del Segundo Templo fue descubierto el pasado invierno en el centro de la ciudad. El descubrimiento fue realizado por una excavación arqueológica de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) llevado a cabo en el lugar en que está programado construir el nuevo campus de la Academia Bezalel de Arte y Diseño. En el transcurso de la excavación, los arqueólogos descubrieron los restos de una torre que sobresalía del muro de la ciudad. Frente a la fachada occidental de la torre se encontraron decenas de ballestas y de piedras que los romanos habían disparado desde catapultas contra los guardias judíos estacionados en la parte superior de la torre.

Según los doctores Rina Avner y Kfir Arbib, los directores de excavación en nombre de la IAA, "este es un testimonio fascinante del intenso bombardeo llevado a cabo por el ejército romano dirigido por Tito, en su camino hacia la conquista de la ciudad y la destrucción del Segundo Templo. El bombardeo fue pensado para atacar a los centinelas que custodiaban el muro y dar cobertura a las fuerzas romanas para que pudieran acercarse al muro con arietes y con ello penetrar en las defensas de la ciudad".

El historiador Josefo, un testigo de la guerra, proporcionó muchos detalles acerca de este muro. Según él, fue diseñado para proteger al nuevo barrio de la ciudad que se había desarrollado fuera de sus límites, al norte de los otros dos muros de la ciudad ya existentes. Ese barrio fue llamado Beit Zeita. La construcción del tercer muro fue comenzada por el rey Agripa I, sin embargo suspendió su construcción a fin de no incurrir en la ira del emperador Claudio y así disipar cualquier duda en cuanto a su lealtad. La construcción del tercer muro se reanudó unas dos décadas después por los defensores de Jerusalén, como parte de la fortificación de la ciudad y como parte de los preparativos de los rebeldes judíos para la gran revuelta contra Roma.

Josefo describe en detalle el trazado del muro, que se iniciaba en la torre Hippicus, que ahora se identifica con la Ciudadela de David. Desde allí continuó por la pared norte hasta la enorme torre Psephinus, que defendía la esquina noroeste de la muralla de la ciudad. En ese momento, el muro giraba hacia el este y descendía hacia la tumba de la reina Helena, que se identifica con el lugar conocido como las tumbas de los reyes.

Parece que el nuevo descubrimiento ha resuelto un debate entre los investigadores que se remonta a principios del siglo XX, y es referente a la ubicación del tercer muro y a la cuestión de los límites de Jerusalén en vísperas del ataque romano dirigido por Tito. De acuerdo con esta excavación, ahora tenemos la prueba de la existencia del muro en esa zona.

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Un antiguo texto hebreo escrito en papiro del período del Segundo Templo - David Israel - Jewish Press



Un papiro única de hace 2.700 años de edad, que menciona la palabra hebrea "Yerushalma" (que muy posiblemente significa "a Jerusalén") se dará a conocer la próxima semana en una conferencia sobre Innovaciones en la Arqueología de Jerusalén y sus alrededores, en el Rabin Jewish Studies Building en el campus del Monte Scopus de la Universidad hebrea, informó Makor Rishon. Los investigadores dicen que el papiro pueden ser la evidencia más temprana en hebreo de la conexión entre la ciudad de Jerusalén y el período de los Reyes de Israel.

El papiro es un documento escrito en un papel fabricado con la médula de la planta del papiro, el papiro Cyperus. Dichos documentos fueron escritos en hojas de papiro, unido un lado con otro, y enrollado en un rollo, en la primera forma de un libro. En un clima seco, como el de Egipto o el desierto de Judea, las páginas de papiro son estables, ya que están hechas de una celulosa altamente resistente a la putrefacción, pero el almacenamiento en condiciones húmedas puede provocar la destrucción del material.

Hasta la fecha, el único otro hallazgo arqueológico que menciona a Jerusalén en hebreo son las tallas en la pared de una cueva en las ruinas de Beit Loya, cerca de Amatzia, en el sur de Judea (al oeste de la Línea Verde). La cueva, que ha sido denominada la "cueva de Jerusalén" fue excavada en 1970, y la escritura en la pared dice: "Toda la tierra y las montañas de Judea son de Él, el Dios de Yerushalaim". El profesor Shmuel Achituv, un estudioso de la historia del pueblo de Israel en el antiguo Oriente, descifró el texto y ahora también ha descifrado el papiro con la palabra "Yerushalma". Él dará una conferencia sobre su descubrimiento la próxima semana.

De acuerdo con Achituv, hasta la fecha el nombre de "Yerushalaim" se ha descubierto en hallazgos arqueológicos en otros idiomas distintos del hebreo, como en las cartas de El-Amarna escritas en cuneiforme, que fueron enviadas por los reyes de Canaán al faraón en el siglo XIV a. C.  También existe una documentación asiria del sitió de Jerusalén por el rey asiriop Senaquerib, durante el reinado de Ezequías, en el año 701 antes de Cristo.

El papiro hebreo descubierto recientemente en el desierto de Judea fue comprado a un anticuario. Fue examinado por los laboratorios de la Autoridad de Antigüedades de Israel, y fue fechado por carbono. Los resultados mostraron con certeza que el papiro se remonta al siglo VIII a. C., cerca del final del reino de Judea, un poco antes de la destrucción del primer templo.

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Friday, September 06, 2013

Fariseos, buena gente pero con muy mala prensa - Roland Deines - BAR



Casi todo el mundo parece saber lo suficiente acerca de los fariseos para etiquetar el comportamiento de otra persona como "fariseo", pero nadie dice ser un fariseo por si mismo. Así los fariseos son, casi siempre, los "malos", unos hipócritas cuya apariencia exterior no coincide con su verdadera naturaleza interior. Si usted pide un "Pharisäer" en una tienda de café en el norte de Alemania, recibirá un café negro bastante fuerte cubierto con crema batida y una gran cantidad de azúcar. No hay nada especial a primera vista. Pero después del primer sorbo usted sabrá por que se le llama "Pharisäer": Oculto bajo la crema encontrará mezclado con el café una generosa ración de ron muy fuerte. La leyenda cuenta que esta receta se creó por arte de magia en la pequeña isla de Nordstrand, en el norte de Frisia, para ocultar el consumo de alcohol en las bodas al que el pastor local que se oponía firmemente. En una ocasión se le ofreció la taza de café y al detectar el encubrimiento, comento simplemente: "!Ah vosotros, fariseos!".

La acusación mas conocida contra los fariseos en el Nuevo Testamento es que les dicen a los demás lo que deben hacer, “pero ellos mismos no están dispuestos a mover un dedo para seguir su ejemplo" (Mateo 23:3-4). Su practica religiosa era considerada como un mero espectáculo para aquellos que admiraban su piedad y les llamaban "maestros" o "rabinos" (Mateo 23:5-7). La parábola del publicano y el fariseo que oraba en el Templo (Lucas 18:9-14) es la descripción icónica de la superioridad moral de los fariseos. Se ven como el café, huelen a café, pero son ron. Los fariseos parecen que hacen la voluntad de Dios, que enseñan como hacer la voluntad de Dios, pero al final todo tiene que ver con otra cosa: ellos mismos.

Esta sigue siendo la percepción popular de los fariseos. Sin duda algunos textos del Nuevo Testamento, entre las que destaca Mateo 23, son los responsables de esta duradera y negativa imagen de los fariseos. Para empeorar las cosas, son vistos a menudo como el "típico judío" en la historia de la iglesia. Cada vez que le pido a los estudiantes lo que inicialmente se asocia con los fariseos, es inevitable que surja el término "hipócritas". Pero los autores del Nuevo Testamento no son los únicos a quien poder culpar: Josephus ocasionalmente también describe a los fariseos en términos muy negativos. Incluso unas pocas tradiciones rabínicas  presentan a los perushim - a menudo entendido como una referencia a los fariseos anteriores al 70 d. C. - con relación con la hipocresía. .¿Cómo es posible entonces que los fariseos sean descritos como el partido del pueblo en el Nuevo Testamento, así como en Josefo? ¿Por qué la gente seguía su ejemplo si no eran nada más que unos hipócritas, ansiosos por cargar a otros con los pesados fardos (legales) halájicos?

El principal problema es que eruditos y laicos por igual han ignorado con demasiada frecuencia el hecho de que los textos polémicos no pueden ser tomados en serio como información histórica fidedigna sobre aquellos objetos de la crítica. Se confunden la postura polémica del Nuevo Testamento contra los fariseos con una descripción objetiva de esos mismos fariseos, y esto es de lo más evidente hoy en día como lo fue durante la historia de la iglesia. Sin duda, las polémicas pueden servir como fuente de conocimiento histórico, y las polémicas solo funcionan cuando contienen algo de verdad. Pero también es cierto que la polémica tiene un propósito y muy a menudo apunta a un conflicto más profundamente arraigado en otro tipo de esfera. Esto resulta evidente en el Evangelio de Mateo. Allí se acusa a los fariseos de todo tipo de cosas, pero lo que subyace de estas acusaciones es el enorme grado de influencia de los fariseos sobre el pueblo judío (en la terminología de Mateo, "las multitudes"). A los ojos de Mateo, los fariseos fueron los principales responsables del fracaso de la misión de Jesús entre los suyos.

Esto nos lleva de vuelta a la cuestión de por qué los "hipócritas" fariseos tuvieron tanta influencia en primer lugar. La respuesta que propongo es que verdaderamente se preocupaban por la gente. Tenían una visión del sentido y misión del pueblo y ayudaron activamente al pueblo de Israel a cumplir con lo que ellos pensaban que Dios esperaba de su pueblo elegido. Esto puede establecerse a partir de una de las acusaciones presentadas y llevadas adelante por Mateo 23:25-26, según la cual los fariseos se preocupaban de que “el exterior del recipiente estuviera limpio, mientras que el interior podía estar lleno de actos inmorales” (véase también Lucas 11:39-41, Marcos 7:04 b, Evangelio de Tomas 89:1). Esta breve frase es bastante inconsistente, aunque funciona como argumento polémico pero no como historia social. La primera parte parece hacer alusión a una decisión halájica conocida por la literatura rabínica sobre la diferenciación entre el interior y el exterior con respecto a la pureza de las vasijas de cerámica. La segunda parte del versículo no sigue la regla halájica, sino que se burla de ella: Los fariseos declaran el exterior limpio, pero no tienen nada que decir acerca de la impureza moral en el interior (ahora ya no se trata del recipiente de cerámica, sino de la persona). Es una inversión de la pureza halájica a la impureza moral.

Dejando de lado la polémica, podemos aprender algo de este versículo halájico y sobre la toma de decisiones. Lo que podría parecer un ejemplo mas de un elemento legalista fariseo que se carga sobe el pueblo que escucha sus enseñanzas, se trata de hecho un alivio halájico que vuelve mas practico cumplir con el requisito descrito en Levítico 11:33: "Y si alguna de [las criaturas que pululan] cae en tu cuenco o cualquier vasija de barro, todo lo que hay en ella sera inmundo, y quebrarás la vasija" (véase también, m. Kelim 1.1). El verbo griego καθαρίζετε ( katharízete) en Mateo 23:25 es a menudo erróneamente traducido como "se limpian", cuando realmente diría ellos "declaran limpio", como se señalamos anteriormente. Y los fariseos (y los escribas) divulgando su magisterio se convierten en el blanco de las acusaciones. La norma bíblica es que cualquier vasija o cuenco de arcilla debe ser destruido cuando se convierte en impuro. Como ciertas impurezas ocurren regularmente (especialmente si se aceptaba que la  mayoría de las mujeres hicieran la cocina y manejara todos los artefactos de la cocina), la obediencia a la ley de Dios podría convertirse rápidamente en algo costoso. Esto podría conducir a un verdadero dilema: o bien uno se podía permitir el lujo de comprar los suficientes recipientes de cerámica para permanecer obediente (o tenía sirvientes para hacer las tareas de casa donde se entraba en contacto con la impureza) o bien se abstenía de mantener estos mandamientos con el fin de hacer más llevaderas las  cosas necesarias para la vida diaria.

Aquí es donde los fariseos aparecieron con su ideal de que todo Israel pudiera ser santo, y no solo los sacerdotes y el templo. Dado que la pureza era un requisito previo para la santidad, era vital que la pureza fuer practicada lo más posible por la mayoría de integrantes del pueblo de Israel. Por lo tanto, los fariseos declararon que el exterior era limpio: se podía tocar el recipiente (vasija, cuenco…) y manejarlo desde el exterior, incluso en un estado de impureza. La regla bíblica acerca de la contaminación solo se aplicaba si la impureza se encontraba en el interior del recipiente, algo que se podía evitar mucho más fácilmente. Los fariseos eran el único grupo judío conocido (al menos hasta que esta idea llegó tal vez a manos de los seguidores de Jesús) que estaba dispuesto a un "compromiso" con la ley bíblica de tal manera que fuera lo más accesible posible para el mayor numero posible de personas. Así aceptaron que agricultores, artesanos y comerciantes necesitaban poder seguir con su rutina diaria, incluso si pudiera ser impura. Es por esto que los extremistas qumranitas tachaban a los fariseos de "buscadores de las cosas suaves" (dorshe ha-halaqot) en lugar de ”buscadores de la ley” (dorshe ha-halakhot ). Los fariseos por lo tanto promovieron una observancia de la ley más fácil y sencilla para que más personas del pueblo judío pudieran alcanzar la santidad. Creo que esto fue lo que volvió a los fariseos tan populares. Lo que buscaban conseguir con su interpretación más benévola de la ley era la santificación y la santidad de toda la nación.

Hasta ahora, este argumento se basaba únicamente en la interpretación textual. Pero también hay un aspecto arqueológico en él. Yonatan Adler discutió recientemente sobre él en el "Interface of Archaeology and Texts” en BAR. Cogió las vasijas de piedra judías utilizadas en la tierra de Israel (y solo allí) desde la época de Herodes hasta Bar Kojba (y solo durante este tiempo) como un ejemplo clave de cómo los textos pueden proporcionar una comprensión mas precisa de los hallazgos arqueológicos hallados en dicha época. La arqueología solamente puede describir la repentina aparición de vasijas de piedra en el s. I  a. C. (con la propagación casi paralela de baños rituales judíos, sinagogas y otros cambios en la cultura material). Textos como el de Juan 2:06 y las discusiones rabínicas nos ayudan a entender estos hallazgos con relación a la pureza ritual judía. ¿Qué hizo que el pueblo judío de repente cambiara su actitud hacia la pureza? La evidencia textual disponible menciona a los fariseos como un nuevo grupo que gana una amplia influencia en esos momentos y que, junto con los escribas, enseñaba al pueblo de Israel a vivir una vida que agradara a Dios. Ellos estaban preocupados por todos esos recipientes como vasijas, ollas, sartenes y el diezmo de hierbas de cocina (ver Mateo 23:23), y no en volver la vida diaria conforme con la Torah más difícil, al contrario, hacerla más accesible.

Ellos siguieron una praxis halájico que permitió a todo Israel participar en la obediencia a la ley para beneficio de todos. Esta es la razón de porque las vasijas de piedra llegaron a ser tan importantes en un corto periodo de tiempo. Los fariseos alentaron su uso, y a la gente les gustó lo que tenían que decir y las soluciones propuestas. En aquellos días, los fariseos eran los "buenos chicos".


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Monday, August 05, 2013

Cuando la lingua franca era el hebreo - Efran Shoham-Steiner - Haaretz


La inscripción descubierta en Colonia

En la introducción a su léxico "He'arukh Mahberet", el rabino Salomón ben Abraham ibn Parhon, un erudito del siglo XII del norte de África que había emigrado a Italia, pedía perdón a sus lectores por su hebreo poco ágil y torpe. Él lo atribuía a la diferencia existente entre el conocimiento del hebreo entre los países islámicos y los países cristianos: "Y voy a apelar al lector para que si encuentra algún error o algún olvido, o una expresión que no sea acertada, me juzgue favorablemente. Porque los que viven por aquí no han estado tan acostumbrados a hablar la lengua sagrada, ya que todos los lugares de la Tierra de Ismael [las tierras del Islam] comparten el mismo idioma, y todos los visitantes que acuden allí están familiarizados con su lengua, por lo que no tienen la necesidad de usar la lengua sagrada o acostumbrarse a ella”.

"Mientras tanto, cada una de las tierras de los edomitas [los cristianos] tiene una lengua propia y diferente, y cuando los visitantes las visitas no entienden lo que dicen, y entonces tienen la necesidad de hablar con ellos en la lengua sagrada, y por lo tanto están más acostumbrados a emplearla".

En un artículo publicado por el difunto profesor Y.M.Ta-Shemá, un estudioso de la halajá (ley judía tradicional) en la Edad Media, en el periódico Leshonenu (Nuestro idioma), Ibn Parhon es descrito utilizando una especie de "lingua franca Judaeorum”, una especie de lenguaje uniforme para los judíos, es decir, el hebreo, junto a otras lenguas.

De hecho, los judíos en el noroeste de Europa hablaban varios idiomas a la vez, incluyendo el antigua yiddish; un dialecto del francés antiguo que se hablaba en el norte de Francia y de Inglaterra y era conocido como la'az (literalmente, “lengua extranjera") en los comentarios de Rashi, el gran erudito del siglo XI; el judeo-provenzal hablado en el sur de Francia, y un antiguo dialecto italiano hablado por los judíos de la península de los Apeninos.

La declaración del rabino Shlomo, quien durante sus viajes conoció a muchos judíos de todos los países,  islámicos y cristianos, es una prueba importante de la importancia de la lengua dentro de la esfera pública judía hace 900 años. En los países islámicos, la vida pública judía se llevaba a cabo en árabe, y los rabinos y las autoridades halájicas escribieron sus obras sobre la Torah, la filosofía y otras materias en ese idioma. En los países cristianos, por el contrario, la vida pública judía también se llevaba a cabo en hebreo, la "lengua internacional" de los judíos de la Europa cristiana, así como en otros idiomas.

El "Sefer Hasidim", un compendio pietista comúnmente atribuido al rabino Yehuda ben Shmuel Hasid (el piadoso) de Regensburg, Alemania, fechado a finales del siglo XII y principios del XIII, nos proporciona un relato de la vida diaria religiosa de los judíos alemanes medievales conocidos como Hasidim e incluye una historia muy ilustrativa ilustrativo que refuerza el testimonio del rabino Shlomo. La historia, como es típico de esos relatos que fueron diseñados para transmitir un mensaje educativo, es fictício, pero contiene detalles realistas por lo que no parece demasiado inverosímil y así no cae en oídos sordos.

La historia describe a un hombre, un estudioso de la Torah, que se encontraba cautivo en un "país lejano" y mantenía su identidad judía en secreto, haciéndose pasar por tonto. Un día, un grupo de judíos que acompañaban a un noble cristiano pasó por el lugar donde se encontraba recluido. El prisionero los identificó al oírles hablando la lengua sagrada, el hebreo, entre ellos. Atrajo su atención, y al final ese grupo fue capaz de rescatar el "tonto".

Lo que es importante para nuestros propósitos es su testimonio, al dar por sentado que los visitantes hablaban en hebreo entre ellos y con el cautivo.

La evidencia adicional del uso del hebreo en los países cristianos se puede encontrar en un hallazgo reciente (diciembre de 2011), en una excavación en curso en el corazón de la antigua ciudad de Colonia, Alemania. En la Edad Media, Colonia fue uno de los centros más importantes de los judíos ashkenazis, un cruce de rutas comerciales ubicado entre Alemania, los Países Bajos y Francia e Inglaterra. Por lo tanto, en la ciudad, y en particular en su barrio judío, existía un animado tráfico de visitantes judíos de las tres, si no de las cuatro regiones, adyacentes.

En los últimos años, la municipalidad local y el Estado de Renania del Norte-Westfalia han estado realizando excavaciones en el barrio judío medieval situado en el corazón de Colonia Alstadt (ciudad vieja). Los arqueólogos, dirigidos por el Dr. Sven Schutte, han descubierto una gran cantidad de nuevos hallazgos fascinantes debajo de la sinagoga - que fue destruida en los disturbios de agosto de 1349, y en donde se han hallado varios estratos que se pueden fechar en períodos previos - y entre los restos de un edificio público que se encontraba precisamente en el sitio de la sinagoga en el siglo IX. Estos pueden ser los vestigios de la primera sinagoga conocida al norte de los Alpes, la cual se remontaría a incluso antes de la llegada de la comunidad judía ashkenazí, conformada por judíos franceses y del norte de Italia que se asentaron en los centros urbanos de la región media del Rin como Maguncia, Worms y Speyer a principios de siglo X.

Un resultado igual de impresionante fue descubierto fuera de la sinagoga, cerca de la casa de la acaudalada familia Lyverman - de mediados del siglo XIII hasta mediados del siglo XIV -, la cual estaba situada de manera adyacente a la sinagoga (Los arqueólogos pudieron atribuir la casa a esta familia gracias a los meticulosos registros conservados en la parroquia de San Lorenzo, donde se enumeraban los bienes de los judíos y su ubicación desde el siglo XII. Este libro fue transferido finalmente al archivo municipal de Colonia, donde ha sobrevivido hasta nuestros días).

Por encima de la ventana sellada de la planta baja de la estructura, los arqueólogos encontraron una inscripción monumental en hebreo que decía literalmente lo siguiente: "Esta es la ventana por la que se retiran los excrementos". Esta sorprendente inscripción fue diseñada aparentemente para asegurarse de que los excrementos del pozo negro situado debajo de la sinagoga se vaciaran correctamente. Para evitar el vaciado de la cisterna a través de una abertura en el perímetro de la sinagoga que formara parte del recinto, un túnel fue excavado en la parcela de tierra adyacente. La parcela se construyó finalmente sobre ella, y la señal en hebreo fue colocada por encima de la ventana para que sirviera como salida del túnel.

En la ciudad medieval, las basuras domésticas y los residuos se vaciaban en pozos negros que eran cavados detrás de las casas, o en los canales donde el agua que fluía lavaba la suciedad. La ubicación de estos pozos y la responsabilidad de mantenerlos y vaciarlos eran a menudo una fuente de conflictos entre los vecinos, estando documentados por ejemplo en discusiones halájicas entre otras fuentes. El mantenimiento de la santidad del recinto de la sinagoga es también muy conocido en los debates talmúdicos. De hecho, el Talmud prohíbe recitar la Shemá o la oración en presencia de excrementos expuestos y de zonas sucias, por lo que nos enteramos a fortiori que dichos residuos no se puede vaciar a través del recinto de la sinagoga.

Lo que es más sorprendente e interesante del nuevo hallazgo de Colonia es el descubrimiento de una inscripción en hebreo que se utilizaba para un propósito mundano, unir o conectar tres ámbitos diferentes: el espacio público judío (la calle adyacente a la sinagoga), el espacio sagrado (la sinagoga y su patio) y el espacio privado (la casa de la familia Lyverman). El hecho de que tal inscripción fuera grabada en piedra nos informa que quien se encargaba de vaciar los residuos del pozo negro (ya sea directamente o mediante la supervisión de otros) era capaz de descifrar sus palabras y entender lo que estaba escrito, o bien que fue grabado allí por los responsables del espacio sagrado para sus propios fines. Es dudoso que tal inscripción se hubiera grabado y situado en dicho lugar si no hubiera sido comprendida.

No hay nada nuevo más acerca de la existencia de inscripciones en hebreo en la Europa de los siglos XII y XIII. Los cementerios judíos medievales están llenos de lápidas con antiguas inscripciones en la lengua sagrada. En el cementerio de Worms, en la zona media del Rin, por ejemplo, existe una tumba que data del siglo XI.

Con respecto a este tema, tres gruesos volúmenes fueron publicados recientemente editados por el profesor Simon Schwarzfuchs de la Universidad de Bar-Ilan, el Dr. Avraham Reiner de la Universidad Ben Gurión del Neguev, y el profesor Carl-Heinz Mueller de la Universidad de Wurzberg .

Ellos contienen los registros de los resultados de la investigación llevada a largo plazo sobre alrededor de 1.500 lápidas hebreas y fragmentos de lápidas del cementerio judío de Wurzberg, que fue utilizado por la comunidad durante cerca de 200 años, desde 1147 hasta su destrucción durante los pogromos de la Peste Negra a mediados del siglo XIV.

Las tumbas fueron descubiertas en 1987 entre las paredes y el sótano de un edificio medieval de la ciudad, que fueron construidas con piedras reutilizadas del cementerio judío. Estas lápidas, así como las inscripciones de Colonia, atestiguan el hecho de que por lo menos hasta el siglo XIII, los judíos de la Europa al norte de los Alpes utilizaban el hebreo no sólo como  lengua de oración, sino muy posiblemente como lengua de ámbito público.

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Tuesday, April 23, 2013

Los pocos elegidos: una nueva explicación del éxito judío - Maristella Botticini y Zvi Eckstein - PBS


Imaginen una conversación en una cena en un restaurante de Nueva York,  Milán o Tel Aviv en el que tres personas - un israelí, un estadounidense y un europeo – se preguntan los unos a los otros: "¿Por qué hay tantos habitantes urbanos judíos en lugar de agricultores? ¿Por qué los judíos que se dedican principalmente al comercio, las actividades empresariales, las finanzas, el derecho, la medicina y la erudición textual, y por qué el pueblo judío ha experimentado una de las diásporas más largas y dispersas de la historia, junto con un declive demográfico acrecentado?"

Muy probablemente, las respuestas estándar que se propondrían irían en este sentido: "Los judíos no fueron agricultores porque sus ancestros tenían prohibido poseer tierras en la Edad Media". "Muchos de ellos se convirtieron en prestamistas, banqueros y financieros porque los cristianos de la época medieval tenían prohibido prestar dinero a interés, por lo que los judíos cubrieron ese papel". "La población judía dispersa por todo el mundo se redujo en gran número como resultado de masacres sin fin".

Imagínese ahora que dos economistas sentados en una mesa cercana, después de escuchar esta conversación, les dicen a esas tres personas que están teniendo ese animado debate: "¿Están seguros de que sus explicaciones son correctas Ustedes deberían leer un nuevo libro, el nuestro, 'Los pocos elegidos: Cómo la educación conformó la historia judía 70-1492', y ustedes aprenderán que cuando se mira a través de los quince siglos que van desde el 70 d. C., hasta el 1492, esas respuestas tantas veces esbozadas que están sugiriendo parecen estar en contradicción con los hechos históricos, y cómo este libro les ofrece una nueva explicación de por qué los judíos son hoy en día el pueblo que con una población relativamente pequeña su individuos tienen unos resultados económicos e intelectuales prominentes".

Suponga usted que es una de esas tres personas de la conversación y se pregunta por qué debería seguir el consejo de los dos economistas. Hay muchos libros que han estudiado la historia del pueblo judío y que han abordado estas cuestiones fascinantes. ¿Qué hay de realmente especial en éste?

Para entender el espíritu del libro se deben pedir dos herramientas: una lupa y un telescopio. Con la lupa, el lector será como un historiador que se centra en un lugar y en un período de tiempo cuidadosamente registrado a través de las fuentes, y documentar cuidadosamente la trayectoria histórica de los judíos que vivían allí. Sin duda existe un millar de eruditos que les ofrecerán una descripción detallada de la historia de los judíos en cientos de lugares a lo largo de la historia.

Pero con el telescopio, el lector, como un economista, reunirá y comparará cuidadosamente la información ofrecida por las obras de los historiadores, creando un panorama completo de la historia económica y demográfica de la población judía durante más de quince siglos, y luego utiliza la poderosas herramientas del razonamiento y la lógica económica para abordar una de las cuestiones más fundamentales de la historia judía: ¿Por qué los judíos, una población relativamente pequeña, se especializó en las ocupaciones más cualificadas y económicamente rentables?

De este modo, la "alianza" de los historiadores y los economistas ofrecerá una forma completamente novedosa de interpretación de la trayectoria histórica de los judíos del período que abarca 70-1492. A su vez, esto puede ayudar a entender algunas características de la historia del pueblo judío desde el 1500 hasta la actualidad, incluyendo el buen desarrollo de la economía israelí a pesar de la reciente crisis económica.

El viaje que nos propone "Los pocos elegidos" comienza en Jerusalén, después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70, continúa en la Galilea durante los siglos I y II, se traslada a Babilonia en Mesopotamia durante los siglos IV y V, y luego a Bagdad, en la segunda mitad del primer milenio, cuando el imperio abasí musulmán alcanza su ápice económico e intelectual.

Al comienzo del nuevo milenio, el viaje histórico alcanza Cairo, Constantinopla y Córdoba, y poco después el conjunto de Europa occidental y meridional, entonces se vuelve a Bagdad en los años 1250 durante la conquista mongol del Oriente Medio, antes de terminar en Sevilla en 1492.

Durante estos quince siglos, una profunda transformación del judaísmo asociada al encuentro de los judíos con tres actores históricos significativos: Roma, el Islam y la conquista mongol, lo cual dio forma a la historia económica y demográfica del pueblo judío de una manera única y de larga duración hasta llegar a la actualidad.

Primero vamos a empezar describiendo la profunda transformación del judaísmo a principios del primer milenio, que ha sido ampliamente documentada por los trabajos académicos. En los siglos anteriores al 70 d. C., el núcleo del judaísmo se centraba en torno a dos pilares: el Templo de Jerusalén, en el que los sacrificios se realizaban por la pequeña élite de los sumos sacerdotes, y la lectura y el estudio de la Torah escrita, que también se limitó a una pequeña elite de rabinos y académicos. (Fue el poder de esta élite la que ese judío llamado Yeshua ben Josef, posteriormente conocido como Jesucristo, tantas veces denunció) [N.P.: esta es una presunción de los autores, sobre todo si lo aplicamos a los fariseos, su medio ambiente intelectual].

La destrucción del Templo en el año 70 d. C., al final de la primera guerra judeo-romana, fue el primero de los tres eventos externos que dieron forma permanente A la historia del pueblo judío. Momentáneamente, canceló uno de los dos pilares del judaísmo, cambiando los líderes religiosos de la comunidad judía de los sumos sacerdotes de Jerusalén a una comunidad mucho más ampliamente dispersa de rabinos y académicos. De este modo se transformó el judaísmo para ser una religión cuya norma principal exigía a cada hombre judío leer y estudiar la Torah hebrea por si mismo, y algo aún más radical, enviar a sus hijos desde la edad de seis o siete años a la sinagoga o una especie de escuela primaria para aprender a hacer lo mismo.

En un mundo el de principios del primer milenio donde el analfabetismo era universal, se trataba de una transformación absolutamente revolucionaria. En esos momentos, ninguna otra religión tenía una norma o requisito similar para la afiliación de sus seguidores, y ningún Estado o imperio tenía leyes que impusieran la enseñanza obligatoria o la alfabetización universal para sus ciudadanos. Las consecuencias inesperadas de este cambio en las norma religiosas del judaísmo se desarrollarían en los siglos posteriores.

Para entender lo que pasó con el pueblo judío en los ocho siglos que transcurren después del 70 d. C., "Los pocos elegidos" pide al lector que viaje en el tiempo hacia un pueblo de la Galilea hacia el año 200 d. C. ¿Qué vería el lector?

Verían agricultores judíos, algunos ricos, algunos pobres que tienen que decidir si enviar a sus hijos a la escuela primaria ya que sus rabinos les dicen que lo hagan. Algunos de estos agricultores están muy apegados al judaísmo y dispuestos a obedecer las normas de su religión, otros no son muy devotos y consideran si deben o no convertirse a otra religión. En esta economía rural, la educación de los niños tal como el judaísmo requería suponía un costo, pero no traía beneficios económicos directos porque la alfabetización no hacía que un agricultor fuera más productivo o rico.

Ante esta situación, ¿qué podría predecir la lógica económica, qué sería lo más probable que pudiera sucederle al judaísmo y al pueblo judío? Dada una alta preferencia por la afiliación religiosa, algunos judíos educarán a sus hijos y mantendrán su apego a su religión. Otros judíos, sin embargo, optarán por su bienestar material y no educarán a sus hijos. Además, una parte de este último grupo es probable que se convirtiera a otras religiones con requisitos menos exigentes. Y así, con el tiempo, incluso ausentes las guerras u otros shocks demográficos, el tamaño de la población judía se reduciría debido a este proceso de conversión

¿Pero están las predicciones de la teoría económica en consonancia con lo que realmente sucedió a los judíos durante el primer milenio? La evidencia histórica que sugiere el libro dice que sí. La aplicación de esta nueva norma religiosa dentro del judaísmo en la época talmúdica (siglos tercero a sexto) determinó dos patrones principales que se alargan del año 70 d. C. hasta principios del siglo séptimo de nuestra era.

La primera de estas tendencias fue el crecimiento y la difusión de la alfabetización entre la población judía que por entonces era predominantemente rural. La segunda tendencia fue un proceso lento pero significativo de conversiones dentro del pueblo judío (sobre todo hacia el cristianismo), que causó una caída significativa de la población judía - de 5 a 5 millones y medio de personas hacia el año 65 d. C. a alrededor de 1,2 millones de personas alrededor del año 650 de nuestra era. Por supuesto, las diversas masacres y epidemias relacionadas con las guerras contribuyeron a esta drástica caída, pero no pueden por sí solas explicarla.

A principios del siglo séptimo, los judíos experimentaron su segundo gran encuentro histórico, esta vez con el Islam. En los dos siglos después de la muerte de Mahoma, en 632, los omeyas musulmanes y, más tarde los califas abasíes, establecieron un vasto imperio que se extendía desde la península Ibérica hasta la India y China, con una lengua (árabe), religión (Islam) y leyes e instituciones comunes. Concomitante con el ascenso de este imperio, la productividad agrícola creció, nuevas industrias se desarrollaron, el comercio se amplió en gran medida, y de desarrollaron nuevos pueblos y ciudades. Estos cambios aumentaron considerablemente la demanda de trabajadores calificados e instruidos en ese imperio urbano de reciente creación.

¿Cómo afectó esto a los judíos del mundo? Entre el 750 y el 900, casi todos los judíos en Mesopotamia y Persia - casi el 75% de los 1,2 millones de judíos del mundo – abandonaron la agricultura y se trasladaron a las ciudades y pueblos del imperio abasí de reciente creación, dedicándose a innumerables ocupaciones cualificadas que les proporcionaban unos ingresos más altos que a los agricultores. La agricultura, la ocupación típica de los judíos en los días de Flavio Josefo en el primer siglo de nuestra era, ya no era su ocupación principal siete u ocho siglos después. Esta transición laboral se produjo en un momento en el que no había restricciones legales a la propiedad judía de la tierra. Los judíos podían ser propietarios de la tierra en muchos lugares del vasto imperio musulmán abasí. Y, sin embargo, los judíos se alejaron de la agricultura. Esto fue de una importancia vital.

Las explicaciones modernas sobre por qué los judíos se convirtieron en una población de artesanos, comerciantes, tenderos, financieros, académicos y médicos se han basado en supuestas restricciones económicas o legales. Pero éstas no pasan la prueba de la evidencia histórica.

Este es uno de nuestros principales y novedosos mensajes: la alfabetización judía masiva fue clave. Permitió a los judíos – les incentivó - abandonar la agricultura como actividad principal y les permitió migrar a las zonas más rentables de Yemen, Siria, Egipto y el Magreb.

La ola de migraciones de los judíos en busca de oportunidades de negocio también llegó a la Europa cristiana. Las migraciones de los judíos dentro de las tierras del Imperio Bizantino, que incluían al sur de Italia, podrían haber sentado las bases, a través de Italia, de gran parte de la judería europea. Del mismo modo, judíos de Egipto y del Magreb se establecieron en la Península Ibérica, y más tarde, en Sicilia y en otras partes del sur de Italia.

El mensaje principal de "Los pocos elegidos" es que la alfabetización del pueblo judío, junto con su asociación a unas instituciones contractuales desarrolladas durante los cinco siglos posteriores a la destrucción del Segundo Templo, dieron a los judíos una ventaja comparativa en ocupaciones tales como la artesanía, el comercio y el préstamo de dinero, ocupaciones que se beneficiaron de la alfabetización, de los mecanismos contractuales que daban seguridad a las relaciones comerciales y la creación de unas redes comerciales que proporcionaban un elevado rendimiento.

Una vez que los judíos se dedicaron a estas ocupaciones, ya no existía la suficiente presión económica que les vehiculara hacia la conversión (para disfrutar de parecidos beneficios), lo cual es consistente con el hecho de que la población judía, que se había reducido tan drásticamente en los primeros tiempos, creciera ligeramente desde el siglo VII hasta el XII.

Por otra parte, esta ventaja comparativa fomentó la diáspora voluntaria de los judíos durante la Alta Edad Media en busca de oportunidades en todo el mundo dentro del ámbito de la artesanía, el comercio, el préstamo de dinero, la banca, las finanzas y la medicina.

Esto a su vez podría explicar por qué los judíos, en este momento de la historia, llegaron a ser tan exitosos en ocupaciones relacionadas con el crédito y los mercados financieros. Ya durante los siglos XII y XIII, el préstamo de dinero fue la ocupación por excelencia de los judíos en Inglaterra, Francia y Alemania, y una de las principales profesiones de los judíos en la Península Ibérica, Italia y otros lugares de Europa occidental.

Una opinión popular sostiene que tanto su exclusión de los gremios artesanales y mercantiles, como la prohibición de la práctica de la usura por musulmanes y cristianos, dio lugar a que los judíos cubrieran esas vacantes en el negocio del préstamo de dinero durante la Edad Media. Pero muestra nuestro estudio, con pruebas que han llegado a lo largo de más de una década de investigación, nos dice que ese argumento es simplemente insostenible.

En cambio, nos hemos visto obligados a ofrecer una explicación alternativa y novedosa, de acuerdo con el registro histórico: los judíos en la Europa medieval ingresaron voluntariamente en ese negocio, especializándose posteriormente en el préstamo de dinero y en la banca, porque ya poseían los activos clave para ser unos jugadores de éxito en los mercados de crédito:
- un capital ya acumulado como artesanos y comerciantes.
- capacidades de red, ya que vivían en muchos lugares y podían comunicarse fácilmente y alertar a otros judíos en lo referente a la mejor compra y venta de oportunidades.
- su alfabetización, su dominio de la contabilidad y la tenencia de instituciones contractuales - todo ello un regalo que su religión les otorgó - les dio una ventaja sobre sus competidores.
Con estos activos, no es de extrañar que un número significativo de judíos se especializara en la ocupación más rentable, una que dependía de la alfabetización y de su habilidad para la aritmética y la contabilidad: las finanzas. En este sector han trabajado durante muchos siglos. Cuando se especializaron, al igual que Adam Smith hubiera predicho, perfeccionaron su oficio, dándoles una ventaja competitiva hasta el presente.

Pero ¿y si la economía y la sociedad en la que los judíos vivían de repente dejaba de ser urbana y de orientación comercial, volviéndose agraria y rural, regresando al entorno en el que el judaísmo había existido siglos antes?

El tercer encuentro histórico de los judíos, la conquista mongol del Oriente Medio, les ofreció la posibilidad de responder a esta pregunta. La invasión de los mongoles de Persia y Mesopotamia se inició en el 1219 y culminó con la destrucción de Bagdad en 1258. Dicha conquista contribuyó a la desaparición de la economía urbana y comercial del imperio abasí, haciendo regresar a las economías de Mesopotamia y Persia a una nueva fase agraria y pastoril durante un largo período de tiempo.

Como consecuencia de ello, una cierta proporción de judíos persas y mesopotámicos, y posteriormente egipcios y sirios, abandonó el judaísmo. Sus normas religiosas, especialmente la que requería que los padres fomentaran la educación de sus hijos, se había vuelto a convertir en un sacrificio religioso demasiado costoso ante esa regresión económica. Y fue por ello por lo que un cierto número de judíos se convirtió al Islam.

Una vez más, las persecuciones, masacres, y las plagas (por ejemplo, la Peste Negra de 1348) también se tomaron su peaje entre la población judía de estas regiones y de la Europa occidental. Pero las conversiones voluntarias de judíos en el Oriente Medio y África del Norte, según nuestra opinión, ayudan a explicar mejor por qué la población judía mundial llegó a su nivel más bajo a finales del siglo XV.

En suma, el mismo mecanismo que explica la disminución de la población judía en los seis siglos posteriores a la destrucción del Segundo Templo, explica la disminución de las comunidades judías de Oriente Medio en los dos siglos que siguieron a la conmoción mongol.

Nada de esto fue planeado. Los rabinos y estudiosos que transformaron el judaísmo en una religión de alfabetización durante los primeros siglos del primer milenio, no podían haber previsto el profundo impacto de su decisión de hacer capaz a cada hombre judío de leer y estudiar la Torah (y más tarde la Mishna, el Talmud y otros textos religiosos).

Sin embargo, la elección de una aparentemente extraña norma religiosa - la aplicación de la alfabetización en un mundo muy mayoritariamente analfabeto y agrario, además de ser potencialmente peligrosa por propiciar procesos de conversión que podían costar muy caro al judaísmo hasta poder hacerlo desaparecer - resultó ser la palanca del éxito económico y la prominencia intelectual judía desde los siglos posteriores hasta la actualidad. Este es el mensaje en líneas generales de "Los pocos elegidos".

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Friday, March 08, 2013

El largo periodo de expulsiones de las comunidades judías europeas - Samuel Arbesman - Wired

Como se habrán dado cuenta, me encantan los conjuntos de datos que abarcan un largo periodo de tiempo por lo que nos cuentan. Pues bien, aquí tenemos un extraordinario conjunto de datos: 700 años de persecuciones y expulsiones de los judíos europeos. Y este conjunto de información es la base de una sugerente documentación titulada "¿De la Persecución al Estado protector? Las expulsiones judías y las perturbaciones meteorológicas desde 1100 hasta 1800".  Se trata de determinar si existe una relación entre el clima y los periodos de crecimiento y la posibilidad de que una comunidad judía fuera expulsada. Este conjunto de datos lo encontramos increíblemente detallado y seleccionado en la Encyclopaedia Judaica.

Reunimos a nivel de cada ciudad los datos relativos a la presencia de una comunidad judía en Europa entre 1100 a 1800, tal como se pudo recoger en los veintiséis volúmenes de la Enciclopedia Judaica (2007). La enciclopedia, típicamente, menciona cuando los judíos se instalaron en una ciudad, cuando fueron perseguidos, cuando fueron expulsados, y cuando se les permitió volver.

Estábamos interesados en toda esa información ya que nos facilitaba modelar la probabilidad de una expulsión de una comunidad judía de una ciudad determinada, y lo que necesitábamos conocer es cuando dicha ciudad poseía una población judía que poder expulsar.

La Enciclopedia proporciona una medida global de la presencia, de las persecuciones y de la expulsión de las comunidades judías para el conjunto de Europa. No contiene información sobre todas aquellas comunidades judías más pequeñas que puedan haber existido, y probablemente no contiene información sobre las persecuciones de menor importancia.

Voigtländer y Voth (2012) utilizaron datos más detallados sobre las persecuciones contra los judíos en la Alemania medieval. Pero las dos fuentes que emplearon sólo proporcionan información de Alemania. La Enciclopedia Judaica ofrece menos detalle, pero lo compensa con una mayor cobertura geográfica y temporal.

Aquí una visualización de esta increíble base de datos:



El documento también incluye un análisis detallado de las persecuciones y expulsiones de la población judía y la expulsión en la Europa medieval:
Es importante no exagerar la frecuencia con que las comunidades judías fueron amenazadas con violencias y pogromos - muchas de las comunidades judías vivieron en paz con sus vecinos cristianos durante largos períodos de tiempo -. Pero como una minoría que era económicamente poderosa dentro de unas economías agrarias y pobres en gran parte, y como forasteros en una sociedad definida cada vez más agresivamente en oposición a los infieles y a los no creyentes, los judíos a menudo despertaron los celos y las sospechas de los demás.
Y aunque la discusión es mucho más compleja, aquí hay un gráfico que recoge el momento de estas expulsiones (junto con los datos de temperatura), y que pone de relieve ciertos acontecimientos históricos y da una idea de la frecuencia de las expulsiones.

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Thursday, April 12, 2012

¿Realmente vale la pena restaurar las sinagogas del mundo árabe? - Lyn Julius – Times of Israel


Freso de la sinagoga de Dura Europus, Damasco. Moisés rescatado de las aguas en Egipto

El Christian Science Monitor nos ha contado el otro día un cuento de hadas, con su narrador, Nicholas Blanford, efusivamente emocionado ante la restauración de la sinagoga Maghen Abraham en Beirut:
El interior ha sido restaurado con su decoración original, con paredes de color azul cielo, los ventanales con arcos y sus blancas columnas con pequeñas zonas pintadas de marrón imitando aquellas conchas fosilizadas en las columnas de piedra caliza originales. El trabajo se espera que esté terminado para este verano, y se espera que un rabino, por vez primera vez en casi cuatro décadas, llegue pronto.

"Una vez que el rabino esté aquí, vamos a ser capaces de celebrar bodas nuevamente", dice un miembro del Consejo Judío del Líbano, quién supervisó la restauración. Él se niega a permitir que su nombre sea citado, lo que nos demuestra que los judíos libaneses aún prefieren mantener un perfil bajo (énfasis añadido).
Aquí, el Christian Science Monitor dentro del reino de la fantasía absoluta. ¿El primer rabino, dices, Nicholas Blanford? ¿Un rabino que oficie en las bodas judías, no es eso? ¿A qué congregación se dirigirá este rabino, dado que tal vez haya una docena de judíos en el país y ninguno de ellos vive en los alrededores de la sinagoga? ¿Qué felices parejas se casaran, ya que hay poquísimos judíos, y muy escasos jóvenes disponibles? Y si los judíos tienen tanto miedo a la hora de identificarse, ¿cuáles son las posibilidades de que asistan a los servicios religiosos o a dichas bodas?. Además, siempre existirá la oportunidad de que esos fieles lo suficientemente valientes como para acercarse a la sinagoga Maghen Abraham sean presas fáciles de cualquier persona que desee causarles problemas. Hezbolá, por ejemplo.

El Christian Science Monitor es además culpable de otros elementos de desinformación. Por ejemplo, se repite la ficción - extendida por Kirsten E. Schulze, la autora del único libro que trata en profundidad la existencia de los judíos del Líbano - de que la mayoría de los judíos libaneses abandonaron el país durante la guerra civil libanesa, ya lo que los convertía en unos objetivos muy expuestos ante un conflicto tan generalizado. Afirmar que el conflicto árabe-israelí expulsó a los judíos libaneses de su país no es estrictamente exacto, ya de hecho fueron expulsados ​​por la reacción antisemita que originó el conflicto árabe-israelí. De hecho, la gran mayoría de los 14.000 judíos del Líbano abandonaron el país antes o inmediatamente después de la Guerra de los Seis Días.

Blanford repite otra afirmación que se ha convertido en un mantra: la sinagoga de Beirut fue bombardeado por los propios israelíes: “Gran parte del daño estructural se infligió, irónicamente, por los bombardeos de barcos de guerra israelíes en 1982". Este rumor lo inició y extendió nada menos que ese “experto” en el Oriente Medio, el periodista británico Robert Fisk, cuya reputación de decir la verdad ha recibido severos golpes recientemente.

El reportaje del Christian Science Monitor es el habitual dentro la tendencia existente en la prensa occidental de saludar y celebrar la restauración de edificios judíos en aquellos países del Oriente Medio que ya no conservan más que un puñado de judíos, y todo ello como una especie de señal o indicio del nacimiento del pluralismo y la tolerancia dentro del mundo árabe. Incluso algunos judíos caen en esa fantasía agradecidos por ese “reconocimiento” muy menor de aquellos judíos que una vez vivieron allí.

"!! Miren, incluso tenemos judíos aquí !!", se proclama desde un restaurado sitio judío.

O como dijo un periodista: "La tolerancia con los restos culturales judíos puede intercambiarse con la buena voluntad y la ayuda occidental sin que sea necesario ningún compromiso complicado con los actuales israelíes".

Haciendo alusión al informe del Christian Science Monitor, Stewart Winer en Times of Israel, recordaba como el año pasado, antes de que su régimen fuera sacudido hasta sus cimientos por la primavera árabe, Bashar al-Assad anunciaba planes de restauración de 11 sinagogas sirias. Y esto en un país incapaz de reunir un minián (quórum) de 10 hombres judíos aptos para el servicio religioso.

Se nos decía que el plan de restauración tenía como verdadero objetivo ganar puntos y alabanzas en los EEUU, más concretamente, entre los 75.000 judíos sirios que viven actualmente en los EEUU.

Disculpen mi cinismo, ¿pero cómo es posible que esos países puedan dar lugar a la limpieza étnica de sus comunidades judías y sin embargo pretendan obtener los beneficios derivados de las relaciones públicas mediante la restauración de algunos edificios judíos?

Acabo de terminar la lectura del libro de Harold Troper "Los redimidos de Dios", que narra la historia de la salvaje persecución de los judíos sirios que permanecieron en ese país hasta la década de 1990, y cómo una mujer canadiense, Judy Feld Carr, jugó un papel central en su rescate. El régimen sirio mantuvo como rehenes a estos judíos sirios, sin inclusive mostrar compasión con aquellos que necesitaban un tratamiento médico urgente en el extranjero. Una mujer que, desesperada, trató de escapar clandestinamente, fue disparada y como resultado de ello quedó paralizada de por vida. Dos hermanos que estaban a punto de abordar un avión rumbo a Italia fueron secuestrados, encarcelados, torturados y maltratados durante cuatro años.

¡Qué pequeño precio a pagar cuando nunca hay necesidad de disculparse! Sólo es preciso restaurar algunos edificios en ruinas y luego esperar los ingresos procedentes del turismo. Es una situación de ganancia absoluta.

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Thursday, April 05, 2012

Yehohanan, el crucificado. En un osario de piedra, la único evidencia física de una crucifixión – Matti Friedman – Times of Israel


Un talón atravesado por un clavo de hierro en el osario de Yehohanan


La segunda y más débil inscripción Yehohanan

En Jerusalén, alrededor de hace 2.000 años, un judío de unos veintitantos años llamado Yehohanan cometió un delito contra la autoridad romana. La naturaleza de dicho delito se ha perdido en el tiempo, pero su castigo se conoce, fue crucificado.

Los convictos ejecutados mediante la crucifixión eran algo habitual en el Imperio Romano, y las historias de la época describen regularmente dicha práctica, la cual fue diseñada para que el suplicio fuera prolongado, doloroso y público. Por ejemplo, después de la famosa rebelión de los esclavos dirigida por Espartaco y que fue finalmente aplastada en el 71 a. C., se estima que unos 6.000 de sus seguidores fueron crucificados a lo largo de la carretera que conducía a la capital como una clara advertencia del poder de Roma.

Por lo tanto, resulta un hecho extraño que evidencias arqueológicas de este castigo, las cruces, por ejemplo, o los esqueletos perforados, nunca hayan sido halladas en cualquier parte del mundo dominado por Roma, con una excepción: el osario que contiene los restos de Yehohanan.

Después de que el cuerpo de Yehohanan fuera bajado de la cruz, se le introdujo en una cueva funeraria. Después de que la carne se hubiera descompuesto, más o menos un año más tarde, permaneciendo únicamente el esqueleto, los huesos fueron depositados en un pequeño osario, en consonancia con las práctica judías de la época. Hoy en día, dicho osario se muestra en una galería del Museo de Israel, junto con otros artefactos propios de la época de la dominación romana de Judea.

El nombre del crucificado está inscrito con unas simples letras en uno de los lados: "Yehohanan, hijo de Hagakol" (Algunos estudiosos interpretan esas últimas letras de otra manera y consideran que el segundo nombre es Hezkil).

Dentro del pequeño osario los arqueólogos encontraron un hueso del talón con un clavo de hierro que lo atravesaba, lo que indica que el ocupante del osario había sido clavado a una cruz.

La posición del clavo es una prueba de que la técnica de la crucifixión no era conocida previamente, según nos comenta el curador del museo, David Mevorah. En la imagen icónica de la crucifixión hecha famosa por la iconografía cristiana, Jesús era representado con los dos pies clavados en la parte frontal del madero vertical de la cruz. Pero los pies de Yehohanan habían sido colocados a los lados del madero y les habían insertado clavos por separado a través de cada talón.

Sus manos no presentan ningún signo de heridas, lo que indica que había sido atado, en lugar de clavado al madero horizontal de la cruz.

La sorprendente falta de evidencias físicas similares de otras crucifixiones en otros lugares, nos comenta Mevorah, puede ser debido a la creencia de que los clavos utilizados en la crucifixión tenían propiedades mágicas. "La gente en el mundo antiguo", nos dice, "podría haberlos coleccionado como amuletos".

Yehohanan no estaba solo en su osario: en su interior, los arqueólogos han encontrado huesos de otro esqueleto, éste perteneciente a un niño de tres o cuatro años. También observaron que en otro de los lados del osario había una segunda inscripción, más débil, y cercana a la primera. Curiosamente, allí también se lee "Yehohanan".

Tras el descubrimiento del osario en la década de 1970, el famoso arqueólogo israelí Yigael Yadin sugirió que la inscripción más débil hacía referencia al hombre crucificado y la otra, "Yehohanan, hijo de Hagakol", a su hijo.

"Hagakol" no es un nombre familiar para los estudiosos, y esta teoría sugiere que no era un nombre realmente. En su lugar, Yadin creía, después de haber observado expresiones similares utilizadas en aquellos momentos, que podría significar "crucificado". La inscripción, por lo tanto, debería interpretarse de la siguiente manera: "Yehohanan, hijo del crucificado".

El niño Yehohanan, según esta versión de los hechos, murió poco después de la ejecución de su padre, el Yehohanan crucificado, y sus huesos se añadieron a los de su padre en el osario de piedra y sin adornos guardado en la cueva funeraria familiar situada al norte de la ciudad amurallada.

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Saturday, January 21, 2012

William de Newburgh y el ataque a los judíos de York en 1190 - Anna Sapir Abulafia





- El contexto histórico de la fuente

Cuando los historiadores analizamos cualquier episodio de violencia anti-judía tenemos que preguntarnos por qué se produjo ese ataque en particular en un momento determinado. ¿Qué sucedió para que los autores percibieran a los judíos como un grupo amenazador en lugar de unas personas que vivían entre ellos? ¿Quién instigó los atentados y por qué? ¿Fueron los ataques una expresión de la animosidad popular anti-judía o se produjeron como consecuencia de una animadversión orquestada desde las alturas? Las respuestas a preguntas como éstas sólo se pueden obtener a través de un examen cuidadoso de la información disponible de los hechos dentro de su entorno histórico, lo que incluye los lenguajes culturales y religiosos de la época.

La comunidad judía medieval inglesa se caracterizó por una serie de notables características. En primer lugar, existe una delimitación clara de su comienzo y finalización: 1066, cuando los judíos llegaron a instancias de William el Conquistador, y 1290, cuando fueron expulsados por Edward I. En segundo lugar, el control real sobre los judíos fue más fuerte en Inglaterra que en cualquier otro lugar de la cristiandad latina. En tercer lugar, este control produjo unos registros especialmente ricos en información sobre las actividades financieras judías en la Inglaterra medieval. Un departamento especial real, el “Exchequer (similar al actual ministro de Hacienda) de los judíos”, se instituyó para cuidar de los asuntos financieros judíos. El inconveniente de esta gran cantidad de material es que el aspecto financiero de la experiencia judía en la Inglaterra medieval a menudo se sobredimensiona, a expensas de cualquier otro aspecto. Sin embargo, a pesar de que abundan las pruebas documentales a nuestra disposición, sigue siendo de vital importancia valernos de cualquier otro material existente, en latín y/o hebreo, que nos pueda ayudar a conformar una visión más completa de dicha experiencia judía.

Como Stacey y otros ya han descrito, los judíos, en su mayoría, eran dependientes del favor real desde el inicio de su presencia en Inglaterra. Beneficiándose del estímulo real, pronto fueron capaces de establecerse como comerciantes de éxito y como cambistas en Londres y en un creciente número de ciudades con castillos normandos, o en la vecindad de las ferias más rentables. Hacia 1159, los judíos se habían establecido en Bungay, Cambridge, Gloucester, Lincoln, Norwich, Northampton, Oxford, Thetford, Winchester, y Worcester. Fue a través de las diversas regulaciones en tiempos de Henry II, que se convirtió en especialmente lucrativo para algunos especializarse en el préstamo de dinero. Aunque algunos miembros de la comunidad judía, como Aarón de Lincoln, tuvieron un éxito notable, es importante recordar que la riqueza de Aarón fue una excepción y no la norma dentro de las comunidades judías medievales de Inglaterra. De hecho, para una correcta comprensión de la posición de los judíos en la Inglaterra medieval, es mucho más importante centrarse en las mortificaciones que sufrieron las propiedades del mencionado Aaron en 1186 a manos de Henry II, que parecía hipnotizado por la fenomenal riqueza que Aaron acumuló en vida. No sólo los orígenes del “Exchequer de los judíos” se encuentran entre los procedimientos puestos en marcha para cobrar las deudas de Aarón de Lincoln, tras quedarse con su finca el rey, sino lo que es más importante, su adquisición y la búsqueda incesante de los deudores de Aarón por parte de los reyes Henry y después Richard, nos indican cuan peligrosamente ambiguo era el papel que se había asignado a los judíos en la Inglaterra medieval. Por mucho éxito que pudieran tener, dependían del rey, el cual podría volverse en su contra cuando quisiera. Más allá de esto, su éxito, que además era necesario para conservar el favor del rey, los hacía vulnerables a la ira de aquellos cristianos que estaban en deuda con ellos. Y estos judíos de la Inglaterra medieval se vieron aún más presionados por sus amos reales con el aumento de las sumas que se les requería según avanzaba el siglo XIII, con lo cual tenían que presionar más asiduamente a sus clientes cristianos para el pago.

En 1189, las incertidumbres de un nuevo reinado coincidieron con el fervor de los caballeros cruzados que habían tomado la cruz y amenazaban la seguridad de la que habían gozado los judíos durante el reinado de Henry II. El problema se manifestó en los disturbios anti-judíos que acompañaron la coronación de Richard I en Londres en septiembre, y se extendieron durante febrero y marzo de 1190 a Norwich, King’s Lynn, Stamford, Lincoln, York, Bury, Colchester, Thetford, y Ospringe en Kent. Richard no estaba de acuerdo con estos ataques, pero parece haberse mostrado reacio o incapaz a la hora de poner un fin efectivo a esta violencia. Llegados a este punto, los judíos de Inglaterra no parecen haber sido su prioridad más destacada. La cruzada estaba ahí, y él salió de Inglaterra hacia Normandia tan pronto como fue coronado y ultimó los preparativos para su viaje a Tierra Santa. En cuanto a Yorkshire se refiere, fue allí donde muchos antiguos clientes de Aaron de Lincoln fueron sometidos a una severa presión real. Aparte de eso, como Dobson y otros historiadores han demostrado, las relaciones entre el norte del país y la corte real estaban en un punto bajo en ese momento. En York y sus alrededores existía un vacío de autoridad.

William de Newburgh, nació en 1135/6 y murió en 1198 o poco después. Fue canónigo de Austin en Newburgh, en Yorkshire, y es el autor de la “History of English Affairs” en cinco libros, que abarcan el período de 1066 a 1198. Los ataques contra los judíos se encuentran en el cuarto libro de esta obra. William escribió más acerca de estos ataques y otras personas lo mencionan en sus obras. Como canónigo de Yorkshire, William tenía un especial interés en lo que sucedió en York en marzo de 1190. Mucho se ha comentado sobre la objetividad con la que William refleja los hechos controvertidos en su obra. William también escribió un notable comentario sobre el Cantar de los Cantares, que él consideraba como una alegoría de la Virgen María a quien le fue dedicado. Aparte de esto, compuso tres sermones. En el primer de ellos se refiere a las palabras que se usan en la liturgia en alabanza de la Trinidad; en el segundo sermón se comenta Lucas 11:27, cuando una mujer alaba el seno en el que nació Jesucristo y los pechos que lo amamantaron. Este sermón muestra muchas similitudes con el comentario mariano de William sobre el Cantar de los Cantares. El tema del tercer sermón es San Albano, que fue martirizado en la Britania romana en el 304. Este tema da lugar a que William realice una serie de interesantes observaciones sobre la naturaleza de la identidad inglesa después de 1066. Como Kennedy y más recientemente Kraebel han demostrado, es importante para el estudio de William poner en contexto toda su obra, y no aislar su obra histórica de sus escritos exegéticos. Como veremos cuando hablemos de la fuente, una serie de cuestiones se entremezclan de un trabajo a otro.

- La traducción de la fuente (latina):
Capítulo 9: [Comienza el ataque a la torre de Clifford, donde los judíos de York se habían refugiado] 
"Ciertamente, la nobleza de la ciudad y los ciudadanos de más peso tenían miedo de arriesgarse a la cólera del rey y con cautela se apartaron de tal grado de frenesí. Sin embargo, los trabajadores y todos los jóvenes de la ciudad, con mucha gente del campo y no pocos caballeros, llegaron con suma rapidez y atacaron sedientos de sangre los negocios judíos, como si cada persona siguiera su propio interés y buscara la mayor ganancia. También hubo muchos clérigos, entre los cuales un cierto ermitaño que parecía aún más celoso que los demás.

Ese mismo celo pusieron en quemar todo aquello, pensando que realizaban un gran servicio a Dios acabando con ese pueblo rebelde contrario a Cristo, mientras que con las mentes cegadas eran impermeables a las palabras de David, agraciado por el Señor, y que seguramente hablaba en la persona del Salvador: "Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo. No los mates, para que mi pueblo no olvide (Salmo 59)". Sin duda, ese sería el verdadero motivo de la utilidad de los pérfidos judíos, los que crucificaron al Señor, por el que se les permite vivir entre los cristianos, por lo que se muestra la cruz del Señor en la Iglesia de Cristo, perpetuando la saludable memoria de la Pasión del Señor para todos los fieles, y aunque detestemos la acción impía del judío, adoremos fielmente y con devoción el divino honor de la forma sagrada (¿alusión a la hostia y a su supuesta profanación?): en consecuencia, los judíos, sin lugar a dudas, deben vivir entre los cristianos para nuestra utilidad, ya que deben servirnos a causa de su iniquidad.

Pero los judíos que vivían en Inglaterra durante el reinado de Henry II habían tenido mucho éxito y es por eso que se había invertido su utilidad de una manera desfavorable para los cristianos, y en base a su gran fortuna se envanecían impúdicamente en contra de Cristo e infligían una carga muy pesada a muchos cristianos. Por esta razón, en los días del nuevo rey, la vida de los judíos, permitida por la misericordia de Cristo, fue puesta en peligro por su justo decreto, no obstante, la masacre que se les infligió durante el motín de ninguna manera estaba justificado por la exquisita orden de su juicio
"
Capítulo 10: [Cuando los judíos en el castillo se dieron cuenta de que no podrían sobrevivir al asalto, algunos de ellos decidieron ofrecer su vida a Dios en lugar de convertirse al cristianismo o ser asesinados a manos de sus atacantes] 
... El más notorio de entre ellos, Josce, le cortó la garganta a su amada esposa Anna armado con un afilado cuchillo, y tampoco les perdonó la vida a sus propios hijos. Y cuando hizo esto fue imitado por otros hombres y los ancianos más miserables [Yom Tov de Joigny, un rabino que estaba de visita desde el norte de Francia, al que William ya había descrito previamente alentado a los judíos al martirio por su propia mano], le cortó la garganta a Josce por ser él más ilustre de los restantes. Poco después, prácticamente todos yacían muertos junto con el instigador del error, y el interior del castillo comenzó a arder por el fuego que, como ya se ha dicho, había sido iniciado aquellos que se preparaban para morir. Sin duda, los que habían optado por vivir hicieron lo que pudieron para resistir al fuego provocado por su propia gente con la intención de hacerles perecer incluso si no estaban dispuestos a ello, por lo que buscaron refugio en las partes exteriores de la ciudadela, donde estaban menos expuestos a las llamas. Ese frenesí irracional de seres racionales en contra de sí mismos era sencillamente asombroso. Pero cualquiera que lea la Historia de la Guerra de los Judíos de Josefo tendrá algún conocimiento de que esa locura que ha llegado hasta nuestros propios días es una antigua costumbre de los judíos enfrentados a la calamidad que les espera. Al amanecer, cuando numerosas personas se reunieron para asaltar el castillo, los desdichados judíos restantes, encaramados en las murallas, revelaron tristemente la masacre nocturna a los demás y lanzaron los cadáveres de los muertos al muro como prueba visible del ese crimen atroz mientras proclamaban lo siguiente: "He aquí los cuerpos de los desgraciados que se dieron muerte a sí mismos en un malvado frenesí, y prendieron fuego a las cámaras interiores del castillo porque deseaban quemar vivos por negarnos a darnos muerte y preferíamos ponernos en manos de la misericordia cristiana. Pero Dios nos ha preservado de la locura de nuestros hermanos así como de la destrucción del fuego, para que así no retrasemos más nuestra entrada en vuestra religión. De hecho, esta angustia nos ha dado el entendimiento y reconocemos la verdad cristiana y buscamos su caridad. Estamos preparados para ser purificados por el santo bautismo tal como nos demandéis, y después de renunciar a nuestros antiguos rituales unirnos a la Iglesia de Cristo. Recibidnos pues como hermanos y no como enemigos, pues viviremos con vosotros en la fe y en la paz de Cristo". 
A medida que escuchábamos esos tristes hechos, la mayoría de nosotros se estremeció con gran asombro ante la locura de los muertos y se compadeció de los sobrevivientes de la masacre. Pero los líderes de los conspiradores, entre los cuales había un tal Richard con el apellido Malebisse, un hombre muy violento, no fueron movidos por ningún tipo de misericordia hacia estos desgraciados. Ellos les traicionaron con palabras dulces y prometiendo que cumplirían fielmente sus promesas para que así no tuvieran miedo de salir. Pero tan pronto como aparecieron, emergieron los carniceros más crueles y hostiles apoderándose de ellos y matándolos, todo ellos mientras (los judíos) pedían el bautismo de Cristo. Y de hecho, de todos los que murieron por tal brutalidad, diría sin vacilación que si eran sinceros en su petición de bautismo no se les defraudó, ya que fueron bautizados con su propia sangre. Incluso si solicitaban el bautismo falsamente, la crueldad detestable de sus asesinos fue imperdonable... La visión de estas cosas en la ciudad resultaba sencillamente horrible y repugnante, con los cadáveres insepultos de tantos de estos desdichados mentirosos esparcidos alrededor del castillo. Una vez que su asesinato fue consumado, los conspiradores fueron de inmediato hacia la iglesia de la catedral y su insistente violencia provocó que los guardias aterrorizados les entregaran las actas de la deuda, depositadas allí por los judíos, los usureros del rey, y por los cuales los cristianos eran oprimidos, y destruyeron esos testimonios de una codicia impía quemándolos solemnemente en el centro de la iglesia, tanto por su propia liberación como para la liberación de muchos otros. Después de hecho eso, los conspiradores que habían aceptado la cruz [y se incorporaron a la cruzada] siguieron su viaje ajenos a cualquier investigación, mientras los otros permanecieron en el condado temerosos de una investigación. En verdad, estos fueron los hechos que sucedieron en York en el momento de la Pasión del Señor, el día antes del Domingo de Ramos [es decir, la noche de viernes a sábado del 16-17 de marzo. Era el Shabat ha-Gadol en el calendario judío, el sábado anterior a la Pascua]".
- Análisis de la fuente

La impresión general que obtenemos de la narración de William de los disturbios anti-judíos en los primeros meses de 1190 es que el ímpetu de los ataques provenía principalmente de esos caballeros ofendidos profundamente por la deuda que habían contraído con los judíos. Aquellos que tomaron la cruz se sentían agraviados por la prosperidad judía, sobre todo a la luz de la financiación que se necesitaba para ir a las cruzadas. Como Stacey ha argumentado, parece que los cruzados se sintieron decepcionados ante el hecho de que el nuevo rey no hubiera comenzado su reinado aliviando la carga de su deuda con los judíos. En su lugar, continuó la política de su padre, persiguiendo las deudas contraídas con Aarón de Lincoln en beneficio de las arcas reales. En el caso de York, William dice explícitamente que los instigadores eran personas de alto rango que debían una gran cantidad de dinero a los judíos (Libro IV, capítulo 9, 313); Richard Malebisse, el conspirador a quien William nombra, ya debía grandes sumas a Aarón de Lincoln en 1182. Por otra parte, Dobson ha destacado cómo la ausencia del rey y la complejidad de la política local significaban que no había nadie con la autoridad necesaria para conseguir que la animadversión contra los judíos no desembocara en violencia asesina. Hombres como Richard Malebisse parecen haber sido acompañados por clérigos y grupos de jóvenes, además de población ordinaria de la ciudad y del condado, pero no decididamente por la más alta sociedad de la ciudad a la hora de atacar el castillo real. Una mezcla de intereses económicos con preocupaciones religiosas parece haber sido la fuerza impulsora detrás de las hostilidades. Esta interpretación es corroborada por las acciones de los líderes de la revuelta tras la masacre, cuando se dirigieron a la catedral de York para destruir la evidencia física de las deudas con los judíos antes de cualquier otra acción. Esto también apoya otras reflexiones de William sobre las razones por las que los judíos estaban siendo atacados.

A lo largo de su relato de los disturbios de 1189-1190, William pone de manifiesto la relación directa entre la participación judía en el préstamo de dinero por orden del rey y el antijudaísmo cristiano. En cuanto a lo que preocupa a William, era ese préstamo de dinero el que había colocado a los judíos en una posición dominante sobre sus clientes cristianos. Para el canónigo de Austin esto resultaba inaceptable, y su crítica del papel de Henry II con respecto al desarrollo de la posición de los judíos resulta muy clara. Los judíos, en su opinión, deberían ocupar el lugar legítimo que S. Agustín había designado para ellos dentro de la Cristiandad, "servir a los cristianos". El objetivo de la máxima de "No los matarás"(Salmo 59) era consagrar ese concepto de servicio de los judíos hacia la Cristiandad. Viviendo su vida como judíos, así se supone que servían a los cristianos, recordándoles la Pasión de Cristo, a quien, a los ojos de William, habían crucificado. Su posición socio-económica debería dejar absolutamente de manifiesto que sobrevivían gracias a los cristianos, y no al revés. Cualquier otra cosa constituiría una inversión del orden natural de las cosas. En su comentario sobre el Cantar de los Cantares, William enuncia que Jesucristo surgió del pueblo judío a través de su madre María. Y a María se la representa constantemente orando por la conversión de los judíos gracias a su hijo. Mientras tanto, los judíos debían servir a los cristianos como forma de expiar su culpa, en la cual habían incurrido a través de la crucifixión.

No obstante, aunque William reprobara las actividades de préstamo de dinero de los judíos en Inglaterra y considerara a los judíos como pérfidos, blasfemos e insolentes asesinos de Cristo, no podía defender los disturbios asesinos en su contra. Sin embargo, esos disturbios se habían producido y habían provocado la muerte de muchos judíos, y William, como historiador y canónigo, se sintió obligado a explicar cómo pudo haber sucedido. Y aunque William pudiera pensar que Dios había puesto en marcha su propia voluntad a través de la mala voluntad de los perseguidores de St. Alban, y aunque los judíos sirvieran inconscientemente la causa de Cristo, que quiso morir por el bien de la humanidad, fue su propia maldad la que contribuyó a su muerte a manos de unos alborotadores codiciosos, descaminados y criminales en Londres, York y otros lugares, sin saber que realizaban la voluntad de Dios atacando a los judíos. Porque, de acuerdo a William, era justo que los judíos fueran castigados por su comportamiento insolente. Esto no suponía, sin embargo, que exculpara en absoluto a los perpetradores de la violencia asesina. William fue muy claro al respecto, aunque para él, esto vendría explicado por todas las cosas malas que se han sucedido en el curso de la historia. Respecto al lector actual, nos proporciona un mayor conocimiento acerca de las profundas ambigüedades que regían la percepción cristiana sobre los judíos en la Inglaterra medieval.

El relato de William nos proporciona una información más completa acerca de las respuestas judías ante estos ataques en su contra que cualquiera de las fuentes hebreas disponibles, ninguna de los cuales proviene de la propia Inglaterra. Efraín de Bonn (1133-después de 1196) nos da una información opaca sobre la violencia contra los judíos en York, así como algunos detalles sobre lo que ocurrió en Londres durante la coronación de Richard en su “Libro de los Recuerdos (Sefer Zekhrirah)”. Los poemas de Menahem ben Jacob de Worms (d. 1203) y Joseph de Chartres (siglos XII y XIII) cantan alabanzas a la erudición de los mártires y a su disposición a sacrificar sus vidas por la gloria de Dios (incluyendo en ellos los nombres de algunos de los mártires más importantes). Es a partir de Efraín y de Joseph que tomamos conocimiento del nombre de R. Yom Tov.

El automartirio de los judíos de Inglaterra se hacía eco de escenas similares que tuvieron lugar en Renania en 1096, pero los detalles del relato de William reflejan de manera natural su propia interpretación de lo sucedido. Su relato tiene en cuenta la desesperación de los judíos asediados, pero a sus ojos, los asesinatos fueron actos irracionales realizados por seres humanos racionales. Como historiador, trató de dar sentido a esos actos de automartirio, refiriéndose a la descripción de Josefo de la muerte de los judíos sitiados por los romanos en Masada, en el 74 d. C., en su “Historia de la Guerra de los Judíos”. Gracias al relato de William también nos enteramos de que no todos los judíos en el castillo decidieron convertirse en mártires. Esto es importante porque nos permite apreciar las diferentes formas en que podían reaccionar los judíos medievales ante la persecución. Como sucedió en 1096, no todos los judíos sitiados en el castillo de York estaban dispuestos a asumir la consumación de sus propias vidas y las de sus hijos. También resulta evidente la sorpresa y el horror que manifiesta William con la respuesta de los caballeros ante aquellos judíos que buscaban la salvación en el bautismo. Matar judíos ya era bastante malo, pero matar a aquellos que buscaban el bautismo estaba claramente más allá de los límites. La clara visión de William de que muchos de los que pretendían convertirse no eran sinceros resulta tan sorprendente como su convicción de que aquellos que podían haber sido sinceros habían sido bautizados con su propia sangre y así salvados (no físicamente, religiosamente).

En cuanto a los autores de los disturbios, William nos dice que un enfurecido Richard encargó a William de Longchamps, que fue obispo de Ely y canciller de Inglaterra, llevarlos ante la justicia. En ciertos casos, se impusieron multas en York, pero nadie fue llevado a juicio por la sangre que había derramado. En cuanto a los efectos duraderos de esta masacre en la presencia judía en York, Dobson ha demostrado que pocos años después de 1190 los judíos ya habían vuelto a establecerse en la ciudad. De hecho, York se convirtió en un importante centro de actividad económica judía en el siglo XIII.

JNJR (Jewish and non-Jewish relations)

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