Thursday, August 01, 2013

Los tribunales estadounidenses no determinarán el destino de Jerusalén – Shmuel Rosner – Al Monitor



La cuestión de cómo el nacimiento de Menachem Zivotofsky debe ser registrado, lo cual fue decidido por un tribunal federal en Washington este 23 de julio, no es un tema  político. Cualquier persona que necesite una prueba sólo debe mirar hacia atrás hasta la decisión de la Corte Suprema de los EEUU del 26 de marzo del año pasado. Si la Corte Suprema considerara que es una decisión política, habría impedido que un tribunal federal decidiera sobre el caso. Pero la Corte Suprema decidió por mayoría de 8-1 que la decisión no era política, sino legal.

Se trata simplemente de una batalla administrativa sobre quien ejerce la autoridad, y en esta batalla - y solamente en esta batalla - el gobierno de EEUU derrotó al Congreso de los EEUU. También debe tenerse en cuenta que fue solamente una victoria temporal. El caso se dirige de nuevo a la Corte Suprema para su posterior deliberación. Mientras tanto, sin embargo, está claro que en una lucha que comenzó hace una década, el gobierno tiene la autoridad para determinar que el lugar de nacimiento de Menachem Zivotofsky bien pudo haber sido "Jerusalén", pero no fue necesariamente "Israel".

He aquí un resumen para cualquier persona no familiarizada con los entresijos de este caso. Un niño estadounidense nació en Jerusalén y sus padres solicitaron que su pasaporte dijera: "Jerusalén, Israel". El Departamento de Estado de EEUU se negó a ello. Su razonamiento fue que los Estados Unidos aún tiene que decidir si reconocen a Jerusalén como capital de Israel. Como prueba de esto, consideren el hecho de que su embajada se encuentra en Tel Aviv. Además, vean el pasaporte de Menachem Zivotofsky. Sus padres fueron hasta la Corte, basando su afirmación en una ley que fue aprobada por el Congreso - una ley declarando explícitamente que Jerusalén es la capital de Israel, lo que obligaría a la administración a poner al niño en la lista de su lugar de nacimiento (Israel) -. Esto habría sido un argumento poderoso si el Congreso hubiera tenido la autoridad para aprobar una ley de este tipo. Pero ni el ex presidente George W. Bush, ni su sucesor, el presidente Barack Obama, reconocieron la autoridad del Congreso. Tampoco los jueces del Tribunal Supremo. La semana pasada, el juez federal decidió que ambos presidentes estaban en lo cierto, y que el Congreso se había equivocado. No hay ninguna diferencia si el problema proviene de Jerusalén, Israel, o de Abuja, Nigeria o de Kuala Lumpur, Malasia, el gobierno decide lo que aparece en los pasaportes.

Obviamente, uno podría preguntarse por qué la administración americana sigue siendo hoy tan reacia a reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Incluso se podría encontrar una respuesta un poco decepcionante. El gobierno no reconoce a Jerusalén como capital de Israel porque esto causaría una conmoción y el sabotaje de sus esfuerzos para que Israel y los palestinos se pongan a hablar. En otras palabras, la cuestión que el gobierno está planteando no es "¿Por qué no?", sino más bien "¿Por qué sí?". Puesto que no hay razón de peso para cambiar de política, no va a ser alterada, a menos que el Tribunal Supremo decida que es el Congreso quien tiene esa autoridad en particular y no la administración.

De hecho, será interesante ver lo que sucede en el Congreso, si es que existe un fallo. Después de todo, no es una casualidad que el Congreso apruebe leyes como la relativa a Jerusalén sin la menor vacilación. Entre las muchas razones por las que se aprueban estas leyes, está la de que el Congreso no es responsable de la política exterior, por lo que le resulta fácil ignorar las consecuencias negativas que pueden derivarse de ellas. Y sucede con estas leyes lo mismo que cuando los candidatos presidenciales se apresuran a declarar antes de ser elegidos – durante la campaña presidencial - que tienen previsto cambiar el estatus de Jerusalén una vez que entren en la oficina presidencial, pero luego cambian de opinión inmediatamente después de ganar las elecciones. Eso es lo que le sucedió a George W. Bush, por ejemplo. En el caso de la mayoría de los candidatos republicanos para las elecciones de 2012, no hubo necesidad de poner sus promesas a prueba simplemente porque no fueron elegidos.

El Congreso cumple con la voluntad del pueblo, y el pueblo estadounidense apoya el derecho de Israel a Jerusalén. Incluso el público judío estadounidense apoya la soberanía de Israel sobre Jerusalén, a pesar de sus actitudes pacifistas e izquierdistas con respecto a otros aspectos del conflicto palestino-israelí. Las encuestas realizadas entre los judíos americanos indican que, incluso si están dispuestos a hacer muchas concesiones en nombre de Israel, no están dispuestos a ceder en lo referente a Jerusalén. Jerusalén es la carta más fuerte de Israel ante la opinión pública estadounidense. El famoso y tardío rechazo del líder de la OLP Yasser Arafat a reconocer los lazos históricos del pueblo judío con el Monte del Templo, fue y sigue siendo uno de los puntos más bajos de la campaña de apoyo palestino a la hora de proponer una solución al conflicto.

Sin embargo, el fallo del tribunal retiró la responsabilidad de la cuestión de Jerusalén de la opinión pública estadounidense y la dejo en manos de la administración. Éste es un gobierno comprometido con las conversaciones de paz, comprometido con el proceso de paz y comprometido a presentarse a sí mismo como un intermediario imparcial. Es un gobierno que cree que sería irresponsable decidir antes "de las partes" donde se encuentra su futura capital una vez que el conflicto haya terminado. Sin duda, es razonable lamentar esta decisión, pero podría haber sido peor. Además, la administración se habría visto obligado a apretar los dientes y si se hubiera inscrito "Israel" en el pasaporte de Zivotofsky todavía no habría habido ningún cambio significativo en el estatus diplomático de Israel.

Israel debe aprender una lección de este interminable episodio legal. La política estadounidense no siempre es uniforme, clara y decisiva. No todas las decisiones del Congreso son motivo de celebración, y no todas las condenas de la administración son motivo de luto. No todas las encuestas muestran que un apoyo "sin precedentes" (a Israel) se convierta en una licencia para obrar salvajemente, y no todos los signos de que la Casa Blanca se siente incómoda son motivo de pánico. La política estadounidense hacia Israel es un campo de batalla, con pequeñas victorias y pequeñas derrotas, con obstáculos y logros. Estados Unidos apoya a Israel. Esa es la base para todo, pero los detalles de ese apoyo se vuelven a aclarar de una semana a otra, de un mes a otro y de una administración a la siguiente
.
Cualquier persona de la derecha que celebró la carta de George W. Bush al ex primer ministro Ariel Sharon, pudo sentirse decepcionado posteriormente tras el sumario de la Conferencia de Annapolis en noviembre de 2007. Cualquier persona de la izquierda que celebró la congelación de la construcción en los asentamientos durante el primer mandato de Obama, bien podría sentirse decepcionada tras la negativa de Obama a continuar presionando para una congelación de los asentamientos durante su segundo mandato. Y así, el que celebrara la decisión del tribunal federal de la semana pasada todavía puede descubrir que su alegría fue  prematura, y que la decisión aún podría cambiar, al igual que cualquier persona que celebrara una posible victoria de la familia Zivotofsky ante la Corte Suprema hace un año. En todo caso, habrán aprendido ahora que su satisfacción fue prematura. No obstante, la cuestión del estatuto de Jerusalén no será determinada en los tribunales, ni en los pasillos del Departamento de Estado de EEUU. La decisión se tomará de la misma forma que el resto de decisiones trascendentales que se toman: a través de la determinación y la astucia, o en pocas palabras, a través de la política.

Labels: ,

0 Comments:

Post a Comment

<< Home