Una inscripción de 2.700 años de antigüedad encontrada en Jerusalén - Gavriel Fiske - Times of Israel

Los arqueólogos que trabajan en Jerusalén han descubierto lo que ellos dicen ser un fragmento de cerámica de unos 2.700 años de edad, con una antigua inscripción hebrea que posiblemente contiene el nombre de un personaje bíblico.
El fragmento, descubierto a las afueras de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en la ciudad de David, en lo que hoy es la aldea árabe de Silwan, formaba parte probablemente de un gran cuenco de cerámica que dataría de entre los siglos VIII y VII antes de Cristo, dijo la Autoridad de Antigüedades de Israel en un comunicado de prensa este domingo.
El fragmento del texto, más o menos transcrito sin vocales en caracteres ingleses como "bn bnh ryhu", es similar al nombre de Zacarías, el hijo de Benaía, el padre del profeta Jahaziel, cuyo nombre aparece en el segundo libro de Crónicas 20:14, cuando Jahaziel habló de la profecía al rey Josafat y éste fue a la guerra.
"Si bien no está completa, la inscripción nos presenta el nombre de una figura del siglo VII a. C., y se asemeja a otros nombres conocidos por nosotros, tanto del registro bíblico como del arqueológico..., proporcionándonos una conexión con la gente que vivía en Jerusalén al final del período del Primer Templo", decía el comunicado.
La Ciudad de David, que hoy se encuentra fuera de las murallas al sur de la Ciudad Vieja, es donde sitúan los arqueólogos la ubicación de la antigua ciudad de Jerusalén mencionada en la Biblia.
El fragmento de cerámica, junto con una serie de otros pequeños artefactos que datan de la misma época, fue descubierto por arqueólogos Joe Uziel y Naasón Zanton durante una investigación de los restos asociados con la destrucción del Primer Templo, que se produjo en el año 587 a. C. a manos de rey babilonio Nabucodonosor.
Uziel y Zanton dijeron que las letras inscritas en el fragmento del cuenco probablemente se pueda fechar "en algún momento entre el reinado de Ezequías y la destrucción de Jerusalén bajo el rey Sedequías", y señalaron que con base a sus análisis, la inscripción "fue grabada en el recipiente antes de romperse, lo que indica que la inscripción originalmente adornaba el borde del cuenco en su totalidad, y no fue escrita en un fragmento después de que el recipiente se rompiera".
El cuenco posiblemente contenía una ofrenda dada por la persona cuyo nombre fue inscrito en él, dijeron los arqueólogos.
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